'Infractores al aire': crónica sobre la emisora de El Buen Pastor de Cali

'Infractores al aire': crónica sobre la emisora de El Buen Pastor de Cali

Marzo 02, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos | Periodista de GACETA

En el Centro de Formación Juvenil El Buen Pastor de Cali los muchachos recluidos decidieron crear una emisora con el apoyo de los directivos y la Universidad Santiago de Cali. ¿Qué tienen para decirle a una sociedad que los rechaza por su pasado, por el daño que hicieron?

I.El pasillo se recorre en menos de un minuto, pero se hace extenso. Al lado izquierdo están los barrotes de los patios que aquí se llaman casas. Las celdas, habitaciones.Por los barrotes, los muchachos pegan la cara y gritan. También, uno que otro, golpea las rejas. ¡Bienestar, Bienestar! ¡Vení, vení! Robinson, ¿qué pasó con el cepillo de dientes?Robinson Ortiz, que no es llamado guardián sino educador, suda y se disculpa. Explica que cuando ven a algún desconocido, los muchachos suponen que deben ser funcionarios de Bienestar Familiar, la entidad del Estado colombiano que se encarga de administrar los centros de formación donde ingresan los menores de 18 años que han cometido alguna ‘infracción’. Así se les llama aquí a los delitos. Cuando se acercan a los barrotes, también, algunos alcanzan a sacar su índice derecho. Como en las cárceles, en los centros de formación juveniles hay códigos. El índice derecho es símbolo de saludo, de un estrechón de manos, pero hay que tener cuidado. Si se responde con el índice izquierdo, quiere decir que sos falso.En el fondo, tras los barrotes, los que no miran a los visitantes extraños se cortan el cabello, otros juegan dominó, otros se secan después de una ducha y caminan en calzoncillos. En total hay 289 jovencitos recluidos. Según la Policía, Cali, después de Bogotá, es la segunda ciudad de Colombia con más menores de edad capturados. En el año 2013, 2439 fueron detenidos.Es como imaginarse 81 salones de clases repletos de jóvenes esposados. Un pequeño ejército de papás precoces. La mayoría de los que están acá ya son padres. Tienen 14, 15, 16 años y pueden ser, como ‘Cejas’, padres hasta de dos hijos. ‘Cejas’, 17 años, tiene gemelos.Hacen parte de una cadena que parece repetirse generación tras generación: los menores capturados, a su vez, son hijos, en su mayoría, de padres que los tuvieron a su misma edad: 14, 15, 16. Es decir: son hijos de papás que no estaban preparados para serlo y que además continuaron viviendo como si nada hubiera ocurrido, se desentendieron de sus hijos. Esas podrían ser otras de las tantas explicaciones al porqué están aquí.La mayoría, también, piensa, sueña, con una vida distinta a este encierro. Les gusta cantar. Les gusta, sobre todo, el Hip – Hop. Rapear. Si tuvieran la certeza de poder vivir de lo que les gusta, —en Cali el desempleo juvenil llega al 33%— a lo mejor tampoco estarían tras esos barrotes.  Aunque tal vez nada lo justifique.El pasillo finaliza. A la derecha, una puerta conduce a un cuarto. Cuando se cierra, los gritos desaparecen. Son apenas un murmullo lejano. Las paredes del cuarto están tapizadas con panales de huevos que aislan el sonido exterior. También hay, a manera de decoración, carátulas de discos. Luis Miguel, Héctor Lavoe. Es la emisora del centro de formación juvenil El Buen Pastor. Sus realizadores son 20 de los menores recluidos. ‘Cejas’ es uno de ellos. Ahora, junto con ‘H’, encienden la consola. ¿Qué tienen para decirle a una sociedad que los rechaza por su pasado, por el daño que hicieron?II.‘H’, vestido de sudadera, ojos negros alegres, cabello corto, corte totuma, es el primero que empieza a hablar. “¿Por qué estoy acá? A ver, ¿cómo te digo? Uno quería muchas cosas, pero no podía tenerlas. Los papás de uno no podían dárselas. Entonces me las tenía que conseguir por mi cuenta. Por ejemplo: a mí me invitaban mucho a cantar en reuniones porque yo canto reggaetón. No el ‘perreo’ y eso. Yo le canto a la vida. Pero no tenía plata para comprar el vestuario. Usted sabe que un cantante tiene que presentarse bien vestido. Y yo le pedía ayuda a mi mamá, pero ella no tenía. No me apoyaba. Se dedicaba a mi hermanita. A veces sentía que la prefería a ella. Entonces me descuidé, me puse a buscar las cosas por mi cuenta. Por eso estoy acá”.—¿Y por qué decidiste ser parte de la emisora?—Por la música. A través de la emisora conozco más ese mundo. En la emisora uno aprende qué disco está pegando, qué le gusta a la gente, entonces eso ayuda, porque además de cantar, desde que estoy en el proyecto descubrí que soy muy buen DJ. Y me gusta hacer crónicas radiales. Acá invitamos a los jóvenes que quieran contar su pasado en la radio. En las escenas feas, duras, metemos de fondo música de miedo. Cuando es algo feliz, ponemos música alegre. Yo conté mi historia. Conté la vez que mis enemigos iban a pegarle a mi mamá, a matarla. Pandilleros. Escuchando mi propia vida, reflexioné sobre ella. Fue un desahogo. Cuando vuelvo a escuchar mi perfil, pienso que no puede ser todo eso que viví, el robo que hice. Pienso que el que está contando eso es alguien distinto a mí. A ‘Cejas’, ojos rasgados, cabello negro, cejas pobladas, le pasa algo parecido. También contó su historia en la radio. Narró el día en que lo capturaron. Escucha su perfil en este momento: drogado, robó una bicicleta y más tarde, una moto. Los policías lo detuvieron. Se enfrentó a ellos.Cuando escucha la historia de nuevo, dice, piensa sobre todo en el peligro en el que estaba. Cuando lo contó por primera vez, reconoce sorprendido, lo hizo tan natural como si fuera cotidiano, nada fuera de lo común, dispararse con la policía. Ahora que lo escucha otra vez mueve la cabeza de un lado a otro.—¿Y mis gemelos? ¿Qué hubiera pasado con ellos si me hubieran matado? La profesora Luz Marina Higuita los escucha y mientras lo hace mueve su cabeza de arriba abajo, asiente. Asegura que la emisora ha ayudado a los muchachos para reflexionar sobre la vida, pero también para aprender a relacionarse con los otros de una mejor manera, integrarse, hacer amigos, conciliar, solucionar los conflictos hablando. ‘Cejas’ y ‘H’ hicieron un CD juntos, por ejemplo. Una canción. Voces Callejeras, se llama.También han realizado radio novelas. ‘Cejas’ escribió la historia de dos gemelos que fueron separados al nacer y que ya de adultos se reencontraron. El uno era un tipo muy malo, el otro era un hombre correcto. Una alegoría de lo que fue su pasado y lo que ‘Cejas’ pretende ser hoy, pretende ser mañana. En las tardes, además, se pasa un papel por todas las casas de El Buen Pastor para que el resto de los muchachos pidan la música que quieren escuchar. Algunos solicitan canciones cristianas.Y, de vez en cuando, llevan invitados a la emisora. El director de El Buen Pastor, el sacerdote que les habla de la Biblia, les da mensajes de superación personal que se oyen en parlantes instalados en las casas. El objetivo a largo plazo es que la emisora llegue al resto de Cali a través de Internet – hoy solo se escucha dentro del centro de formación – y que las familias de los muchachos puedan enviar mensajes cuando cumplan años o en Navidad. Como un servicio social para sobrellevar el encierro, pero aún no se ha concretado. Los jóvenes- es un temor de los directivos de El Buen Pastor – podrían hablar en clave para que otros cometan delitos afuera. Prefieren esperar. Por ahora la emisora ha servido de puertas para adentro, dice la profesora Luz Marina Higuita. Los muchachos han explotado sus talentos y descubierto otros. Algunos son buenos entrevistando, animando, cantando, programando música. Nadie, allá afuera, jamás les dijo que eran buenos para algo. Nadie los incluyó en un asunto distinto a una pandilla, a un robo, a un fleteo.La emisora en cambio es una manera de incluirse, ser escuchados, sentirse protagonistas. En El Buen Pastor ser parte de ella es ser reconocido, alcanzar un status. Sus realizadores tienen, literalmente, una audiencia cautiva. ‘Cejas’ y ‘H’ se ríen cuando lo escuchan y mientras tanto sucede algo: miran distinto a los muchachos del pasillo. Miran sin rabia.IIIWilliam Marmolejo está sentado en una sala de juntas de El Buen Pastor que, excepto por aquel pasillo, parece más bien un colegio. En las paredes del centro de formación hay palabras escritas en letras de colores: triunfadores; esperanza; camino de libertad. También hay canchas de baloncesto, un salón de música, una sala de sistemas. A esta hora, las 3:00 de la tarde, la bulla de las casas también se asemeja a la de un colegio en recreo. La rutina es estricta. Todos los muchachos se deben levantar a las seis de la mañana, bañarse y hacer, en cada casa, ‘el círculo’. Es una reunión en el que cada uno de los recluidos, en círculo y tomados de la mano, cuenta cuál es su estado de ánimo y planea sus objetivos del día: participar en un taller de música, aprender a hacer pan, ir al seminario de manualidades, hacer deporte, ir a las clases de radio. Una manera de desahogarse del encierro, pensar, distraer la mente, intentar aprovechar el tiempo para justificar, un poco, la vida. William Marmolejo es el director de El Buen Pastor. Cuenta que la idea de la emisora surgió de los mismos muchachos. Todo empezó en 2012 y al principio era muy artesanal. Había un parlante, un repetidor y solamente se programaba música y se hacía uno que otro anuncio: las fechas de las novenas navideñas, el horario de una misa.A Claudia Hernández, coordinadora, junto con otros docentes, se les ocurrió que la emisora podría ser mucho más que eso, una manera de mostrarles a los internos una opción de vida distinta a la delincuencia aprovechando su gusto, esa necesidad vital, por la música: cantar, tocar, bailar, escuchar. En El Buen Pastor decidieron acudir a la Universidad Santiago de Cali. Uno de los programas de la Universidad es la comunicación para el cambio social. Cómo lograr ayudar a otros, intentar cambios sociales, desde la comunicación. En la Santiago aceptaron ser parte del proyecto de la emisora. Los profesores Olga Behar, Víctor Aguirre y Liliana Marroquín, junto con estudiantes de noveno semestre de comunicación social, empezaron a darles clases de periodismo a 20 de los muchachos que quisieron ser parte del ‘staff’ de realizadores.Las clases se hacían en la capilla del centro de formación y al principio, todo fue tenso. Era como si entre los muchachos y los estudiantes de la universidad hubiera un muro invisible que los dividía. Había desconfianza de parte y parte. Pero unos y otros se arriesgaron. Los de este lado, los muchachos, empezaron a rapear, a cantar, y los de acá, los estudiantes de la universidad, a aplaudir, a seguirlos en los coros, a escucharlos, a interesarse por sus vidas, preguntarles por su pasado. Los estudiantes de la Santiago debían cumplir varias reglas. La mayoría eran mujeres y no podían llevar aretes. Tampoco caimanes o artefactos metálicos para cogerse el pelo. Solo moñas de tela. Y jamás regalar un lápicero. En un centro de formación, como en una cárcel, con cualquier cosa se puede hacer un arma. En abril de 2013, un total de 22 de los muchachos de El Buen Pastor quemaron un colchón, hicieron un intento de fuga que terminó en un incendio y uno de ellos murió debido a las quemaduras.También, las mujeres debían ir en sudaderas anchas, camisetas holgadas. Ni de riesgo irse con pantalones ceñidos, insinuantes, sobre todo Leidy Johanna Castillo que, dice sin modestia y se ríe, tiene una cola grande. Atravesar el pasillo los primeros días era un asunto intimidante, recuerda: los muchachos le lanzaban piropos lascivos. Leidy los imita en este momento, a carcajadas. Los muchachos recluidos, cuando hablan, en realidad cantan, explica. Alargan las palabras: Leidyyyy, usted está muyyyy lindaaa, mamiiiii, ricoooo. Después todo llegó a ser tan familiar, tan amistoso, que los muchachos se saludaban y se despedían de beso en la mejilla de las estudiantes de la universidad.Víctor Aguirre, el profesor de radio, sentado en una cafetería del sur de la ciudad, mueve las manos constantemente, sonríe, toma un sorbo de tinto, se emociona. La emisora, dice, terminó convirtiéndose en un mutuo reconocimiento. Una especie de puente entre la sociedad y muchachos que en el pasado fueron sus victimarios. Una manera de entender al otro, conocerlo profundamente, más allá de las etiquetas que les han puesto fuera del Buen Pastor: ladrón, sicario, fletero.IV‘Cejas’ y ‘H’ hablan de un día feliz: la graduación. Vinieron sus familias, ellos se vistieron de traje, cantaron en vivo su canción con un grupo de géneros urbanos de la ciudad, ‘Son de AK’. Durante el acto también emitieron otro de los productos radiales que elaboraron, además de los perfiles y radio novelas: el glosario Buen Pastor.Son cápsulas radiales que traducen su jerga. El interno contaba una historia a su manera. Decía, por ejemplo, que los ‘pisos’ estaban dañados; que el ‘pri’ les quedó mal; que se fueron con el ‘corte’ de rumba y todos tenían su buen ‘mocho’. Enseguida había un corte musical y un estudiante de la Universidad traducía lo que querían decir: los ‘pisos’ son tenis, el ‘pri’ un amigo, el ‘corte’ un grupo de amigos, el ‘mocho’ es un pantalón corto.Cuando ‘Cejas’ y ‘H’ lo escucharon en la radio, el efecto fue poderoso. Se sorprendieron al oírse, pero al mismo tiempo se avergonzaron. Sus madres los miraron de reojo. Con pena reconocieron que hablaban muy mal, entendieron que en la calle los llaman delincuentes por sus actos pero también por sus palabras, les cierran las puertas en la cara cuando abren la boca. La vergüenza hizo que empezaran a cambiar el lenguaje. También que los requirieran para otros proyectos. Los realizadores de la emisora son los encargados en El Buen Pastor de presentar en público las actividades que se realizan: las novenas navideñas, una ceremonia de graduación, una jornada de fin de semana con las familias. ‘Cejas’ y ‘H’, después de todo, dejaron de llamar ‘peluches’ a las mujeres. Víctor Aguirre, el profesor de radio, sigue en la cafetería moviendo las manos, sonriendo, tomando sorbos de tinto, emocionado. “Tal vez el gran logro de la emisora es que permitió crear una inquietud en los muchachos, una idea de hacer algo distinto a lo que hacían antes en la calle cuando sean de nuevo libres. Nadie puede asegurar qué van a hacer cuando eso pase, pero por lo menos tienen esa inquietud de hacer algo diferente. En la emisora se sintieron protagonistas de algo distinto a un delito, se sintieron reconocidos, importantes, y eso quieren conservarlo”.‘Cejas’ y ‘H’ están a meses de quedar en libertad. Ahora, apagan la consola. VAdriana Sepúlveda, la madre de ‘H’, toma café en un centro comercial y mira en su celular la foto de su hijo. Está vestido de traje posando en el día de graduación de las clases de periodismo. Habla sin dejar de mirar la pantalla.“Mi hijo está pensando en ser artista, en crear una fundación, en ser reconocido, en luchar por lo que quiere. Yo lo visito cada fin de semana y lo veo muy contento, es alguien completamente diferente al que era cuando lo capturaron. Entendió que para llegar a donde aspira debe haber un proceso, no todo lo tenemos cuando queremos. Yo lo voy a apoyar. Voy a darle el afecto que no le di por muchas cosas que también padecí. Lo voy a sacar del barrio donde los amigos lo metieron en problemas. La emisora le abrió un nuevo camino. Todos estamos muy orgullosos de él, incluso sus hermanos. De cierta manera, por lo que él está viviendo, nos hemos unido como familia”. La emisora en realidad no solo está funcionando de puertas para adentro.

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