La 'cineaventura' de Nicolás en Cali

La 'cineaventura' de Nicolás en Cali

Junio 19, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Isabel Peláez R. | Reportera de El País
La 'cineaventura' de Nicolás en Cali

Nicolás Buenaventura, director de cine colombiano.

Nicolás Buenaventura rodará en Cali del 11 de julio al 13 de agosto su película ‘Kairós. Tiempo oportuno’ con un equipo caleño. El director cuenta que en Colombia no calificó a los estímulos de cine. Los recursos los obtuvo de importantes premios internacionales.

Nicolás Buenaventura Vidal,  hijo del fallecido fundador del Teatro Experimental de Cali, Enrique Buenaventura y de la  directora del TEC, Jacqueline Vidal, es un narrador en todo el sentido de la palabra. Conocido por sus  espectáculos de cuentería que lo  llevaron a radicarse en París hace años, es además   actor, dramaturgo, cineasta y guionista.  Y lleva cuatro años trabajando en una película que rodará  en julio en Cali, ‘Kairós. Tiempo oportuno’. 

Él, que tiene el poder de  encantar con las palabras,  como poseído por el narrador  que hay en él, explica el  sentido del título que le dio a su película: “Kairós es una figura que tienen los griegos, existe en culturas indígenas con otros nombres e incluso en China. Es un saber ancestral,   una noción que se perdió en nuestra era industrial, capitalista, en nuestra era  ‘Time is money’, en la que el tiempo se compra y se vende.

Los griegos concebían tres nociones de tiempo: Aión, que es el Dios de  la eternidad,  el tiempo antes de que el tiempo exista.  Cronos, que  es un titán que se come a sus hijos, y  lo vemos en el cuadro maravilloso de Goya (Saturno), que  es  el tiempo que pasa, que se compra,  que se vende, que se mide, que calculan los relojes y los calendarios, el tiempo que no nos alcanza, que nos roban, que creemos que podemos matar, que se nos va, y estamos corriendo todo el tiempo detrás de él. 

Y Kairós, que es un muchacho que tiene un mechón de pelo,  alas en los tobillos y una balanza desequilibrada. Este  joven, que no es un dios ni un titán sino un  daemon,  una figura entre los  dioses y los humanos, cuando pasa, muchos no lo vemos o lo vemos  y no sabemos qué hacer o lo atrapamos por el mechón de pelo. Kairós es el tiempo de la oportunidad, de la  acción, el tiempo que no  cabe en los relojes, ni en los calendarios, que no se puede medir, solamente  sentir y cada uno lo vive a su manera. Es cuando un minuto puede sentirse como una hora o un día o cuando un día puede pasar en pocos segundos, es un  tiempo que solamente se puede definir por lo que no es.

Cuando  descubrí esa figura de Kairós me sentí muy bien de saber que existía otro tiempo  y no solo este que se vende, que se compra, que va a toda velocidad. Eso me permitió escribir esta historia que llevaba por muchos años guardada en lo más profundo de mi inconsciente, que había tratado muchas veces de escribir y no lo había conseguido. Cuando me apropié de esa idea  de Kairós, pude hacer el guion  de esta película”.

La suya, aclara,  es la  historia  de un  atraco en la que lo importante no es ni el botín, ni el plan, ni el ladrón ni el equipo que este arma, ni siquiera la hazaña misma del robo, sino algo más maravilloso, que es  el instante, el momento, Kairós, el tiempo oportuno, la misma cotidianidad.

 La historia va así:  Un hombre  frágil y vulnerable se enfrenta al más poderoso símbolo del poder económico moderno: un banco. Lleva todas las de perder pero, en el momento oportuno, gana. Es una película que, en esta época de impunidad económica y financiera, nos habla de la dignidad, de un tiempo más humano y de una inesperada forma de justicia. Y esa historia no podía tener otro contexto que no fuera Cali. “En un momento dado, ante las dificultades para contar con los fondos colombianos,  los productores en Francia propusieron   hacer la película en otro país, porque podían tener acuerdos de coproducción y  había gente interesada en ello, pero para mí era impensable la  película en otra ciudad. Hay plantas que no se dejan trasplantar. Esta historia respira y  palpita Cali. No la puedo ver sino aquí, por la misma ciudad y su  relación tan extraña,  fuerte y contradictoria con la  Costa Pacífica, una ciudad  avanzada en tantas cosas y al mismo tiempo con elementos  de pueblo  en pleno siglo XXI.  Es importante pensarla en todas sus dimensiones y problemática como urbe del nuevo milenio”. 

Nicolás, que ha sido por muchos años un parisino más, se ha paseado por su Cali amada durante estos últimos meses buscando escenarios. El centro  de la ciudad será vital  en la historia, así como la Plaza de Cayzedo y el barrio El Porvenir.

[[nid:547479;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2016/06/p4gacetajun19-16n1photo01.jpg;left;{Primera cámara de Nicolás, obsequiada por su tío.}]]Para el trabajo de casting duró seis semanas buscando la gente que haría parte del reparto. “Fue casi doloroso escoger, porque la participación y la calidad   fueron asombrosas”. Toda la película recae sobre los hombros del personaje principal,  interpretado por Tulio Guillermo Diuza,  alrededor de él hay  16 secundarios.  Su equipo,  dice con orgullo, es “99% caleño,   en dirección de fotografía, sonido, cámara, producción y a nivel actoral”.

Él no  ha tenido jamás prejuicio alguno  con que los actores sean profesionales o no.  “El personaje no es para mí como un vaso vacío que hay que llenar con una presencia, sino  que se construye en las relaciones. Al ponerle la cámara al frente,  este habla con ella y de allí nace una verdad extraña. De eso se trata, de atrapar algunas verdades que tiene la vida. Pero la que crea, la que construye es la vida. Más que actores o no actores, el problema está en esa verdad”, argumenta.

Nicolás Buenaventura confiesa  que  este es un  proyecto muy ambicioso, hecho con muy pocos medios:  “Nunca tuvimos en Colombia apoyo, no califiqué para los Fondos Nacionales de Cinematografía. Estoy haciendo la película solamente con premios que gané en Francia, como  Cinema Du Monde  (Cine del Mundo), en el que uno  compite con Estados Unidos, Italia, Grecia, Japón; y  el de  la Fundación GAN para el Cine, en la que  participan 250 proyectos y le dan el premio a tres por año”. En Colombia la productora es  Pathos Audiovisuales. 

“¿Que por qué no califiqué para los estímulos de cine? Yo pregunté lo mismo,  pero las respuestas que me dieron fueron insuficientes”, dice. Él considera que son muchos los proyectos que participan. Y no se detiene a lamentarse: “Esta situación nos da la posibilidad de tocar  otras puertas y buscar otros mecanismos que no sean apoyados por el estado, como los premios independientes”.

A eso suma que “los jurados para esos estímulos  son gente que viene de muchas partes del mundo y  puede ser que no les parezca interesante la cara que uno quiere mostrar de Colombia”.  Y es que ese país que él muestra en su película, en sus palabras, “no se ha visto en el cine”. “Yo durante mi vida en Cali he encontrado gente que es como el personaje principal,  íntegra, que tiene una relación con los demás y con el mundo de mucha confianza, que no se vende y que se las juega todas por la vida”.

Buenaventura no concibe hacer otro cine que uno con el que la gente se divierta, pero que  también  se sienta reconocida y perciba de sí misma una imagen  amable y posible. “Hay  muchos personajes hermosos en este país y esa hermosura es muy importante  buscarla. Ese ha sido uno de los elementos fundamentales en la historia, en el casting, en el trabajo de búsqueda de los lugares”, enfatiza.

Nicolás Buenaventura participó en ‘Rostros y Rastros’, de Univalle Televisión;  hizo tres documentales: La Escritura del Sol, La Música en los Tiempos del Ruido,  y La Vida es muy Dura.  “Empecé con Carlos  Fernández y Julio González con un grupo que creamos, Cinexperiencia. Participé en un proyecto con  Carlos Mayolo y estuve cerca del  Grupo de Cali. Esa fue mi escuela y  haber crecido en el Teatro Experimental de Cali,   al lado de Enrique y  de Jacqueline”. ‘La deuda’, otra película suya, que no hace parte de los listados oficiales del cine nacional, es sin embargo, recordada por los  seguidores del director de  ‘El encanto de las imposibilidades’.

[[nid:547477;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2016/06/p4gacetajun19-16n1photo03.jpg;left;{Foto reciente de Juan Cristóbal Cobo que hace parte de las imágenes que han acompañado el proyecto en su desarrollo.}]]

Alumno aventajado del Cine Club de Andrés Caicedo, y   seguidor del    fallecido  Yasujiro Ozu (Viaje a Tokio)  y de    Hirokazu Kore-eda (De Tal Padre tal Hijo), cuenta que cuando era niño,  su padre Enrique lo llevaba a ver películas, y  a sus 16 años su tío Nicolás  Buenaventura  le regaló una cámara que filmaba  8mm en una película de 16 mm. “Filmaba un lado, y luego el otro y se  mandaba a Alemania a revelar.  Con mi amigo   Juan Cristóbal Cobo devoramos muchos libros de cine, hicimos un  cortometraje en Súper 8, luego otro y  conseguimos mejores cámaras”.

Aún recuerda sus pilatunas de cinéfilo, “en bachillerato, salía muy temprano de casa  y en lugar de irme al colegio, esperaba que abrieran el primer  teatro y me metía a ver películas de vaqueros, las de El Santo,  en teatros como:  El María Luisa, El Avenida, El Troncal, El Libia, El Ayacucho, El Palermo, El Asturias, El Alameda.  Tres meses después  mi padre Enrique se encontró con un profesor en la calle y  le preguntó ‘¿Y a Nicolás cómo le va en el colegio?’,  Él le contestó, ‘Hum, sabemos que se matriculó pero no lo hemos vuelto a ver’.  No me da pena reconocer que me fascinaba el cine popular,   los spaghetti western   y el cine mexicano”. 

Volviendo al presente... Nicolás  terminó en mayo pasado su temporada en el teatro. Dice que ahora su película le toma la vida: “Es   una ballena enorme que me está devorando y espero que como a Jonás algún  día me deje por ahí, en una playita. Por ahora respiro, sueño, vivo,  como, Kairós todo el tiempo. No puede ser de otra manera”.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad