Frases que se volvieron ‘célebres’ pero cuyos autores nunca escribieron

Abril 20, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Juan Fernando Merino* | Especial para GACETA
Frases que se volvieron ‘célebres’ pero cuyos autores nunca escribieron

Según Merino, al IV Concurso Internacional de Lengua Española asistieron doscientos escritores tan ilustres como el fallecido nobel de literatura, Gabriel García Márquez.

Si usted es de los que suele citar a boca llena aquella famosa frase de ‘El Qujiote’ en la que el querido hidalgo le dice a su amigo: “Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos”... le sugerimos que no lo vuelva a hacer. Don Qujiote nunca lo dijo, sencillamente porque Miguel de Cervantes nunca lo escribió.

En el marco del IV Congreso Internacional de la Lengua Española, celebrado en marzo del 2007 en Cartagena, al que asistieron el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, más de doscientos académicos de la lengua y escritores tan ilustres como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y Tomás Eloy Martínez, el presidente colombiano de turno inauguró solemnemente un monumento a Cervantes en la Plaza del mismo nombre. Lo hizo en presencia del rey Juan Carlos de Borbón y de doña Sofía de Grecia, el gobernador de Bolívar, el alcalde de la ciudad y un nutrido grupo de académicos asistentes al congreso. En la dedicatoria del monumento están escritos de manera acertada los datos biográficos más relevantes de don Miguel de Cervantes y Saavedra. Y se describe que en una ocasión solicitó a la Corte que le asignaran un cargo en Cartagena de Indias. Lo grave ocurre cuando se cita la frase más conocida del inmortal libro Don Quijote de la Mancha: “Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos”... porque resulta que Cervantes ¡jamás escribió esas palabras!Y es que la lista de citas apócrifas atribuidas a un escritor, de textos plagiados y de supercherías de toda índole en la historia de la literatura universal es abundante, en extremo variada y en algunos casos asombrosa. Sin duda, el autor que más se ha visto afectado a lo largo de los siglos por los perpetradores de equívocos ha sido el propio Cervantes. No solo se llevó el enorme disgusto de que en 1614 apareciera en Tarragona una supuesta segunda parte del Quijote, texto apócrifo bajo el seudónimo de ‘Alonso Fernández de Avellaneda’, (cuya verdadera autoría jamás se ha descubierto), sino que también debió sufrir la ignominia de que, luego de escribir miles y miles de frases memorables, algunas de las que se citan con mayor frecuencia jamás salieron de su insigne pluma.Además de la mencionada “Ladran, Sancho…” —que incluso utilizó Orson Welles en la película sobre el Quijote que no logró terminar—, una de las frases que más repiten los supuestos lectores de Cervantes es aquella que dice: “Cosas veredes, Sancho, que farán fablar las piedras”. En verdad, la frase es sonora y promisoria, pero Cervantes no escribió aquello ni nada que lejanamente se le parezca. Proviene de un pasaje del Cantar de Mío Cid, cuando el rey Alfonso VI le dice a Rodrigo Díaz de Vivar: “Cosas tenedes, el Cid, /que farán fablar las piedras, /pues por cualquier niñería /facéis campaña a la iglesia”.También se cita mucho aquella de “con la iglesia hemos topado, amigo Sancho, y plega a Dios que no demos con nuestra sepultura”. Al menos en este caso no se trata de una total invención sino de una distorsión del texto original. En lugar de ello, Don Quijote dice: “Con la iglesia hemos dado, Sancho” y el que plega a Dios, en la siguiente frase, es su escudero, añadiendo que “no es buena señal andar por los cimenterios a tales horas”.Irónicamente el propio Cervantes, lector voraz y apasionado, más aún durante las diversas temporadas que pasó en prisión, incurre al menos en una cita errónea cuando pone en boca del ingenioso hidalgo una supuesta cita de El Amadís de Gaula: “agora lo veredes, dijo Agrajes”, que no aparece en la más célebre de las novelas de caballería, como se han encargado de demostrar numerosos estudiosos del género.Por supuesto, nadie está exento de incurrir en citas erróneas, de buena fe o no tan buena. Es apenas humano. O como podría haber dicho el genial detective Sherlock Holmes: “Elemental, mi querido Watson”. Lamentablemente, la frase no aparece en ninguna de las obras de Sir Arthur Conan Doyle. Sí se encuentran en cambio, expresiones parecidas como “interesante, pero elemental” o simplemente “elemental” en algunos relatos como ‘El sabueso de los Baskerville’ o ‘El jorobado’.Podríamos extendernos indefinidamente en la lista de citas erróneas o apócrifas, pero nos limitaremos a mencionar algunas de las más célebres frases de la literatura que jamás fueron escritas por sus supuestos autores:“Conócete a ti mismo”: Sócrates; “A los audaces sonríe la fortuna”, Virgilio; “Ama y haz lo que quieres”, San Agustín; “El fin justifica los medios”, Maquiavelo; “Como decíamos ayer”, Fray Luis de León; “No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”, Voltaire; “Mi nombre es Bond, James Bond”, Ian Fleming.Mención aparte merecen los poemas apócrifos que se han atribuido a Pablo Neruda, García Márquez y Jorge Luis Borges, y que se han divulgado casi ad infinitum por haber surgido tales supercherías ya en la era de las redes virtuales.A Neruda se le empezó a atribuir desde finales del año 2000 el poema “Muere lentamente”: “Muere lentamente quien no viaja, /quien no lee, / quien no oye música, / quien no encuentra gracia en sí mismo. / Muere lentamente/ quien destruye su amor propio, / quien no se deja ayudar...”. Después de varios años en que la Fundación Neruda de Santiago tuvo que negar una y otra vez que las palabras fueran del gran bardo chileno, finalmente en el 2009, cansada de que la gente siguiera diseminando por Internet la noción de que el poema era de Neruda, la escritora brasileña Martha Medeiros anunció a la prensa que los versos eran una traducción aproximada de su texto ‘A Morte Devagar’.Probablemente todos hemos leído en alguna ocasión el poema ‘Instantes’, atribuido apócrifamente a Borges, en el que se dice que si pudiera vivir nuevamente “comería más helados y menos habas… daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres y jugaría con más niños” y otras sensiblerías de tal calibre. Por supuesto, la viuda del escritor argentino, María Kodama, lleva años desmintiendo que sea de su marido y explicando que en realidad es de la escritora estadounidense Nadine Stair.García Márquez fue aún más enfático y en unas declaraciones al diario El País de Madrid afirmó que Kodama había reaccionado diciendo que si Borges hubiera escrito una cosa así, no se habría casado con él. Pero fue precisamente a Gabo a quien le endilgaron el más célebre y el más altisonante de los tres poemas apócrifos. ¿Quién, que alguna vez haya navegado por Internet y frecuentado las redes sociales, no se ha topado con el escrito en el que el autor de ‘Cien años de soledad’ supuestamente se despedía de sus amigos tras enterarse de que estaba muy enfermo de cáncer?“Si por un instante Dios se olvidara que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo. / Daría valor a las cosas, no por lo que valen sino porque lo que significan. / Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz”. Etcétera.Inicialmente Gabo intentó ignorar el asunto, diciendo que el texto era tan malo que no valía la pena desmentirlo, pero al constatar que por Internet crecía como bola de nieve y se empezaba a colar en los medios impresos, las emisoras de radio y los programas de televisión, desde Los Ángeles, donde se encontraba escribiendo sus memorias, emitió un comunicado en el que explicaba que todavía no se estaba muriendo y que “lo que me puede matar es que alguien crea que escribí una cosa tan cursi. Esto es lo único que me preocupa”. Naturalmente, el verdadero autor del poema, el ventrílocuo mexicano Johnny Welch, se sintió “profundamente dolido” con la alusión peyorativa de Gabo. Al fin y al cabo, él no tenía la culpa de nada: no había pretendido plagiar a nadie y mucho menos a un Premio Nobel de Literatura. Tan solo había escrito esas palabras para su muñeco de trapo Don Mofles, estrella del espectáculo cómico que por aquel entonces ofrecía los fines de semana en el Bar Brujas de Ciudad de México. ¿Qué culpa tenía él de que le hubieran atribuido su texto al más célebre de los escritores vivos y que tanta gente se lo creyera?* Escritor y traductor caleño. Es autor de la novela ‘El intendente de Aldaz’.

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