La libertad de la prisión

Diciembre 06, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Por Santiago Cruz Hoyos | Periodista de GACETA
La libertad de la prisión

La Fundación Teatro Interno nació en 2013.

En la cárcel de Jamundí, 16 internos se preparan para participar en el II Festival Nacional de Teatro Carcelario, organizado por la Fundación Teatro Interno, en alianza con CAF, Banco de Desarrollo de América Latina. La obra: ‘Los bandidos’. ¿Para qué actuar tras las rejas?

El maestro Lisímaco Núñez observa hacia lo alto de los edificios de la cárcel de Jamundí, como quien busca un mango maduro en un gran árbol. Por los barrotes de cada piso los internos contonean sus toallas de dotación en diferentes direcciones.

-  Están chateando, dice el maestro.

- ¿Cómo?

- Es maravilloso entender la manera en que se hace una vida en la cárcel, cómo construir la vida mientras estás encerrado. El chat es una de las cosas más sorprendentes. Con las toallas los internos hacen las formas de las letras, forman las palabras, y se comunican a distancia con las mujeres (que están en el edificio opuesto). Así se enamoran. Es algo que, por supuesto, vamos a incluir en la obra que estamos preparando: ‘Los bandidos’, de Friedrich Schiller.

Es curioso que justo en un lugar como este, la cárcel de máxima seguridad más grande de Latinoamérica, 16 de sus internos estén preparando una obra que se llame ‘Los bandidos’. El maestro Lisímaco se sonríe.

II

Alexander Monroy lleva una gafas negras, tipo Hollywood. Su propósito sin embargo no es darse ínfulas de eso que él es en la cárcel, además de recluso: actor. Lo que sucede es que hace unos días lo operaron de los ojos y debe protegerlos del sol, dice mientras sostiene un fólder que tiene escrito su nombre en marcador rojo y adentro el libreto de su papel en ‘Los bandidos’.

- Yo pertenecí a grupos armados ilegales. Y gracias a esta obra pienso en lo que hice pero también en lo que voy a hacer después de que salga de esta cárcel. Porque aquí, encerrado en la celda, uno piensa, piensa y piensa. El teatro te lleva a reflexionar sobre tu propia vida.

‘Los bandidos’ del poeta Friedrich Schiller es una obra que se desarrolla en la Alemania del Siglo XV. Cuenta la historia de un hombre que decide irse a las selvas con una cuadrilla de bandoleros para hacer justicia en un país donde los pobres se cuentan por millones y los ricos con los dedos de, máximo, dos manos. Después de su incursión, en todo caso, el protagonista se pregunta si valió la pena haber incendiado, haber matado mujeres, niños, haber ejercido la violencia con la excusa de la reivindicación social. ¿Qué pasa cuando un grupo revolucionario pierde sus ideales?

-  En la celda leo los libretos de mi personaje para memorizar lo que me corresponde en la obra. Así el tiempo se me pasa más rápido, cuenta Alexander antes de partir a su patio, esposado por su mano derecha con la mano izquierda de otro de los actores. Como si fueran siameses.

La rutina y el encierro deben ser los castigos más brutales de una cárcel. Los 4620 internos son despertados a las 5: 00 a.m. cuando los guardas abren las celdas. Tienen una hora para bañarse. Después desayunan y caminan por ahí, en el patio, o estudian. Alexander está haciendo el bachillerato. Al mediodía almuerzan, vuelven al patio, a las 4: 00 p.m. retornan a las celdas, a las 8:00 p.m. apagan  las luces. Días idénticos durante años. Alexander también se distrae escribiéndole cartas a su novia, Ana Lucero. Escribir es otra manera de olvidarse del tiempo. Sus cartas las recogen los guardas, sagradamente, cada miércoles.

- A Ana Lucero la conocí aquí, ‘chateando’,  pero ya salió en libertad. Aunque para ella es difícil volver, recordar lo que vivió acá, viene a visitarme.

III

En el coliseo de la cárcel, la profesora de teatro Victoria Hernández se dirige hacia los actores. Atrás suyo, colgado en una pared, hay un Cristo crucificado.

- El teatro nos enseña a ser pacientes. Para lograr lo que queremos, debe haber un proceso. Por eso ensayamos hasta lograr nuestro propósito: la obra. No se logra lo que se quiere de un día para otro, tomando el camino más corto. El camino más corto siempre trae problemas. Y si algo pierde uno en el patrón delictivo es la confianza. En sí mismo y en los demás. El teatro te enseña nuevamente a confiar en ti y en tus compañeros. No puedes fallarle a un grupo que está confiando en ti. El teatro nos enseña entonces a ser personas confiables. No confiadas, sino confiables. Yo creo en el teatro porque me salvó la vida. Me salvó de estar ahí donde están ustedes. Gracias al aplauso pude hacerle el quite al camino para el que iba, que era estar en ese lado. Aunque trabajar en las cárceles me ha enseñado que lo único que se necesita para estar adentro es estar afuera: una mala decisión, un momento de locura, pasarse de copas, tantas cosas que pueden pasar. Por eso he aprendido a no juzgar, a no preguntar qué pasó, qué hicieron para estar aquí. Pasado tenemos todos, pero lo que me interesa es tu hoy. ¿Qué quieren hacer hoy? Teatro.

Tres años atrás, Victoria recibió una llamada de su alumna, la actriz Johana Bahamón, quien había asistido como jurado a un reinado en la cárcel El Buen Pastor de Bogotá.

Una de las internas le contó que estaba presa por haber asesinado a su esposo, un tipo que abusaba sexualmente de su hijo. Si algo necesitan las personas que están en una cárcel es dejar de ser juzgadas. Johana sintió que tenía que volver a las prisiones a como diera lugar. ¿Pero a hacer qué exactamente?

- Teatro, le dije. Finalmente, tú eres actriz. Y ella me respondió: ayúdame a escoger una obra. Yo pensé: son mujeres, están encerradas, entonces la obra debe ser ‘La casa de Bernarda Alba’, de García Lorca (que cuenta la historia de una viuda). Luego hicimos ‘Yo soy Antígona’, una obra que generó polémica. Un grupo de internas de El Buen Pastor montando la tragedia griega de Sófocles. Y esa tragedia se va mezclando con la tragedia que ellas viven. Y hay un momento en que ya no se diferencia qué es Grecia, qué es la cárcel, y se denunció lo que puede suceder en un sitio como estos: abuso de poder, violación de derechos humanos, una cantidad de cosas. La obra sirvió para que los otros grupos de teatro carcelario en el país se convencieran de que a través del arte se pueden decir cosas. Porque pasó que Johana no había hecho teatro, entonces me pidió que le hiciera una asesoría. Pero una vez entré a la cárcel ya no pude salir. La asesoría se convirtió en que éramos socias de este proyecto a nivel nacional que luego se convirtió en el proyecto de vida de Johana: la Fundación Teatro Interno, dice Victoria, sentada en una silla rimax y sosteniendo unas muletas. Ni siquiera un esguince evita que vaya a las cárceles.

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