Larga vida al Museo de Arte Moderno de Bogotá, Mambo

Larga vida al Museo de Arte Moderno de Bogotá, Mambo

Febrero 26, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Por: María Camila Tovar ? Especial para Gaceta

Fundado por Marta Traba y luego dirigido por Gloria Zea, el Museo de Arte Moderno de Bogotá celebra sus 50 años. El 28 de febrero inaugura una exposición con lo mejor del arte nacional de los últimos cien años.

La calle séptima y el complejo de La Biblioteca Nacional abrazan en una suerte de cruz de asfalto al Museo de Arte Moderno de Bogotá, más conocido como el Mambo. Subiendo apenas una cuadra hasta alcanzar la carrera sexta con calle 24, al término de un callejón cubierto de rejas marrones, permanece este lugar revestido de un conjunto de bloques en ladrillo a la vista que se encargan de recibir a los convidados en una especie de plaza de encuentro. Entre los muros del Mambo Todo aquel que se pasee por sus alrededores, sin acceder a su interior, no podría imaginar siquiera las historias fascinantes que contarían sus muros. Acaso hablarían de la mirada crítica de Francisco Goya que vieron plasmada en sus escalofriantes grabados sobre los fusilamientos en ‘Desastres de la guerra’. O de los inmensos bronces y las esculturas en mármol y porcelana del francés Auguste Rodin, incluyendo una versión del célebre ‘El pensador’, y de ‘El beso’ quizás inspirado en Camille Claudel. Quizás, también, se jactarían de las coloridas y juguetonas constelaciones de Joan Miró que llegaron alguna vez para alegrar esa pequeña porción del centro de la fría y gris Bogotá. Lo cierto es que pocos museos en Colombia han visto desfilar tantas y tan valiosas obras de arte como lo ha hecho el Museo de Arte Moderno de Bogotá. Son cinco décadas de historia que incluyen 800 exposiciones y una colección de 4300 piezas de artistas internacionales y nacionales, incluyendo los más representativos del arte nacional como Alejandro Obregón, Fernando Botero, Édgar Negret, Eduardo Villamizar, Juan Antonio Rodas... parece infinita la lista. Cinco décadas de historiaPara hablar de la génesis de este museo es necesario recordar a la reconocida historiadora y crítica de arte, Marta Traba, una mujer tan controvertida como visionaria que entendió la importancia de abrir un espacio que preservara y difundiera el arte que en Colombia se estaba creando. Ella, que irrumpió “en la crítica estética en América Latina como un meteoro... como un volcán en erupción” -según lo dijo alguna vez el expresidente Belisario Betancur- sembró la semilla del Museo y la vio germinar, para luego dejarla en manos de Gloria Zea, su actual directora, y quien ha regido los destinos del Museo por 44 años. “Yo admiraba profundamente a Marta. Había sido su alumna y realmente creía que ella era la única que podía dirigir con acierto esta bella obra”, recuerda hoy Gloria Zea desde su oficina en el Museo. Sin embargo, tras su regreso de Nueva York, Traba la sorprendió con una propuesta impensable: le entregaba las ‘llaves’ del Museo. “Marta me entregó una cajita de cartón donde estaban los estatutos del Museo, los catálogos de las 80 exposiciones que se habían realizado. Y se fue”, dice sonriendo. Desde entonces, 1969, Zea ha liderado el Mambo. Es a ella, justamente, a quien se le debe la consecución de la sede propia, un edificio de cinco pisos y 5300 metros cuadrados, diseñado por el prestigioso arquitecto Rogelio Salmona, terminado en 1985.El curador Eduardo Serrano, muy cercano al Mambo, recuerda especialmente aquella época en que se reunían los recursos para su construcción. “Le pedimos a Santiago Cárdenas que pintara un ladrillo. Luego imprimimos afiches y los hicimos firmar del artista. La idea era movilizar una campaña con la que la gente se animara a donar un ladrillo y a cambio recibiera un afiche. Fue una época muy interesante en la que la gente se unió en torno al arte. Luego llegaría Rogelio Salmona prácticamente a tomarse la carrera sexta para construir ese edificio bellísimo”, recuerda Serrano.Él, que ha curado buena parte de las exposiciones allí realizadas, asegura que su importancia radica en que el Mambo “resume la escena artística colombiana de los últimos 50 años”. Por eso, si tuviera que escoger tres obras, las más representativas del país que están en la colección del Museo, serían: “‘La virgen de Fátima’, de Botero; ‘El vuelo’, de Alejandro Obregón’, y ‘Acoplamiento’, de Édgar Negret”, dice.“La primera no solo porque se trata de un artista de muchos quilates internacionalmente, sino porque esta obra en particular, de 1963, refleja a un Botero que buscaba su estilo. La segunda, la de Obregón, porque resume lo que es el Caribe y a la vez lo que es América Latina. Y la última, la de Negret, porque sin duda es él el escultor más importante de América Latina del siglo pasado. Un artista que le hizo un aporte inmenso a la modernidad con sus esculturas”.Para celebrar los 50 años del Museo, su directora ha organizado una exposición que se abrirá al público a partir del 28 de febrero, y que incluye cien obras divididas en seis capítulos: la academia, el modernismo y el paisaje; la historia de la fotografía; la obra gráfica internacional; arte de los años 60; dibujos hiperrealistas; y obras de los artistas más recientes. Porque eso, los nuevos artistas, también han sido una preocupación del Museo. “El arte en Colombia es el más importante que se hace en las Américas”, afirma Gloria Zea. “Por eso no me preocupa el devenir del arte, sino que podamos crecer el Museo, ampliarlo para albergar todo el arte que aquí se produce”, agrega.Y aunque a lo largo de estos 44 años a bordo del Mambo ha recibido críticas, eso a ella la tiene sin cuidado. “Cuando uno está ante la opinión pública, donde hay amores, odios, celos, rivalidades, envidias, admiración, uno está expuesto a la crítica. Pero yo pienso que uno en la vida tiene la obligación de seguir su propio camino de acuerdo con su conciencia y su intelecto. Yo considero que las más importantes exposiciones que se han hecho en este país las ha hecho esta institución. A unos les gusta y a otros no. Esa es la vida”. Larga vida al Mambo.

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