John F. Kennedy: un crimen para muchos libros

Noviembre 24, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Fernando Mexía I Agencia EFE
John F. Kennedy: un crimen para muchos libros

J.F. Kennedy y su esposa Jaqueline fueron admirados y queridos por el pueblo norteamericano.

A 50 años del asesinato del expresidente de Estados Unidos su desaparición continúa siendo un negocio literario con teorías para todos los gustos.

Medio siglo después del asesinato de John Fitzgerald Kennedy, su vida, pero sobre todo su muerte, vuelve a estar de actualidad con la publicación de multitud de libros que buscan arrojar luz sobre la figura del presidente.Desde hace días, las librerías de Estados Unidos se han cargado de ejemplares que aseguran ofrecer nuevas evidencias de lo ocurrido el trágico 22 de noviembre de 1963, cuando JFK fue tiroteado mientras transitaba por la plaza Dealey de Dallas en el asiento trasero de un Lincoln descapotable.Las editoriales se han preparado a conciencia para atender la previsible demanda de contenidos sobre Kennedy y hacer un buen negocio del aniversario del fallecimiento del mandatario, que llega justo para la época del año más consumista, entre Acción de Gracias y Navidad.Así, hay libros para quienes gustan leer sobre complots que justifican el magnicidio, como el del exgobernador de Minnesota Jesse Ventura, ‘They Kill Our President’ , donde ofrece hasta 63 razones para creer que hubo una conspiración para matar a Kennedy orquestada por un poder en la sombra que gobierna EEUU.Otros señalan a la mafia como responsable, tal es el caso de ‘Who Really Killed Kennedy?’, que se sustenta en unas confesiones de un líder del crimen organizado, y ‘The Poison Patriach , cuyo autor culpa de lo ocurrido al padre del presidente, Joseph P. Kennedy, por su presunta relación con el hampa. En ese contexto de conspiraciones, el verdugo oficial de JFK, Lee Harvey Oswald, el francotirador que realizó los mortíferos disparos, es retratado como un títere, el último eslabón de una cadena y gatillo ejecutor de las órdenes de otros.Más crédito recibe Oswald en ‘The Accidental Victim’ , obra que el propio autor, James Reston Jr., califica de “anticonspirativa” .“Las evidencias de que Lee Harvey Oswald actuó solo son sobrecogedoras” , afirma Reston, que se atreve a ahondar en los motivos que pudo tener el asesino para matar a Kennedy, a quien "admiraba" , dice.A su juicio, Oswald falló el tiro. Su objetivo era el gobernador de Texas, John Connally, que viajaba en el asiento delantero del vehículo donde iba el presidente.Tras el asesinato, se organizó una comisión de investigación liderada por el jefe del Departamento de Justicia, Earl Warren, -la llamada Comisión Warren- encargada de determinar qué pasó exactamente el 22 de noviembre.El abogado Howard P. Willens formó parte de aquel grupo cuya investigación en 1964 concluyó, no sin controversia, que Oswald cometió el crimen por su propia cuenta y riesgo.Ahora Willens publica ‘History Will Prove Us Right’ , donde insiste en que, a pesar de los problemas y la falta de cooperación del FBI y de la CIA, los hechos dejan clara la autoría en solitario de Oswald. El libro admite que algunos errores de la comisión contribuyeron a alimentar las teorías sobre conspiraciones que brotaron posteriormente.Los planteamientos de Willens encuentran respuesta en ‘A Cruel and Shocking Act’ del periodista Philip Shenon, que desacredita la labor de Warren y su equipo, al que califica de inexperto e influenciable, incapaz de hacer una verdadera investigación independiente.Ese es el motivo por el que Shenon cree que se pasó por alto la posibilidad de que Oswald trabajara para el gobierno cubano de Fidel Castro después de un viaje a México en el que solicitó visados para ir a la isla caribeña y a la URSS.El profesor Larry J. Sabato, fundador del Centro de Política de la Universidad de Virginia, considera que 50 años después del atentado aún no se puede descartar la idea de que Oswald fuera un peón al servicio de intereses mayores.En ‘The Kennedy Half Century’ expone los resultados de nuevos estudios técnicos que dejan sin fundamento la idea de que hubiera un segundo tirador, además de Oswald, y también analiza la influencia posterior que tuvo JFK, tanto en la sociedad como en la política. Teorías de conspiraciónLos errores en la investigación y el oscurantismo que rodea a las agencias de inteligencia abonaron el terreno para argumentaciones varias que, incluso a día de hoy, siguen aumentando su discurso con nuevos libros que abordan el crimen con diferentes ángulos y evidencias.Un complot de la CIA, un plan del vicepresidente Lyndon B. Johnson, una operación de la KGB y el régimen cubano de Fidel Castro o una venganza de la mafia son las alternativas más creíbles para quienes no dan crédito a la realidad que se les presenta.Estudios psicológicos realizados en la Universidad de Londres constataron que existe una tendencia natural en el ser humano a asociar eventos de gran magnitud con grandes causas. Cuando estos sucesos impactan en las emociones, los afectados comienzan instintivamente a buscar explicaciones que les dejen tranquilos.Las especulaciones se desbocan ante la incertidumbre y la sensación de indefensión, según concluyen diversos estudios que indagan en la necesidad que tienen las personas de controlar su entorno.“Las teorías de la conspiración siguen progresando en el siglo XXI”, aseguran los autores del informe ‘Measuring Individual Differences in Generic Beliefs in Conspiracy Theories Across Cultures’, publicado en abril, donde se apunta que hay gente con más propensión a tener una “mentalidad conspiradora” que otra.De hecho, está comprobado que quien acepta una de estas teorías, está abierto a dar verosimilitud a más, incluso aunque entre ellas presenten contradicciones.Un 63 % de los votantes registrados cree en al menos una gran conspiración política, según una encuesta del pasado mes de enero de la Universidad de Fairleigh Dickinson. Un 25 % afirma tener claro que el gobierno de George W. Bush supo de antemano lo que iba a ocurrir el 11 de septiembre de 2001.Y es sobre ese panorama entorno al asesinato del presidente Kennedy que los autores encuentra el terreno fértil para continuar publicando este tipo de libros.

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