'Gualajo' será reconocido con el premio Vida y Obra del Ministerio de Cultura

Agosto 21, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Lucy Lorena Libreros / Periodista de GACETA
'Gualajo' será reconocido con el premio Vida y Obra del Ministerio de Cultura

Hugo Candelario ha sido discípulo de 'Gualajo' y se considera heredero de su tradición folclórica.

El Pacífico colombiano está de fiesta: José Antonio Torres, ‘Gualajo’, ese maestro de la marimba de chonta de Guapi que ha llevado el sonido del currulao a la Academia y a Europa, recibirá este año el Premio Vida y Obra que otorga el Ministerio de Cultura.

El pasado martes 30 de julio, de las oficinas del Ministerio de Cultura en Bogotá, salieron dos correos electrónicos con destinos distintos. Uno de ellos llegaría hasta la capital paisa, a la sede de la Orquesta Filarmónica de Medellín. En breves líneas, aquel mensaje celebraba que Luis Alberto Correa, director de esa institución, había sido elegido para el premio Vida y Obra 2013, que desde hace más de una década reconoce a los más grandes artistas del país. La misma noticia feliz se leía a 442 kilómetros de distancia de Medellín, en la propia Bogotá. El representante artístico de José Antonio Torres repasaba con ojos emocionados una resolución que confirmaba que ‘Gualajo’, el gran maestro de la marimba de chonta, —postulado desde hacía dos años para ese premio— también se había quedado con la distinción. Ese día, pues, se escribía una metáfora maravillosa. Correa y Torres, desde orillas distintas —uno desde la ciudad, el otro desde la selva; uno desde la academia de la refinada Europa, el otro a orillas de un río de un pueblo pobre del Cauca— compartían un mismo galardón pese a hacerse maestros por atajos distintos de sabiduría: Luis Alberto Correa aprendió a leer partituras en una escuela de España de la que se graduó con un diploma ‘cum laude’; José Antonio Torres, en cambio, nunca pasó de cuarto de primaria de la Normal de Señoritas de Guapi, su pueblo. Qué importa. Ambos se han dedicado durante más de 60 años a lo mismo: a regalarnos la promesa de que la música es una forma de entretener la vida; ambos han hecho música sin criterio industrial de maquila, música que es caricia para el espíritu.—“Música para el alma”—, señorita periodista.Eso le escuché decir a ‘Gualajo’, un par de años atrás, en una de esas mañanas típicas de cielo gris del Pacífico colombiano que amenazan con deshacerse en un aguacero bíblico. Estaba sentado, vestido de blanco de la cabeza a los pies, en el parque principal de Guapi, ese municipio de 32 mil habitantes en el que nació hace 65 años, el último día de 1948. La negra Francisca, partera de una sola mano, lo ayudó a llegar a este mundo en la vereda Sansón —distante a 15 minutos en potrillo sobre el río Guapi desde el casco urbano— mientras doña Rogelia Solís, su mamá, veía con resignación cómo al muchachito tuvieron que acostarlo sobre una marimba para cortarle el cordón umbilical, “porque la casa estaba llena con todos los instrumentos que fabricaba a diario mi padre y no había espacio ni siquiera para una mesa de madera”.El viejo ‘Gualajo’ estaba dedicado esa mañana a recordar. Lo hacía a gusto, con hondura emocional, tal vez porque cargaba varios viches ‘encima’. Los músicos de ocasión que lo acompañaban a esa hora confesaron entre risas que el maestro había estado bebiendo desde bien temprano. Era una escena que se repetía casi todos los días. ‘Gualajo’, como muchos otros guapireños, toma viche con tozudez, con buena entraña.No se notaba. Sus evocaciones brotaban con nitidez y solo algunas sonaban apresuradas. Mientras hablaba, los años se sucedían y los días aparecían. Días que nunca se extraviaron en su memoria, días que nunca ha dejado de recordar.Y recordar para ‘Gualajo’ es regresar al tiempo feliz en que era el nieto preferido de Leonte, ese abuelo sabio que le enseñó los secretos del cununo, del bombo, del guasá y de su majestad la marimba. Fue ese abuelo el que hizo que ese apodo, ‘Gualajo’, se convirtiera en una marca de nacimiento. Gualajo es en realidad un pescado de agua dulce, escurridizo —“no cae con cualquier carnada”— y de figura alargada, como escurridizo y de figura alargada es aún este negro de 65 años que ha llevado el sonido del piano de la selva por el mundo y que solo se asoma a su nombre de pila cuando lo ve escrito en algún papel por firmar.Don Leonte fue el fundador de una estirpe de músicos y lutieres. El mayor de sus hijos, José Antonio, heredó la tradición de la lutería y la interpretación y este, a su vez, supo transmitirla a sus cinco hijos, ‘Gualajo’ entre ellos.Así que cuando se llega a Guapi pronto se descubre que los Torres son ‘marca registrada’ de este pueblo olvidado por el Estado y arrullado por un río de temperamento oceánico que lo mismo sirve para lavar las ropas que para preparar un sancocho de sábalo.Marimba con tradición La historia de esa tradición de los Torres en la música del Pacífico la conoce con precisión Hugo Candelario González, guapireño, y director del Grupo Bahía.Ambos terminaron ‘unidos’ mucho antes de que Hugo naciera, pues ‘Gualajé’, como lo llama su discípulo con cariño, salvó a su madre de parir en medio de las llamas caóticas de un incendio que amenazaba con borrar al pueblo.Hugo “ya tenía ganas de nacer y Guapi estaba encendido”, como lo recuerda el maestro, quien por entonces manejaba una lancha. Ante la imposibilidad de llegar al hospital por tierra, lo hizo por el río. “Al día siguiente, fui a ver cómo había terminado la cosa y el padre de Hugo, Esteban González, me dijo nació varón y tú le vas a enseñar a tocar marimba”. ‘Gualajo’ cumplió y ahora Hugo Candelario se reconoce como otro portador de esa tradición. “Él nació en una familia de músicos, empezando por el viejo José Antonio, su papá, que hizo folclor durante años; pero el más talentoso ha sido ‘Gualajé’, que desde muy joven recorría toda la Costa Pacífica, desde Nariño hasta Chocó. Al oírlo reconoces enseguida el sonido de la marimba de Guapi, que es distinto al de otros pueblos del Pacífico sur. Un estilo difícil de describir con palabras. Lo entiendes solo cuando lo escuchas tocar”.Y ‘Gualajo’ lo hizo en esa mañana plomiza. Lo hizo en lo que quedaba de la casa de madera de dos pisos donde creció, allá en la vereda Sansón, la misma donde la negra Francisca lo puso al nacer y que él visita muy de vez en cuando, desde hace 30 años, cuando marchó al Valle buscando tiempos mejores. Uno lo ve en pleno trance, golpeando las teclas de chonta, una y otra vez, y en esas notas es fácil descubrir los paisajes de esa tierra mágica del Pacífico en la que, apenas se asoma la luna, las brujas salen a caminar, las hadas preparan sus mantos de luciérnagas y el duende se apresta a trenzar la crin de la yegua negra.“Es que ‘Gualajo’ es raíz, el último eslabón ancestral de la música del Pacífico”. Lo reconoce Luis Carlos Osorio, su representante artístico, y el creador de la Fundación Cultural Artística y Musical Gualajo, que funciona desde hace cuatro años en Bogotá y que en este momento busca una sede propia. “Hay códigos y claves en la forma en que él interpreta su marimba y en los se advierte ese sonido de la selva que él ha interiorizado desde niño, y los secretos que heredara de su padre y su abuelo. Una noche, me habló de su creencia de que los animales y el río hacen música. Decía en que en el sonido de una manada de pájaros o de tatabros él escucha currulaos y patacorés. Oírlo decir esas cosas es estar ante un músico de una gran sensibilidad”. Portador de una tradiciónPara el antropólogo e historiador Germán Patiño, gestor del Festival de Música Petronio Álvarez —en el que ‘Gualajo’ ha ganado en dos ocasiones y fue homenajeado en 2009— este hombre representa no solo un artista con gran capacidad de ejecución en la marimba, sino al portador de una tradición que supo aprovechar la oportunidad de salir de su pueblo a hacer música para compartirla con nuevas generaciones. “Ha sido el salvaguarda de esa tradición, escuchar su marimba es escuchar música del Pacífico en su estado más puro, como si estuvieras en las entrañas de la selva”.‘Gualajo’ mismo lo reconoce con una vanidad que en sus labios suena inocente: “Lo que yo hago es música auténtica, música de la tierra. Las nuevas generaciones aún no entienden que el folclor pacífico tiene su camisa, su vestuario, su chaqueta de palo y no se puede cambiar. Ignoran que con la misma palma con la que se fabrica la marimba se construyen los ranchos en la selva. Ignoran que la marimba no se puede fabricar con madera fina, tiene que ser rústica para que suene sabroso”. Eso les ha enseñado ‘Gualajo’ a los jóvenes que han pasado por las clases que comenzó a dictar en Cali, en Bellas Artes, a comienzos de los 80, cuando Germán Patiño y Hugo Candelario lo conectaron con la academia “pues sabíamos que esa sabiduría suya era necesaria en un momento en que la música del Pacífico comenzaba a salir de la selva para seducir la ciudad”, como asegura el director de Bahía. En más de 50 años, gracias a metodologías de enseñanza propias, que incluso han llegado a la Universidad de Nueva York, ‘Gualajo’ ha sabido acercar el currulao, la fuga y todos las músicas de la marimba a nuevas generaciones y a países como Suiza, Alemania y Francia, donde se ha presentado en el Festival Le Vigne.Su discípulo Hugo Candelario reconoce que su paso por la academia le ha permitido a ‘Gualajo’ aprender sobre cadencia, sobre piano forte “y esos conceptos propios de la técnica musical, pero sin dejar de lado sus raíces, esa naturaleza de la que está hecho y ha bebido desde niño. Le costó adaptarse a la ciudad, a sus códigos, pero hoy uno lo ve caminar por Cali y es como una biblioteca andante de la música del Pacífico”.Lo reconoce Addo Possú, su amigo, lutier de quilates que reconoce haber abrevado sus saberes de la estirpe de los Torres y, claro, de “su hermanito”, como llama a ‘Gualajo’. Él ha sido testigo silencioso de la única felicidad que no ha podido sentir el guapireño, pese a tantos homenajes: “Tener una casa propia. Esta es la hora en que a su edad aún debe estar preocupado por pagar arriendo y servicios. Vive de una que otra presentación que logra hacer. Yo he visto más de un alcalde y gobernador que le promete una casa, lo ponen a voltear con papeles, de secretaría en secretaría, pero todo se queda en promesas”. Hoy ‘Gualajo’ vive desde hace seis meses en una casa arrendada del barrio 7 de Agosto, al nororiente de Cali. Confía en que no le suceda lo de hace unos años, cuando tuvo que dejar botada su marimba en una casa del Guabal pues no tuvo con qué pagar el arriendo. “La dueña no me dejó sacarla. Ahora, con este premio del Ministerio, tengo fe de que ya el sufrimiento se acabe y por fin pueda tener una casita pa’ montar mi escuela. Y, ya le digo, ahí sí va a haber ‘Gualajo’ para rato. Es que la música del Pacífico es como la comida: no puede faltar”.

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