“La libertad de escribir es más sagrada que cualquier religión”: Salman Rushdie

“La libertad de escribir es más sagrada que cualquier religión”: Salman Rushdie

Mayo 18, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Patricia Medrano | Especial para GACETA desde Madrid
“La libertad de escribir es más sagrada que cualquier religión”: Salman Rushdie

Salma Rushide durante su visita de un día a Madrid el pasado mes de abril.

El escritor indobritánico conversó en Madrid sobre ‘Joseph Anton’, el libro de sus memorias sobre los años de la fatua que lo condenó a muerte por ‘Los versos satánicos’. “Debí titularla ‘Doce años de soledad’, dijo en alusión a su admirado Gabo.

Agotado de esconderse durante doce años, de temer por su vida (valía tres millones de dólares en 1989) y de ocultar su identidad detrás de otros rostros y otros nombres (como el de Joseph Anton), a Salman Rushdie le gusta ahora caminar tranquilo. Sin escoltas. Sin chaleco antibalas. Sin parafernalias. Solo. Por el mero goce de estar ahí, donde quiera que esté.Por eso en Madrid pidió que lo alojaran en un hotel céntrico para poder salir a dar una vuelta, para cruzarse con la gente por la Plaza Callao. ¿Pero, es él?, preguntaban los transeúntes. Y curiosear los libros expuestos en mesones de madera en una ‘sala de venta’ al aire libre con ocasión de la Noche de los Libros. El pasado 23 de abril, cuando el mundo conmemoraba el fallecimiento de Cervantes y de Shakespeare, los seguidores del escritor indobritánico Salman Rushdie celebraban que hubiera sobrevivido —25 años después— a la fatua, el edicto religioso que impartió en 1989 el ayatolá iraní Ruhollah Jomeiní, quien lo condenó a muerte por su supuesta “blasfemia contra el Islam”, contenida en la controvertida novela ‘Los versos satánicos’. Y aunque en 1998 el gobierno de Irán se comprometió públicamente a no buscar la ejecución de Rushdie, el libro aún está prohibido en los países musulmanes y muchos extremistas lo siguen odiando. Tan solo hace dos años tuvo que cancelar su participación en el Festival Literario de Jaipur, en su India natal: “Me han dicho que un gángster de Bombay ha entregado armas a dos sicarios para eliminarme”, escribió entonces en un mensaje.Pero él sigue su vida, al menos la vida que pudo recuperar. Y sigue escribiendo. En Madrid estuvo 24 horas que le alcanzaron para cambiarse de camisa, para firmar autógrafos, para sonreír y decir que ahora es un hombre feliz. Para visitar una exposición de Cézanne en el Museo Thyssen y ver ‘El Guernica’ de Picasso en el Museo Reina Sofía. El director del Thyssen compartió el encuentro en su cuenta personal de Twitter. Salman Rushdie, por su parte, colgó la famosa obra de Picasso en su perfil de Facebook.Es que este escritor de 67 años, que estuvo oculto doce, ahora es hincha de las redes sociales. Resulta curioso verlo activo en Twitter (tiene 699 mil seguidores), compartiendo su artículo en memoria de García Márquez publicado hace poco en el New York Times; o colgando en Facebook una foto del Nobel colombiano, el pasado 18 de abril, con una leyenda en español: ‘El maestro’. Sí, este asunto de las redes le atrae: “me gusta llegar a un nuevo público, el diálogo es estimulante”, dijo una vez en Nueva York, donde reside, tras abandonar Londres. Pero en la capital española habló sobre su reciente libro, ‘Joseph Anton. Memorias del tiempo de la fatua’, publicado en septiembre de 2012. Una autobiografía de esos tiempos convulsos en los que cualquier musulmán del mundo tenía el deber de asesinarlo. Debí titularla ‘Doce años de soledad’, dijo Rushdie, haciendo un guiño a su admirado Gabo. Y se justificó: “Me gusta mucho, me siento muy cercano al realismo mágico”, dijo poco antes del conversatorio ‘Del realismo mágico al infierno de la realidad’, con el periodista Juan Cruz y el filósofo español Gabriel Albiac.Allí, sonreía. Estaba de buen humor y compartía anécdotas de aquellos años de terror. “Creo que el interior de un escritor es un lugar bastante turbulento, pero me sucedió que el exterior también se volvió turbulento. La tormenta era tan ruidosa que tuve la sensación de que podía interferir con mi vida interior. Era una sensación de algo interminable, fue duro”.Lo contó ante un auditorio de 200 personas en la Real Casa de Correos, en la céntrica Puerta del Sol madrileña. “Algo estaba pasando en el mundo del Islam que no solo me sucedía a mí, pero la gente no quería verlo y hasta que sucedieron los ataques del 11 de septiembre y los de Europa, no lo vieron. Por muchos años la gente se planteaba lo mío como una aberración y es lo que intento explicar en este libro. Mucha más gente fue amenazada, no solo yo”, dijo Rushdie, quien se refirió a ese odioso empeño del hombre de no querer ver lo evidente: “La ceguera colectiva nos ha pasado a muchos, y ahora, por ejemplo, pasa con el tema del cambio climático. La gente no quiere verlo”.De paso, también mencionó a Roberto Saviano, el escritor de ‘Gomorra’, (libro que indaga en los sucios negocios de la mafia en Italia) y ‘Cero, cero, cero’ (sobre el narcotráfico), quien ha sido amenazado de muerte por los clanes napolitanos. “Muchos dicen que hace todo esto por vender libros”, dijo con sorna. Un tal Joseph Anton Pero, ¿quién es Joseph Anton? Nada más literario, un seudónimo, una fusión de sus admirados Joseph Conrad y Anton Chéjov, su alias en la clandestinidad. Joe, para la policía británica.Y en su libro ‘Joseph Anton’ Rushdie quiso contar lo que los medios de comunicación no hicieron: su tragedia personal, sus vivencias, sus quebrantos de salud, sus fracasos matrimoniales. Y también cómo el gobierno británico lo ‘invitó’ a pedir perdón por ‘Los versos satánicos’, cómo la policía británica le informó que era el hombre que corría más peligro en el país después de la reina Isabel; cómo las editoriales rechazaban publicarlo, cómo fue asesinado su traductor japonés, el italiano apuñaleado y su editor noruego herido de tres balas. Parece una historia de acción y suspenso. Pero no, fue un pedazo de su vida.Narrarlo le resultaba incómodo. “Empecé a escribir en primera persona y no me gustó el tono, era muy narcisista… Así que pensé que si eliminaba el ‘yo’ y lo convertía en uno de los personajes, podía escribir sobre ‘él’, de la misma manera que lo hago con los demás. Así pude dar un paso y apartarme de mí mismo”. También necesitó desprenderse de la rabia y “llegar a estar en paz para mirar atrás con tranquilidad”. Mucho tiempo ha pasado. Por eso admite que la persona de la que escribió “no es la misma que soy hoy. Era una persona con unos nubarrones tremendos, más joven (tenía 41 años). Hoy soy mucho más feliz. Amigos que me conocían entonces me dicen que ahora parezco más joven, era la presión que tenía que soportar, tenía un aspecto terrible, odio las fotos de esos años”, contó Rushdie, de 67 años.“También soy cobarde, soy un ser humano. No me gustaba sentir miedo”. Escribir este libro requirió, además, “superar un temor diferente: nadie me pidió que escribiera una autobiografía, pero si lo hacía debía contar la verdad sobre mí, los lectores se darían cuenta si no fuera así. Tuve que ser más duro conmigo mismo que con los demás”. Para Ahmed Salman Rushdie, nacido en Bombay el 19 de junio de 1947 y autor de once novelas traducidas a 40 idiomas, no fue fácil embarcarse en la escritura de estas memorias. En muchas ocasiones sintió que se desnudaba en público, que estaba “vulnerable, desarmado”. También siguió un consejo amigo: “No uses el libro para ajustar cuentas”, entre ellas, las de los fracasos de su segundo y tercer matrimonio (Rushdie se ha divorciado cuatro veces y tiene fama de mujeriego).El novelista indobritánico seguramente sintió vértigo ante la autobiografía. Sobre la experiencia de escribir sobre hechos reales que también afectaron a familiares y amigos, mencionó lo difícil que fue “decidir qué verdad contar. Estaba escribiendo una historia muy concreta, no sobre toda mi vida, y debía incluir lo que fuera interesante para esa historia. Le mostré el texto a conocidos y muchos me pidieron quitar cosas, ¡es que estás exponiéndote y exponiendo a otros!”.Una de las mejores cosas de haber terminado este libro, dijo con picardía, es que “pronto no tendré que hablar de esto nunca más, sólo diré ‘léelo’”.Claridad en la oscuridad La terrible noticia que cambiaría la vida de Rushdie le llegó un 14 de febrero, día de los enamorados en el mundo anglosajón. Mientras la gente se declaraba su cariño, a Rushdie le declararon la muerte. Lo supo por la llamada telefónica de un periodista de la BBC. Jamás había escuchado la palabra ‘fatua’. “No hubiera podido sobrevivir sin el apoyo de mis amigos, a nivel práctico y emocional. Sentí que había mucho odio hacia mí, pero también un círculo de amor que me protegía”. Y a pesar del miedo –o quizá por ello–, pudo escribir en 1990 un libro infantil para su hijo, entonces de 2 años: ‘Harún y el mar de las historias’. “Eran los peores momentos de mi vida, pero es un libro alegre, con humor, un final feliz y ¡nunca antes había escrito finales felices!”. El autor de ‘Los hijos de la medianoche’ (novela premiada con el Broker, el galardón más importante del Reino Unido), considerada una de las obras de ficción en inglés más importantes y conocidas del siglo XX, y de ‘Furia’ y ‘La encantadora de Florencia’, también defendió su polémico libro ‘Los versos satánicos’, diciendo que tiene partes graciosas y mucho humor negro. “En cierto modo todo lo que ocurrió fue un conflicto entre personas con y sin sentido del humor”.Estamos en la era de la desinformación, dijo una vez Rushdie. Lo sabe bien. Por eso recordó que los medios de comunicación occidentales lo apoyaron durante la fatua, aunque hubo excepciones en Inglaterra, donde el ambiente era denso. “Era como si saliera una mano del diario cada mañana y me abofeteara. Los periódicos de derecha y más conservadores me trataron de presentar como una persona desagradable que había escrito un libro horrible”. Sin embargo, “no quiero generalizar, porque el mundo de la palabra me entendió y apoyó”.Pero no todo estaba perdido: “Hay algo muy potente en la literatura y es que es capaz de sobrevivir. Los escritores son más frágiles, es más difícil acabar con sus textos. Lorca fue ejecutado por los falangistas, pero su poesía ha sobrevivido”.Sobre las religiones opina con prudencia y con una pizca de humor ‘british’: “No veo muchas señales de que podamos soñar con un universo sin cielo, pero no soy la mejor persona para defender la religión. No es mi equipo”.Desde otro extremo, las opiniones del novelista sobre la actual islamofobia son claras: “Hay que distinguir entre las ideas y las personas, y entre atacar las ideas y atacar a las personas. Ese es el gran error de la ‘islamofobia’. No está bien atacar a la gente por sus creencias. Hay que defender los derechos de la gente a vivir en sociedad, pero eso no significa que defendamos sus creencias”. Y se arriesga: “En una sociedad abierta deberías poder decir que no te gustan las religiones y sus sistemas de creencias. Es erróneo decir que no se puede criticar una idea porque es ‘palabra de Dios’. Eso es impedir el pensamiento, y no solo en el islam, sino en todas las religiones. Si no me gustan tus ideas tengo que poder decirlo. Si no, estamos amordazados”. Y es que “la libertad de escribir es más sagrada que cualquier religión”.Palabra de Salman.

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