"Lo bueno que me ha pasado es por casualidad": escritora Julia Navarro

"Lo bueno que me ha pasado es por casualidad": escritora Julia Navarro

Marzo 30, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal Garcés | El País

"Creo que venimos al mundo con unas cuantas piedras en la mochila y a partir de allí debemos ser dueños de nuestra propia vida", dice la escritora española Julia Navarro.

Julia Navarro, la periodista y novelista española dice que escribe por placer y el éxito en ventas es un premio adicional. En realidad ella quiso ser bailarina de ballet.

Nació en Madrid en 1953. Es hija del periodista español Felipe Navarro ‘Yale’ y ella misma le ha dedicado más de 30 años de su vida al periodismo en los principales medios de comunicación de su país. Se inició en momentos difíciles cuando España hacía su transición de la dictadura franquista a la democracia. Desde entonces se hizo conocer como una prestigiosa periodista y analista política.Después de escribir varios libros sobre actualidad política, publicó su primera novela, La Hermandad de la Sábana Santa, una especie de thriller en torno al famoso lienzo en el que supuestamente envolvieron el cuerpo de Jesús en el sepulcro. Esta novela logró un éxito sin precedentes en España y luego vinieron La Biblia de Barro y La Sangre de los Inocentes que apuntalaron su prestigio entre la crítica y el público y fueron comprados por millones de lectores en el mundo, en traducciones en más de 30 países.La cuarta saga, Dime quién Soy, es un retrato magistral de la historia del siglo XX, lleno de intriga, historia, espionaje, y buenas dosis de amor y de traición que conquistaron de nuevo a los lectores. Hoy sorprende nuevamente con su última novela Dispara, yo ya Estoy Muerto, que acaba de lanzar en Colombia.¿Le heredó usted la vena periodística a su padre?La verdad es que lo que me ha salido bien en la vida ha sido por casualidad. Yo no quería ser periodista sino bailarina de ballet, pero como no pude, opté por el periodismo.¿Le frustra no haber logrado su sueño?A veces cuando voy a ver un ballet me dan ganas de ponerme a llorar porque pienso en lo mucho que me gustaría estar sobre ese escenario. Siempre recuerdo esa pasión y que una amenaza de castigo era que me prohibieran ir a clase de ballet y eso me impulsaba a estudiar mucho más. ¿Qué tipo de periodismo hacía su padre?Hizo periodismo en radio, prensa y televisión y fue un reportero muy conocido en España. Lo mismo iba a la Guerra de Vietnam, que entrevistaba a Ava Gardner. En ese tiempo se practicaba un periodismo capaz de hacerlo todo. Él era todo un personaje y un bohemio. Me enseñó las lecciones más importantes sobre periodismo y cuando me decidí por ejercerlo me dijo: “Nunca te creas que eres alguien, lo importante es el medio en el que trabajes y de él dependerá que tu teléfono suene. Pero ten la certeza de que si te quedas sin trabajo nadie te va a volver a llamar”. Fue una lección de humildad que siempre he tenido muy presente. ¿A usted le fue difícil empezar a ejercer el periodismo durante la Transición, tras la muerte de Franco?Ese fue un momento en el que se produjo un relevo de gente joven en las redacciones, una etapa apasionante. Me parecía un privilegio contar cómo transcurría la llamada Transición Española hacia la democracia después de casi cuatro décadas de dictadura. Una época alucinante.Hace pocos días murió Adolfo Suárez, a quien todos le reconocen su gran aporte a esa transición como presidente del gobierno. Sorprendió la relativa tranquilidad con que España se deslizó de una dictadura a la democracia. ¿Qué lo hizo posible? Que era todo el país remando en la misma dirección. Naturalmente, había grupúsculos de izquierda, de derecha, y de extrema izquierda como ETA, que no querían esa evolución, pero en forma mayoritaria el país remaba dentro de la misma línea y es un hecho que cuando todo el mundo quiere lo mismo es difícil que algo salga mal. Fueron también años de lecciones para todos nosotros, que estábamos aprendiendo a ser ciudadanos en libertad. ¿Cómo fue ese descubrimiento?Fue un momento germinal, absolutamente maravilloso. Un momento en el que las relaciones tenían un papel importantísimo y pienso que nunca más volveremos a tener esas cuotas de influencia como las de aquella época. También era una época en la que atravesábamos muchos temores: a los militares, a lo que podía pasar, a lo desconocido. Yo, por ejemplo, estaba en el Congreso en el momento en que el coronel Antonio Tejero entró, echando bala, para tomarse el poder. La sensación fue la de que allí podía terminar la maravillosa aventura de libertad y democracia que habíamos iniciado y el miedo que sentí fue el peor de mi vida.¿Cómo recuerda ese momento?Estaba cubriendo la sesión de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo, porque el presidente Suárez había dimitido. Yo estaba sentada en la tribuna de prensa con otras dos periodistas cuando entró Tejero, y al lado estaba una periodista maravillosa que ya murió, Pilar Marrión, una mujer muy mayor, una especie de hada madrina para las jóvenes periodistas que empezábamos. Nunca olvidaré que cuando se escucharon los disparos y yo quedé paralizada, Pilar dijo: “Niñas apuntad la hora y fijaos bien: esto es lo que los libros de historia dicen que es un Golpe de Estado”. Eran las seis menos diez de la tarde. El golpe falló y el Rey Juan Carlos tuvo un papel preponderante en ese episodio, que logró conjurar. ¿Cómo lo hizo?Tuvo un papel decisivo porque estuvo en contra del golpe. No solo era el jefe del estado, sino el de las Fuerzas Armadas y supo imponer su autoridad. Y pasó también que a Tejero no lo siguió toda la gente que él pensaba. Mencionó a ETA. ¿Después de décadas de terrorismo ha sido neutralizada realmente?Yo creo que sus dirigentes son conscientes no solo de que no se puede ir en contra de la historia, sino de que han perdido. Eso, unido al rechazo mayoritario de los ciudadanos, a que cada vez estaban más aislados y más solos, a que no tenían apoyo internacional y a que cada vez estaban más acorralados desde el punto de vista militar. España atraviesa por una crisis muy fuerte después de su anterior auge económico y muchas empresas españolas han invertido en América Latina. ¿Cuál es la mirada hacia Colombia?América Latina y Colombia están siempre presentes en España. Y creo que no se trata solamente de razones históricas y lazos de sangre, sino que cuando vino el crecimiento espectacular que usted menciona, hubo muchísimos latinoamericanos que fueron a buscarse una vida mejor y a trabajar en España. Entonces, hoy todos tenemos un vecino, un compañero de trabajo, alguien que llegó de Latinoamérica, de manera que no se puede permanecer indiferente ante lo que sucede en los países de origen de los nuevos conciudadanos. Pero se habla mucho de discriminación con los “sudacas”, como los llaman despectivamente.Yo no creo que eso sea verdad. España no es un país racista, así que yo no veo esa discriminación. Mire, cada vez que llegan las “pateras” con los subsaharianos, la gente sale a las calles a ayudarles, se los llevan a sus casas y los esconden para que no sean recluidos. Ahora, puede que alguien resulte siendo un discriminador, pero esa no es la generalidad y mucho menos con los suramericanos.En el norte de África y Europa ha surgido el movimiento de los indignados, que empieza también a despertarse en América Latina. ¿Cuál cree que es el común denominador?Pienso que hay una crisis de la política a nivel general y, de repente, los ciudadanos han visto que sus necesidades no se están canalizando bien a través de los partidos tradicionales, por los que no se sienten representados. Por eso sienten la necesidad de salir a la calle, de organizarse y de protestar directamente. No conozco el caso de América Latina, pero en Europa la crisis tiene que ver también con la desconfianza en el sistema financiero porque en los últimos tiempos la economía ha dominado a la política, en vez de ser la política la que mande sobre la economía, y los partidos tradicionales no han sido capaces de cabalgar el tigre.Usted ha vendido millones de copias de sus novelas, traducidas a 30 idiomas. ¿Escribe en clave de éxito?No. Cuando escribes nunca sabes lo que va a pasar y con cada libro te la juegas porque partes de cero. Es como tirar una moneda al aire. No, no hay una ‘pócima de Merlín’ que te garantice una mezcla de ingredientes para conseguir el éxito.Pero sus cinco novelas han tenido todas récord de ventas, ¿cómo se las arregla?Eso es cierto, pero también estoy preparada para que un día suceda lo contrario. He tenido suerte.¿Y la sorprende?Me produce dos reacciones, una es la sorpresa y la otra es un gran agradecimiento a mis lectores. Con esto de los libros me pasó que entré en ese mundo por casualidad y sin proponérmelo, como ocurrió con el periodismo.¿Y cómo empezó?Yo estaba un verano en la playa con mi hijo que era muy pequeño y altamente desesperante. “Alex, por favor, vamos a casa”. Un poquito más mami, un poco más….”. A mí no me gusta el sol, pero llevo a la playa muchos periódicos. Ya los había leído todos al derecho y al revés y cuando empecé a leer los obituarios, encontré uno que hablaba sobre la muerte de un científico y analista forense, que había puesto bajo su microscopio el cabello de Napoleón y tenía también una pequeña historia sobre la Sábana Santa de Turín, y desataba la controversia de si era real o falsa. Allí se me ocurrió la idea de una novela. Que tuvo un “boom” impresionante..Sí, a los quince días se había agotado la primera edición. Fue un exitazo en España y en el resto del mundo. ¿Investiga muy a fondo, antes de escribir?No me gusta exagerar con lo de las investigaciones, soy periodista y estoy acostumbrada a manejar información y documentación con absoluta naturalidad porque es parte del oficio. Yo me divierto escribiendo y el que mis libros resulten exitosos es un premio adicional. Cuando escribí la segunda novela yo sabía que todo el mundo me iba a recibir con la escopeta cargada, esperando la caída, pero resultó un éxito igual que la primera y a partir de allí todas han salido bien. ¿Cuáles son las otras?La Biblia de Barro, La Sangre de los Inocentes, Dime quién Soy –que arrasó- y la última: Dispara, yo ya Estoy Muerto. Nada garantiza el éxito porque los lectores –y hablo por mí, porque soy una gran lectora- somos exigentes y no nos importa que nos haya gustado el libro anterior de un autor, sino que juzgamos el que tenemos en la mano.La historia de la crisis¿Cómo definiría a Felipe González? Hubo pánico cuando ganó la presidencia, en 1982, por temor al izquierdista PSOE. Es el más importante y el mejor presidente que hemos tenido en nuestra democracia, sin lugar a ninguna duda. Su gran acierto fue gobernar para todos. El despegue económico español se le debe a él.¿Y qué ocurrió tras sucesivos gobiernos, para llegar a la crisis actual?Nosotros hemos vivido una doble crisis: la financiera que afectó a todos los países europeos y la de la construcción, porque se empezó a cons- truir de forma desbordada, llegaban miles de afuera a trabajar y los precios de los pisos se dispararon artificialmente.Pero, un gran economista, José Antonio Ocampo, me decía que España está empezando a reaccionar...Sí, está empezando a salir y le empiezan a cuadrar las grandes cifras macroeconómicas, le está yendo bien con las exportaciones y no ha necesitado un rescate. Pero sigue teniendo problemas importantes que tendrá que abordar, como el del paro (desempleo).

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