La exposición 'Muerte presunta' evoca la violencia de la historia del país

La exposición 'Muerte presunta' evoca la violencia de la historia del país

Marzo 05, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Por: Juan Andrés Valencia ? Periodista Gaceta
La exposición 'Muerte presunta' evoca la violencia de la historia del país

Los artistas Alberto Salom, Diego Ochoa y Juan Guillermo Cano.

¿Qué pasa cuando una serie de edictos sirve para recrear una obra de arte tan representativa del arte nacional como la ‘Violencia’ de Alejandro Obregón? Reinterpretación plástica de Alberto Salom, Diego Ochoa y Juan Guillermo Cano, tres artistas sobre la leguleyada que consiste en declarar la muerte sin que haya cadáver que la confirme.

En el primer cuadro yace una mujer embarazada a imagen y semejanza de cualquier paisaje montañoso de Colombia. El ambiente se nota tenso, lúgubre, nublado e indolente. El cuerpo de esta mujer sin vida está mutilado y parece echado a su propia suerte. La ausencia del asesino es tan vasta como el horizonte. La imagen corresponde a ‘Violencia’, el famoso óleo de Alejandro Obregón que en 1962 obtuvo el primer lugar en el XIV Salón Nacional de Artistas. De esta pintura, una de las más importantes de la obra del maestro colombo-español, se ha dicho de todo: que es un funeral extraordinario de grises y negros que envuelve la figura inerte y sin brazos de una mujer grávida tendida en el horizonte, como lo declaró la crítica Marta Traba alguna vez. Que el rostro tasajeado, el volcán del pecho y el círculo del vientre se recortaban contra una desolación infinita, complementó el escritor Juan Gustavo Cobo Borda en otra ocasión. Que el cielo moribundo se ensombrece en un volumen premonitorio, trascendiendo la mera indignación, escribió el poeta Eduardo Escobar. Los artistas plásticos Alberto Salom, Diego Ochoa y Juan Guillermo Cano también tienen su propia versión de ‘Violencia’. La de ellos es una violencia que está empapelada por una selección de edictos emplazatorios, cuidadosamente escudriñados de entre 4.680 atesorados por Cano durante dos años y que fueron publicados en más de 300 ediciones dominicales de varios diarios colombianos.Al principio, Cano se limitaba a subrayar con lápiz cualquier edicto que hablara sobre desapariciones humanas. Luego, para diferenciar el grado de violencia presente en cada uno, empezó a intervenir cada historia resaltándola según una gama de colores escogida para tal fin. Así conformó una especie de mapa de la burocracia de la muerte donde cada anuncio le ordenaba a un desaparecido en particular que compadeciera ante un juzgado, so pena de ser declarado presuntamente muerto.“Se trata de una contradicción de los términos porque la muerte es inexorable”, explica Salom. “Entonces el presunto muerto se convierte en el anverso del ‘nomen nescio’ (NN), una especie de muerto sin cadáver cuyos deudos están obligados a padecer a través de un limbo jurídico que ordena ese absurdo que hace parte de los fenómenos de la violencia endémica del país”.El destino original de los edictos recolectados por Cano fue como insumo de su ensayo ‘Cómplices atajos’, que discierne acerca de la abominación de las desapariciones forzadas. Luego, a Salom y a Ochoa se les ocurrió que podían utilizar el material recopilado para algo más. Entonces pensaron en imprimir la imagen icónica de Obregón sobre los recortes de prensa para resaltar el carácter repetitivo y recurrente de ese fenómeno.Así nació ‘Muerte presunta’, exhibición que incluye otras dos variaciones de la misma idea —un óleo y una impresión digital sobre un espejo—; unas esculturas en fibra de vidrio con la figura de aquella mujer embarazada y mutilada —a manera de moldes que remiten a la ausencia y representan la serialidad de la muerte— y un video que muestra una lluvia que es perpetua, que no escampa.Para Ochoa, todos estos elementos se van tejiendo entre sí hasta representar una idea concreta: “En este caso la figura resaltada de esa obra maestra que fue premiada hace 50 años depende de varios textos que muestran una paradoja mediante la angustia y el miedo. Y esto indica, al mismo tiempo, que a pesar de que ya ha pasado medio siglo, esa violencia no ha dejado de existir y la indiferencia sigue latente”.Tanto Salom como Ochoa y Cano han vivido la violencia en carne propia. El primero dice que ha sido un ruido de fondo que lo ha acompañado desde niño como el colombiano que es. Al segundo le tocó ver, como niño también, en Tuluá, la llegada de volquetas que apilaban cadáveres en fosas comunes. El tercero sintió como propios los disparos que su padre recibió en el pecho a la salida de las oficinas del diario que dirigía, El Espectador.Los tres coinciden en que lo importante es romper el silencio, dejar salir ese grito que todos llevamos atascado dentro y dejarnos conmover por tantas historias que suceden sin que nos demos cuenta a nuestro alrededor. Y, claro, desmitificar la canción ‘Periódico de ayer’, esa canción de Héctor Lavoe que Juan Guillermo Cano rememora con ironía y el conocimiento de causa suficiente para saber que ha leído la muerte 4.680 veces y todavía sobrevive como una gran noticia que está lejos de perecer.

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