Larga vida al rock

Septiembre 27, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Claudia Rojas Arbeláez | Especial para GACETA.
Larga vida al rock

"El filme deja ver el juicio que ejerce la sociedad sobre las mujeres que deciden seguir su instinto para protagonizar sus sueños".

Lejos de ser una comedia, ‘Entre la fama y la familia’ (‘Ricki and the flash’) da una mirada aguda a la responsabilidad histórica, moral y social que las mujeres cargan sobre sus hombros frente a la maternidad. Protagonizada por Meryl Streep y Rick Springfield esta película aflora nuestro íntimo deseo de apegarnos a la libertad, las botas y el cuero.

Linda, quien hace algunos años no responde cuando la llaman por ese nombre, trabaja como cajera de un supermercado y ‘rockea’ por las noches en la tarima de un bar como cantante acompañada de su banda ‘The flash’.   Allí es Ricki y así la conocen quienes la siguen, la quieren y la aceptan sin criticarle sus botas negras, su chaqueta y los metales que hacen parte de su vestir. Todo podría ser ‘normal’, ‘aceptable’ y nada de lo anterior tendría por qué sorprendernos, excepto por un detalle. La chica ya sobrepasó los cincuenta y sigue viviendo, sintiendo y vibrando ‘like a rolling stone’.   Fantástica.

Pero la sociedad suele condenar a las chicas lindas, talentosas y poseedoras de la personalidad sólida que no temen en mostrarse tal cual son (¡Doy fe!).   Razón por la que Ricki despierta miradas rayadas, comentarios y barridos de pies a cabeza a su paso, de aquellos que la cuestionan por lucir diferente.  Pero ella  pisa fuerte y continúa su camino, como si al ignorarlos dejara atrás el pasado que le ha dolido tanto y en el que, por obvias razones, prefiere no pensar.   

La película que lleva por nombre ‘Entre la fama y la familia’ (cuyo nombre original es ‘Ricki and the flash’) y que es protagonizada por Meryl Streep y el rockero Rick Springfield, arranca  mostrándonos la ligera cotidianidad de esta mujer cuyo mayor motivo de alegría es tocar covers famosos en un bar de público adulto.  Sin embargo la vida está por enfrentarla a uno de sus mayores miedos y sucede a través de una llamada que ignora y que poco después descubriremos le hace su exmarido, quien le pide ayuda para apoyar a su hija mayor.  

Regresar a su pasado, a la vida que hace mucho dejó atrás con todo y sus hijos para vivir su sueño al tope, la descoloca. No es para menos, hace mucho volteó la página de la maternidad y en la factura de su osadía está Indianápolis esperando por ella en forma de reclamos y odios filiales contenidos.  Pero lo hace.  A partir de ese momento visita, con todo y guitarra, la casa de su exmarido donde por supuesto se encuentra con sus tres hijos.  El encuentro con el pasado genera sentimientos encontrados en la búsqueda de la reconstrucción de familia que tiene que aceptarse como es y no como se quisiera.  

Pero lejos de la lucha evidente, la batalla tiene como arma la docilidad del que solo busca la aceptación mostrando su autenticidad y su verdad. No pretende ser otra cosa distinta a lo que es, ni niega las decisiones tomadas en su  pasado porque éstas, a fin de cuentas, dan cuenta de lo que ahora es. 

Sin embargo el drama que abarca esta historia va más allá del conflicto familiar y sus nuevas dinámicas.  Representa en realidad una mirada crítica  a la maternidad vista no con los ojos románticos que la ven como la máxima realización femenina, sino como aquella imposición de la que resulta difícil zafarse una vez que se asume.  Este punto álgido es, en definitiva, la verdadera apuesta de su escritora Diablo Cody, la misma guionista que unos años atrás nos entregara la historia del embarazo de una adolescente y que llevaba por nombre ‘Juno’ (con el que ganó el premio Oscar al mejor guión original en el 2007).  

Así ‘Entre la fama y la familia’ deja ver  la complejidad de las relaciones familiares, pero también el juicio que ejerce la sociedad sobre aquellas mujeres que deciden seguir su pasajero libertario, su instinto, y protagonizar sus sueños.  Esto significa también asumir la maternidad de otra manera y no como todos dictaminan que debe ser.  Por eso consigue escapar de moralismos y mensajes de perdón superfluo. De la misma manera logra escapar de la salida fácil, obvia y poco realista del reencuentro amoroso con la expareja.  Al final, esta película que bien podría dejarnos un sabor similar al que nos produjo ‘Little Miss Sunshine’, nos dejará ver que en la aceptación del otro está la clave para sacudirse del pasado, curar las heridas y construir un mejor presente. 

Por eso su director Jonathan Demme (‘Philadelphia’, ‘El silencio de los inocentes’, ‘La boda de Rachel’, entre otras)  puso en práctica no solo su gran destreza con los actores, sino también la experticia que ha adquirido documentando giras de muchos rockeros (el mismo Springfield entre ellos), permitiendo disfrutar varias puestas en escena de canciones, saltos y punteos.  Mostrando su pasión por el género.   Y nosotros se lo agradecemos, aunque la gente de hoy todavía piense que los rockeros no son buenos. 

@kayarojas  

Docente Universidad Autónoma de Occidente.

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