Lina, la bailarina de Incolballet que enseña danza clásica en Arabia Saudita

Enero 09, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Elpaís.com.co
Lina, la bailarina de Incolballet que enseña danza clásica en Arabia Saudita

Lina María Trejos, bailarina caleña que enseña danza clásica en Arabia Saudita.

La bailarina caleña Lina María Trejos le abre campo a la danza clásica en Arabia, país en el cual dirige una academia de ballet.

Cuando le preguntan a la bailarina y docente caleña, Lina María Trejos, por qué decidió irse a Arabia Saudita a dirigir una escuela de danza, ella contesta sin rodeos, que lo hizo porque le gustan los retos y le encanta conocer otras culturas.Y es que no se trata de un reto menor, porque llegar a un país donde no hay teatros ni salas de cine y en donde la danza clásica es casi inexistente en el gusto de los públicos, podría desanimar a cualquiera.Lina María es egresada de Incolballet. Se graduó en 1999 y posteriormente se vinculó al Ballet Santiago de Cali que fundaron Alicia Cajiao y Jairo Lastre en esos años. Luego de permanecer con esta compañía durante siete años, la joven se marchó a Panamá junto a su esposo.Allí se integró al Ballet Nacional de Panamá, donde estuvo por dos años y a través de un contacto que conoció en este país se marchó a Londres para aplicar a la licenciatura en ballet en el Royal Ballet de Londres, un logro importante en su carrera.Luego de un periodo de tres años de formación Lina se graduó no solo como licenciada sino que paralelamente consiguió ser certificada como profesora en el método del Royal Ballet. Fue entonces cuando a través de su tutora de tesis, a Lina le llegó una propuesta para ir a trabajar a Arabia, un reto que hoy a sus 31 años le ha dejado satisfacciones.¿Cómo recuerda los años de formación en Incolballet?Fue una época muy estricta, por lo largo de las jornadas y las exigencias físicas, como mantener tu figura, pero a la vez una etapa definitiva, porque allí descubrí la pasión por la danza. Fue una experiencia que me volvió más sensible al arte y todo eso te enriquece como ser humano. Igualmente haber pertenecido al Ballet Santiago de Cali me ayudó a consolidarme como bailarina. ¿Qué le ha dejado la formación recibida en el Royal Ballet?Todo ha sido interesante. Desde tener que llegar a estudiar el idioma primero y después haber conseguido ingresar, pues son más de mil estudiantes los que aspiran y sólo aceptan a treinta. Pero sobre todo la licenciatura me abrió el panorama frente al ballet. Aprendí a apreciarlo desde el punto de vista del maestro y del público y no quedarme sólo con el punto de vista de la bailarina. Otro aspecto interesante fue el poder compartir con personas de culturas tan diversas, porque allí te puedes encontrar con personas de países como China, India o Alemania.¿Cómo lo llegó la propuesta para dirigir una academia en Arabia?Fue a través de mi tutora de tesis. Ella sabía que estaba buscando otros horizontes. Lo curioso de todo esto es que mi tutora me presentó tres posibilidades, para ir a China, Dubái y Arabia, pero finalmente escogí este último.¿Cuál fue la razón para decidirse por una cultura que aparentemente es tan cerrada?Precisamente por eso. Sentí que era un reto, es misma imagen que tenemos de esa cultura me llevó a querer adentrarme en ella y descubrirla, el querer transmitir mi pasión por la danza en un mundo donde apenas sí saben que existe y en un medio donde las mujeres tiene poco acceso a las actividades físicas. De cierta manera tiene que ver con ese deseo de educar no solo a personas sino a la comunidad entorno al arte y la cultura de la danza.¿Cómo es la academia que dirige?Pertenece a la empresa Almanahil localizada en la Capital, Riad. Es un centro de Fitness, que incluyó entre sus actividades el ballet. Cuando llegué allí, estaba casi todo por organizar. Allí manejo cerca de 200 estudiantes, sólo mujeres, porque a los hombres no se les permite acceder. Además de dirigir la escuela doy las clases de ballet en todos los niveles, empezando desde los 2 años hasta personas adultas, aplicando la metodología del Royal Ballet. Es un trabajo que trasciende a los alumnos para llegar hasta los padres, para enseñarles sobre la cultura del ballet y hasta cómo comportarse en un teatro.¿Cuáles han sido las principales dificultades para su trabajo?Desde luego el idioma. He aprendido un poco. Cuento con una asistente que es a la vez mi intérprete, pero ella no sabía nada de danza, así que me tocó primero formarla a ella, para poder desarrollar las clases. Y desde luego, está el reto de abrirle campo a la danza.¿Qué estrategias ha utilizado para ello?He tratado de meterme en los zapatos de la gente de allá y hacer una mezcla cultural. Por ejemplo, en julio pasado hicimos una función especial de cierre de año y para ello monté una coreografía con música árabe, pero utilizando en su mayor parte pasos del ballet clásico y, a su vez, propuse una pieza con música clásica, pero con pasos de la danza árabe. Incluso, al final del acto le di un toque nuestro con una adaptación del ‘Waka waka’ de Shakira, que les gustó mucho. Me parece que es una manera para ayudarles a comprender que el ballet es un lenguaje universal al que ellos también pueden acceder. Probablemente no todos los alumnos lleguen a ser profesionales pero van a desarrollar esa sensibilidad frente a la danza.¿Qué otras experiencias ha tenido en Arabia?He dado clases privadas de ballet a las princesas en los palacios. Creo que eso hace parte de ese proceso de sensibilizar a esta sociedad frente a la danza.¿Qué proyectos tiene con la academia?Quiero ir expandirla hacia otros ritmos, como salsa y géneros contemporáneos y latinos. También, lograr que el Royal Ballet, certifique a los bailarines de la academia, de acuerdo a su metodología y crear un pequeño grupo de danza.¿Extraña algo de su vida en Cali?Naturalmente uno extraña la familia, pero realmente soy alguien que se adapta fácil a las culturas, por lo cual no ha sido algo complicado. Por el lado de las comidas, uno puede conseguir casi todo lo que come aquí. Tal vez lo que más me hace falta es la vida cultural que tenía en Londres donde podía ir a conciertos, teatros o ballet, algo que allá no es posible, porque no hay teatros ni cines.

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