Las editoriales deben apostarle más a la esencia de la literatura: Alejandra López

"Las editoriales deben apostarle más a la esencia de la literatura": Alejandra López

Enero 21, 2018 - 01:53 p.m. Por:
Por Yefferson Ospina / Periodista de Gaceta
Alejandra López

Alejandra López es colaboradora habitual de medios de comunicación.

Luisa Fernanda González / Colprensa

El cliché se podría usar en estos términos: “Alejandra López González, el secreto mejor guardado de la literatura caleña”. Es, como tantos clichés, una falsedad: no es un secreto, no está guardado y, por cierto, ¿existe eso que pueda llamarse “literatura caleña”?

Lo que sí se puede decir es que Alejandra López González es una de las escritoras jóvenes nacidas en Cali más interesantes de la actualidad y que el conocimiento de su obra, probablemente, no exceda ciertos círculos literarios bogotanos.

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En Cali su nombre como escritora resonó el año pasado cuando presentó en la Feria del Libro ‘Y dale, rojo, dale’, un libro que mezcla
géneros periodísticos y cuyo tema es el ascenso del América a la A.
Sin embargo, en 2009 publicó ‘Hot Hot Bogotá’, novela con la que ganó el Premio de Literatura de la Universidad Central y el año pasado entregó ‘El vuelo del flamenco’.

La suya es una literatura de estilo lacónico y quizá brutal, de frases cortas y brillantes, cargadas de un humor amargo y que requiere de pocos elementos para construir un mundo.

Tal vez una herencia del periodismo, que ha practicado desde los 20 años y que, dice, le enseñó a escribir.

‘Hot Hot Bogotá’ es la historia de una mujer que entreteje sus aventuras románticas y sexuales con la propia desesperación de su existencia y la comprobación de que vive en un mundo atravesado por la infamia. Una novela donde la protagonista suprime la autocomplacencia para entregar una imagen un tanto cruel y desencantada de un mundo que ella misma se ha encargado de romper.  Su segunda novela, ‘El vuelo del flamenco’ es una historia de amor en una Cali que se puebla todos los días de las imágenes de cadáveres que descienden por el río Cauca.

Una literatura rebelde que se construye a contracorriente de la industria editorial.

¿Cómo surgió la idea de 'El vuelo del flamenco'?

Esa es una novela muy caleña, en la que los personajes tienen ese hablado caleño y que, justamente, ocurre en Cali y en el Valle del Cauca. Es la historia de un periodista que investiga desapariciones y asesinatos, y que está tras las historias de los cadáveres que son descubiertos en el río Cauca. Como columna vertebral de la novela hay una historia real que yo leí hace unos años en las páginas de la revista Semana: una mujer que había sido encontrada herida de 95 puñaladas y que sobrevivió para denunciar al hombre que la había atacado. Sin embargo, meses después de salir del hospital en donde fue salvada, la mujer es encontrada desmembrada y, además, los investigadores descubren que estaba en embarazo. Ese es un hecho real, que tuvo lugar en un pueblo de Risaralda y que yo usé para dar estructura a la novela.

Por otro lado, está la otra protagonista, Lucrecia Ackerman, una mujer que trabaja para lo que yo llamo el Cali Fashion Week y que se encuentra en algún momento con toda esa violencia que vive la ciudad y el país.

Hay quienes creen que la literatura y el cine deberían dejar de hablar de temas como el narcotráfico y la violencia. Usted, sin embargo, ha escrito dos novelas en las que los efectos del conflicto en el país aparecen con mucha fuerza...

Sí. Bueno, mi primera novela, 'Hot Hot Bogotá', habla entre otras cosas de fosas comunes y la segunda también aborda el tema de la violencia. Hay toda una discusión alrededor de eso.

En mi caso, por ejemplo, yo presenté mi segunda novela a editoriales y un editor me dijo, en primer lugar, que había que cambiar el habla de los personajes, hacerlos menos caleños, más planos, para que no se vendiera solamente en Cali. Además, me dijo también que el tema de la violencia ya estaba agotado, que la gente no quería leer más sobre este tipo de cosas. Yo respeto su posición, pero por supuesto no iba a cambiar la esencia de mis personajes y tampoco iba a dejar de hablar de las cosas que me interesan.

La violencia la hemos vivido todos en este país de un modo u otro y por tanto yo creo que es necesario escribir sobre ella. La novela la publicó una firma pequeña e independiente, que se llama Editores Himpar, formada por egresados de la Maestría en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional.

¿No cree que hay una corrección política injustificada con eso de
no querer publicar sobre la violencia?

Puede ser. Yo hice la investigación periodística de la serie 'El Patrón del Mal', y además estuve al frente de las comunicaciones de la serie, y pude recibir todas las críticas que se le hicieron. Todo ese discurso de que era una “apología al delito”

y demás. No creo que sea así. Yo estoy convencida de que una de
las formas de sanar, y este país necesita sanar mucho, es contando lo que hemos vivido, bien sea a través de la literatura o el cine o las telenovelas.

Alejandra lópez

'El vuelo del flamenco' se puede encontrar en la Librería Nacional.

Luisa Fernanda González / Colprensa

Su primera novela, 'Hot Hot Bogotá', fue publicada gracias a que ganó el premio de Literatura de la Universidad Central. ¿Qué tan difícil es para un autor novel hacerse un lugar en la industria editorial?

Lo que sucede, a mí parecer, es que las editoriales ven esto como un negocio, y no está mal. De hecho, publicar libros es un negocio, si no se produce dinero pues se acaba la industria. Pero creo que esa necesidad de vender debe ser compensada con el hecho de publicar un número mayor de buenos autores, más buena literatura. Creo que no hay un equilibrio y que las editoriales buscan todo el tiempo publicar 'Bestsellers', o lo que ellos creen que se va a vender muy bien. El reto de las editoriales es apostarle a la esencia de la literatura.

Volvamos a 'El vuelo del flamenco'. ¿Cómo fue el proceso de la escritura?

Me tardé siete años en escribirla, porque me metí a investigar el tema de las desapariciones con mucha intensidad. Entrevisté a trabajadores de la Fiscalía que hacían levantamientos, recogí recortes de periódicos que hablaban del tema, hablé con investigadores, y la verdad es que después de cada entrevista terminaba muy golpeada. Era muy difícil conocer casi que de primera mano parte de las atrocidades que se han cometido en este país. Pero pude hacer un primer borrador que, una vez terminado, eché a la basura. No me gustó para nada. Para hacer la segunda versión decidí leerme toda la obra de Andrés Caicedo, para encontrar una voz, un tono de ciudad.

Yo creo que en la literatura de Caicedo hay una presencia de la violencia muy fuerte y sobre todo 'Que viva la música' me ayudó a encontrar un tono.

Eso ocurrió entre el 2010 y el 2017, una época en la que yo empecé a explorar Cali de una manera muy consciente, a encontrar esos rincones por los que pasó la Cali de Caicedo, del Grupo de Cali, esa ciudad que es más mítica.

Usted, además, presentó el año pasado el libro ‘Y Dale, Rojo, Dale’, sobre el ascenso del América a la A. ¿Cómo es su relación con el fútbol?

Yo soy hincha furibunda del América de Cali y eso empezó en mi infancia, cuando ni siquiera hablaba, creo que ni siquiera caminaba. Lo que pasa es que mis papás son hinchas del América y un día, cuando yo era bebé, ellos no tuvieron con quién dejarme para ir a ver un partido. Así que, como esos eran los tiempos en que se podía llevar a un bebé al estadio, me pusieron en mi cuna y me llevaron. Desde entonces siempre me llevaron.

Además, yo crecí en el barrio San Fernando, ahí al lado del Pascual, así que viví todo lo que significaban los partidos del América. Y este libro, que creo que es el libro por el cual me reconocen más, está compuesto por una crónica literaria sobre cómo me hice hincha, sobre la historia de mi infancia en el estadio, sobre esa relación que de niña hice con el equipo. Otra parte está compuesta por una serie de entrevistas que le hice a personalidades como ‘El tigre’ Gareca, Roberto Cabañas, Orestes Sangiovanni, a William Rodríguez - el hijo de Miguel Rodríguez-. La parte final es una crónica sobre el ascenso del equipo, esa epopeya de regresar a la A.

El periodismo sigue influyéndola mucho a la hora de escribir sus novelas...

Sí, yo soy periodista y creo que eso ya uno no se lo puede quitar de encima. Es decir, yo ya no puedo ver el mundo sino como periodista y cuando escribo, siempre investigo mucho sobre lo que quiero escribir. Además, yo aprendí a escribir haciendo periodismo. Sufrí mucho, fue muy difícil cuando empecé en Bogotá siendo una niña de 18 años que apenas había empezado a estudiar comunicación social, y que era practicante de la redacción de El País en Bogotá. Fue difícil, pero gracias al periodismo aprendí a escribir.

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