Juan Carlos Agudelo: el pupilo caleño de Marcel Marceau

Agosto 17, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Ricardo Moncada Esquivel | Periodista de El País
Juan Carlos Agudelo: el pupilo caleño de Marcel Marceau

Agudelo, con un grupo de estudiantes de Bellas Artes, con los cuales realiza una pasantía del Ministerio de Cultura.

Este actor caleño es pionero en Colombia de un teatro que trasciende la palabra en escena para expresarse a través del cuerpo. Ahora que está en su ciudad desarrollando varios proyectos, dialogamos con este dramaturgo.

Hace ya 25 años que Juan Carlos Agudelo, el director, dramaturgo y actor caleño, partió de su tierra natal a buscar nuevos horizontes y a buscarse a sí mismo como artista. En ese lapso este creador, egresado del IPC y licenciado en Arte Dramático en la Universidad del Valle, ha ido y venido a la ciudad ya sea para presentar uno de sus montajes o impartir talleres de actuación.Su viaje comenzó hace cinco lustros, cuando en un acto de osadía se arrojó al escenario del Teatro Municipal de Cali, para saludar a esa leyenda del teatro silente: el gran mimo francés, Marcel Marceau. Agudelo terminó estudiando en la Escuela Nacional de Mimo Corporal en París y trabajó allí bajo la dirección del propio Marceau.En 1997 fundó en Bogotá Casa del Silencio, un proyecto interdisciplinario en el cual desarrolló su propio camino basado en la técnica Mimo Corporal Dramático, del maestro francés Etienne Decroux, que lo impulsó a ir más allá del actor que se pinta la cara de blanco y hace gestos, para experimentar en torno a la capacidad del cuerpo del actor para comunicar más allá de las palabras.De allí surgieron montajes como La Kermesse, Woyzeck, Entre Mortales o su trabajo más reciente Kokoro, piezas que se han presentado dentro y fuera del país y en certámenes como el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá.Ahora, Juan Carlos está de nuevo en Cali. Mientras prepara un viaje a Portugal el próximo año, empuja varios proyectos que parecieran ser simplemente una excusa para saciar la sed de la nostalgia que le representa estar lejos del terruño.¿Cómo le ha ido durante su estadía en Cali por estos días? He estado trabajando en varios asuntos. Uno de ellos es una pasantía del Programa de Estímulos del Ministerio de Cultura, que hago con estudiantes de artes escénicas de Bellas Artes, sobre la poética del gesto. Con el Teatro La Máscara hice un taller de iniciación al teatro físico y gestual, que es como regar semillas para esperar que algún día den frutos. También estoy tanteando el terreno para traer en octubre ‘Kokoro’, mi más reciente montaje.¿Cómo ha evolucionado su propuesta en todos estos años?Luego de mi experiencia en Europa, seguí desarrollando mi propia visión de la técnica del mimo corporal con Casa del Silencio, una compañía que se permeó con la presencia de bailarines y artistas plásticos que enriquecieron una estética. Pasamos de hacer obras con un registro muy descriptivo hasta llegar a una escritura completamente diferente, fragmentada, en la cual el espectador debe entrar a participar y atar cabos a símbolos. Al prescindir de la palabra, esto hace que tu escritura sea más dinámica, que no sea literal. Algunos piensan que yo soy mimo y que me pinto la cara, pero mi lenguaje se ha transformado, tiene una identidad.¿Cuál es la potencialidad que encierra el teatro físico?Permite poner en diálogo cualquier disciplina artística. Yo, por ejemplo, he trabajado con un cantante de ópera, con músicos, bailarines y artísticas plásticos en espectáculos como Carmina Burana. Esta técnica permite tejer desde el símbolo en un sentido metafórico. Nos da la ventaja de distanciarnos de la literalidad de la fábula o el gesto. Si entiendes eso y puedes hacerlo bien, tocas al espectador. Ahí está la gran fuerza del arte. ¿Y qué es lo que le interesa revelar a través de su arte?El teatro nos ayuda a descifrar la esencia humana y cuando eso lo haces escénico, es una maravilla. Al transponer el mundo cotidiano a un lenguaje escénico, no hay necesidad de códigos. >h3>¿Puede conquistar al público caleño con este tipo de propuesta?El reto de Cali es que la gente se habituó a un teatro fácil, que te haga reír. Tener que pagar para un espectáculo que haga pensar, es un problema. Pero el teatro físico es capaz de superar esas dificultades.¿Cómo es su relación con la ciudad?Es algo contradictoria, como de amor y odio. Me gusta todo lo artístico que la ciudad genera, pero no quiero la rumba vacía. La ciudad tiene un grave problema social, en especial entre los jóvenes y que constituye una bomba de tiempo. ¿Qué papel juega el arte allí?El arte es una herramienta terapéutica y poderosa en la construcción y transformación del ser humano y la sociedad. Sin embargo, vemos cómo desde los dirigentes se asfixia sin recursos a entidades como Bellas Artes o Incolballet. Ellos hacen parte del pulmón que sustenta a esta ciudad. Quítenle a Cali el arte y la cultura y queda una cosa aburrida, un moridero artificial de la rumba. La ciudad no es solo salsa. El arte no es una moda ni un producto comercial. No se puede pensar solo en aquello que es masivo, cuando somos una ciudad diversa. ¿Qué va a hacer en Portugal?He sido invitado para dirigir una obra. El tema que escogimos es sobre la migración, un tema amplio que, como siempre, buscaremos abordar de forma universal.¿Cuándo podremos ver en Cali ‘Kokoro’, su nueva obra?Queremos traerla en octubre a una temporada en el Teatrino del Teatro Municipal. Esta pieza es una pequeña joya, muy íntima. ‘Kokoro’ significa corazón. Es una obra producto de una reflexión sobre las relaciones humanas en su dimensión universal. Tiene un dejo de nostalgia, que logra tocar las fibras del espectador. Los niños dicen que hacemos magia. En Portugal, donde la presentamos en un festival un actor veterano me dijo: “Joven, tú has logrado tomar la esencia de tus maestros y hacer de esto un acto poético y teatral, algo difícil de logar. Tú trasciendes el silencio”. ¿Cómo puede describir el momento que vive actualmente?Estoy en una ruptura de la noción de trabajo en grupo, porque en este país se vuelve muy complicado trabajar así. Estoy ahora trabajando en proyectos con pocos actores para poder girar dentro y fuera del país. No puedes depender del estímulo del Ministerio de Cultura y esas cosas. No quiero envejecer mal. Yo veo a muchos de mis mayores y no veo felicidad veo gente muy deteriorada. Yo tengo 48 años. Haciendo cuentas me quedaría unos 20 años de vida productiva y hago planes pensando en ello. ¿Y con qué se queda de lo que ha vivido hasta ahora?Con un agradecimiento muy grande a toda la gente que ha pasado por mi vida. A mi ex compañera, Diana León, le debo mucho. Logramos sembrar una estética por todo el país. Logramos reivindicar el cuerpo del actor.Juan Carlos Agudelo fundó en 1997, en Bogotá, la Asociación Cultural Casa del Silencio con la cual realiza montajes teatrales tales como: ‘La Kermesse’, ‘La belleza y la fealdad’, ‘Los árboles’, ‘Disomnismos’, ‘Woyzeck, un lamento en el silencio’ y ‘Entre Mortales’ y Kokoro, Melodrama bizarro para teatro fisico’. En 2010 realizó con la Filarmónica de Bogotá el proyecto de creación ‘La celebración, un gesto del deseo’. En el 2011 dirige ‘Carmina Burana’. Dirige actualmente el laboratorio de formación permanente Le Geste.

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