Las divinas fatalidades de José Flórez

Las divinas fatalidades de José Flórez

Noviembre 03, 2013 - 12:00 a.m. Por:
GACETA
Las divinas fatalidades de José Flórez

“Yo bailo mis propias experiencias, mis frustraciones, mis sueños, mis confrontaciones con la vida, con el amor, con la muerte. Allí cicatrizo mis heridas”, comenta Flórez.

Junto a su compañía Corpus Lab el bailarín y coreógrafo José Flórez es uno de los invitados a la Primera Bienal de Danza de Cali, en la cual presentará su creación 'El sueño de la serpiente'. En primera persona, Flórez habla de lo que ha sido su trayectoria en la danza, en un diálogo sostenido en París con el realizador caleño Gerardo Otero.

“El encuentro con la danza fue una cosa del destino. En el medio en el que yo crecí el arte no era un asunto de consumo. No es que me llevaran al teatro o que estuviera en constante contacto con algunas de las ramas del arte.Empecé a hacer danza folclórica en el colegio, desde muy pequeño. Cuando terminé mi bachillerato, digamos que por una cuestión más de estar buscando por dónde enfocar mi vida, terminé en la Escuela Popular de Arte de Medellín, para estudiar una carrera de danza folclórica durante cinco años. Pero inmediatamente descubrí la danza contemporánea.Luego, la Escuela Popular de Arte desaparece por cuestiones políticas, pero ya estaba decidido que era la danza contemporánea lo que yo quería hacer. Y enfoqué todos mis esfuerzos para ser un bailarín de danza contemporánea.Por circunstancias sociales que uno vive en Medellín, se está más cerca de otro tipo de cosas que no le hacen bien a la vida de uno. Muchos de mis amigos tenían problemas con las drogas.La danza llegó y se dio la oportunidad de transformar mi pensamiento, mi visión del cuerpo, la relación que tengo con el cuerpo, con “el otro”. Sabemos que nuestro sistema educativo no está hecho para este tipo de cosas.Entonces, había que romper paradigmas familiares y sociales. Enfrentarme a todos esos conceptos que la gente maneja del bailarín. Esa visión social de que la danza o el arte en general no son una profesión, que se aguanta hambre, que todo bailarín es homosexual. Tuve que sacar la fuerza para seguir adelante. Siendo hijo único, para mi padre fue un golpe muy duro. De hecho, nunca ha ido a verme a alguna presentación. No porque le genere alguna molestia después de tantos años: sencillamente no le gusta la danza contemporánea.Mi madre, en cambio, es una artista en potencia. Una mujer que cose, cocina, corta el cabello, hace manualidades, tiene una letra hermosa, dibuja. Toda mi sensibilidad artística la heredé precisamente de ella. No tenía un apoyo económico, pero sí un apoyo moral.Mi coreografía ‘La divina fatalidad de las cosas’ es un trabajo para el Festival Paris Quartier d’été (julio - agosto 2013), en colaboración con el productor francés Didier Michel. Él estuvo en Medellín, vio mi trabajo y quiso que viniera a presentar un ‘solo’ en París. Ahí estaban los directores del Festival Paris Quartier d'été y les gustó mi trabajo. Inmediatamente me pidieron que hiciera una coproducción con ellos, con la agencia de Didier Michel (Mister Dante) y con Corpuslab, que es mi proyecto.‘La divina fatalidad de las cosas’ es Colombia porque vivimos en un país maravilloso. Uno lo entiende cuando sale del país. Cuando comparte con otra gente, se da cuenta de ese potencial humano y geográfico. Pero en cierto sentido es fatal, por todas las cosas que nos suceden.Entonces estamos en medio de ‘divinas fatalidades’. Lo que quise fue traerme un pedacito de Colombia e instalarlo en París.El escenario es Colombia y creamos la analogía de país - París. Cuando estaba trabajando con Beatriz Vélez - que es la colaboradora de esta obra -, decíamos que íbamos a instalar este país en París.Trabajamos metafóricamente esas siluetas, esos cuerpos de seres que desaparecen, que quedan en nuestra memoria. Por que han sido víctimas o victimarios del conflicto que vivimos. Seguimos pensando que todo eso es absurdo, que no tiene sentido, que es una fatalidad, en medio de toda esa divinidad humana.En Colombia vivimos en una constante contradicción. Vivimos unas cosas maravillosas y luego miramos las noticias y vienen unas cosas absurdas que no tienen sentido. Que no tienen razón de ser. Que no deberían suceder en una sociedad inteligente, donde hay tanta razón para existir, para vivir. Eso es el fruto de la obra.Yo parto de mis propias experiencias. Bailo lo que he vivido, no podría bailar otra cosa. Por eso decidí hacer danza contemporánea. Bailo mis propias experiencias, mis frustraciones, mis sueños, mis confrontaciones con la vida, con el amor, con la muerte. Allí cicatrizo mis heridas.En un evento trágico, en una ciudad como Medellín, por robarme me dieron una puñalada en el corazón. En el ventrículo derecho. Tuvieron que operarme para poder salvarme. Fue un milagro, estaba muerto prácticamente. De ahí nace mi coreografía ‘El exilio de mi carne’.Cuando hicimos ‘La divina fatalidad de las cosas’, era inevitable no llegar a este punto. He sido partícipe de esta violencia que vivimos. ¿Cómo no confrontarla en escena? ¿Cómo no buscar la manera de transformarla? ¿De exorcisarla? El arte de alguna manera cumple todas estas labores, no sólo para el espectador, si no para el artista mismo. Yo hecho mano de todo esto y comienzo a indagar.Danza chamánicaPodríamos decir que mi danza es ‘chamánica’. El chamanismo sirve para curar, curarnos, para curarse. El banquito que utilizamos en ‘La divina fatalidad de las cosas’ está inspirado en el banco indígena. No es un banco indígena. No quiero hacer una representación literal de esto. No es mi búsqueda, no es mi función.El banco es el lugar del pensamiento, es el lugar de transformación dónde estos seres tienen esa capacidad de sentarse a pensarse, a pensar su comunidad, atravesando sus propios misterios, yendo a las profundidades de la tierra, con su pensamiento, eso es nuestra mitología.Sigo indagando estas visiones, esta cosmogonía que hace parte de nuestra cultura. Recorro mi territorio, busco allí, lo que alimenta mi ser, mi creatividad. A veces son cosas fuertes como mis experiencias.Una puñalada en el corazón, una sala de cuidados intensivos, la fragilidad de mi cuerpo. Es ahí donde descubro un movimiento oculto para poder mover mi brazo, el dolor para ir al baño, que no es la búsqueda del bailarín. La búsqueda del bailarín es el virtuosismo, el gran movimiento.Cuando estuve en una sala de cuidados intensivos me pude dar cuenta que hay movimientos pequeños que son importantes.No me interesa el virtuosismo del bailarín como fin. Creo que si el bailarín llega a la virtuosidad, es por el resultado de su propia búsqueda o la indagación de su movimiento.Entonces va a llegar a la virtuosidad de una manera tan natural y orgánica que le pertenece. Lo mismo me pasa con la forma. La forma para mí es el estado de transición. No es la verdad del movimiento, o de la misma búsqueda coreográfica o estética del bailarín o coreógrafo.Entonces me tomo el tiempo que hay aquí, en mis propios espacios, en esas pequeñas sensaciones. Para mí ha sido todo un descubrimiento. Llevo años indagando esto.De alguna manera uno encuentra algunas características propias. Hay algunas en que me puedo reconocer y decir esto me pertenece.La primera Bienal de Danza en Cali es un acontecimiento muy importante. Voy a estrenar en el festival un obra que se llama ‘El sueño de la serpiente’.Esta obra está basada en un mito huitoto de una comunidad de la Amazonía. No hago una representación del mito. Lo que hago es tomar el mito y confrontarme a ese mito como hombre contemporáneo. Y también confrontar a mis bailarines.El mito huitoto es una tragedia. Habla de un hombre que confronta su destino y se sienta allí a pensarse y le pasan una cantidad de cosas trágicas.Lo que hago es extraer algunos elementos de allí, como por ejemplo el banquito o toda esa capacidad que tienen estos individuos, que hacen parte de nuestra cultura y me alimento de todo esto.Yo instalo mis bailarines en una problemática contemporánea y empezamos a confrontarnos, a cerrar ciclos. El mito nos enseña a cerrar ciclos, a concluir ciclos. No hay que dejar cabos sueltos.El mito nos deja la enseñanza de confrontarnos con nuestras facetas y cada faceta está trayendo una cantidad de conflictos. Lo que hago es extraer toda esta enseñanza del mito, no el mito. Siempre me gusta dejar esto claro.Confronto a los bailarines que vienen a trabajar conmigo. ¿Qué pasa con tus movimientos? ¿Con tus pensamientos? ¿Con tus experiencias? ¿En tu casa? Los bailarines tenemos la misma problemática en Colombia, con la sociedad, con lo económico, y lo difícil que es vivir del arte de la danza. Nos toca hacer una cantidad de cosas para hacer lo que queremos. No solo en Colombia, si no también en todos los lugares del mundo.Lo que voy a llevar a Cali, es esta experiencia, esta confrontación de cuerpo y de seres en la escena, con el objeto, con la luz con la música”.

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