José Ovejero, el hombre que se inventó el amor

José Ovejero, el hombre que se inventó el amor

Mayo 28, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Patricia Medrano, especial para GACETA

Este hombre que escribe de pie, que es hipocondríaco y que no puede ocultar la rabia por la dramática situación que vive su país, España, es el mismo que recibió el Premio Alfaguara de Novela 2013, por ‘La invención del amor’, su más reciente novela. Se llama José Ovejero y habló con GACETA en Madrid.

Cuatro de la tarde. El café Molar está cerrado sin motivo y un cielo gris augura lluvia un jueves de primavera en Madrid. Así que el escritor español José Ovejero, un hombre de muchas palabras pero poco abierto a hablar de sí mismo, no tiene más remedio que abrirme la puerta de su pequeño dúplex en el castizo barrio La Latina para hablar en esta entrevista de su último invento: el amor.Samuel, su personaje, tiene 40 años y lleva una vida anodina, sin compromisos, aburrida. Hasta que una madrugada una voz en el teléfono le comunica que ha muerto Clara, su examante. Como está enguayabado no es capaz de sacar del equívoco a quien lo llama. Él no conoce a ninguna Clara y sin embargo sigue la corriente y su curiosidad lo conduce al velorio, a conocer a los deudos, a involucrarse con ellos, a inventar otro Samuel y a inventarse su relación con una muerta. Soledad, amor, autoengaño. Un thriller servido en bandeja.José Ovejero, madrileño de 55 años, acaba de ganar el Premio Alfaguara de Novela 2013 por esta historia, ‘La invención del amor’, un galardón que parece consagrarlo en el mundo literario iberoamericano y que además de 175 mil dólares y una gira por trece países (pasará por Bogotá a finales de julio), le dejará más lectores, sobre todo en Colombia donde es poco conocido, aunque ya fue invitado al Hay Festival de Cartagena en 2008 y a una Feria del Libro de Bogotá.No descruza los brazos, apoyados siempre en su camisa colorida. Sonríe, pero no a la cámara. Este hombre delgado, de pelo muy corto y canoso, con un pequeño arete plateado en su oreja izquierda, confiesa ser hipocondríaco y tener “muchos” miedos. No quiere decir cuáles. Desde 1988 ha vivido entre Madrid y Bruselas. Allí, en la capital de la Unión Europea, fue traductor simultáneo (del francés, inglés y alemán al español) y entre ministros y expertos en temas tan singulares como el aceite de oliva o el carbón encontró tiempo para escribir. Hace diez años dejó la traducción. ¿Y ahora qué hace? “Nada” - responde con timidez - “…escribir”. De sobra sabe que su oficio de escritor le exige horas y horas de trabajo en soledad. Este año dejará Bruselas y vivirá más en Madrid y en Bonn (Alemania), donde ya residió hace tiempo y donde está su mujer.Historiador de carrera, tuvo claro siempre que lo suyo sería la literatura. Atinó. ‘La ética de la crueldad’ (Premio Anagrama de Ensayo 2012), ‘La comedia salvaje’ (Premio Ramón Gómez de la Serna 2010), ‘Las vidas ajenas’ (Premio Primavera 2005), ‘China para hipocondríacos’ (Premio Grandes Viajeros 1998) y ‘Biografía del explorador’ (Premio Ciudad de Irún de poesía 1993) son algunos de sus títulos más destacados. También las novelas ‘Un mal año para Miki’, ‘Nunca pasa nada’, los libros de relatos ‘Qué raros son los hombres’ y ‘Mujeres que viajan solas’.Ovejero escribe de pie. Y no le interesa usar celular (“no quiero que me llamen cuando estoy cenando o conversando con amigos). Con frecuencia dicta talleres de literatura o da conferencias en universidades de Estados Unidos. Una madrugada de marzo, en Nueva York, recibió una llamada –como Samuel, su protagonista en ‘La invención del amor’– que le anunció que había ganado el Alfaguara. Seguro ahora empieza a vivir otra vida, la del escritor afamado.Un Mac plateado ultraliviano descansa sobre una mesa de madera. Él cierra con rapidez la puerta de la cocina, no sea que la visita vea el desorden. Arriba hay una terraza con vista a Madrid y muchos andamios. Se nota que está de paso, que no es su lugar habitual. En un pequeño cuarto tiene las paredes ‘tapizadas’ con libros de Rimbaud, Montaigne, Sontag, pero sobre todo de Phillip Roth y Coetzee, sus favoritos, aunque ahora le entusiasma la húngara Agota Kristof. No hay muchos libros en realidad. Cosa curiosa, Ovejero es un escritor que se desprende de ellos con facilidad. Como ha vivido aquí y allá “he regalado unos 300, otros se han perdido en el camino”. ¿Qué es eso de la invención del amor?Es una novela sobre un hombre con una vida poco interesante, ni feliz ni infeliz -como la mayoría-, se adapta a lo que tiene, su vida no es lo que había creído. Y él, que nunca había tenido relaciones duraderas, por una casualidad empieza a interesarse por una posible relación. Lo que pasa es que es imposible. Pero eso alimenta su fantasía y empieza a preguntarse “y s텔 y poco a poco a través de esa invención se acerca a una serie de emociones que desconocía.Enamorarse de una mujer muerta (a la que además nunca conoció) es el colmo de la soledad, ¿no?Supongo que sí, parece un poco desesperado. Y, sin embargo, Samuel lo hace un poco como juego, no corta el malentendido y poco a poco, sin quererlo, va metiéndose en esa historia que a él le parece un poco absurda, pero interesante.En definitiva el amor parece un invento...Un invento del ser humano. No nos inventamos la emoción, pero sí inventamos en parte quiénes somos cuando estamos enamorados: mostramos nuestra mejor parte, intentamos hacer creer que somos otros, nos inventamos a la otra persona, a la que no conocemos bien, y luego viene el proceso frustrante de ajustar la relación a los seres reales que están ahí.¿En qué nos mentimos más?Una de las mentiras más frecuentes es cuando intentamos hacer creer que estamos bien, cuando te peguntan ¿qué tal? y dices ‘bien’ y la mayoría de los casos no es verdad. Hacer como si las cosas estuviesen bien, el vivir pegados al televisor, a internet, a todo lo que nos distrae y no atrevernos a vivir. ¿Un escritor vive ‘Vidas ajenas’ en la ficción? ¿Usted escribe para ser otro?Hmmm… sí, pero eso es una ficción también. Y en el fondo algo patético. Intentar utilizar tus personajes para vivir vidas que no te atreverías a vivir o incluso utilizar tu tiempo sólo para vivir sobre el papel me parece un poco triste. Yo quiero las dos cosas: ¡vivir y luego escribir sobre ello! Así que procuro no utilizarlos como sucedáneos de la vida. Los personajes sí te abren puertas hacia ciertas emociones y cosas que no has visto, pero luego tienes que suplantarlos si te interesan esas posibilidades y vivir.¿A través de sus personajes el escritor logra decir cosas que quizá como ser humano no se atrevería a decir?Es lo que hacen los mejores escritores. ¿Quién dijo que los mejores libros se escriben contra las propias convicciones…? Te pones a escribir y salen un montón de cosas que no pensabas que pudieses escribir, te das cuenta que escribiendo piensas de manera distinta que cuando piensa José Ovejero. Es una de las partes apasionantes de la escritura, te lleva a sitios que no habías pensado.¿Cuál es su reflexión sobre la crisis española actual? Cada vez que comento que me vuelvo a vivir a España me dicen ¿justo ahora? Y es verdad que es un momento de desesperación de mucha gente que se da cuenta de que su vida está a punto de sufrir o ya sufrió un cambio drástico; hay una impotencia en la clase política para enfrentarse a la crisis y también una falta de legitimidad, porque ha colaborado activamente para llevarnos donde estamos y con un sistema de una corrupción increíble. Ahora sí que hay un auténtico desencanto de la democracia… ¿Esto de verdad es la democracia? Lo veo con rabia, fundamentalmente.¿Siente la responsabilidad de decir algo?Sí, lo que pasa es que los escritores ya no somos ni mucho menos referentes de moral o de opinión pública y son muy contados los que consiguen algún tipo de eco. Sí tengo una obligación en mis intervenciones públicas, no en mi literatura, porque no creo que la literatura tenga que estar al servicio de ninguna causa. Pero sí aprovecho para decir lo que pienso de la situación, para hacerme eco del malestar y del dolor de tanta gente.Y sin embargo en ‘La invención del amor’ retrata un poco el ambiente actual de España…Al final en tus libros salen a la superficie tus preocupaciones, incluso aunque haya escogido un tema que puede parecer alejado de la realidad social, como es el amor.Como el título de una de sus novelas, ¿cree que ‘Nunca pasa nada’?, ¿es parte del autoengaño?Exactamente. Esa novela se refiere a una serie de vidas en las que aparentemente no pasa nada. Lo que hago, como en muchos otros libros, es intentar ver qué hay detrás de nuestras fachadas, qué se oculta, qué es lo que de verdad sucede en nuestras vidas, lo que no queremos ver, lo que no queremos hablar.También habla ahí de la inmigración. Una de las protagonistas es una ecuatoriana que trabaja en una casa española y es víctima de una mafia… ¿Usted s ha sentido un inmigrante?He sido un inmigrante de lujo, me voy porque quiero. La auténtica inmigración, donde suelen darse los dramas humanos, es la de la gente que se va porque está forzada o no tiene otro remedio. No me atrevería a compararme. ‘Nunca pasa nada’ la escribió en 2007, en pleno ‘boom’ de la inmigración de latinoamericanos hacia España. Hoy la torta ha cambiado, ahora son los españoles los que se están yendo para Latinoamérica…Es una especie de justicia histórica, un país que tanto ha criticado a los inmigrantes y tanto ha despreciado a toda ‘esa gente que nos viene a quitar el trabajo’. De pronto somos los españoles los que tenemos que irnos a buscar trabajo a otros lugares.Escribió ‘China para hipocondríacos’. ¿Qué le dejó ese viaje?¡Un libro! Pero no viajé para escribirlo, me dieron ganas de estar en un sitio lejano y en el que no entendiese ni conociese nada, y China me pareció el lugar ideal. Aprendí algo de chino, la recorrí durante dos meses… Años después me puse a revisar las notas que tomé y allí había un libro.¿Y acaso Ovejero es hipocondríaco? Sí, soy hipocondríaco, lo era mucho más antes…¿Y hoy qué le duele?Hoy no me duele nada (y se ríe…). Pero la idea no era contar el viaje de un gran aventurero; no encontré leones en China, como dijo Marco Polo, encontré lo que la mayoría encontramos cuando viajamos: nuestras propias limitaciones y miedos. Hábleme de la ‘Ética de la crueldad’…Surgió porque me invitaron a una universidad de Estados Unidos ha hablar sobre el exceso, pero decidí hablar de la crueldad, que me parecía un tema muy español, no solo en la literatura sino también en las fiestas populares donde se sacrifica algún animal, los toros, la cabra que tiran desde el campanario, las exhibiciones de semana santa, en fin… Seguí dándole vueltas, sobre todo buscando los autores que yo llamo crueles, no como espectáculo como Tarantino, sino que utilizan la crueldad, como Onetti o como Jelinek, aunque en el fondo son moralistas. Lo hacen porque quieren trasmitir algo al lector, sacudir su conciencia, que miren a donde no quieren mirar. Onetti te dice continuamente “no hay esperanza, no te engañes”.¿Se considera un escritor cruel?Sí, pero no porque tenga una decisión consciente de querer enseñar o decir algo. No en toda mi obra, pero sí encajo en eso de la literatura cruel. ¿Qué pasa con la literatura hoy en día? Es verdad que hoy nos hemos vuelto perezosos, la literatura experimental, lo que nos haga esforzarnos, nos cuesta más. Antes había una mayor fe en la literatura, en que podía enseñarnos algo, ahora lo que queremos es que nos entretenga. Hoy parece que un libro que te exige esfuerzo es elitista.¿Y qué opina de los best sellers tipo ‘Millennium’, o ‘50 sombras de Grey’?Pertenecen a la categoría de literatura entretenida y eso no está bien ni mal. Uno puede querer entretenerse, lo que me preocupa no es que la gente lea eso, ¡sino que lea sólo eso!En ‘Escritores delincuentes’ investigó sobre escritores que cometieron crímenes pasionales, robos o que estuvieron en la cárcel…Es un ensayo sobre literatura y delincuencia y sobre cómo los escritores que han estado en la cárcel (por delitos comunes) tienden a escribir sobre sí mismos y lo que les ha sucedido. Me di cuenta que había temas muy interesantes en la mayoría de ellos como la culpa, la redención, si es posible borrar el pasado y convertirse en otro, lo difícil que es salir de la cárcel y también cómo intentan aunar los dos grandes objetivos de la literatura: narrar la sociedad y narrar las propias emociones.

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