“Lo que hago desde niño es jugar a hacer música”: Paquito D' Rivera

Septiembre 03, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Lucy Lorena Libreros I Periodista de GACETA

Desde su casa en Nueva York, el genial Paquito D’ Rivera repasó con GACETA su historia en el jazz latino, la nostalgia del exilio y porqué siente que nunca ha dejado de ser ese niño prodigio que sorprendió a la Cuba musical con apenas 7 años.

El director de cine español Fernando Trueba arranca su película ‘Calle 54’ —ese documental de culto que rinde homenaje a los ángeles tutelares del jazz latino— con una frase que nos regala la promesa de un acto de magia que ocurrirá en los siguientes 140 minutos: “A principios de los 80 un amigo me regaló un disco que complicó mi vida. Desde entonces, me convertí en un adicto al jazz latino”...Tras esa promesa tropezamos, casi sin darnos cuenta, con las historias y las descargas poderosas de varios de los genios de la música de esta América Latina: Michel Camilo y Eliana Elías, maestros del piano; Chano Domínguez y el milagro de poner a conversar el jazz con el flamenco; Jerry González, “el trompetista maldito”; ‘Gato’ Barbieri y su saxo de notas nostálgicas; Arturo O’ Farrill, que antes de marcharse de este mundo se graduó como el arquitecto del jazz afrocubano. Chucho y Bebo, hijo y padre, hablándose de tú a tú solo con un par de pianos —tras cinco años de no verse por culpa del exilio—, únicamente para obsequiarnos una versión de ‘La comparsa’ que se nos antoja la más bella de este mundo. En ese mismo documental, ya el Bebo Valdés nos había abofeteado de forma maravillosa, en complicidad con el bajo de ‘Cachao’, para dejarnos bajo el amparo del bolero de boleros: ‘Lágrimas negras’. Antes de que todos ellos aparecieran en cámara, ‘Calle 54’ nos mostraba a un cubano extraordinario: Paquito D’ Rivera, que con su saxófón entre las manos, y entre notas gozonas, se nos parecía a ese niño prodigio de apenas 10 años que reseñan las biografías, que logró la ovación del público que aguardó por él en el Teatro Nacional de La Habana en 1958. Para quienes nacimos mucho después de esas descargas alevosas de los 60 y 70, la película ‘Calle 54’ viene a ser, pues, casi el camino más expedito para alfabetizarnos sobre la música nuestra. La buena, claro. Sobre la grandeza de la música latina. Esa película no hizo otra cosa que complicarnos a muchos la vida.El propio Fernando Trueba, en España, reafirma vía e-mail la revelación sobre Paquito D’ Rivera que nos hiciera en ese documental: “No conozco un mejor remedio para la melancolía que el sonido del saxofón de Paquito. Lo dije en 1995, cuando se dio a conocer la película, y lo sigo creyendo aún hoy, después de que he bebido muchísima más música y he explorado muchísimo más los sonidos de esa América Latina tan negra y mestiza. Paquito sigue siendo un niño genio”.Hagamos, pues, historia: ese chico, que en realidad se llama Francisco de Jesús Rivera Figueras, aprendió saxofón a los 5 años al lado de su padre, Tito Rivera, “un hombre que estudiaba su instrumento 26 horas diarias”.Jesús se sentaba en un banco al lado de su padre con un “saxofoncito de plástico” hasta que Tito, tras un pálpito certero, decidió oportuno regalarle uno de verdad, chiquitico eso sí: un Selmer, marca de instrumentos que el señor Rivera importaba desde París. A los 7 años en el barrio Marianao de La Habana comenzó el ‘correveydile’: en casa de los Rivera vivía uno de esos tréboles de tres hojas que nacen pocas veces. A los 12, entró en el Conservatorio de La Habana a estudiar clarinete, composición y armonía. A los 19 ya lo llamaban virtuoso. Era 1965 y ese mismo año el joven funda, junto al pianista Chucho Valdés, a la postre otro genio, la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba. El resto de esta historia se ha tomado varias partituras. A la vida de Paquito llegó Irakere, grupo que abrevó lo mejor del jazz, el rock, la música afrocubana y la música clásica para regalarnos un sonido que, como lo advierte Paquito, “no se parece a ninguna otra cosa. Irakere suena simplemente a Irakere”. El siguiente capítulo está escrito en letras tristes y se llama exilio. Con Irakere andaba Paquito por España en 1981 cuando, cansado de Cuba, decidió pedir asilo en la embajada americana. Y sucedió que como a veces el exilio del corazón es más cruel que el exilio de las fronteras, Paquito tuvo que resignarse a vivir no solo lejos de Cuba, también de su esposa y de su hijo Franco, a quien no pudo ver crecer. Estados Unidos, tal como lo apunta el musicólogo Juan Carlos Garay, lo recibe con “una sorpresa maravillosa: la trompeta de Dizzy Gilliespie, personaje fundamental para que Paquito D’ Rivera ganara el respeto del jazz en ese país, que después supo de propuestas tan destacadas como su ejecución del Adagio de Mozart en los 70”.La fama mundial le llegaría, advierte Garay, tras dos álbumes sin los cuales no se puede entender la música de Paquito: ‘Paquito Blowin’ y ‘Mariel’. Después una portada en Time. Después su rostro en el programa de la CBS Sunday Morning. Paquito junto a cuartetos de jazz de medio mundo. Paquito con YoYoMa. Paquito tan cubano y a la vez tan universal. Lo mismo boleros que ritmos afrocubanos; lo mismo un tango que un vals venezolano, un wapango, un danzón o cualquier himno del bossa nova. La trompeta y el clarinete de Paquito D’ Rivera, siempre tan versátiles, siempre tan curiosas, logran que la nostalgia se haga festiva y el dolor se vaya de prisa.GACETA contactó al maestro Paquito en su casa de Nueva York, días antes de su primera visita a Cali, donde será uno de los protagonistas de Ajazzgo. Maestro, en biografías que se leen sobre usted lo describen como un niño prodigio, pero usted parece no sentirse muy cómodo con ese título...Creo que, ante todo, era un chico que se divertía con lo que hacía: música. Ya han pasado tantos años que no me incomoda que me sigan considerando, a mi edad, un niño prodigio. Es que yo empecé muy jovencito, gracias a la influencia de mi padre que me enseñó desde pequeñito a tocar el saxofón. El año que viene cumplo 60 años sobre los escenarios. Y empecé a los 6 años. Yo lo que hago desde entonces es jugar a hacer música. Otro descubrimiento en su niñez, de la mano de su padre también, fue la literatura...Mi padre gozaba con la música y la lectura. Uno de los recuerdos que guardo es el de verlo escribir cartas para niños como si él fuera uno de los reyes magos; aún quedan por ahí algunas. Escribir cartas imaginarias era su modo de hacer literatura, era hablar en un idioma que él mismo se había inventado. Por eso, yo desde pequeño leía mucho. Ya he publicado tres libros, escribo artículos para prensa, para discos y ahora estoy escribiendo un nuevo libro. Quisiera tener más tiempo para escribir, pero la vida decidió por mi: prefirió que fuera músico y no escritor.Maestro, usted se ha movido en dos escenarios que a veces se nos antojan como el anverso y el reverso: la música de cámara y el jazz, que en esencia es música popular... ¿Cómo ha logrado ponerlas a conversar? Sabes que no tengo idea. Desde niño siempre he hecho todo tipo de música. Me siento cómodo haciendo cualquier música que sea ingeniosa. Mi papá solía decir que hay solamente dos tipos de música: “la buena y la otra cosa esa”...Y si hablamos de buena música, imposible no preguntarle por Dizzy Gilliespie, con quien usted escribe un capítulo memorable con The United Nation Orchestra...Dizzy ha sido una gran influencia desde que era niño y años después, cuando lo conocí. Yo amaba a Dizzy. Ha sido una influencia maravillosa para millones que hemos seguido el latin jazz. Más que colegas, éramos grandes amigos, pese a que era un hombre muchísimo mayor que yo. Lo que pasa es que se trataba de un hombre muy simpático, encantador, con el que nos hacíamos bromas mutuamente. Era un tipo desinteresado y generoso que me ayudó a transitar el difícil camino de la música en Estados Unidos.Uno siente en Paquito D’ Rivera a un artista que le gusta correr riesgos, ensayar en la música...A mis 65 años, todavía disfruto cualquier tipo de música, siempre que sea de calidad. Después de la cubana, de Latinoamérica celebro la música brasilera. Allá se ha logrado la más perfecta química entre melodía, armonía y ritmo que se pueda lograr. Lamento que, a pesar de que la tenemos tan cerca, su idioma es una barrera y no permite a muchísimos más conocer la música tan extraordinaria que se hace en Brasil. Porque, a decir verdad, no todos las músicas populares de América Latina tienen tanto valor, salvo pocos casos como Piazzola, Armando Manzanero, Agustín Lara. Ya que andamos por Suramérica, ¿qué tanto conoce de la música colombiana?No mucho, la verdad. Por eso, este viaje a Colombia quiero aprovecharlo para saldar esa deuda. He trabajado con músicos colombianos muy buenos como Héctor Martino, Eddy Martínez y Edmar Castañeda, uno de los artistas colombianos más internacionales e innovadores. Maestro, usted es clarinetista y saxofonista y en su música nunca hemos advertido que desplace a ninguno de estos instrumentos. Ponerlo a escoger entre uno y otro lo ha de poner en apuros...¡Ay, no, ni me pidas eso! (Risas) Es difícil. Yo tomaría de cada uno la mitad para dejar un solo instrumento. Para mi el clarinete es como una mujer: es muy difícil. Y no lo tomes a mal. En el saxofón, en cambio, se usa más la razón. El clarinete es más demandante, exige más del músico y compositor. Pienso en ambos instrumentos y pienso en Irakere, ese experimento maravilloso que hizo junto al gran Chucho Valdés...Irakere llegó cuando yo estaba en desgracia en mi país. Óscar y Chucho Valdés me invitaron a trabajar cuando todos pensaban que no era recomendable hacerlo. Y yo quedé eternamente agradecido. Nunca sospechamos el impacto que tuvimos, solo sabíamos que estábamos haciendo buena música. Cuando preguntan a qué suena Irakere, digo que suena a Irakere. Nada suena igual. Supimos innovar y cumplir con la promesa de sonar como una big band pese a que se trataba de un grupo pequeño. Justamente, de gira con ellos en España usted arranca a escribir un capítulo que no ha cerrado: el exilio. ¿Cómo ha sido hacer patria y triunfar lejos de Cuba? /Yo busqué asilo por parte del gobierno de Estados Unidos. Ahora, no soy el primero que vive algo tan doloroso. Ya me resultaba insoportable vivir en el sistema cubano, tan cruel y estúpido, por culpa del cual me perdí la niñez de mi hijo, el amor de mi esposa y mi matrimonio. Pero, si volviera a tener la oportunidad, lo haría. Llama la atención oírlo tan crítico. Cuando uno conversa con otros músicos cubanos hay prudencia... Eso te da una idea del miedo que se vive en Cuba. Lo mismo les ocurrió a rusos y húngaros, que han vivido bajo ese modelo. ¡Que Dios proteja a Colombia de tener que vivir algo así, de lo que no nos protegió a los cubanos!Maestro, me encanta escucharlo decir que sus mayores galardones no son los Grammy que tiene en casa, sino la bendición de interpretar junto a los grandes...Son mis mayores galardones. Tocar al lado de Gilliespie, de Celia, del Bebo, de Chucho. Yo soy crítico del asunto de recibir premios, a pesar de que la vida ha sido generosa conmigo: ha habido grandes músicos que no han recibido un solo premio y otros a quienes han premiado en el pasado y hoy son ellos los que pagarían porque los escucharan cantar. Traigo a la mente ese regalo que nos hizo a quienes amamos la música latina: sacar del olvido a Bebo, que se ganaba la vida tocando en restaurantes de Europa para que grabara un álbum de culto: ‘Bebo Rides Again’...Bebo era un gran amigo de mi papá, así que en mi niñez y juventud lo tuve muy cerca. Era una tremenda injusticia que estuviera abandono. Fue una manera de pagar la generosidad de Óscar y Bebo Valdés por haberme llamado en un momento que estaba en desgracia. Fue una deuda de gratitud. Antes de dejarlo colgar, ¿qué nos aguarda a los caleños que deseamos escucharlo en Ajazzgo con Trío Corriente?Ese trío es fenomenal. Será una presentación de la gira ‘Song for Maura’ porque así se llama el álbum que vamos a presentar. Es un disco en homenaje a mi difunta madre. La única promesa que puedo hacerles a los caleños es que ustedes y yo nos vamos a divertir muchísimo.DATO CLAVEInvitado por Ajazzgo, Paquito D’ Rivera & Trío Corriente se presentarán, este 6 de septiembre, en el Teatro Municipal, a las 8:00 p.m. Para información sobre boletería, comunicarse a los teléfonos 8839106 / 8839107. Boletas desde $35.000. Para los suscriptores de El País y usuarios de Tarjeta Selecta aplica el 10% de descuento.

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