Homenaje a Manuel Mejía Vallejo en los 90 años de su natalicio

Homenaje a Manuel Mejía Vallejo en los 90 años de su natalicio

Abril 30, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Ricardo Moncada Esquivel?Periodista GACETA
Homenaje a Manuel Mejía Vallejo en los 90 años de su natalicio

Manuel Mejía Vallejo, escritor y periodista colombiano (1923 - 1998).

El 23 de abril el escritor Manuel Mejía Vallejo habría cumplido 90 años. El autor de ‘La Casa de las dos palmas’, fue evocado por su suegra, su esposa, su hija y uno de sus mejores amigos.

Sí, este fue Manuel Mejía Vallejo, el escritor que alguna vez se definió como “el vecino de la muerte”. El que se veía así mismo luciendo “sobre los hombros un abrigador de lana india, en la mano un cigarrillo y un sombrero de paja”. El que nació en Jericó, Antioquia, el 23 de abril de 1923, en medio de ese imponente paisaje andino; que entre sus múltiples oficios escribió novela, cuento, versos y coplas.No tenía más de 13 años cuando ya escribía a su madre entrañables cartas y antes de los 20 esbozó su primera novela. Su madre, con esa sabiduría de las matronas de su tierra, descubrió aquél manuscrito y a hurtadillas se lo llevó al poeta León de Greiff. En 1945 con ‘La tierra éramos nosotros’, Mejía Vallejo tuvo su bautizo literario. A partir de entonces creó con su pluma un mundo virtual: surgió Balandú, ese mítico terruño andino, y nacieron sus historias plagadas de inmigrantes, desterrados, prostitutas, obreros, marginales, que cargaron un poético y mágico destino a medio camino entre el ambiente rural y el urbano. Ahí están como testimonio eterno sus cuentos y novelas: ‘El día señalado’, (Premio Nadal) ‘Aire de Tango’, ‘La Casa de las dos Palmas’, (Premio Rómulo Gallegos) ‘Las muertes ajenas’, ‘Al pie de la ciudad’, ‘Tarde de verano’, ‘Y el mundo sigue andando’, ‘La sombra de tu paso’ o ‘Los invocados’.El autorMuchos lo vieron recorriendo los cafetines del centro de Medellín, corrigiendo sus escritos sin molestarse por el bullicio, anotando en cuanto papel encontraba aquellos gestos y personajes que tomarían vida a punta de palabras escritas. Anfitrión impecable, bebedor de la noche, Mejía Vallejo, encantaba con el poder de la palabra a todo el que se le cruzaba. Por eso, aunque se marchó de este mundo hace tres lustros, su memoria sigue intacta entre quienes lo conocieron. Ahí está el poeta Darío Ruiz Gómez, quien conoció a Mejía Vallejo, en 1963, en España, cuando el autor recibió el premio Nadal por ‘El día señalado’. El poeta aseguró que la crítica bogotana tildó al autor de provinciano. “Pero Manuel optó por seguir lo que llamaba la soledad de su escritura: enfrentarse a sus fantasmas, a delirar en las mañanas la presencia de una historia de esa Colombia que se había roto y convertido un infierno ante la mirada de esa generación de transición que creció a mitad del Siglo XX, en medio de los hechos de la violencia partidista”.Ahí está también la pintora Dora Ramírez, quien conoció al escritor a comienzos de la década de los 60. De ese encuentro surgió la primera Casa de la Cultura de la ciudad. Junto al novel escritor, la artista promovía reuniones que convirtieron su casa en epicentro del arte, la cultura y el pensamiento político de aquella Medellín. Y compartieron, cómo no, el amor por el tango. “Fui testigo del primer esbozo que escribió de su novela ‘Aire de tango’. Tal vez por el amor que le tengo a esa música es la novela que más me gusta de Manuel”, recordó. Lo que tal vez no llegó a prever esta legendaria pintora antioqueña, es que terminaría convertida en suegra del escritor. Fue en esas tertulias que Dora Luz Echeverría, hija de la anfitriona, conoció a Manuel Mejía Vallejo. En enero de 1975 se casaron, ella con 27 años, él con 52. “Tenía un gran sentido del humor y era un conversador impresionante, muy bello físicamente, todas las mujeres se enamoraban de él y era querido por su amigos, pero no se vanagloriaba de ese magnetismo hacia las mujeres, era una persona tranquila, decía de sí mismo que era un montañero y que no pretendía ser otra cosa”.También recordó una de las grandes virtudes del escritor antioqueño: “Tenía el don de sacarle a cada persona lo mejor que tenía adentro. Ya fuera pintor, bailarín o escritor. Era muy estimulante hablar con él y que alguien haga una cosa semejante se convierte para el otro en un espejo muy bello”. El padreDe la unión con Dora Luz, nacieron sus hijos Pablo Mateo, arquitecto que vive en Londres; María José, directora de la fundación dedicada a su padre; Adelaida, comunicadora social y bailarina, residente en París, y Valeria, artista audiovisual. Al frente de la fundación ‘Manuel Mejía Vallejo’, María José Mejía Echeverría siente que está haciendo cosas por el legado de su padre que nadie más podría hacer. Y a fe que lo ha logrado. El 23 de abril pasado, cuando el autor hubiese cumplido 90 años, el Congreso de la República presentó la Ley 1619 de 2013, con la cual se rinde honores a la memoria del escritor y se propone apoyar y desarrollar diversas actividades encaminadas a preservar su legado. Entre estos proyectos está crear el ‘Festival de las Cosas Buenas’, evento que promueve la educación, recuperación de la memoria y raíces culturales, proyección social y apoyo a iniciativas y talento. Desde el amoroso recuerdo María José evocó a su padre. “Nunca nos obligó a leer sus obras. Nosotros asistíamos a los homenajes que le hacían y yo pensaba que a todos los papás le hacían homenajes”.María José confiesa que no ha podido leer toda la obra de su padre. “Tal vez solo he llegado a la mitad de su obra. Hay demasiada información allí que me llega al alma y no soy capaz de leerlo todo. Tal vez, cuando esté viejita pueda acabar de hacerlo por completo”. De vuelta a los años de la niñez la hija no olvida la imagen de su padre metido en su estudio escribiendo sobre una inmensa mesa de madera. “Yo entraba todas las noches ahí a conversar con él. Entonces dejaba lo que estuviera haciendo y nos poníamos a charlar. No le molestaba que hiciéramos bulla y a mí me encantaba asustarlo, era una relación muy bonita”.A los 16 años se propuso publicar su primera novela cuando llegara a los 19, como su padre. “Le mostré algunos textos y le gustaron mucho. Una vez me hizo una dedicatoria: A María José de este colega. En otra oportunidad me dio un concejo: nunca escribas con odio. Puedes narrar lo que quieras, pero sin que exista un sentimiento directo. Me pareció muy bacano”. El idealistaAsí fue Mejía Vallejo. En su obra y en su vida nunca se calló sus opiniones. Sin tener filiación política fue un hombre de izquierda y defendía la justicia social “pero a pesar de ello tenía suficiente claridad para descubrir lo bello que teníamos”, aseguró Dora Luz.Fue además el primero en atreverse a publicar a los nadaístas. Esa decisión le generó una serie de polémicas y críticas de la pacata sociedad de la época. También tuvo un vínculo muy especial con los autores caleños, como Fernando Cruz Kronfly, Enrique Buenaventura y Álvaro Bejarano, entre muchos otros.Con Andrés Caicedo se entrevistó en la casa que el escritor paisa tenía en Medellín. Ambos coincidían en que ‘Aire de tango’ y ‘Que viva la música’, tenían una especie de parentesco. Si bien sus historias se desarrollan en mundos distintos tenían una esencia similar. Cuando supo del suicidio de Andrés le dio muy duro ver cómo semejante talento, con todas las posibilidades que tenía, se vería truncado. Pero en 1994, un derrame cerebral cambió el curso en la vida del autor. Limitado para hablar y moverse, el episodio le obligó a silenciar su pluma, aunque su mente seguía lúcida. “Su expresión era tranquila, bella, gozona; cuando alguien le preguntaba si sentía deseos de morir respondía: no, la vida es bella”, recordó Dora Luz.Así permaneció hasta el 23 de julio de 1998, cuando amaneció sin vida, en su finca de El Retiro. Desde entonces María José siente que el recuerdo de su padre le llega a diario. “Lo veo acostado a mi lado trayendo esas florecitas con semillitas que explotan o cuando me cargaba sobre sus piernas y conversábamos largo rato. No hablábamos de cosas muy profundas, la edad no daba para más, pero si hay un montón de recuerdos llenos de mucha emoción”. Dora Luz cree que el mejor homenaje que le pueden hacer al escritor es leerlo, por que “fue un autor de una gran honestidad, constancia y belleza”. Sí, eso y mucho más fue Manuel Mejía Vallejo. El escritor que proclamó en sus versos: “Todos me dicen que viva / de esta o de otra manera, / todos me dicen que muera / hacia abajo o hacia arriba. / Todos dicen en qué estriba / la brega que yo asumí / desde el día en que nací / para jugarme del todo. /Dejen que viva a mi modo, / nadie morirá por mí”.

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