Laura Restrepo desmitifica el sueño americano en su novela 'Hot sur'

Abril 01, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos | Periodista El País
Laura Restrepo desmitifica el sueño americano en su novela 'Hot sur'

Es curioso, a Laura Restrepo, novelista, no le gusta leer novelas. Prefiere, de lejos, los ensayos.

Sucedió que el capitalismo no cumplió su promesa. Que esa estatua de la libertad, que esa tierra de oportunidades que era la esperanza de millones de inmigrantes ya no lo fue más. ‘Hot Sur’, la más reciente novela de Laura Restrepo, nos trae esa noticia: el viejo sueño americano se convirtió en una pesadilla. ¿Qué sigue?

Es la historia de tres mujeres. La de Bolivia, primero. Hace de todo, hasta vender su cuerpo, hasta hacer ‘trabajos manuales’ a sus jefes para llegar al Norte, Estados Unidos, para mantenerse ahí. Es la historia, también, de María Paz y Violeta, sus hijas. Ellas deben hacer de todo, en cambio, para escapar de ese falso paraíso.‘Hot Sur’, la más reciente novela de Laura Restrepo, se lee como una crónica del presente, una que narra un quiebre, el del sueño americano: antes unos luchaban por ir, por llegar. Ahora millones de inmigrantes huyen, buscan nuevos horizontes.Sucedió que el capitalismo no cumplió la promesa. Allá donde todos supuestamente tienen carro, muchos, aunque trabajaron hasta 18 horas -como Bolivia-, no lo consiguieron. En cambio los insultaron, les escupieron la cara, les pagaron lo que quisieron, los metieron a la cárcel por sospecha, los anularon. A cambio encontraron la muerte.Sí: en ese país donde antes de viajar se cree que todo sabe a Milky Way, los indocumentados conocen el sabor de la física mierda. La felicidad, quizá, está más cerca del Sur que del Norte.Laura, la novela está dedicada a Javier, “que pasa los días de su vida en una cárcel de Estados Unidos”. ¿Quién es Javier? Él mismo va a reconocerse enseguida, tan pronto lea la dedicatoria. Ya le enviamos el libro, esperemos que en ese lugar donde está no le pongan problema y se lo entreguen.Hot Sur, creo, es una suerte de denuncia, de política. La cárcel donde está María Paz pinta el mundo de afuera: la tensión entre los del Norte y los que sueñan con el Norte, los del Sur. Aunque se necesitan, existe un muro entre ellos, eso de la ilegalidad, eso de ser latinos, que los pone en guerra, los distancia. ¿Cómo nació Hot Sur? La novela trascurre en Estados Unidos y tiene como protagonistas a distintos personajes que de una u otra manera encarnan al sur: latinos, blancos pobres, marginales, truhanes, gringos en contravía. Quise hacer un libro de frontera, ubicarlo en el tumulto del cruce de aguas, en el sentido geográfico, lingüístico y cultural. La idea surgió en Tijuana, ciudad mexicana en la frontera con Estados Unidos, cuando un grupo de muchachos de barriada me contó que su deporte era cruzar el 'muro de la infamia' por el desierto, pelota de fútbol en mano, sólo para echarse un partidito del lado norteamericano y luego regresar a casa. Lo hacían desafiando la violencia de los 'border patrols' y el racismo asesino de los ‘minute men’, y burlando los miles de millones invertidos en armamento y tecnología para impedir que se les cuele el sur. Me encantó la irreverencia de esos chicos de Tijuana, y pensé que había que enfocar el tema de los migrantes indocumentados ya no solo como drama humanitario -que desde luego también lo es- sino como desafío, agallas, voluntad de vivir... gaminería, que llamamos los colombianos. Quise que 'Hot Sur' fuera una aventura retadora, con personajes capaces de traspasar los límites con tal de burlar esa imposición brutal que es dividir a los humanos, con muros y leyes, entre seres de primera y seres de tercera. Quise que María Paz, la protagonista central, fuera capaz inclusive de burlar las rejas de una cárcel gringa.¿Y cómo se escribió Hot Sur? ¿Cómo se investigó? Me refiero a horarios, encierros, sufrimientos. ¿Cuáles son las manías, los rituales de Laura Restrepo al momento de escribir? Soy horriblemente obsesiva, y una vez que arranco con una novela, no puedo pensar en otra cosa. Todo lo que se me atraviesa, persona, animal, suceso, noticia, libro, frase, cosa: todo va a parar a sus páginas. La novela en curso se me vuelve como una máquina moledora, que se va tragando todo. En mi familia tienen recelo de hablar delante de mí, porque saben a dónde va a parar aquello tarde o temprano. Una novela es una empresa larga y dispendiosa, y si no eres obsesivo puedes cansarte, o aburrirte a la mitad. Las dudas y las dificultades son como piedras en el camino. Y entonces sucede como con la monogamia. La novela que estás escribiendo te exige fidelidad absoluta, mientras que por otros lados te están bombardeando, como tentaciones, otros temas tanto o más seductores. Hay que ser obstinado y obsesivo para resistir, mantenerte en lo tuyo hasta poner punto final.Siempre he creído que lo malo de escribir los propios libros es todo el tiempo que te quita para leer maravillosos libros escritos por los demás. Así que me hago el propósito de leer muchos libros ajenos por cada uno que escribo. Tardo entre tres y cuatro años en la escritura de cada novela, fíjate, un poco menos que una carrera universitaria. Y me gusta creer que el pedaleo mental puede ser equivalente, en cuanto a lectura, investigación, estudio. Una confesión inconfesable: a la hora de leer, la novela no es mi género favorito. Prefiero por mucho el ensayo.Hablando de eso, de rituales, en 'Hot Sur' se lee esta frase: “toda buena novela es un ritual camuflado”. ¿Por qué? Bueno, tiene todos los elementos de un ritual, solo que privado y a tu antojo. Te inventas un sistema de símbolos y escoges una lengua propia para expresarlos; como autor haces las veces de oficiante y entre tus personajes eliges a los que se salvan, los que se inmolan, los perdonados y los condenados. Estableces tu escala de valores y sobre ella pones a bailar a tus personajes, como en la cuerda floja. Te arriesgas con una puesta en escena que es al mismo tiempo bautizo y entierro; construyes tu mundo, lo destruyes, rescatas unas partes, otras se te hunden. Y ahí vas con tu pequeña misa, que en últimas no podrás celebrar si no es con la complicidad del lector.Y hablando de personajes, en esta novela usted elige ‘poner en escena’ a los indocumentados, seres que son, ante todo, personas muy solas. Usted como escritora y como mujer política, ¿qué piensa entonces del papel que debe tener el gobierno colombiano frente a los indocumentados? ¿Qué piensa de las leyes contra los indocumentados? Cada preso que ajuste sus cuentas con la justicia, tiene derecho a un juicio limpio e imparcial. No puede ser condenado por lo que llaman ‘profiling’, o extrapolación, siguiendo supuestas ‘características generales’, que son producto del prejuicio racial y cultural: ‘hay que desconfiar de colombianos y mexicanos porque trafican’, o también, ‘ojo con los rusos, que son una mafia pavorosa’. En Estados Unidos esto es pan de cada día, no por nada la gran mayoría de la población penitenciaria está conformada por negros y latinos. Y por jóvenes, desde luego: la cárcel está diseñada para ahogar la inconformidad. El gobierno colombiano tiene que velar por la integridad de sus presos en el extranjero, asegurarles un justo proceso, a partir del cual quien va preso es tan ser humano como cualquiera y debe recibir trato humanitario, en condiciones dignas y de respeto, estén donde estén, en el extranjero o en las cárceles de la propia Colombia.¿Es verdad que, como dice María Paz, América no está en ningún lado, apenas en la mente de los que sueñan con ella? ¿Cómo es eso? ¿En realidad se vino abajo el sueño americano? Con esta novela quise conectarme con el momento histórico decisivo que a mi parecer nos ha tocado vivir: hoy el capitalismo le muestra su cara más fea a millones de personas en el planeta, a los sin comida, los sin tierra, los sin techo, sin educación, sin salud, sin trabajo, sin presente ni futuro. Ya no hace falta ser de izquierda para creer que las cosas como están ya no dan más, que las expectativas de bienestar, progreso, felicidad y democracia que ofrecía el capitalismo quedaron en veremos, y que si a algo ha llevado, es al agotamiento del planeta y la sobre explotación de sus recursos, posiblemente hasta un punto de no retorno. Vivimos paranoicos con una sensación de cataclismo inminente, y por desgracia no nos falta razón. En 'Hot Sur' los personajes viven el quiebre del sueño global americano precisamente en cuanto sueño, en cuanto compendio de deseos, y se mueven más bien en la sospecha generalizada de que la felicidad hay que buscarla por otro lado. Cada cual a su manera, todos ellos –María Paz, Cleve Rose, y hasta el salvaje del Sleepy Joe-, van llegando a la conclusión de que el paraíso ya no queda en esa esquina. Dice Oscar Wilde que el que se va, es porque ya se ha ido, y me gustó jugar con esa frase y extrapolarla: el abogado Pro Bono, otro de los personajes, concluye que cuando un imperio cae, es porque ya ha caído. En ‘Hot Sur’ el imperio ya cayó, al menos en cuanto a las expectativas de los personajes. Los protagonistas de la novela son mujeres: María Paz, su madre Bolivia, su hermana Violeta. ¿Es casualidad o también es un intento de rendirle un homenaje a la mujer que deja todo por el sueño americano, a la mujer luchadora?Bolivia, la madre, es una latina que vuela como indocumentada hacia el Norte en busca de una vida mejor, dejando atrás a cada una de sus dos hijas pequeñas, en dos ciudades apartadas, al cuidado de dos familias distintas. Después de cinco años de trabajar como esclava, les consigue por fin visa y pasajes y logra traérselas a Estados Unidos. El resultado es la convivencia llena de silencios, secretos y tropiezos de tres mujeres que en realidad no se conocen entre sí, y que sin embargo deben aliarse para sobrevivir juntas a las mil quinientas dificultades que se les atraviesan. Bolivia muere sin perder la ilusión del sueño americano, mientras que las dos hijas –María Paz y Violeta- se enfrentan de lleno a la pesadilla. Si Bolivia hizo lo indecible por llegar al norte, a María Paz y a Violeta les tocará hacer lo imposible por salir de allí. Esta es la historia del escape, de la busca de otros horizontes. Creo que las mujeres están mejor dotadas y son más fuertes a la hora de encontrar un lugar donde pese a todo, la vida sea posible. María Paz, la protagonista central, es una de las nuestras: echada para adelante, temeraria, imparable. Quise que nada la detuviera, ni las rejas de una cárcel gringa. Claro que también hay personajes masculinos, y además norteamericanos blancos. Me gustó la idea de una misma situación vista a través de miradas cruzadas: cómo ven y juzgan los hombres a las mujeres y viceversa; cómo ven y juzgan los latinos a los gringos, y también al revés. ¿Cómo ver al indocumentado? Allá, en el Norte, son plaga; acá víctimas. Pero más allá de eso, ¿cómo verlos? Son los verdaderos protagonistas del mundo contemporáneo: un tsunami que se lleva todo por delante. Se dice que el sedentarismo es la clave y la depositaria de la cultura, cuando la realidad es que este es, ha sido y será un planeta en el camino. Las grandes migraciones han sido la piedra angular de las grandes culturas. Contra la mentalidad de suburbio de quienes se encierran y amurallan para proteger sus bienes, la novela le apuesta a la multitud que no tiene nada que perder y arranca a andar. El desarraigo es el signo, no sólo el territorial, también el afectivo, el lingüístico, el cultural. Aquí nadie sabe a ciencia cierta quién es, de dónde viene ni a dónde va, y anda defendiéndose a codazos y avanzando a palos de ciego. Dos últimas preguntas: ‘Hot Sur’ se lee como un gran reportaje. Hay entrevistas, testimonios, documentos, datos exactos. ¿Antes el periodismo se alimentaba de la literatura y ahora la literatura se alimenta del periodismo? Me parece pretenciosa y arbitraria la separación y jerarquización de los géneros literarios. ‘Hot Sur’ le apuesta al revoltijo. Lo culto y lo vulgar; lo periodístico y la ficción desatada; las citas de los clásicos y los héroes de cómics; la ópera y la baladita romántica; la tragedia y la telenovela: Todo vale. El inglés y el español refundidos en ‘spanglish’. Lo que llaman un ‘melting pot’, también de razas. Como autora, preferí hacer las veces de escribano: darle la palabra directamente a los personajes, transcribiendo lo que ellos mismos supuestamente ya habían escrito o contado antes: María Paz, en un diario en la cárcel. Cleve Rose, en los ‘cómics noir’ que publica. Otros en un cuaderno de notas, en una entrevista, en una conversación privada, en una confesión.¿Cómo es la vida después de ponerle punto final a una gran novela? ¿Cómo es el día después de sacar la novela de la cabeza, tenerla lista en el papel?Bien raro, la verdad. Agridulce. Un poco como quien acaba de perder el empleo, pero con una buena indemnización. Por fin te puedes dar vacaciones, ya no tienes para qué levantarte a las cinco de la mañana a trabajar contra reloj para cumplir con la entrega. Pero igual te pegas el madrugón. Sigues con el patín, solo que ahora pedaleando en el aire. Ese día lo ocupo limpiando mi escritorio, tirando papeles, archivando documentos, barriendo el estudio, devolviendo los libros consultados a la estantería: un pequeño ritual de limpieza, como para oficializar el punto final. Luego sales a celebrar con el marido, con la familia: una cenita, un brindis, unas flores y tal. Pero tu cabeza sigue prendida de tus personajes: qué vaina, me faltó tal cosa, y tal capítulo hubiera quedado mejor de tal otra manera, y qué hubiera pasado si en vez de...

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