La historia de Óscar Murillo, el artista vallecaucano que factura en galerías de Londres

Noviembre 17, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Ricardo Moncada Esquivel I Periodista de El País
La historia de Óscar Murillo, el artista vallecaucano que factura en galerías de Londres

Más allá de toda controversia, Óscar Murillo se dedica desde su taller a desacralizar el arte como una expresión para unas pocas élites.

El joven de 28 años, oriundo de La Paila, dialogó con GACETA sobre lo que ha sido su vida en las artes plásticas. Más allá de las críticas hechas a su irrupción en el mundo del arte, defendió con sencillez y firmeza su proyecto como creador.

Patear un balón. Esa fue la primer acción que realizó el artista  plástico  Óscar Murillo cuando llegó hasta las instalaciones del colegio Hernando Caicedo de su pueblo natal, La Paila, al norte del Valle. Fue un gesto automático, como muchos de sus dibujos abstractos que se cotizan en millones de dólares y euros en Europa y Estados Unidos. Óscar caminaba rumbo al auditorio de la institución, pero la esférica se atravesó en su camino y casi instintivamente saltó sobre ella y giró para enviarla de un tiro hasta la cancha donde jugaban algunos alumnos.Un gesto nada fuera de lo común si pensamos que estamos en una tierra donde los futbolistas se dan casi en forma silvestre.Murillo llegó el viernes 8 de noviembre hasta el colegio para presentar su propuesta artística ‘Proyecto Escolar Multinacional’, el cual realizará en escuelas de diversos estratos socioculturales en varios países de América, Europa, Asia y África .Acompañado de su esposa, Angélica Fernández, Murillo comenzó a dirigirse hacia las aulas, para explicarles a los alumnos la naturaleza de su proyecto.Óscar llegó enfundado en unos jeans azul oscuro, camiseta, botas con suela de caucho y una inseparable gorra, todos de color negro. Lleva el pelo muy corto. Nada que ver con la imagen del ‘Nuevo Basquiat’, que tanto han difundido los medios de comunicación dentro y fuera de Colombia.El rostro de Murillo, plagado de pecas, se caracteriza por sus recios  rasgos  afrodescendientes, de nariz chata y labios gruesos, aunque su piel es un tanto más clara; los párpados hinchados ocultan un poco sus ojos café oscuro, y tiene, en la comisura externa de su ojo derecho, un lunar.A pesar de vivir tantos años fuera de su tierra, su acento es el de un paisano más. Quizá porque creció en medio de una ‘colonia paileña’ en Londres, de la que  hacen  parte tíos, primos y amigos, con quienes conservó sus costumbres y raíces casi intactas.Es que su vida se ha movido entre esos dos mundos. A veces las palabras se le ‘pierden’ y debe detenerse a pensar para encontrar la adecuada para expresar sus ideas. “Yo me fui hace 17 años para Europa. En realidad era y soy un muchacho más de esta comunidad paileña. La Paila es muy especial para mí”, dijo en el primer salón al que entró.El artista de 28 años recordó que estudiaba el grado sexto cuando sus padres enviaron por él y su familia para radicarse en Londres. Mientras evocó sus días de infancia la mirada del artista se sintió más relajada y en cada salón que entraba reconocía a los hijos o sobrinos de sus familiares y amigos con los que compartió en esa época. “Yo soy muy amigo del tío de Estefanía (una alumna), de su hermano y de su mamá. Éramos vecinos y nos  íbamos  juntos a elevar cometas, jugar fútbol al centro, a tumbar mangos de los palos. Estaba justo en la edad que tienen ustedes cuando uno hace amigos para toda la vida”, les dijo.“Pero, cómo le digo, ¿usted tenía familia por allá o se fue de visitante?”, le preguntó al artista uno de los chicos. “Me fui porque mi papá y mi mamá decidieron irse a trabajar a otra parte y, como era menor de edad, tenía que obedecer y seguirlos. En realidad nunca quise irme de La Paila. Cuando me dijeron del viaje al comienzo me alegró la idea, porque no sabía a dónde iba llegar”, contestó el artista ante su cautivo auditorio.Murillo les contó a los estudiantes que un mes después de llegar a la capital británica sufrió una gran depresión.  “Al comienzo lloraba por que no sabía inglés, no podía salir ni tenía amigos. Todos se habían quedado aquí, en La Paila. En Londres no hacía sol, llovía y hacía frío todo el tiempo, no había palos de mango, por tanto no podía tirarles piedras”.Tabla de salvaciónFue entonces cuando el arte se convirtió en una especie de tabla de salvación para su existencia. “Fue como una terapia poder hacer algo que era un poco manual, un poco creativo”, comentó.La pintura y el dibujo se volvieron entonces en la única forma de expresión del joven Murillo cuando no podía salir a montar bicicleta o tumbar mangos. “Era de esa manera que podía sentir esa libertad que había perdido, como cuando uno quiere ir donde un amigo a jugar fútbol o hacer las tareas y lo puede hacer. En Londres no era posible porque es grande y puede ser peligroso. Además, nunca me gustó jugar Playstation y la televisión casi no la veo. Entonces el arte era lo único que me daba ese escape mental. Así fue que comencé”, agregó.Poco a poco esa inquietud se volvió más profunda. Una vez terminó el bachillerato, Murillo estudió en  la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad de Westminster. Entonces comenzó  a interesarse en la historia del arte. Posteriormente, en 2010, fue admitido en el prestigioso  Royal College of Art para realizar su maestría en pintura. “Así sucesivamente me fui metiendo en el mundo del arte. Ahora soy un artista plástico que hace proyectos y exhibiciones en varias partes del mundo”.La ilustre visita continuó en el transcurso de aquella mañana y si bien el ritual en cada salón era el mismo, las preguntas que le hacían los alumnos eran distintas.  “¿Quién lo acompañó en su carrera?”, preguntó otra estudiante, a lo cual Murillo contestó: “Esta es una carrera de mucha soledad. El arte es algo que tiene que ver con el pensamiento personal. Pero no siempre es así. Ahora estoy viajando en compañía de mi esposa y de personas que trabajan conmigo. Pero cuando permanezco en el taller estoy solo”.Murillo comenzó a decirles a los estudiantes las complicaciones  que encierra  asumir la carrera de artista. “Es difícil, hay que tener mucha constancia y asumir sacrificios, porque no se puede vivir de ella y hay que hacer otros trabajos. Pero lo más importante es hacer lo que realmente te gusta y no terminar haciendo algo por una obligación para hacer dinero o por que tus padres te dicen qué debes estudiar. Cualquiera puede hacer arte, pero debe sentir pasión y persistir”.La Paila inspira  Despojados de toda  timidez, los estudiantes siguieron con su interrogatorio.  El turno fue para una chiquilla que le preguntó “¿Dónde se inspira para dibujar?”.Él pensó en La Paila, en los años que vivió allí. “A pesar de que me fui de aquí muy pequeño, la influencia que tiene en mi vida La Paila es muy grande. Y cuando me fui para Londres, me acompañaron muchos familiares y amigos. Entonces, todo ese núcleo familiar me permitió hacer un ejercicio de investigación social y lo continúo haciendo a través del arte, del dibujo, de la pintura”.Al salir del salón del grado quinto, Murillo fue despedido con un canto. “Singing all together / singing just for joy...” cantaron los muchachos con movimientos rítmicos y chasquidos de dedos. Mientras que en tercero le dedicaron una porra: “Óscar hace lo mejor y lo comparte con amor”, Óscar, Óscar (palmadas) Óscar, Óscar (palmadas). Entonces el rostro de Murillo se iluminó. “Qué ternura, hay que educar a estos niños con la mentalidad de que todo es posible. Esa es la idea del proyecto que estoy haciendo”, dijo entusiasmado.Reflexión de artistaLuego de visitar las aulas, Murillo se dirigió a la cafetería, allí le sirvieron un desayuno, con huevos revueltos y arroz, para luego continuar reflexionando sobre su vida en el arte.Aseguró que como artista siempre se ha interesado en los temas sociales, sobre todo en los contrastes sociales y se dedica a experimentar entorno al tema. Pero todo pasa por su propia experiencia. “Me gusta utilizarme como persona para reflejar una realidad social global que automáticamente se vuelve política, porque vivimos en un mundo que ya está descentralizado, en el que no hay unos polos culturales como antes eran Europa y Estados Unidos. Nuestros países eran vistos como subdesarrollados, pero eso ha cambiado”. El artista aseguró que él es producto de las migraciones y de la globalización. “Mis obras intentan reflejar esa problemática que se vive en Colombia y el mundo”.Dijo admirar el trabajo de figuras como Doris Salcedo. “La maestra ha desarrollado una obra muy poderosa que respeto y admiro. Algún día me encantaría tener ese mismo nivel”.Admite que su arte ha sido influido por la obra de artistas como el austriaco Franz West, entre otros. “Fueron sus obras las que en realidad me transmitieron la idea de que el arte hace parte del día a día, que es lo que me interesa a mí”.Murillo considera el dibujo como una expresión primitiva del ser humano, una manera de comunicación directa de los pensamientos en la que no hace falta una preparación. “Por eso, a veces cuando no estamos por ahí haciendo nada y tenemos un lápiz o un lapicero nos ponemos a rayar, es algo automático. Eso sucede con mis dibujos. Son simplistas, primitivos como los hace todo el mundo. Yo plasmo mis dibujos en el lienzo, pero en forma ampliada. No hago bocetos sino que los trazo de forma directa. Es una expresión de movimientos que es automática y eso lo uno con los temas sociales para hacer un comentario”, aseguró.Y aunque ha sido reconocido por sus pinturas, Óscar trabaja diversas técnicas. “Lo que sucede es que la pintura es el medio más comercial, que permite infiltrarse de manera más rápida en el medio artístico. Mi pintura tiene un tratamiento estético y ese tratamiento ha sido acogido por los coleccionistas o instituciones de arte quienes han comprado mi trabajo”.Murillo aseguró entonces que ese ha sido un propósito en su carrera. “No me interesa hacer proyectos artísticos o divulgar ideas solo y exclusivamente para una élite; es como decir que el perro se está mordiendo la cola, porque el mensaje no sale de ese circuito.  Entonces hago acciones, pintura, instalaciones o video que son forma de expresarse artísticamente en su debido contexto y tiempo. Al coleccionista le encanta la pintura, pero no la hago sólo para satisfacer un mercado sino que me gusta hacerla”.Y eso se reconoce en su taller de Londres, donde suele abandonar sus lienzos en el suelo, el lugar que le resulta más cómodo para pintar. “Me interesa que la huella de lo cotidiano impregne mis trabajos. Mi taller es una cuna donde se graba todo, las huellas de mis zapatos, en el que no se ordenan las cosas de una forma ordinaria. Yo en el proceso dejo las cosas allí a merced del ambiente, dejo que se acumulen desechos de polvo de cosas y eso ayuda a que las obras se vuelvan como el ADN del lugar de trabajo”.Tormenta mediáticaY de allí, de su taller, han salido las obras que lo catapultaron de la noche a la mañana como uno de los artistas jóvenes más cotizados en el mundo, de la mano de galeristas como Charles Saatchi, quien compró ocho de sus obras, o de la galería de Donald y Mera Rubell, donde ha exhibido.Hay que recordar que su obra ‘Sin título’, fechada en 2011, fue subastada por la casa londinense Christie’s  en $756 millones y poco después otra de sus obras abstractas fue cotizada en la casa  de subastas Sotheby’s, en Londres, por US$ 177.456. Hasta estrellas del espectáculo como Leonardo Di Caprio fueron involucrados en la vida del artista, cuando en algunos medios se afirmó que la estrella de Hollywood adquirió su obra ‘Sin titulo’ (Dibujo de Pared) por  US$401.000, en una subasta de la Casa Phillips, en Nueva York, a mediados de septiembre pasado.El revuelo mediático entorno a la figura del artista pailense no se hizo esperar y se han escuchado voces de crítica a su obra que señalan que está sobrevalorada y que hay especulación en el mercado del arte. Basta con mencionar el amplio artículo que el investigador y crítico independiente de arte  Halim Badawi publicó en el portal ‘Esfera pública’, bajo el título ‘Business is business: especulación y mercado en la obra de Óscar Murillo’, en el cual, además de señalar la usurpación de los actores del mercado del arte que ejercen los curadores y críticos de arte para legitimar la calidad de un artista, asegura que “Murillo no puede considerarse, de ninguna manera, un artista que haya hecho una contribución significativa al arte de ningún lugar. Tampoco existe un respaldo y menos un consenso contundente, curatorial o crítico, sobre su trabajo”. Murillo expresó que no se siente afectado por los comentarios que se hacen sobre la alta cotización de sus obras. “Desde luego que me ha asombrado que existan personas en los medios de comunicación que se interesen en lo que uno hace, pero en realidad lo que me importa es el desarrollo de mi trabajo y mi labor como artista. Finalmente los medios de comunicación pueden ser herramientas para difundir lo que uno hace y si un periodista habla de lo que estoy haciendo para bien o para mal, está bien, porque estamos en una democracia”.Frente a las comparaciones que se hacen por el supuesto parecido físico con el artista afroamericano de raíces haitianas Jean-Michel Basquiat, quien murió a los 27 años en 1988 y a la exacerbación sobre su historia personal como el hijo de un hombre dedicado al servicio de limpieza de oficinas convertido en figura del arte, Murillo dijo que no puede hacer nada. “Los medios construyen esas imágenes ficticias y pelear o luchar contra eso es una pérdida de tiempo. Esos son comentarios sensacionalistas, amarillistas y frívolos, que no tienen fundamento. No se está criticando el trabajo. En el caso de la comparación con Basquiat, se dio porque como soy afroamericano y tenía el pelo largo, hicieron esa comparación. ¿Qué puedo hacer, realizarme una cirugía plástica? ahora que tengo el pelo corto, dirán que soy ‘Tino’ Asprilla. Son cosas que están fuera de mi alcance y si la gente en vez de fijarse en mi propuesta prefiere hacer comentarios frívolos es una lástima”, afirmó.Por eso tampoco le interesa el debate entorno al papel que ha jugado el mercado del arte en su carrera. “Hay trabajos míos que se han vendido a muy buen precio. Ese hecho me sorprendió. Pero si van a tener un debate sobre el mercado del arte, yo no soy la persona idónea para opinar. Mi interés está pura y absolutamente en el desarrollo de mi trabajo artístico. Que exista un mercado que las galerías estén controlando, en el sentido de que lo analizan y toman decisiones en ese sentido o que me aconsejen de cómo trabajar, es una cosa, pero de ahí a pensar que yo pueda manipular un mercado es absurdo”.Murillo afirma que disfruta todo el proceso creativo. “Me gusta estar aquí en La Paila o estar en el taller, disfruto realizar un proyecto o una acción en un museo. En el arte todo es dinámico y eso es lo que me interesa. Por ejemplo, ahora voy a estar dos meses viajando presentando este nuevo proyecto en otros países y después de ese tiempo me puedo encerrar en el taller porque entra otra vez esa energía de descargar cosas que he acumulado en ese tiempo, entonces no es algo monótono. Claro que lo monótono también pude ser interesante, porque igual después de tanto trabajo y viaje sólo me quedan las ganas de quedarme en mi casa y no hablar con nadie" (risas).

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