"La locura se disfraza": Carlos Climent

"La locura se disfraza": Carlos Climent

Noviembre 15, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Paola Guevara / Editora Vé

Carlos E. Climent, psiquiatra que lanza su nuevo libro ‘La locura lúcida’.

El psiquiatra caleño Carlos Climent aborda en su nuevo libro el daño que causan sociópatas, narcisos y ‘borderline’ que andan por el mundo disfrazados de personas normales.

En su nuevo libro ‘La locura lúcida’, el psiquiatra Carlos E. Climent entrega herramientas para identificar y protegerse de aquellas personas con “conductas disimuladas”, que “van por el mundo con el disfraz de la normalidad” pero que en realidad sufren grandes trastornos mentales.Claro, un loco que corre desnudo por la calle mientras grita incoherencias es fácilmente identificable. Pero Climent nos describe en su libro a otro tipo de sujetos, quizá más complejos, los sociópatas, narcisistas y ‘borderline’ cotidianos a los que nadie califica como enfermos.Climent advierte que cualquiera de estos tres tipos de individuos tóxicos puede estar “en su cama, en su casa, en el trabajo, en la iglesia, en el club y en todas las actividades sociales. Y es mejor que esté preparado para identificarlos y protegerse de ellos. De lo contrario corre el riesgo de ser destruido por ellos”. Este jueves 20 de noviembre a las 7:00 p.m., en la Biblioteca Departamental, será el lanzamiento en Cali de ‘La locura lúcida’, que según su autor está dirigido “a las personas sanas que conviven con enfermos mentales destructivos, sin siquiera darse cuenta”. Mientras llega el día, Carlos Climent habló así con El País: ¿Por qué nos enseñaron a aceptar al familiar trastornado, a convivir con él y a sufrirlo “por amor” a pesar del gran daño que causa? Una de las razones para convivir con el paciente irracional sin hacer nada, son los MIEDOS, así con mayúsculas: Miedo a enfrentar la realidad, porque a pocas personas les gusta que les hablen claramente. Miedo al poder soberano del pensamiento mágico imperante en una sociedad a la cual le lavaron el cerebro y la manipularon a través de la culpa, el temor al infierno y la conciencia arcáica cruel (super-yo, en la jerga psicoanalítica). Miedo a la autoridad castigadora. Bajo la férula de esa dictadura, autoafirmarse es pecado; hablar claro, ni se diga; poner las cartas encima de la mesa, jamás; denunciar los temas inconfesables de la propia familia, anatema y, por supuesto, rebelarse y romper esquemas, una traición a la familia.¿Por qué la enfermedad mental es vista por las familias como algo que debe ocultarse a toda costa, algo de lo que no se debe hablar?Aún en “las mejores familias” opera el miedo ancestral a la locura. Mucha gente acepta una tatarabuela de conducta poco santa, pero se hace matar antes de reconocer que tiene un enfermo mental en sus genes. Acepta que un allegado tenga sífilis, Sida o cáncer, pero no que sea un esquizofrénico. Lo confirma la sabiduría popular: “Prefiero una tataraputa que un tataraloco”. Y esa convicción, es el origen de mucha de la resistencia a los psiquiatras y los psicofármacos.¿Qué otro miedo nos agobia?El miedo a tener que lidiar con la irracionalidad del enfermo mental y con su agresividad. Por esa razón, familias muy equilibradas dejan en manos del enfermo más perturbado el liderazgo de la familia. O dejan en manos del paciente psicótico las decisiones sobre su tratamiento a pesar de las penosas consecuencias del deterioro. Perpetuando así el garrafal error de seguir bajo la batuta del enfermo, mientras la parte sana de la familia “tan comprensiva y tolerante”, sufre, traga y calla.¿Por qué muchos conviven con familiares tóxicos y los disculpan con la excusa “es que son así”?Por la hipocresía de una sociedad donde los unos le tapan a los otros y la ley del silencio es la que manda, porque le permite a los más sociópatas lucrarse y aprovecharse de los más débiles. No se cuestiona la autoridad porque tradicionalmente el poderoso siempre ha tenido, sigue teniendo y seguirá teniendo la razón por los siglos de los siglos, amen. Todo encubierto por la comodidad, eufemismo para pereza, pecado capital por excelencia, manifestado por el “deje así” o por el no hagamos “olas”, ni ruido, pues de esa forma nos va mejor a todos.Hay miedo a cuestionar lo establecido por la tradición familiar, pues estos trastornos (narcisista, borderline o antisocial) pasan de una generación a la siguiente estableciéndose la cadena de la enfermedad. Quien está atrapado en esta cadena, difícilmente puede escapar y concluye que la libertad no es para él. Al fin a y al cabo la prisión es lo único conocido. ¿Cómo va a cuestionar a sus mayores? ¿Con qué armas? ¿Quién lo apoya? Esos temas son los destacados en este libro. ¿Qué caracteriza a una personalidad ‘borderline’? ¿Cómo reconocerla? ‘La Locura Lúcida’ lo pone muy clarito. Al final del correspondiente capítulo hay un listado (30 preguntas) de muy fácil utilización que cada persona puede auto aplicarse o aplicarle a un allegado para determinar si tiene pocos o muchos rasgos de la lista. Si tiene muchos rasgos seguramente es un “borderline”. Ejemplos de preguntas que permiten hacer el diagnóstico: ¿Sus emociones son variables? ¿Las variaciones del ánimo son impredecibles, irracionales o intimidantes? ¿Provoca crisis que contribuyen a una vida familiar inestable?¿Es extremista?¿No tiene términos medios?Usted sugiere poner distancia ante un padre o madre 'borderline', pero eso choca con la tradición que dice que hay que aceptarlos como son. ¿La culpa religiosa es un obstáculo para la liberación emocional? La culpa religiosa es un obstáculo tremendo para la liberación de las personas. Con ella se manipula, se explota, se somete a los más débiles y se los mantiene al servicio de los más oscuros intereses. Los sentimientos de culpa son la madre de mucha infelicidad. A un padre o madre perverso no se le debe nada, ni hay que quererlo. Muchas personas se pasan la vida tratando de sacudirse la sensación errónea de estar en falta, que adquirieron a través de los contactos manipulatorios y sádicos con padres antisociales, narcisistas o borderline.En las noticias oímos mucho de los "antisociales", pero en casa, en el trabajo, en la interacción cotidiana ¿cómo identificar a un antisocial? Se lo reconoce utilizando el cuestionario correspondiente (29 preguntas). Ejemplos para identificar al antisocial son: No respeta normas ni leyes. Con gran facilidad pasa por encima de los derechos de los demás. Emocionalmente es indiferente, frío e incapaz de amar o sufrir por los demás. No aprende de la experiencia. Nunca tiene la culpa de nada. Es un parásito que siempre está explotando a alguien.¿Qué puede hacer un padre cuando su hijo adolescente lo manipula con sentimientos de culpa cada vez que quiere corregirlo? ¿Podría ser este hijo un antisocial camuflado? Antes de hacer un diagnóstico de personalidad antisocial hay que realizar varias cosas. Aceptar que, como padre, ha sido un débil que hace rato perdió el año. Aceptar que tiene un hijo malcriado por usted. Que es “un hijuepapi”, un atenido a quien usted le dio TODO, a quien usted dejó coger mucho vuelo y a quien usted mismo permitió esas conductas aberrantes. Recoger velas, cambiar de asesores y darle un giro de 180 grados a su estrategia.A diario los medios informan sobre empresarios narcisistas que por ambición causan grandes desastres financieros, o de políticos narcisistas que llevan a las sociedades al abismo... El narcisismo es muy común entre los empresarios y políticos. Ser insensibles, manipuladores y egoístas, lejos de ser defectos, son ingredientes que se valoran y se pagan bien pues se los considera indispensables para el éxito.Lo que agrava las cosas en esta sociedad es la tolerancia de los niveles aterradores de corrupción y el silencio frente a la injusticia y la impunidad. Estas actitudes destacan una de las mayores patologías de esta sociedad.Muchas de las conductas que describe en su libro como "trastornos camuflados" son muy cotidianas. ¿Cómo saber cuándo es un trastorno o un simple rasgo de personalidad? Las listas al final de cada capítulo sirven justamente ese propósito. A mayor número de ítems marcados positivamente, mayores las posibilidades de tener un trastorno. Si son pocos los ítems marcados, se habla de rasgos, no de un trastorno.¿Es posible el cambio para un ‘borderline’, un antisocial o un narcisista? Para el trastorno de mejor pronóstico de los discutidos en el libro, el ‘borderline’, hay muchas esperanzas. Es cuestión de hacer el diagnóstico y someter al paciente a un tratamiento en el cuál el especialista intenta poner orden y estructura en la vida del enfermo con entusiasmo y dedicación. Si hay síntomas predominantes se los trata con psicofármacos. Si el narcisista tiene muchos rasgos y los síntomas llevan mucho tiempo el pronóstico no es tan bueno. Pero si hay pocos rasgos y la persona acepta su condición, se puede intentar un proceso reeducativo que incluye la capacitación de la familia, la imposición de límites y la monitoria cercana. Con relación al antisocial lo mejor es alertar a la gente que lo rodea sobre la condición manipulatoria y poner distancia prudente con él. Si las personas que leen su libro identifican a alguno de sus seres queridos en las descripciones que hace de los antisociales, ‘borderline’ y narcisistas, ¿cuál es el camino a seguir? En el caso de los antisociales, alejarse preventivamente. En el caso de los narcisistas ver si son capaces de aceptar su enfermedad. Si no la aceptan, tomar las de Villadiego. Y en el caso de los ‘borderline’, remitirlos a un especialista, ponerles normas, hacerlas cumplir y ser consistentes. En todos los acasos anteriores: consultar, documentarse y perder el miedo.¿Un país también puede estar enfermo colectivamente? ¿Cuál sería su diagnóstico para el “paciente Colombia”? Le caben varios: Alcohólico. Envidioso. Acéfalo, pues sus líderes, con honrosas excepciones, son poca cosa, barren para adentro, son mezquinos, dados a la fachada, la superficialidad y la banalidad. Y aterradoramente tolerantes con la corrupción y la impunidad. Doctor Climent, en su libro usted describe la "maldad" como un trastorno mental, ¿cómo es esto? Es el caso extremo del narcisismo maligno. Son personajes siniestros con fachadas impecables que incluyen a pastores de la iglesia, padres supuestamente respetables y connotados miembros de la sociedad. Todos cumplen con la pantomima social a la perfección, pero cuando nadie los juzga o cuando se sienten seguros de no ser descubiertos o se sienten respaldados, y encuentran la posibilidad de manifestar su real condición, son más malos que Caín. Consistentemente inculpan a los demás. No toleran la crítica. Tienen una preocupación excesiva con su imagen y con su apariencia de respetabilidad. Nunca tienen la culpa de nada, nunca se arrepienten y por lo tanto nunca se disculpan. Son egoístas, desleales, aduladores, intrigantes y traicioneros. Son capaces de hacer las alianzas más dañinas con tal de mantener la achada. Sacrifican a quién se atraviese en su camino con tal de preservar lo que ellos consideran como su imagen de perfección y poder. Esto incluye a sus propios hijos, a quienes les otorgan dádivas y favores para obligarlos a estar de su lado y manipularlos a su antojo. Desenmascararlos es difícil porque la mayoría de las veces la manipulación es ejercida de manera sutil. Además porque se aseguran el apoyo de los parientes más frágiles, hijos o cónyuges, asustados a quienes no les queda otra alternativa que convertirse en sus aliados.

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