"La industria del fútbol está llegando a niveles pornográficos": Juan Pablo Meneses

Octubre 04, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos I Periodista de El País

Juan Pablo Meneses, cronista chileno.

Este cronista chileno recorrió 74 mil kilómetros, visitó 16 ciudades, 9 países, vio 134 partidos, llenó 15 libretas y grabó 89 horas de entrevistas con un solo objetivo: comprar – en serio– a un niño futbolista, venderlo a un equipo europeo y escribir un libro, la gran crónica sobre el tráfico de jovencitos en la industria del ‘soccer’ mundial. ¿Qué descubrió? Entrevista a un toque

Ya lo había hecho. Pero en ese entonces era una vaca. Juan Pablo Meneses, cronista chileno, compró una vaca, ‘La Negra’, para contar una historia: el negocio de la carne desde que nace el ternero hasta que llega a nuestros platos. Esta vez se decidió por un asunto mucho más complejo. Comprar un niño futbolista, venderlo a un club europeo y descubrir, contar, cómo funciona el tráfico de jovencitos en la gran industria del balón. En la aventura le sucedieron decenas de historias. En Ecuador se encontró con un intento de golpe de Estado contra el Presidente Rafael Correa; en Perú supo del día en que Leo Messi, siendo un niño, se intoxicó con un pollo y sin embargo pidió un Gatorade, jugó, hizo goles y salió campeón; en Argentina se topó con un club de fútbol que no vende jugadores, sino que los transforma en “hombres nuevos”, el Club Social Atlético y Deportivo Ernesto Che Guevara; entrevistó al representante de Maradona, Guillermo Cóppola, quien le dio un consejo: busca niños encaradores. Encaradores siempre. En la vida, con las mujeres, en la cancha. En una discoteca donde asisten futbolistas argentinos a Meneses, en cambio, lo encaró una de las “damas de compañía” que andan siempre por ahí, a la caza de los que trabajan en el fútbol. La industria del balón hace atractivo a todo el que trabaje en ella.Y mientras tanto, en el recorrido, Meneses fue encontrando los datos: en América Latina hay 17 millones de niños que trabajan, 17 millones de niños futbolistas de entre 5 y 14 años que son en realidad posibles productos de exportación. Brasil, al año, vende 40 mil niños futbolistas. Es el país que más vende. Los grandes empresarios son Jorge Mendes, portugués, que representa a estrellas como Cristiano Ronaldo y en su portafolio ofrece un total de 80 futbolistas que cuestan alrededor de 600 millones de euros. Le siguen David Manasseh y Ertan Göksu que representan a figuras como Ashley Cole y otros 199 jugadores tazados en 400 millones de euros. Entre apenas esos tres empresarios reunen el dinero que requiere un país como Portugal para pagar los intereses que le debe a la Unión Europea por su rescate financiero. La industria del fútbol es mega millonaria, a veces absurda. Real Madrid, en una España en crisis, se sabe, pagó 100 millones de euros por Bale. Los precios de los niños futbolistas son, en cambio, mucho más bajos pero como sucede con la carne de vaca, las utilidades pueden ser altísimas. Un niño de 12 años que juegue en un club amateur cuesta 200 dólares y puede ser vendido, si es bueno, en 100 veces ese valor, incluso más, mucho más. Un niño futbolista de 13 ó 14 inscrito en un equipo afiliado a una federación cuesta en cambio entre 700 y 1000 dólares pero también, si es bueno, puede asegurar el futuro propio, el de su representante, el de su familia. Pero más allá de los números, Meneses advirtió un asunto que traduce a la industria del fútbol. Ningún padre de familia se molestó cuando les hizo la pregunta: ¿Cuánto cuesta su hijo? Ninguno, ni siquiera, se extrañó. En cambio todos los padres tienen la ilusión de que su hijo llegue a Europa, llegue a un club grande, llegue a la fama, la riqueza, llegue. Como la carne, todos los papás están de acuerdo, sin necesidad de mencionarlo, en que los niños futbolistas son en realidad un negocio, solo que riesgoso. No todos “llegan”. “En el mundo de las promesas del fútbol, los muchachos llegan o no llegan, como si el estrellato fuera una estación de trenes. Hay quienes alcanzan el destino y quienes se quedan en el camino, fallan, se pierden, se descarrilan”, escribió Meneses y esta es su historia sobre 'Niños futbolistas'.Juan Pablo, hablemos primero de un asunto, su relación con el fútbol. ¿Cómo empezó todo? ¿Qué tanta pasión, tanta locura, tiene por la pelota?Me gusta el fútbol desde siempre. Soy de los que voy al estadio desde que recuerdo, y sigo varias ligas del mundo en simultáneo. He ido a un Mundial, y a mi equipo, Universidad de Chile, lo he seguido a partidos en otros países. Aún así, en el último tiempo me estaba llamando la atención los niveles pornográficos a lo que está llegando la industria del fútbol. Hay chicos de seis o siete años tentados por agentes y managers. El Madrid y el Barcelona ponen sus factorías en toda América para llevarse la materia prima más tierna. Un equipo de Holanda contrató a un bebé de 18 meses, y su padre firmó el contrato ante las cámaras. Un mes después que la Fifa prohibió estos fichajes, el Real Madrid anunció en conferencia de prensa la contratación de Leo Coria, un argentino de 7 años. Cuando lancé el libro en España, hace menos de dos meses, hubo un revuelo mediático muy grande. A partir de mi interés por el fútbol es que me interesó mostrar esa otra parte. Hablemos de otro inicio, el libro. ¿De dónde nació la idea de hacer algo parecido a lo que hizo en ‘Vida de una vaca’, solo que esta vez mucho más complejo, un niño futbolista?‘Niños futbolistas’ nace como parte de una trilogía que he llamado periodismo cash, y que es un experimento narrativo de escritura de más consumo, cuyo eje es relatar la compra con dinero en efectivo del protagonista del libro. La trilogía del periodismo cash partió en Argentina en 2008, con la publicación de ‘La vida de una vaca’. (Planeta/Seix Barral). Esa vez, para iluminar el mercado de consumo de la carne, me compré a ‘La Negra’, una ternera recién nacida en la zona de La Plata. La idea original fue seguir su vida desde el destete a la parrilla. Ahora llegó el momento de publicar la segunda parte del experimento con ‘Niños futbolistas’ (Blackie Books), donde el plan fue iluminar el mercado de consumo de fútbol. Para eso, recorrí Latinoamérica buscando un jugador infantil al cual comprar a bajo precio y venderlo a algún club europeo.Usted se metió con algo que, dicen, es una mafia poderosa, la del fútbol. Me pregunto qué ha pasado en su vida después de publicado el libro. ¿Lo han amenazado?Hasta ahora solamente me han llamado dos personas, muy extrañas, para citarme en reuniones en oficinas desconocidas. Y he decidido no ir, por precaución. Solo eso. Claro que el libro podría tener dos lecturas: una denuncia, por un lado, una sociedad que le pone precio a sus niños y se le hace tan normal, como una fábrica, pero también ‘Niños futbolistas’ puede resultar un manual paso a paso de cómo hacer eso, cómo comprar y vender un talento: buscar niños rápidos, encaradores, que no hayan firmado con nadie... ¿qué piensa de esa, digamos, posible contradicción, doble vía? ¿Qué sensación le deja como autor?Lo que concluye cada lector es un gran misterio. Siempre he creído que ‘el lector’ es el gran misterio de la escritura. Desde que publiqué ‘Niños futbolistas’ he recibido reacciones, opiniones y comentarios. Sin embargo, una de las cosas que más me ha sorprendido, fueron los correos electrónicos que me mandaron -casi el mismo día- dos lectores. El lector uno fue José Diez, entrenador de fútbol de menores en un club de Madrid, el C.D. Canillas. José me decía que con el libro había descubierto una realidad que ignoraba, y que había que hacer algo: un centro de ayuda, una ONG, algo para ir en rescate de estos muchachos. El lector dos fue Óscar Salvado, director de Icroms, una empresa de Barcelona dedicada a comercializar productos digitales del F.C.Barcelona, quien me dijo que con el libro había descubierto una realidad que ignoraba, y que había que hacer algo: una oficina de fichajes virtuales, una plataforma para que los niños de Latinoamérica suban sus videos, algún buen negocio. Cada lector será el encargado de terminar su propia versión de ‘Niños futbolistas’.En el libro usted se hace una pregunta muy interesante sobre el periodismo cash. Si acaso al fin y al cabo no es montar una gran ficción el hecho de comprar un niño con el objetivo de hacer un libro. ¿Cuáles son los límites del periodismo cash, o cuáles deberían serlo?El periodismo nunca puede abarcarlo todo, nunca es absoluto, y agradezco que así sea. Uno elige lo que cuenta, selecciona, mira y anota. En ese sentido el periodismo cash se encarga de poner un tema, de que se hable, y por suerte eso ha ocurrido. No me interesan las crónicas que buscan ser definitivas y pretenden dar por cerrado un tema.En el fútbol pasa que hay cosas podridas que todo el mundo sabe, todo el mundo sospecha, pero nadie se atreve a hacerlo público porque las fuentes no dan nombres, no permiten ser grabadas. ¿El periodismo cash es una manera de romper aquello? Me lo pregunto porque está el gancho del dinero... El periodismo cash te pone en el negocio. Comprar es más americano que pensar, dijo alguna vez Andy Warhol, y ahora esa sentencia debe ser mundial. Hay pocas cosas más normales hoy que salir de shopping. Y cuando todos estamos comprando, a veces decimos más cosas. De todas formas, yo no me hice pasar por comprador. Yo fui a comprar en serio, y le preguntaba a los padres mostrando las cartas: “Hola, me llamo Juan Pablo Meneses. Estoy escribiendo un libro sobre la venta de jugadores jóvenes y por eso quisiera comprarle a su hijo”.Volviendo a la pelota, ¿después de tanto tiempo de estar cerca del tema, como define usted a la Fifa? Es como un Vaticano, que maneja a la religión más poderosa del mundo, que es como definía Manuel Vázquez Montalbán al fútbol.Dos últimas preguntas: ¿cómo se escribe un libro dirigiendo un periódico? ¿Cómo se escribe un libro teniendo un empleo que exige casi exclusividad? Hablemos del proceso de investigación y escritura.La mayor parte de los viajes y el reporteo fueron antes de asumir en Hoyxhoy, un diario que dirijo en Santiago de Chile y que en octubre cumple un año. La escritura, la reescritura, es un proceso que quita tiempo, es cierto, pero cuando uno está frente a una historia que le parece potente, hay que sacar tiempo de cualquier parte para poder vivir tranquilo. Estar con una historia inconclusa no deja vivir tranquilo.¿Qué espera de ‘Niños futbolistas’? ¿Acaso algún cambio? ¿O es esperar demasiado?Espero que el tema se hable. Por suerte, eso está pasando. Ya lo presenté en Buenos Aires, donde ha despertado tanto interés como en España. Y después daré una conferencia para la Fifpro, que es el organismo mundial de los sindicatos de futbolistas, y que tiene sede en Holanda. Lo que pase luego, no sé. Pero mi idea era iluminar una zona desconocida, y parece que eso está ocurriendo. Juan Pablo Meneses compró a ‘Milo’. El niño tiene once años.

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