La familia de enanos que sobrevivió a los campos de concentración nazi

La familia de enanos que sobrevivió a los campos de concentración nazi

Febrero 04, 2018 - 07:50 a.m. Por:
Por Yefferson Ospina  / Periodista de Gaceta
libro enanos

La familia Ovitz que fue llevada a Auschwitz durante el régimen nazi.

Especiales para El País

“Cuando los rayos de luz revelaron a los recién llegados a Auschwitz, los guardias de las SS apenas podían creer lo que veían. Una a una, siete personas diminutas fueron sacadas del tren.

Cinco eran mujeres. Ninguna era más alta que una niña de cinco años, sin embargo vestían maquillaje y vestidos elegantes. Parecían muñecas pintadas.

Acurrucados en un círculo, los siete enanitos no intentaron unirse a la multitud de pasajeros que eran llevados a una rampa por soldados que tiraban de la correa.

En cambio, uno de los enanos hombres comenzó a repartir tarjetas autografiadas a los guardias que los rodeaban. Después de todo, no les haría daño saber que la ‘Tropa de Lilliput’ era famosa internacionalmente por sus espectáculos de variedades.

Como la mayoría de los judíos húngaros en el tren, que había tardado tres días en llegar a Auschwitz-Birkenau, los enanos no tenían idea de que acababan de ser depositados en el campo de exterminio más notorio de los nazis.

Un oficial de las SS se acercó y estableció que todos eran hermanos de la familia Ovitz. Inmediatamente, la orden se escuchó: ¡Despierta al doctor!

Perla Ovitz, de 23 años y la más joven de la tropa, interrogó a un judío con una chaqueta a rayas que había ayudado a descargar el tren. ‘Esto no es una panadería, esto es Auschwitz y pronto terminarás en los hornos’, le dijo.

De repente, como contó Perla muchas décadas más tarde, cada llama parecía un ser humano, volando y disolviéndose en el aire. ‘Nos quedamos aturdidos, luego comenzamos a pensar en el hombre desconocido que estábamos esperando, si esto era un cementerio, ¿qué hacía allí un médico?’

Si le hubieran preguntado, Josef Mengele habría dicho que estaba llevando a cabo una importante investigación genética que algún día podría llevar a una cátedra.

Con ese fin, no sintió ningún remordimiento por torturar, mutilar y, a menudo, matar a su suministro ilimitado de especímenes humanos. Su entusiasmo, ambición y crueldad lo distinguieron incluso de los otros médicos del campo de la muerte”.

Este es el fragmento de una reseña del libro ‘En nuestros corazones éramos gigantes’, escrito por los periodistas israelíes Yehuda Koren y Eilat Negev, que cuenta la historia de la familia de siete enanos sobreviviente al Holocausto nazi, gracias, irónicamente, al hecho de haber servido de experimento para un médico de la SS.

Los autores del libro y de la reseña hicieron parte de los invitados al Hay Festival 2018 y hablaron con Gaceta sobre esta extraordinaria obra de no ficción que ya puede conseguirse en las librerías de la ciudad.

¿Cómo se encuentran con esta historia?
Nos enteramos del caso de los siete enanos que habían estado en el campo de concentración de Auschwitz en 1973, en medio de nuestro trabajo como periodistas. Nosotros trabajamos para diarios israelíes y ese año alguien nos contó aquella historia. Nos dimos a investigar y pudimos comprobar que Perla Ovitz aún vivía y se encontraba en Haifa, Israel.

¿Cuál es la historia de esta familia de enanos?
El padre de ellos se casó dos veces en Rumania, exactamente en la aldea Rozavlea, en Transilvania, con mujeres de estatura normal. De esos matrimonios nacieron 9 hijos, de  los cuales 7 eran enanos. En Transilvania empezaron a ser muy conocidos, entre otras cosas, por lo atractivos que resultaban por el hecho de ser exactamente 7 enanos, como los del cuento de hadas. Hacia 1920 ellos crean una compañía de entretenimiento en la que los enanos eran las estrellas principales. Pero no es una compañía de entretenimiento cualquiera. Ellos eran realmente artistas, tocaban varios instrumentos, eran muy buenos actores. Empezaron a dedicarse al entretenimiento y fueron muy exitosos durante la década de los 30 en gran parte de Europa, hasta el ascenso del nazismo.

En el libro se cuenta que cuando llegan a Auschwitz, los oficiales de las SS inmediatamente hacen llamar al doctor Josef Mengele...
Sí, porque Mengele, que era médico y antropólogo, había llegado a los campos de concentración para realizar experimentos científicos sobre gitanos, gemelos y enanos, así que en ese momento habían llegado siete personas que podían ser víctimas de sus actividades.
Fue gracias a él, al llamado ‘Ángel de la muerte’ que ellos pudieron sobrevivir. Pero eso no convierte a Mengele en un salvador. No, sencillamente él los tuvo como una especie de tesoro para sus horribles experimentos sobre genética y sobre el cuerpo humano.

Ellos sobreviven, pero sin duda sufrieron mucho en los campos por los experimentos...
Sí, por supuesto, sufrieron mucho. Lo que hacía Mengele era verdaderamente horrible. Nosotros sabemos que a ellos, por ejemplo, les arrancaban dientes para ser examinados, además de administrarles diversas drogas para practicarles rayos X. Les sacaban sangre varias veces a la semana y los sometían a un experimento particular que consistía en echarles agua hirviendo y después agua fría en sus oídos. En realidad sufrieron mucho, vomitaban todo el tiempo y estuvieron, como lo dijo Perla, a punto de enloquecer.

¿Cómo estaba Perla, la última sobreviviente, y a quien ustedes entrevistaron para escribir el libro, cuando ustedes la encontraron?
Perla era una mujer muy inteligente, que siempre luchó por la vida. Vivía en una pequeña casa, que podría compararse a una casa de muñecas, en Haifa. Todo estaba hecho a su medida, pequeño, las mesas, los asientos eran pequeños, incluso los interruptores estaban colocados muy cerca al piso, a su medida. Cuando la conocimos vimos que ella todavía se vestía como una actriz, como lo era antes de haber sido llevada a Auschwitz. Se maquillaba como una estrella, usaba ropas de actriz y también esperaba que en algún momento le entrara alguna llamada para presentar un espectáculo. Y eso no podría interpretarse como un engaño o como un trauma, sino más bien como una forma de dignidad para con ella misma. Ella no se rendía a pesar de todo lo que había vivido y se tenía a sí misma por lo que había sido, una actriz. Era una forma de dignificarse.

Además de las entrevistas con Perla, ¿qué otra investigación hicieron?
Nosotros hablamos con Perla por un período de 7 años en total, pero además de eso hicimos una búsqueda en los documentos del campo de concentración y también recogimos testimonios en Rumania sobre la familia. Es decir, nosotros no somos el ‘ghost writer’ (escritor fantasma) de Perla, no. Fuimos a Berlín a buscar entre los documentos que quedaron de Auschwitz y encontramos 75 papeles sobre toda la familia, en donde estaban los nombres, las fechas de ingreso, los experimentos que se hacían.

Uno puede tener la impresión de que se ha escrito y dicho demasiado sobre el Holocausto, sin embargo, siguen apareciendo historias tan sorprendentes como estas. ¿Queda todavía mucho por decir?
Bueno, lo que sucede es que muchas historias se perdieron porque muchos de los sobrevivientes al Holocausto ya murieron. Como periodistas hemos podido comprobar que, de hecho, la mayor parte de las historias de lo que sucedió en el Holocausto han desaparecido. Solo conocemos una fracción de la historia y creemos que esa fracción es mínima.  Pero más allá de todas esas pérdidas, creemos que para entender lo que sucedió en el Holocausto hay que leer y ante todo absorber las historias se han contado, comprender a los sobrevivientes y ponernos en sus zapatos.

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