“Hoy muchos artistas solo buscan un titular en la prensa”: Carlos Fajardo

Julio 12, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de GACETA
“Hoy muchos artistas solo buscan un titular en la prensa”: Carlos Fajardo

El filósofo y poeta caleño Carlos Fajardo propone en su reciente ensayo, ‘El bazar de lo efímero’, una mirada crítica a lo que se concibe como arte en la actualidad, bajo la influencia del mercado global y los medios masivos de comunicación. ¿Es efímero el arte de nuestros tiempos?

El filósofo y poeta caleño Carlos Fajardo propone en su reciente ensayo, ‘El bazar de lo efímero’, una mirada crítica a lo que se concibe como arte en la actualidad, bajo la influencia del mercado global y los medios masivos de comunicación. ¿Es efímero el arte de nuestros tiempos?

Un hombre que se corta un dedo a la vista de sus espectadores. Un joven que decide colgar un par de zapatos en un cable de la electricidad. Un veterano artista que pinta una pared con la mugre de un indigente. Un hijo de un cortero de caña que tapiza un techo con machetes.   

¿Qué de todo esto es arte? ¿Y qué no? ¿Se trata de un arte marcado por las leyes del mercado y los medios masivos? Durante los últimos quince años esas han sido las inquietudes del profesor caleño, radicado en Bogotá, Carlos Fajardo.

Y de esa reflexión han quedado ya una docena de libros en los que intenta explicarse —y explicarnos— acaso porqué las obras de muchos artistas de hoy duran lo que una tarde. Parecemos asistir al arte de lo efímero. Carlos lo llama “un arte de emergencia”, preocupado más por la espectacularidad que por su contenido y trascendencia. De eso precisamente es lo que nos habla en las páginas de ‘El bazar de lo efímero’, su ensayo más reciente. Páginas no aptas para artistas que no creen en la tradición. 

Carlos, comencemos justamente por saber ¿cuál cree que es el cambio que ha experimentado el arte por cuenta de la globalización y los medios de comunicación?

Las lógicas del mercado han construido sus propias lógicas en el arte, desde la perspectiva principalmente del consumo, aquello de usar, desechar y reemplazar. Esto impactó una concepción estética de la modernidad, que era eso que entendíamos como arte inmortal, de trascendencia, de perdurabilidad y no solo en las artes plásticas sino en otras prácticas culturales del hombre. Hoy, mucho del arte que se exhibe es efímero, fugaz, inmediato, como pensado para el desecho. Es como un arte hecho de emergencia.

Haciendo un poco de abogado del diablo, uno pensaría que un artista profesional no hace sus proyectos pensando en que no van a trascender…

Sí lo hacen. Si hablamos de artistas con conciencia de la modernidad, de la trascendencia, de la memoria perdurable histórica, tipo Van Gogh, Beethoven, Obregón o poetas como Aurelio Arturo o León de Greiff sí les interesaba una estética que dejara una cicatriz sobre el corazón de la tierra. Lo que vemos actualmente es que a muchos artistas les interesa poco la perdurabilidad y más la espectacularidad de sus obras. Yo he visto, por ejemplo, artistas que hacen su obra con tiza sobre el pavimento, en las calles, en los andenes, que se borra con las pisadas de la gente. Y pueden ser muy buenos en lo técnico, pero no les interesa la perdurabilidad. 

¿Pero expresiones como esa de la tiza no son  finalmente una manera distinta de abordar el arte? ¿Por qué cuestionarlo?

Yo lo que veo es a muchos de los artistas de hoy les interesa más que el espectador se lleve sobre todo una sensación más que una pieza de su arte. Que se lleve un instante. Un poco lo que sucede con ese ‘body art’ estridente donde la gente asiste al momento en el que un artista se corta delante de todos un dedo o cosas por el estilo. Eso solo busca una repercusión inmediata, un titular en la prensa. Muchos artistas viven hoy para eso. Y los medios, como también viven ese síndrome de la velocidad, se apresuran a darle cabida a ese tipo de expresiones. 

¿El arte se ha vuelto sobre todo un objeto de consumo?

Totalmente. Y ahora en el arte lo que interesa sobre todo son los procesos con los que se hicieron, no el resultado final. Tú ves al muchacho pintando en el andén o la performancia. Yo pregunto, cuando visitas una instalación, ¿qué te llevas? Parece que todo se volvió la sensación por la sensación. 

¿En toda esta lógica cómo se ha transformado el espectador?

Se volvió fugaz también. Se han hecho estudios que demuestran que los museos, que se han unido mucho al turismo, terminan acogiendo espectadores turistas que duran escasos 10 segundos frente a un cuadro, porque tienen apuro de terminar todo el recorrido que les tiene un guía turístico. Al final terminan cansados, pero no han contemplado nada. Antes nos deteníamos frente a la obra, ese tótem sagrado que representa un cuadro como ‘Las meninas’ en El Prado, por ejemplo. Hoy el espectador ya no contempla sino que consume una obra. Entonces si el artista trabaja para hacer una obra fugaz, pues la interacción del público será fugaz también.

Pero es que los museos  han evolucionado, ya no son esos espacios a los que solamente se entraba para apreciar un cuadro...

Lo que creo es que se volvieron un  pasaje fugaz, lugar secular y turístico  en el que entras, tratas de mirar lo más que se pueda en el menor tiempo posible y al final terminas en una tienda para comprar algún ‘souvenir’. Es decir, ya tiene una finalidad comercial.      

Ahondemos un poco en ese concepto de lo ‘efímero en el arte’ que atraviesa todo este ensayo...

Hay una tradición en el arte moderno, desde el Siglo XVII, que creyó que el arte no era solo un proceso ornamental sino que era estremecimiento y debía generar dudas. El artista buscaba que su trabajo se mantuviera en el tiempo. Pero, ojo, no buscaban la fama sino la gloria. Pensando en eso fue que Beethoven ideó su Novena Sinfonía. Las vanguardias artísticas del Siglo XX, el Dadaísmo, el Cubismo, el Surrealismo, también funcionaron desde esa perspectiva, pero llegó un momento en que la lógica del mercado impuso la idea, en aras del progreso y el futuro, de desmontar ese concepto sacro del arte de la trascendencia. El concepto de la durabilidad deja de funcionar. Para el mercado, lo durable no funciona. Todo tiene que ser desechable, acabarse, reemplazarse. 

¿En qué momento comenzó a darse ese cambio?

Eso fue después de la Segunda Guerra Mundial. Y en los 60 se consolidan los ‘performance’, el video arte, los ‘happening’, las instalaciones. 

¿Pero eso no es una evolución del arte?  

No es una evolución, es una mutación. No se trata de ver el tema desde una perspectiva moral, de si es bueno o malo. Pero eso no es evolucionar.

Pero eso suena parecido a cuando los viejos se quejan de que la música ya no suena como antes...

Lo que hay que reconocer es que después de la Segunda Guerra se abrieron muchas más posibilidades estéticas. El arte ganó con eso. Nadie está en contra de la persidad. Sacamos, por ejemplo, el arte de los museos y de los libros. Lo que pasa es que en medio de esa expansión encontramos trabajos gratamente hechos, pero también muchos otros que solo persiguen la espectacularidad. Fue ahí cuando el arte perdió y cuando muchos comenzaron a preguntarse, ¿y la calidad?

¿Qué papel han jugado en todo esto las escuelas que precisamente forman a los artistas?

Uno lo que ve es mucho ‘garrotismo’ en varios artistas de hoy, de ahí su mediocridad y banalidad. Me explico: han realizado un salto con garrocha por encima de la tradición y sus maestros, de las piedras fundacionales del arte. No les interesa estudiarlos, más por ignorancia, por un asunto de ingenuidad, sienten que no deben hacerlo, que no están obligados. Y cuando uno quiere romper con la tradición, lo lógico es conocerla primera. Sé de muchos artistas que ni siquiera saben dibujar, que es algo elemental. 

¿Cómo entender a la luz de esta discusión una figuras como la de Óscar Murillo, que saltó a la fama demasiado pronto? ¿Estamos frente a un arte efímero? 

Habría que esperar el tiempo. Uno, claro, podría preguntarse por qué el éxito de Murillo ha sido tan inmediato cuando a otros, con más recorrido, les toma años. Si él mismo ha concebido su obra como efímera, sin rigor, probablemente en unos años ni siquiera hablaremos de él. Pero si la ha hecho con rigor y estudio, perdurará. La inmediatez del juicio es mediática también. Si se repasa la historia, las vanguardias del Siglo XX fueron rechazadas. Ortega y Gasset renegaba del cubismo, decía que era la deshumanización del arte. Pero vemos que el Surrealismo, también muy criticado, perdura aún. Eso es lo rico del arte, del buen arte: siempre estará ahí para sorprendernos.     

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