La orquesta que improvisa ritmos mediante un lenguaje de señas

Abril 09, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Por Juan Andrés Valencia? Periodista de GACETA
La orquesta que improvisa ritmos mediante un lenguaje de señas

Freddy Saavedra, Andrea Betancourt, Luis Loaiza, John Ospina, Nicolás Gutiérrez, Patricia Ayala, Daniel Montoya, Christian Osorio, Fabián Sánchez, David Molina, Andrés Mejía y Rodrigo Matta conforman 'La Percumotora'.

Desde hace un año, doce músicos vienen perfeccionando el extraño arte de la improvisación rítmica guiada por un lenguaje de señas. La música que ellos hacen se está tomando la escena 'underground' de Cali. ¿A qué suenan? Percusión en su estado más puro.

En esta orquesta no hay pentagrama que valga. La notación musical nunca se verá escrita. Ninguno de sus doce integrantes conoce de antemano las piezas antes de tocarlas. La incertidumbre es su estado natural y la improvisación es su esencia. Dos manos son las encargadas de hacer sonar ritmos huérfanos de repertorios. No ha pasado que toquen dos canciones iguales. En esta orquesta la música nunca suena igual.La Percumotora, se llama. La gran mayoría de sus músicos son del Instituto Popular de Cultura. Los otros son empíricos y entregados a la causa. Para tocar con ellos solo hay una condición: la concentración absoluta. Un titubeo y cualquier línea rítmica termina siendo otra completamente distinta. Ni siquiera importa el género de preferencia. Porque a algunos les puede gustar el rock. A otros el jazz. Y a unos más los ritmos folclóricos. Pero La Percumotora siempre sonará a todo eso y a mucho más. A candombe uruguayo. A batucada brasilera. Y todo porque los únicos instrumentos que utilizan son los de la percusión.Sus orígenesSu estilo viene del Sur. De Argentina, para ser precisos. De su capital porteña, que es tan inquieta en materia musical. Allí nació Bomba de Tiempo en 2006, una banda de 16 músicos cuyo sonido es una oda a la improvisación. A su fundador y director, Santiago Vázquez, se le ocurrió alguna vez que sería interesante poder dirigir a varios músicos tocando música en tiempo real sin haberla escrito o ensayado previamente. Algo así como armonizar un caos controlado. El equivalente a lo que hacía Jackson Pollock sobre el lienzo.La idea la sacó del compositor norteamericano Butch Morris, quien se inventó la conducción. Se trataba de una improvisación libre pero dirigida con movimientos y señales ejecutadas con sus propias manos. Así fue que Vázquez creó su propio sistema. Sistema que el caleño Rodrigo Alberto Matta conoció de primera mano cuando en 2007 se ganó la beca Carolina Oramas del Icetex para estudiar música en el exterior.Entonces decidió perfeccionar sus conocimientos sobre jazz en la Escuela de Música Contemporánea de Buenos Aires, lugar donde conoció a Carto Brandán, baterista de jazz y percusionista de Bomba de Tiempo. Ese fue el primer golpe que lo llevó a crear La Percumotora, esa banda que funciona, según sus palabras, “como una máquina de engranajes”.Su fórmulaLograr que esa máquina se mantenga aceitada y produzca los mejores sonidos no es cosa fácil. En primer lugar tiene que conocer la capacidad de cada músico. Luego el de los instrumentos. La alineación básica de La Percumotora incluye dos congas, dos bombos, un tambor alegre, un yembé, una clave, una campana y unas maracas. Entonces Matta debe saber administrar cada talento y sus respectivos sonidos para encausarlos de tal modo que todos juntos, usando hasta 30 señas, tengan ritmo y se escuchen como una composición.Detrás de cada ademán hay un concepto musical. Quitarle tiempo a un ritmo o cambiarle su subdivisión son tecnicismos que se aprenden a leer a través de un lenguaje parecido al de los sordos. En otras palabras, ensayan para reaccionar. Y prácticamente todo lo que hacen les sale con espontaneidad.Algunas veces invitan a músicos con bajos, guitarras o saxofones para darle otro color a su sonido. Estos, por su parte, deben ensayar al menos dos veces con Matta y sus dirigidos para no sucumbir en el intento. Luego, cuando ya han aprendido las señas básicas y se han compenetrado con la improvisación, están listos para saltar a la tarima.En su primer año ya han logrado dos presentaciones memorables. La primera fue en la Fiesta de la Música de La Tertulia y la segunda en el Cali Blues Festival, ambas en el año pasado. El éxito que tuvieron se debió a la interacción que suelen tener con su público, según lo cuenta David Molina, uno de sus artistas: “La Percumotora no es solo para escuchar; es para ver, sentir y bailar. No es un espectáculo exclusivo de la tarima. Su show rebasa las graderías”.Patricia Maya, directora de Amalgama Cultural, va más allá: “Su creación en tiempo real es fascinante. De sus fracturas estructurales surgen un montón de sutilezas que recrean un nuevo lenguaje en tiempo real, de un impacto muy fuerte”. Lo dice con la autoridad de haber sido testigo de excepción del último concierto que dieron en la sede de su fundación de San Fernando Viejo: un bebé de no más de dos años de edad miraba absorto y boquiabierto cómo Matta gesticulaba al aire mientras los otros seguían su compás. Nunca rió. Tampoco lloró. Durante una hora permaneció inmóvil apreciando la generación espontánea de notas que parecían salir de sus manos.Que este tipo de reacciones se generen no es producto del azar, aclara Matta: “No es que improvisemos de la nada, ya que llevamos un proceso de entrenamiento consolidado”. Freddy Colorado, percusionista que ha participado en proyectos del calibre de la inglesa ‘The Quantic Soul Orchestra’, los describe como un taller de creación en vivo donde el músico tiene elementos para desarrollar su sonido y generar otros sentidos. Esos mismos que La Percumotora ha aprendido a manipular sin pentagramas y que tanto contagian y ponen a vibrar con el suave movimiento de un par de manos.

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