"Las escuelas de salsa que existen en Cali son 127": Secretaria de Cultura

Enero 06, 2017 - 12:00 a.m. Por:
Yefferson Ospina | Reportero de El País

Luz Adriana Betancourt, la nueva secretaría de Cultura, es Comunicadora Social y Especialista en Administración Pública de la Universidad del Valle.

Luz Adriana Betancourt dice que el Municipio ha orientado su apoyo a las pequeñas academias que son las que más necesidades tienen. Precisa la cifra dada por Mincultura.

En Cali no hay 56 escuelas de salsa, como cree el Ministerio de cultura, sino 127. Así lo asegura  la Secretaria de Cultura, Luz Adriana Betancourt, quien explica que la cifra de Mincultura se debe a que solo  se suelen contabilizar  las escuelas grandes, que son las que aportan los artistas para los grandes espectáculos como Delirio, Ensálsate o el Salsódromo, y no las pequeñas academias. Lea también: "Me preocupa la Salsa en Cali", dice Mariana Garcés, ministra de Cultura

La funcionaria agrega que el apoyo de la Administración local se ha dirigido con mayor fuerza a las pequeñas escuelas  “que cumplen  una función social en los barrios, porque les ofrecen a los niños y adolescentes una forma de ocupar el tiempo libre y de sustraerse de la violencia”.   La Secretaria dijo también que su mayor preocupación es la necesidad de fortalecer las academias de salsa para que se conviertan en el semillero que alimente los espectáculos en la ciudad. 

La ministra de Cultura dijo que le preocupa que en Cali hay 56 escuelas de salsa y se han cerrado 20. ¿Son las mismas cifras que tiene la Secretaría de Cultura?

Bueno, yo entiendo lo que quiere decir la Ministra al afirmar que le preocupa la salsa en Cali. Es cierto que hay 56 escuelas de salsa, pero si solo se miran las grandes escuelas que aportan para los espectáculos como Delirio, Ensálsate o el Salsódromo en la Feria de Cali. Ahora bien, si uno mira todas las escuelas que hay en Cali, incluyendo las pequeñas que están en barrios pobres, en las que los integrantes ensayan en casas o en casetas, el total es de 127 escuelas. Claro, yo entiendo las declaraciones de la Ministra, porque ella está solo haciendo referencia a las grandes escuelas. 

¿Cuál es la diferencia entre una escuela grande y una pequeña?

La más notoria es que las escuelas grandes suelen tener una infraestructura: tienen salones para ensayar bien dotados, tienen equipos de sonido, espacios necesarios para la formación y, sobre todo, contactos fuertes con el mercado de los espectáculos, de modo que los bailarines pueden fácilmente hacer parte de eventos como Delirio o Ensálsate, e incluso salir del país. 

Las escuelas pequeñas, en general,  no tienen la infraestructura de las grandes, son pequeñas escuelas que se hacen incluso en casas de los profesores, a las que van especialmente bailarines que apenas están comenzando y, por sus mismas características, no suelen estar tan ligadas al mercado de los espectáculos. La importancia de estas escuelas pequeñas es que cumplen  una función social en los barrios, porque les ofrecen a los niños y adolescentes una forma de llenar el tiempo libre y de  sustraerse de la violencia, porque la mayor parte de esas escuelas están ubicadas en barrios de alto riesgo. Por otro lado,  sirven de semillero para las grandes escuelas que nutren los espectáculos en Cali. 

¿A usted le preocupa la salsa en Cali?

Sí, también me preocupa. Pero mi preocupación es diferente. Nosotros estamos viendo cómo muchos de los grandes bailarines caleños se están yendo al extranjero, a países como Emiratos Árabes o Turquía, Inglaterra, Francia, Puerto Rico, Argentina, etc. Eso es muy positivo para ellos y para el mercado, la gran preocupación es precisamente que las escuelas pequeñas deben fortalecerse para que sus bailarines reemplacen a los que se están yendo. ¿Por qué nos preocupa? Porque como lo dije anteriormente, las escuelas pequeñas necesitan fortalecer su infraestructura para que alimenten a las  grandes así como el mercado de los espectáculos. 

¿Y qué se está haciendo para fortalecer las pequeñas academias de bailarines?

Nosotros hemos venido trabajando con el objetivo de dotar a esas escuelas de cosas mínimas, como por ejemplo, un buen equipo de sonido, espejos, colchonetas, pisos de madera, pero eso requiere bastante dinero. En diciembre pasado, 10 pequeñas escuelas se vieron beneficiadas con recursos de la USAID y de la Secretaría de Cultura y recibieron dotaciones de infraestructura. Ellos están en situaciones difíciles. Estas academias pequeñas suelen cobrar mensualidades que no superan los $12 mil pesos y si un adolescente no puede pagarlos, igual lo dejan ensayar. En realidad necesitan un apoyo muy fuerte porque ellos son el semillero del espectáculo salsero en Cali. 

También preocupa el tema de la profesionalización de los profesores...

Sí, es un tema en el que venimos trabajando. Nos hemos dado cuenta de que en Cali los bailarines aprenden por repetición, y eso tiene el gran problema de que es muy difícil enriquecer los espectáculos y se corre el riesgo de que se vuelvan monótonos. Por otro lado, si no se profesionaliza a los profesores, se corre el riesgo de estar haciendo ejercicios físicos de un modo incorrecto, y eso a futuro puede generar efectos negativos en la salud de los bailarines.

   Por ahora, hemos estado barajando la posibilidad de que el IPC dicte una carrera técnica para que los profesores de salsa se formen adecuadamente, que no sean del todo empíricos; o la otra alternativa es asignarle  a un determinado número de escuelas un profesor especializado.

A veces se tiene la impresión de que las únicas alternativas que tienen los bailarines de salsa son Delirio, Ensálsate y el Salsódromo...

En Cali tenemos que fortalecer ese mercado, y eso debe ser un trabajo tanto de las escuelas como de la empresa privada. Desde la Secretaría de Cultura  hemos hecho con la Universidad San Buenaventura un análisis de la situación de las 127 escuelas de salsa, con el objetivo de formarlas para que sean autosostenibles, se profesionalicen y empiecen a gestionar espectáculos. Eso es muy importante. Las escuelas deben empezar a buscar las formas de entrar al mercado de los espectáculos para que eso les genere desarrollo económico tanto a las escuelas como a los propios bailarines.

  Ahora mismo, hay algunos intentos privados pequeños en ese sentido. Por ejemplo, en San Antonio hay un hostal que se llama Trópica, que ofrece espectáculos de salsa como parte de sus servicios de hospedaje a los extranjeros. En otro hostal se ofrecen clases de salsa a quienes se hospedan. Pero aún queda mucho por hacer. 

El pasado Mundial de Salsa no tuvo mucho éxito, ¿a qué se debió?

A dos cosas: por un lado, no hicimos toda la publicidad que se merece ese evento. Por otro, coincidió con el fin de semana del amor y la amistad. Este año no vamos a cometer los mismos errores. La gente no lo dimensiona del todo, pero la importancia de este evento es muy grande para el mundo de la salsa. Se lo explico así: una escuela o un bailarín que aparece entre los tres ganadores de este mundial, casi que asegura de inmediato la posibilidad de salir al exterior, con contratos en mano, para dar espectáculos en hoteles, centros comerciales, cruceros, etc. Y el mundo está atento a los ganadores del Mundial de Salsa para contratarlos.

¿Qué piensa de la intención de privatizar el Festival Petronio Álvarez? ¿Se va a hacer esa privatización?

El Concejo de Cali ya dijo que no aprobaba un intento de privatización del Petronio. En lo personal, creo privatizarlo sería acabar con la esencia del Festival. El Petronio tiene cuatro modalidades para los participantes: violines caucanos, chirimía, marimba y versión libre. La más comercial de esas categorías es la de versión libre, que es en la que participan grupos como Chocquibtown, Herencia de Timbiquí, entre otras.

 Si lo privatizamos, lo más seguro es que las otras modalidades, que no son comerciales, se pierdan y, por ende, la posibilidad de que los grupos musicales tradicionales del Pacífico participen del Festival, se pierda también. Eso sería acabar con la esencia del evento, que es precisamente mostrar las expresiones musicales tradicionales del Pacífico colombiano.

 ¿Cómo va el proceso de renovación del Centro Cultural?

Pedro Mejía y Raúl H. Ortíz, que de  los seis arquitectos autores del edificio son los únicos que quedan, ya presentaron el proyecto de renovación y ahora debe  pasar por Planeación y por Patrimonio. Esperamos que para 2017  empiecen las obras. 

 

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