“La paz no debe ser sólo un asunto de políticos”: Santiago Gamboa

“La paz no debe ser sólo un asunto de políticos”: Santiago Gamboa

Julio 06, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Lucy Lorena Libreros | Periodista de GACETA
“La paz no debe ser sólo un asunto de políticos”: Santiago Gamboa

Santiago Gamboa prepara para octubre de este año una nueva novela, 'Una casa en Bogotá'.

Después de diez novelas, dos libros de viajes y docenas de páginas de periodismo, el escritor bogotano Santiago Gamboa se mete en los terrenos del ensayo con ‘La guerra y la paz’. Diálogo en territorio neutral.

Hace algunos años, como integrante de la Delegación de Colombia ante la Unesco, el escritor bogotano Santiago Gamboa le escuchó decir a un delegado de Palestina la siguiente frase: “Es más fácil hacer la guerra que la paz, porque al hacer la guerra uno ejerce la violencia contra el enemigo, mientras que al construir la paz uno debe ejercer la violencia contra sí mismo”.Decía la verdad, pensó Gamboa: debía ser muy violento darse la mano y dialogar con quien ha martirizado y herido de muerte a los suyos, debía ser violento hacerle concesiones y reconocer como igual a quien ha destruido su casa, usurpado sus tierras y quemado sus templos. Era sumamente violento y, sin embargo —de eso estuvo convencido Gamboa desde ese momento—, tenía que hacerse. Esas reflexiones terminaron primero en un discurso que ofreció durante un acto organizado por el diario El País en Madrid y luego en un libro ‘La guerra y la paz’. El título hace recordar de inmediato una de las obras cardinales de Tolstói, pero aquí no estamos frente a otra novela. Este libro es la promesa de un ensayo bajo en calorías de rigor de academia y muy rico sí en un lenguaje sencillo que nos ayuda a entender el momento político que vive el país: la búsqueda de una paz negociada. ¿Está Colombia preparada para el cese al fuego? Santiago Gamboa cree que sí. Este, un diálogo en territorio neutral. Santiago, este libro tiene una coyuntura excepcional: los diálogos de La Habana, definitivos en la pasada campaña presidencial. Aunque aparentemente el anhelo de paz ganó, 7 millones de colombianos votaron contra ese proyecto. ¿Cómo explicar que, tras medio siglo de conflicto, se crea aún que el camino es la confrontación y no la negociación?Eso tiene varios ángulos. La campaña presidencial fue agresiva, y quienes buscaban impedir la reelección atacaron la idea de la paz con argumentos emocionales: la impunidad, la injusticia, el deseo de venganza, el miedo de ver a Colombia alineado políticamente con Venezuela. Ese discurso caló profundamente en quienes no leen prensa a diario, en los menos educados y con menor capacidad de poner eso en duda. El discurso guerrero es mucho más rediticio en política, por eso los grandes caudillos buscan siempre una guerra. Los perpetúa. Las masas adoran al líder cuando hay un enemigo y se llama al odio. Ahora, ese grupo sólo quería impedir la reelección, a cualquier precio. Si Santos hubiera hecho de la guerra el centro de su campaña, ellos, para combatirlo, habrían defendido la paz. El resultado de esa frivolidad es la división del país, pero creo que cuando se plantee la disyuntiva única entre guerra y paz, se elegirá la paz.Este libro desarrolla la hipótesis de que la paz pone a una sociedad en la ruta de la civilización. ¿Vamos entonces por buen camino?El solo hecho de estar negociando es una situación extraordinariamente más avanzada y civilizada que seguir perdiendo vidas en una guerra que todos, empezando por los militares, saben que nunca se acabará de ganar. Esta guerra no se gana ni se pierde, sólo se sufre. De ahí que acabar con ella con el diálogo es la batalla más importante que está librando hoy Colombia.En este libro, usted contradice esa manoseada frase de Rousseau de que “el hombre es bueno y la sociedad lo corrompe”, y defiende incluso la idea de que la paz es en realidad una construcción, un producto de la educación...Es que la paz no es natural en el hombre y por lo tanto debe ser instituida, como dice Kant. Es un estado artificial que nace del consenso y del deseo de conservar y perdurar. El fin último de la civilización es la paz, pero a ella sólo se llega después de hacer la guerra, que es lo natural en el hombre. Por eso se dice que después de la paz casi siempre viene la guerra...Es que la historia de la humanidad es la historia de sucesivas guerras y periodos de paz que estas propiciaron; breves a veces (como entre la primera y la segunda guerra mundial) y a veces tan largos que parecen eternos, como la paz de Europa desde 1945. Civilizar a un hombre es incorporar en él valores que no le son naturales, pero que le permiten vivir en sociedad. Se llama civilización y esa idea ha tomado varios siglos. Sin ella, el hombre no dejaría su naturaleza guerrera.Uno de los temores que exponen los ‘amigos’ de la guerra en el país es la impunidad pues La Habana le quiere abrir las puertas de la vida política a la guerrilla, como en su momento ocurrió en Irlanda del Norte o en el país Vasco. ¿Por qué nos cuesta entender que la paz implica sacrificios?Creo que a muchos les cuesta porque hay alguien que está diciéndoles al oído que no deben aceptarlos, es sólo por eso, pues las negociaciones de paz, desde el inicio de la cultura humana, suponen siempre sacrificios. La civilización nos enseña que es mejor sacrificar un poco la justicia de hoy, en aras del futuro, de las futuras víctimas. ¿Quién piensa en esos jóvenes que hoy están sanos y vivos, y que de continuar la guerra estarán pronto mutilados o muertos? Hay que hablar también por ellos. Por lo demás, el temor a que los guerrilleros tengan vida política es un asunto mal planteado. Incluso planteado al revés. No nos han dicho que ellos sólo irán al congreso si encuentran votantes. Eso quiere decir que dejarán para siempre la lucha armada, pues podrán defender sus ideas con argumentos. Es decir, seguirán combatiendo, pero ya no con fusiles. Es lo que ha ocurrido en todos los países civilizados.En este ensayo usted analiza también lo que sigue siendo la base de nuestro conflicto, lo que sabemos desde hace rato, solo que a veces nos hacemos los desentendidos: que Colombia es un país de una inequidad tremenda. ¿Sí habrá paz duradera con ese modelo social? Bueno, yo espero que la aristocracia se haya dado cuenta de que es mucho mejor vivir en un país pacificado, donde no les sea necesario un soldado en cada curva para ir a sus fincas, como hacía Uribe con su ‘seguridad democrática’. Nadie puede vivir así, y quererlo es una demostración de esquizofrenia y de insensibilidad. El actual presidente proviene de esa clase social y su modelo económico no tiene nada qué ver con el socialismo, pero también sabe que un país no puede progresar con semejantes inequidades. Colombia tiene que cambiar, y en ese cambio la democratización de la tierra, por ejemplo, es urgente. Es inconcebible y anacrónico que todavía existan fincas de dos mil hectáreas, como El Ubérrimo en un país con tanta pobreza. Si dividiéramos la superficie de Colombia en fincas como esa habría espacio sólo para 60 mil, ¡y somos 47 millones de colombianos! Sería un gran paso devolverles a los campesinos las tierras que perdieron por culpa del conflicto.Del otro lado del río político las cosas tampoco han estado mejor. ¿Por qué la izquierda colombiana no ha logrado consolidar un proyecto político sostenible?Creo que la división está en el ADN de la izquierda. Piense en Stalin persiguiendo y asesinando a Trotsky, en Fidel abandonando a su suerte al Ché Guevara en Bolivia. Es más difícil ser de izquierda porque en el fondo no es algo natural ni espontáneo, como sí lo es la defensa de los privilegios y el histórico egoísmo de la derecha. Es más natural ser egoísta que ser generoso; por eso es más fácil ser de derecha y por eso es que la derecha casi nunca es incoherente. Y si tienen divisiones son por tajadas de poder. Ahora bien, también las Farc han contaminado el desarrollo de una izquierda democrática, y en algunos casos la han combatido por considerar que ellos son la única izquierda válida. Es el típico conflicto de la izquierda. Por eso la paz les conviene a todos.¿Será que aún nos pasa la cuenta la cobro el hecho de que seamos un país tan joven, con apenas un par de siglos de vida republicana?La juventud es clave para entender nuestro conflicto: somos una sociedad joven que sigue buscando un lenguaje en el que quepa todo el país, su diversidad y su riqueza. Europa demoró más de 2 mil años, yo espero que aquí se haga en menos tiempo y con menos sangre.En ‘La guerra y la paz’ usted se detiene a mirar otros casos, como el Irlanda del Norte. ¿Qué lecciones podemos tomar de ese conflicto?Irlanda muestra la conveniencia de mantener cierto secreto en la negociación, pues si se somete a plebiscito cada palabra, se mata el diálogo. Esto lo sabe el que ha discutido por algo. También la idea, ya adoptada en La Habana, de que “nada está pactado hasta que todo esté pactado”.Otro aspecto que se aborda en el libro tiene que ver con el rol de los artistas en esa sociedad civilizada de la que usted habla. ¿Cuál cree que debe ser el papel de escritores, músicos y artistas en estos momentos en que la paz parece tan cerca, incluso en el posconflicto?Bueno, yo tengo una muy fuerte influencia francesa y esa tendencia me lleva a creer que el intelectual no es ajeno a los temas políticos y sociales, como se considera en la cultura anglosajona, donde es bastante inusual que los intelectuales participen en debates políticos. El intelectual puede ofrecer otros ángulos, un nuevo punto de vista esclarecedor. Y debe hacerlo porque su palabra es escuchada.Santiago, ¿cómo nace la idea de este libro? ¿Por qué después de diez novelas y varios libros de viaje decide apostar por el ensayo?Nace de una conferencia que leí en Madrid, en enero pasado, en un encuentro España – Colombia organizado por el El País de Madrid. El libro recoge in extenso las lecturas que utilicé para esa conferencia, más otras cosas leídas y vividas en los últimos 25 años. Quise compartir todo eso con mis lectores de ficción: ideas, lecturas, preocupaciones. El debate sobre la paz es demasiado importante para que sea solo un tema de políticos. ¿Estamos frente a un libro militante?Es militante a favor de la civilización y de la paz, de la comprensión real de la realidad, pero no hacia ninguna militancia partidista específica, porque en la política colombiana los partidos en el fondo no existen, son meras agrupaciones de interés en torno a personas. Me gustaría que el próximo presidente sea Sergio Fajardo, pero no escribiría un libro para decir esto tan simple.Una última pregunta, quizás no apta para optimistas: ¿y si los diálogos de La Habana fracasan?Habrá que volver a empezar: es la lección de israelíes y palestinos, que llevan 30 años o más negociando. No hay que ser pesimista. El pesimista sufre antes, durante y después. El optimista, en cambio, sufre sólo después.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad