‘Infierno o Paraíso’, el documental que muestra el rostro humano del cartucho

Agosto 24, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Claudia Rojas Arbeláez | Especial para GACETA
‘Infierno o Paraíso’, el documental que muestra el rostro humano del cartucho

Germán Piffano, antropólogo, director del documental 'Infierno o paraíso'.

‘Infierno o paraíso’ es un documental que llegará a cartelera en el mes de noviembre. Su director, Germán Píffano, antropólogo de profesión, trabajó diez años en este proyecto siguiendo a su protagonista, José Iglesias, en su trasegar del barrio El cartucho hasta España.

Los ojos profundos de José Iglesias atraviesan la pantalla y perforan el corazón de quien lo mira. Él habita las calles que recorre y de alguna manera las transforma con su presencia, atemorizante para algunos, triste para otros y, sin duda, incómoda para todos. Este hombre de mirada intensa aún posee una sensibilidad intacta y una belleza masculina que subsiste a pesar de la falta de kilos, el exceso de pelos y las manchas de la piel. A pesar del cartucho, las drogas, el frío y la calle, su alma lo habita. Corre el año 2000 y hace casi un año que Iglesias se conoce con Germán Piffano, un antropólogo que trabajaba con la alcaldía de Bogotá en el barrio El Cartucho. Sin embargo, solo hasta ese momento, José le ha pedido que lo grabe. Germán lo hace, no solo porque ya han empezado a ser amigos, sino también porque piensa que ese es el documento visual que necesita para terminar su tesis de grado como antropólogo de la Universidad de los Andes. Jamás se le cruza por la mente pensar que su destino y el de Iglesias está por cambiar a partir de ese momento. Su historia, en realidad, empezó mucho antes y persiste hoy, once años después, cuando por fin aquellas imágenes recopiladas en más de novecientas horas de filmación, se han convertido en una película documental que lleva por nombre ‘Infierno o paraíso’. Germán Píffano estuvo en la Universidad Autónoma de Occidente mostrando su película y hablando de su experiencia como documentalista y de la pulsión que lo mueve a contar historias que le nacen de la conexión que pueda encontrar con ellas. Tal como le ocurrió con José Iglesias, aquel hombre de la calle que lo abordó en una fría noche bogotana de tantas mientras él se preparaba para despedir a una compañera. “José se me acercó, me pidió un fósforo para prender un cigarro, yo le dije que no tenía, entonces me ofreció marihuana… (risas) Lo que quería era que yo consiguiera unos fósforos para que él pudiera fumar. Yo le dije que iba a despedir a una amiga y él se ofreció a acompañarme y me dijo que me iba a acompañar porque “eso es muy duro para pasarlo solo”, recuerda Píffano. Después de eso vinieron más encuentros, muchos de ellos en ‘El Cartucho’, cuando el entonces estudiante de antropología, trabajaba con los habitantes de sector y las grabaciones se volvieron comunes entre ellos. La amistad crecía entre conversaciones prolongadas en las que Iglesias se abrió para contarle su vida antes del cartucho. Él era un ingeniero venezolano bien avenido que empieza a narrarle cómo había llegado allí, donde estuvo once años. Sin embargo, habrían de pasar algunos años antes de que Píffano supiera que entre manos tenía una película. Una con la que, sin proponérselo, había empezado a contar la historia de un hombre que frente a sus ojos se había propuesto cambiar de vida con un proceso de rehabilitación que lo llevó por varias etapas. Poco a poco, aquellos ojos hundidos empiezan a emerger y las manchas desaparecen, las uñas se tornan marfil y la voz se aclara. Y mientras tanto, el cartucho cae en medio de protestas y reclamos que nadie escucha. Las ollas desaparecen y surge el parque del Tercer Milenio.Así, la historia que se nos cuenta va de las calles a los centros de rehabilitación donde Iglesias se somete a los tratamientos de desintoxicación y después a la nueva vida. Una que habría de emprender junto a una mujer que terminó por darle el amor que tanto necesitaba y un hijo que se convirtió en el cable que tanto necesitaba para unirse a la vida. Pero la apuesta que Píffano hace y que, tal vez, empezó siendo solo un mero registro antropológico, gana calidad e imagen a medida que avanza. Los planos íntimos se mantienen y las conversaciones se hacen más cómplices. “Le perdí la pista cuatro años y un día me llamo y me dijo que estaba en Bogotá y que quería seguir con la película. Llevaba varios años viviendo en España y venía por su mujer y su hijo”- explica el director. Después vendría el encuentro con sus hermanos en Venezuela, un momento complejo de emociones encontradas, reclamos y recuerdos dolorosos. Y Píffano allí, y con él nosotros, presenciando el trascurrir de la vida de un fénix que primero enfrentó la droga y después la dureza de la vida sobria que tiene valles de muerte más oscuros que los de la primera: la quiebra económica, la angustia del que debe proveer a su familia, el destierro y el desamor. Este es ‘Infierno o Paraíso’, un documental que estará en cartelera en noviembre. Una película que hay que ver. Sí o sí.

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