La escritora caleña, Ángela Becerra, presenta su libro ‘Memorias de un sinvergüenza de siete suelas'

Mayo 07, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
La escritora caleña, Ángela Becerra, presenta su libro ‘Memorias de un sinvergüenza de siete suelas'

La escritora caleña, Ángela Becerra, tiene entre sus proyectos escribir una novela que pase en esta ciudad.

La escritora caleña Ángela Becerra estará este martes en la ciudad para presentar su reciente novela y para recorrer los lugares de su niñez.

Como esas muchachas de antes que se volaban con el novio y luego venían muy ‘caripeladas’ a presentarlo a la familia, Ángela Becerra regresó a la ciudad a mostrar su ‘sinvergüenza de siete suelas’. El suyo es literario: la novela ‘Memorias de un sinvergüenza de siete suelas’, que exhibirá personalmente en la Librería Nacional del Oeste, a las 7:00 p.m. de este martes. Y firmará ejemplares, como para dejar constancia de lo orgullosa que está.El viaje tiene significados personales, que trata de ocultar bajo figuras literarias: “Cali es vida. Aquí están mis raíces, mi infancia y mi historia”. Y de pronto, deja vislumbrar: “Siempre lo llevo en el corazón, pero ahora lo voy a ‘manosear”.Este viaje es diferente, porque en ocasiones anteriores sólo estuvo pocas horas, sin siquiera dormir acá: “Desde que murieron mis padres me he quedado con un punto de nostalgia, porque se me vienen de golpe los recuerdos de mi niñez y de mi familia. Esas muertes me dejaron de luto con Cali”. Por eso se iba casi de huida.Pero sabía que más temprano que tarde debía regresar con otra actitud: “Esta vez vengo a enfrentar la nostalgia. Tengo muchos deseos de pasar por los lugares de mi infancia, el parque por donde estaba el colegio, el barrio San Fernando, la Avenida Roosevelt, que fue mi caminar diario. Es el deseo de vivir Cali desde esta madurez y desde el aceptar las pérdidas. Reconciliarme con la ciudad es una de las intenciones de este viaje, sin duda”.Cali de hoy no es el que dejó cuando se fue: “Pero hay algo que siempre tiene, como es el sonido de esclavo de los gritos de las vendedoras de mangos, de los afiladores. También las chicharras. Siempre hay un ruido que cuando te has ido es que lo notas y cuando vuelves tienes la certeza de que solamente lo escuchas aquí. Es una sensación vital, junto con el calor”.Por eso la ciudad tiene cuota en su literatura: “Cali siempre ha figurado en mis novelas. A veces con nombre propio, a veces a través de sentidos: en ‘Ella que todo lo tuvo’ (2009) aparece un viaje a Buga. En ‘Memorias de un sinvergüenza de siete suelas’ se menciona la feria y en ‘De los amores negados’ (2006) la Roosevelt figura como otra avenida, pero quienes la hemos vivido y la hemos caminado; quienes hemos pasado aquí la Navidad, sabemos que esa ciudad que allí figura, Garmendia del Viento, tiene un trozo de Cali que se ha colado allí”. Los recuerdos no solo son auditivos sino gustativos: “Ah, los aborrajados (ríe). Estos les ganan a todos, y luego vienen el sancocho, el chontadoro. A partir de allí se me hace la boca agua”.Esos sabores también tienen párrafos en la novelística de Ángela Becerra: “Aparecen sobre todo en ‘El penúltimo sueño’ (2005). Para esa novela creé un personaje, Clemencia Rivadeneira, una colombiana que fue a España, y la única manera como recuerda datos importantes es con la comida colombiana. Esa fórmula se me ocurrió para también degustar aquello que no puedo degustar en España. El personaje fue tomando tanta fuerza, que cada vez le iba inventando más intervenciones, para saborear más platos”. Muchos lectores tragaron saliva: “En España me pidieron hacer un libro con las recetas de los platos que mencioné en la novela, porque se quedaron con las ganas de saber a que sabían”. La idea no le disgusta: “Me está sonando, sí” (ríe).La deuda localA Ángela casi que se la ve caminar hacia una novela caleña, con un personaje local en el cual almacenar todas esas nostalgias y esos recuerdos. Lo admite: “Tengo muchos deseos de escribir una novela que pase absolutamente aquí. Es uno de los proyectos que estoy acariciando en estos momentos. Tengo tres historias en mente y vamos a ver cuál será la primera que llegue y puede que pase en Colombia, porque es un tema pendiente”.La haría, sin sacrificar lo universal que hoy impera: “Hay algo que une el mundo en la literatura, como es los sentimientos y las emociones, que no tienen nacionalidad. Nadie llora en caleño, en bogotano ni en japonés. Si escribo una novela que pase en Cali, lo más importante no es el escenario, sino los personajes, cómo están sintiendo ese lugar, cómo les influye y cómo pueden aportar esos quiebres emocionales y los claroscuros propios del ser humano”. Listo, prueba superada.Tres ideas y un juego de probabilidades. ¿Cuál saldrá primero?: “Pues no lo sé, porque la palabra tiene libertad. Las historias tienen vida propia y son ellas las que le dicen a uno, escríbeme”, se deja estar. ¿Eso la impularía a vivir en Cali? Tampoco rehúye el interrogante: “He considerado la idea de, más adelante, pasar más tiempo en Colombia, no sé si en Cali, pero sí disfrutar más de mi país. Estoy esperando a que mi hija menor empiece su universidad, que pueda estar lejos de ella un tiempo, entonces sí, quizás, pase medio año en Colombia y medio en España”.Pero cómo dejarla ir sin hablar del libro que presentará hoy. Y hay una pregunta obligada, sobre si, en el fondo, contiene una venganza contra algún sinvergüenza personal: “¿Qué, conmigo? (ríe, sorprendida). Que fue un sinvergüenza conmigo ¡eso sin duda! pero me regaló un libro fantástico”. Pero se resiste a decir más: “Ah, no se dice ni la nacionalidad...”.

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