La historia del pueblo que construyó una cancha de fútbol sobre una ciénaga

Octubre 23, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos / Periodista de El País
La historia del pueblo que construyó una cancha de fútbol sobre una ciénaga

En Nueva Venecia sueñan con que salga un gran ‘crack’ de su cancha, y que los represente en la Selección Colombia.

En el Magdalena hay un pueblo de pescadores que vibra por la fiesta del gol, este documental le cuenta por qué.

Emiliano Mazza escuchó la historia hace 8 años: existe, en Colombia, un pueblo de pescadores llamado Nueva Venecia, ubicado sobre la Ciénaga Grande de Santa Marta. En él viven unas 2000 personas, en 300 casas de madera apoyadas sobre el agua con estacas; un pueblo palafítico. Y sobre la ciénaga, construyeron una cancha de fútbol. 

Cuando escuchó ese “titular”, una cancha sobre el agua,  Emiliano pensó que estaba ante una manifestación del más puro Realismo Mágico. La historia del pueblo podría ser la historia de un cuento de García Márquez, pensó. Y él, nacido en Uruguay, publicista primero, director de documentales después, quiso contar aquello.  También, ayudar a que Nueva Venecia sea un mejor lugar. 

‘Nueva Venecia’, su documental, realizado junto a la productora mexicana Martha Orozco, y que  se estrenó  en Cali en la tercera gira de documentales Ambulante Colombia  (acaba de ser elegido  también como el mejor documental en la edición número 25 del festival de cine latinoamericano de Biarritz) busca, además de contar la historia de estos pescadores apasionados por el fútbol, generar campañas sociales para solucionar sus problemáticas más urgentes. Y lo está logrando. 

[[nid:587722;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/10/nuevavenecia.jpg;full;{El fútbol hace parte de la cotidianidad de Nueva Venecia. La gente se viste a diario con las camisetas de sus equipos de fútbol preferidos. Emiliano Mazza (gafas, camiseta blanca), creó un nuevo sistema para filmar ese día a día: grabar el pueblo desde una canoa. Fotos: Documental Nueva Venecia/ Especial para El País}]]

Emiliano, ¿de qué se trata esta manera de hacer documentales llamada Outreach Engagement?   ¿Quiere mostrar la realidad pero intentar cambiarla? 

El Outreach Engagement es el nombre de un tipo de documental que está asociado a una campaña de impacto. Puede ser un impacto a nivel global, de un país, o como en nuestro caso, un impacto a nivel de una pequeña población como Nueva Venecia. Esto surgió durante nuestro acercamiento a la población y la afectividad que fuimos generando con los pescadores. Durante todo el rodaje fue creciendo  un sentimiento que compartí con Martha Orozco, la productora, y era que no podíamos irnos de Nueva Venecia con  una gran historia y no hacer nada a cambio. Sentíamos que teníamos algo muy potente, que es una película, y que eso puede colaborar para  hacer visibles cosas que son invisibles. 

Yo creo que ahí fue el origen de esta campaña de Outreach  Engagement que se llama ‘La revancha’. Darle primero visibilidad a una comunidad que es desconocida dentro de Colombia, y a su vez llena de carencias producto justamente de estar muy alejada del Estado.

¿En qué consiste ‘La revancha’?

Se nos ocurrió que a través de la película íbamos a poder unir a aliados como organizaciones del Estado, ONG, artistas, gente que se comprometa en hacer algo por la comunidad. Pero, acá lo importante es lo que la comunidad pida, no lo que se nos ocurra a nosotros. Entonces, charlando con la gente de Nueva Venecia, descubrimos que habían tres valores fundamentales que eran como su esqueleto vertebral de necesidades. 

El primero tiene que ver con lugares para la creación, que ellos no tienen. No tienen una plaza, un lugar dónde caminar, dónde encontrarse, excepto la cancha de fútbol que construyeron, que termina siendo  un símbolo  de resistencia del pueblo. Entonces lograr  que esa cancha no se inunde cuando sube la ciénaga en días de lluvia, convertirla en un lugar que la comunidad  no perdiera durante el invierno, nos parecía que era el primer escalón de esta campaña de acción social.

Después evidentemente los pescadores de Nueva Venecia tienen muchísimos problemas con la educación, con la locación de su escuela, y con qué hacer después de que terminen el bachillerato. No tienen opciones de formación.  Así que es fundamental que Nueva Venecia pueda tener un mejor lugar para educar a su gente más allá de lo básico. Es el segundo objetivo de la campaña.

Y por último, y tal vez es lo más difícil, es  trabajar con el medio ambiente. Las condiciones ecológicas de la Ciénaga Grande de Santa Marta son un desastre. Esto tiene que ver con  malas políticas del Estado, negligencia, tiene que ver también con que los afluentes del río Magdalena que irrigan la ciénaga están cortados por terratenientes locales, bajo la vista gorda de las autoridades del departamento. Y al no tener ese flujo de agua circulando,  la Ciénaga Grande se está asfixiando y el agua se está pudriendo, lo que afecta no solo a Nueva Venecia, sino a otras poblaciones. Como el río Magdalena no llega a la Ciénaga, las comunidades no tienen ni la entrada de peces ni el agua dulce para consumir. Así que, para resumir, nuestra campaña gira alrededor de estos tres ítems: el deporte, la educación y el medio ambiente. 

[[nid:587732;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/10/venecia.jpg;full;{En un 70 %, el documental Nueva Venecia fue filmado desde una canoa. Foto: Documental Nueva Venecia/ Especial para El País}]]

¿Qué logros han alcanzado? 

 Nosotros empezamos a trabajar en esta campaña a partir de 2015 y hemos acercado a una ONG que se llama Fundación  Juventud Líder, que enseña valores a partir del fútbol. Esta ONG ha llevado a Nueva Venecia desde uniformes para los niños y les da la oportunidad a cuatro adolescentes para que se formen con profesionales del fútbol en Barranquilla. Ellos después retornan a Nueva Venecia  para enseñarles lo que aprendieron a los niños. Gracias a la campaña también han llegado médicos a la población, la Unidad de Víctimas llevó sus servicios, al pueblo lo han visitado exfutbolistas como ‘Chicho’ Serna y el ‘Gato’ Pérez para que den charlas motivacionales  dando valores acerca del sacrificio, la fe, la esperanza. 

Igualmente hemos hecho talleres de fotografía con la Fundación Ambulante, para que la comunidad construya una nueva mirada acerca de su población. Y como corolario de todo este proceso se hizo el estreno de la película. Los ‘venecianos’ fueron los primeros espectadores del mundo en ver su documental, y fue la primera vez en 250 años de historia de la comunidad que vieron un filme en el pueblo, lo que se transformó en algo muy emocionante, el final de una etapa y el inicio de otra. 

La comunidad de Nueva Venecia fue víctima de una masacre el 22 de noviembre del año 2000, cometida por un grupo paramilitar,  la compañía Walter Usuga,  que asesinó a 13 personas…

Así es. Por eso todas estas actividades de ‘La revancha’ se enmarcan en la Semana de Nueva Venecia, que va desde el 15 de noviembre hasta el 22 de noviembre. 

El 22 de noviembre es el día en el que la comunidad conmemora la masacre de Nueva Venecia. Entonces, en general, es una semana en la que, en el periódico, aparecen muchas noticias alrededor de ese episodio, y nosotros quisimos que, cuando llegaran los periodistas el año pasado, se encontraran con una cantidad de cosas positivas, no volver siempre a lo mismo. Entendemos que la memoria hay que construirla pero no hay que vivir para siempre con el rótulo de víctimas. Y la campaña ha ayudado a generar varios cambios en ese sentido. 

Hay una nueva organización que nos está acompañando, de la actriz  Natalia Durán, llamada Fundación Sakadawa Colibrí, por  ejemplo. Ellos, junto a un grupo de arquitectos especializados en construcción palafítica, están dando los primeros pasos en la adecuación de un nuevo colegio en Nueva Venecia. Estamos muy orgullosos de que una película haya abierto la puerta para que sucedan todas estas cosas. 

Contemos la historia: ¿Cómo Nueva Venecia construyó una cancha de fútbol sobre el agua?

Sin duda una cancha de fútbol arriba del agua es un gran gancho para pescar mentes ávidas de historias extrañas. ¿Qué te voy a decir? Como que uno desea lo que le resulta  prohibido. Entonces una cancha de fútbol arriba del agua es el deseo de materializar lo que no se puede hacer.

 Durante mucho tiempo yo decía que esta cancha de fútbol sobre el agua era como una especie de rito de Prometeo Caribeño donde los pesadores, presos de su pasión por el fútbol, osaron construir esta cancha sobre la ciénaga, y la ciénaga, para castigarlos, en cada época de lluvia se las quita, inundándola. Así que  ellos están condenados a reparar la cancha cada vez que llegue la época de sequía para jugar su campeonato nuevamente. Y es algo que se repite hasta el infinito. Porque el fútbol es fundamental en la vida cotidiana de esta comunidad. 

En Nueva Venecia todos los hombres visten con camisetas de equipos fútbol. Es su ropa diaria.  Son muy hinchas del Junior de Barranquilla, del Nacional y también de la Selección. El fútbol es también el único espacio de recreación. Pero además es como una osadía haber hecho esta cancha arriba del agua, haber logrado sacar tiempo libre de sus jornadas duras como pescadores para conseguir palos de manglar y clavarlos y dibujar el perímetro de la cancha  y después hacer una gestión ante el gobierno para que  llegara una draga y empezar a sacar lodo del fondo de la ciénaga y echarlo después para rellenar todo este enorme perímetro que habían dibujado y hacer  sobrepasar la cancha unos 40 centímetros por encima del agua. 

Es una gran obra de fe. Una población que se dedica a hacer esto es porque está pensando en el futuro, es porque está pensando en sus hijos, está pensando en que ese es el lugar en el que nacieron y es el lugar donde quieren morir. Fíjate que es un emprendimiento generado por ellos mismos, acá no hay un Estado que esté diciendo “vamos a poner una cancha de fútbol en Nueva Venecia”. Es el clamor del pueblo que grita por este espacio.

 ¿A quién se le ocurrió la idea de la cancha?

Esto se hizo gracias a un líder, Rafael Retamoso. Él, en 1985, pudo convencer a los demás pobladores de tirarse al agua en este emprendimiento. Yo insisto en que la cancha de fútbol de Nueva Venecia es un símbolo de resistencia. Y cada vez que ellos tiene que acondicionarla para jugar un partido, sacarle el agua que se le mete, están como golpeando sobre la mesa y diciendo bueno, este es nuestro lugar, aquí queremos vivir, y tenemos el sueño de que en algún momento de esta cancha salga un crack que pueda vestir la camiseta de la Selección Colombia, un crack que nos represente a todos y nos dé un nombre en este país. Es vehemencia y  fuerza por querer ser. 

Una curiosidad: ¿En su caso qué significa el fútbol?

Soy muy futbolero. Soy hincha de Peñarol y desde niño crecí con una fantasía  porque  mi abuelo, Leonardo, al que yo no conocí, había sido director técnico de Peñarol en los años 50, y eso ya construía un aire mítico alrededor del fútbol. 

Después, a pesar de un enorme sufrimiento, el fútbol  me ha regalado momentos increíbles. En el fútbol se puede dar esa cosa loca de que el más chiquito puede ganar.  David le gana a Goliat,  los maracanazos, la final famosa entre Peñarol contra el América con un gol en el último segundo. Se dan esas cosas mágicas que hacen que en lo particular sienta que el fútbol es un deporte  que nos transporta a una puerta mágica que hace que todo sea posible durante 90 minutos.

Y esto como metáfora de vida es muy fuerte. Es como prepararte para que antes de hacer cualquier cosa en la vida sepas que por más difícil que sea, se puede llegar a conquistar. Y además el fútbol nos regala la posibilidad de la revancha. 

La posibilidad de que bueno, si nos fue mal tenemos, el domingo que viene, una nueva chance.  Y eso hace que la vida no sea tan tremenda como pareciera que es. Todo se transforma en algo más lúdico, disfrutable, cuando sabes que tienes otra oportunidad. Como la revancha de Nueva Venecia. 

Contemos el detrás de cámaras del documental. ¿Qué dificultades se presentaron?

‘Nueva Venecia’ tuvo una construcción que fue muy paso a paso, en primer lugar por lo lejos que queda la locación de nuestras vidas. Entonces hicimos un proceso de acercamiento consecutivo.  Convivimos con la población y empezamos a encontrar las caras y los  nombres de la futura historia. Y también empezamos a entender cómo había afectado la masacre a los venecianos. 

Pero desde el principio supimos dos cosas: en primer lugar, que era inevitable hablar de esa masacre. Era como un elefante rosado que estaba ahí, no se podía ignorar. Y en segundo lugar, no queríamos hacer otra película sobre guerra, sino una película de esperanza, de luz, un documental sobre cómo una población, a pesar de todas las dificultades, tiene la valentía de vivir cada día como si fuera el primero. Lo que hicimos para entender ese proceso fue vivir como los venecianos, en sus casas. 

Nos levantábamos a la hora que se van  a pescar, a las 4:00a.m., y salíamos con ellos a la ciénaga. Nos adaptamos a su ritmo de vida, comíamos lo que ellos comen. Es la única manera de tejer  una relación de confianza.

Y claro,  hubo muchas dificultades. Debíamos traer el agua potable desde Barranquilla, por ejemplo. Y tuvimos  una dificultad grande por la lluvia. Durante los tres últimos años hubo una sequía muy fuerte y una de las escenas del guion era bajo la lluvia, pero no llovió nunca.  Así que con el documental aprendí que cuando uno se dedica a hacer este tipo de películas para mirar la realidad, se presentan muchas cosas que no salen como uno las imaginó.  Hay que ser entonces como una especie de luchador, tomar lo que viene y utilizarlo como viene, sacarle el mejor provecho a eso que no estaba previsto, porque todo es materia utilizable siempre y cuando se le dé el contexto adecuado. 

Lo que no se puede hacer es  luchar contra la realidad. La realidad se impone. O para luchar contra ella haríamos ficción, no documentales.  

¿Debe el cine cambiar la realidad o al menos intentarlo?  

Yo creo que lo que debe alterar la realidad, o tocarla, es el arte. Quien se enfrenta a una obra de arte debería sentir un cambio. Creo que ese es el fin del arte: tomar la realidad y transformarla para que transforme a los individuos. Entonces yo creo que sí, que un director de cine debe tocar la realidad. En caso contrario, no estás haciendo arte. Para mí hacer un documental de este tipo es en realidad una creación. Todo lo que registramos, elegimos filmar, lo que no, la suma de decisiones que hay para hacer la película, obedecen a una serie de subjetividades. El cine es una suma de subjetividades. Entonces creo que es absolutamente necesario tocar esa realidad pero sobre todo moldearla a tu propia vivencia, tu propia mirada. Por eso ‘Nueva Venecia’ es una mirada de un mundo caribeño pero no es una mirada típica del caribe, porque esta impregnada de una sensibilidad melancólica de donde provengo: el río de la Plata. La objetividad está muy bien para los noticieros, pero un documental se parece más a la crónica.  La película pasa por la manera en que yo vi a Nueva Venecia; una historia  que pasa por mis vísceras. Eso, claro,  no es objetivo. 

 ¿Cuál es su mirada de lo rural en Colombia? 

Colombia es un país tan grande y  diverso que a pesar de haber viajado mucho, tengo la sensación de que conozco muy poco. Ahora, sí he leído. Y creo que es un país que ha sido tocado por la varita mágica de la vida, porque es una tierra fértil y rica, pero como todo tiene dos caras, el país tiene en su contracara la violencia. Pero sobre todo la zona rural de Colombia es una zona, como el caso de Nueva Venecia, donde el más poderoso oprime al campesino, los terratenientes desvían los ríos para lucrarse. 

Lo paradójico de esto es que Colombia es un  país eminentemente  campesino, un país donde su poder viene de la tierra y de la gente que la sabe cultivar. El gobierno  y la sociedad debería entonces mirar con otros ojos a la gente que trabaja la tierra, debería urgentemente hacerse una ley de reparto de tierra y debería  valorizarse mucho más lo que viene de afuera de las ciudades. Y que la ciudad no sea un paradigma de éxito, sino que aquella gente que vive en contacto con la naturaleza, que sabe  trabajar la tierra, esté parada en un escalafón mucho más valorado. 

¿Por qué Emiliano Mazza, publicista, termina en el cine?

Yo desde los 10 años iba al cine con un amigo de infancia. Todos los sábados íbamos a ver una película en Montevideo. El cine me fascina. La experiencia del teatro, cuando se apagan las luces, el telón, es como un ritual religioso. Entonces, quise trabajar en cine.

 Debuté en una serie española en 1994 y lo primero que hice fue barrer el set. Empecé como productor de arte y bien por abajo, y después empecé a trabajar en publicidad porque en Uruguay, en los 90, la única industria que existía era esa.  

Pero siempre me pudo las ganas de hacer otra cosa, contar mis propias historias. Cuando cumplí 40 - todos tenemos grandes crisis a esta edad- pensé que era un buen momento para darle vuelta a la página y empezar una nueva etapa como realizador de documentales. Documentales, y no ficción,  porque a mí me gusta mucho mirar. Es algo que desde muy niño me fue inculcado por mi abuela materna, que era una maestra de sordomudos. Y además yo desde  chico tenía contacto con el campo, con la naturaleza, jugando    con mi abuela en los charcos del campo juntando renacuajos. Así que  se juntaron dos mundos –el amor por el cine y esa curiosidad por mirar el mundo– lo que desencadenó en mi pulsión para hacer documentales.

 “Entendemos que la memoria hay que construirla, pero no hay que vivir para siempre con el rótulo de víctimas”.

“Era inevitable hablar de la masacre. Era como un elefante rosado que estaba ahí, no se podía ignorar. Pero no queríamos hacer otra película sobre guerra”.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad