Hay algo que va de Trump a Hitler y a Mussolini: Jaime Manrique

Hay algo que va de Trump a Hitler y a Mussolini: Jaime Manrique

Marzo 18, 2018 - 08:35 a.m. Por:
 Yefferson Ospina / Periodista de Gaceta
Jaime Manrique

Jaime Manrique, escritor colombiano radicado en EE. UU.

Cortesía Editorial Planeta

En 1997, cuando un barranquillero afincado en EE. UU. publicó una novela titulada ‘Twilight at the Equator’, el crítico literario Ilan Stavans de The Washington Post dijo del autor de aquel libro: “Él es, después de todo, el escritor gay latino más consumado de su generación, un pícaro propenso a impresionar sus lectores, poniendo a prueba los estándares de la moral de su tiempo”.

Hablaba de Jaime Manrique, nacido en Barranquilla en 1949 y quien, a sus 17 años, se estableció junto a su madre en La Florida,
EE. UU., a sus 26 años ganó el Premio Nacional de Poesía Colombiana con ‘Los adoradores de la luna’ y en 1983 publicó su primera novela en inglés, ‘Colombian gold’.

Manrique es una sofisticada rareza dentro de la literatura contemporánea: es profesor de la Universidad de Nueva York, escribe en inglés sobre la región de su lengua materna, Latinoamérica; escribe sobre migrantes y sobre personajes históricos -Cervantes y Manuelita Sáenz hacen parte de sus novelas-, y la homosexualidad es, también, una de las vértebras de su literatura.

En los círculos literarios norteamericanos Jaime Manrique es un literato consagrado al que los críticos alaban cada vez que publica algunas de sus creaciones -novelas, ensayos, poesías. Susan Sontag dijo, respecto al perfil que realizó del escritor Manuel Puig en el libro ‘Maricones eminentes’, que es “una espléndida memoria (de Puig). Lo evoca como realmente era. Mejor que todo lo que he leído hasta ahora”.

Jaime presenta por estos días la novela ‘Como esta tarde para siempre’, una obra que, dice, escribió arañando las paredes y que le salvó la vida luego de la muerte, en 2010, de quien fue su compañero sentimental desde 1977, el pintor norteamericano Bill Sullivan. La literatura, como para tantos otros, escritores o simples lectores, ha sido y es su tabla de salvación.

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¿Qué historia nos cuenta en su nueva novela?

Cuento la historia de dos sacerdotes que tienen una relación sentimental y le pagan a un sicario para que los asesine. Es un episodio tomado de la vida real, del que me enteré un día en mi apartamento cuando, leyendo la prensa colombiana, conocí la historia de Rafael Reátiga y Richard Piffano, sacerdotes que fueron asesinados, y con el transcurso de las investigaciones se estableció que fueron ellos quienes pagaron para morir, todo por un posible pacto de amor. Esta historia, además, la uso para explorar ciertos temas de la política colombiana, entre ellos, los falsos positivos que han tenido lugar en el Caquetá.

Cuéntenos del proceso de investigación

En el 2012 vine a Colombia y fui a Soacha para hablar de las personas que conocieron a los sacerdotes, que me contaron cosas cotidianas, su día a día, pequeñas cosas que enriquecieron el relato, como su trabajo, su rutina y su arrogancia. Los querían mucho por todas las cosas que hicieron por la comunidad. Hasta la imagen final, cuando llegaron a llevarse los cuerpos al departamento de Santander y personas muy humildes empezaron a gritar porque no querían que se los llevaran; también entrevisté curas, seminaristas, personas de la iglesia, para entender su mundo.  Por otro lado, les pedí a varios amigos que viven en Colombia que me ayudaran con la investigación de campo, sobre todo en lo que tiene que ver con los casos de asesinatos extrajudiciales en Caquetá.

Jaime Manrique

El libro será presentado en la próxima edición de la Feria del Libro de Bogotá, donde Jaime es uno de los invitados más interesantes. Fue traducido al español por el escritor y traductor Juan Merino.

Cortesía Editorial Planeta

¿Cómo cree que ha sido retratado el mundo homosexual en la literatura?

La presencia del universo homosexual en la literatura es una cosa más bien nueva. Claro que ya se podía ver en la literatura griega, pero es solo a finales del siglo XIX que aparece el mundo homosexual abiertamente, sobre todo en algunas obras de Balzac, aunque siempre estuvo muy ligado a una tragedia en la que los homosexuales terminan en las cárceles o muertos. Pero ahora, sin embargo, creo que estamos en un punto nuevo en donde muchas ramas de la homosexualidad se están investigando y están apareciendo en la literatura y, sobre todo, en un punto en el que hay más fluidez para hablar del tema.

¿Se considera un activista por los derechos de la comunidad homosexual?

Sí, yo me considero un activista, pero el activismo que hago no es tan militante como el de muchos otros. Quiero decir que yo hago activismo desde lo que escribo, con mis estudiantes, lo hago a mi manera. No soy de salir en las manifestaciones, aunque sí he salido en muchas, sino que siento que mi terreno para ese activismo es más la literatura.

¿Cómo ve la situación para los homosexuales, los latinos, los migrantes en EE. UU., con Donald Trump?

Creo que Estados Unidos está en su peor momento. Durante mi vida viviendo en este país, alrededor de 50 años, he visto sucederse muchas crisis muy difíciles, pero en este caso, Trump es la proyección más peligrosa del triunfo del fascismo en este país. Hay algo que va de Trump a Hitler y a Mussolini, sobre todo en la idea que hay de fondo en las políticas de Trump, que es la superioridad de la raza blanca.

Pero hay una resistencia fuerte en los círculos intelectuales...

Sí, hay una resistencia por parte de escritores, de ciertos círculos de artistas, en el cine también. Eso es esperanzador.

¿Cómo fue su relación con Andrés Caicedo?

Nos conocimos en un Festival de Cine de Cartagena. Él era joven y estaba interesado por las mismas cosas que a mí me interesaban así que cuando nos conocimos, yo sentí que de algún modo él era alguien como yo y allí surgió un romance, una atracción muy fuerte entre los dos. Fue una relación intelectual y sentimental muy fuerte.

Andrés Caicedo le escribió una carta a usted en la que se habla, justamente, de esa relación sentimental. La publicación de esa carta, junto a muchas otras de Caicedo, fue censurada... ¿Qué piensa de eso?

Creo que esa censura ha sido espantosa, es como un regreso a la Edad Media, que es muy propio de las familias que quieren presentar una imagen de alguien que no se corresponde con la realidad. Quienes censuraron la aparición de ese libro de correspondencia de Andrés quieren mantener una imagen de él que no es cierta, quieren ocultar lo que consideran que no debe hacerse público por razones morales o de otro tipo, y eso es un irrespeto con Andrés, es un irrespeto no verlo a él como fue. Andrés sufrió mucho por esa situación.

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Usted, de algún modo, es un sobreviviente del suicidio, pues vivió en una época en la que muchos escritores de su generación se quitaron la vida, como Andrés Caicedo o María Mercedes Carranza...

Sí, hago parte de una generación de artistas entre los cuales la idea del suicidio siempre fue muy fuerte: Reinaldo Arenas, María Mercedes Carranza, el propio Andrés Caicedo. Si uno piensa en Virginia Woolf o en Silvia Plath, se da cuenta de que fueron escritoras que optaron por el suicidio porque sentían muy fuertemente el dolor del mundo, un dolor que les fue muy difícil llevar. Yo de algún modo sobreviví a esa tentación del suicidio, pero luego, cuando murió mi compañero, atravesé por una situación muy difícil en la que esa idea volvió a aparecer.

¿Cómo hizo para superar la muerte de Bill Sullivan, el pintor con el que sostuvo una relación durante más de 30 años?

Cuando él murió, en 2010, yo dejé de escribir durante dos o tres años. Solo escribía frases sueltas porque realmente era una situación muy difícil, muy triste para mí, aunque pensaba que él debía sentirse muy mal de que yo no escribiera, porque él era la persona que más se interesaba en que yo hiciera literatura. Luego empecé a escribir este libro, con el que me saqué sangre de los dedos, que escribí arañando las paredes, pero que fue el libro que me salvó la vida.

Esta novela, entonces, es biográfica...

Sí, es biográfica, en tanto yo analizo mis sentimientos hacia él (Sullivan). Analizo a través de los personajes de la novela la relación que tuve con él, que fue la relación más importante de toda mi vida. Entonces es biográfica porque mis sentimientos son vistos y analizados a través de los personajes del libro...

Usted escribió un libro que se llama 'Maricones eminentes', en el que analiza la vida de varios literatos homosexuales que son capitales en la historia de la literatura contemporánea. ¿Cree que han querido eliminar en la historia su faceta sentimental y sexual?

Ese es el caso de Federico García Lorca, de quien tuvo que pasar mucho tiempo antes de que se hablara de su homosexualidad. Siempre intentó ocultarse ese hecho. Eso lo que muestra es que la lucha por las diversidades sexuales no ha terminado, estamos en plena lucha. En países del primer mundo, sin embargo, es fácil para una persona declararse homosexual, declarar su diferencia, pero en países como Colombia no lo es. Yo conozco a muchos escritores colombianos que aún tienen miedo de hacer pública su condición sexual.

Usted es poeta, también. Faulkner decía que todo novelista aspira a ser cuentista y todo cuentista aspira a ser poeta, pues la poesía es la expresión más compleja de la literatura. ¿Piensa igual?

Bueno, yo me considero ante todo un poeta, no un novelista. Pero para mí es mucho más difícil escribir novela, porque la razón de la novela es inmensa, porque hay que construir toda una vasta estructura muy compleja a la hora de escribir, de modo que no estoy de acuerdo con Faulkner. Pero, como digo, yo me considero ante todo un poeta.

¿Qué piensa de la actualidad  literaria colombiana?
Creo que en este momento hay un renacimiento cultural en las narrativas, en la pintura, en el cine, en todo el arte en general. Hay un fervor artístico muy importante, como si atravesáramos un momento de esplendor en el que muchos artistas jóvenes están apareciendo en el panorama.

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