Frank Wynne, el hombre que tradujo al inglés la obra 'Que viva la música'

Enero 30, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Claudia Liliana Bedoya | Reportera de El País
Frank Wynne, el hombre que tradujo al inglés la obra 'Que viva la música'

Frank Wynne, traductor de la obra 'Que viva la música', del caleño Andrés Caicedo.

En la actualidad Frank Wynne está escribiendo una novela negra que se desarrolla en Irlanda. Aspira a terminarla este año. Habló con El País y contó detalles de su obra, que arrancó

Después de leer y  traducir a  Andrés Caicedo,   Frank Wynne asegura que el autor caleño merece ser leído al menos dos veces en la vida, en diferentes momentos,  para comprender sus planteamientos. Él hizo ese mismo  ejercicio y  con cada libro que llega a sus manos ha entendido que  la labor del  traductor consiste en “ser intérprete, armar el  rompecabezas de una historia, entender al escritor y  saber  decir las cosas en un idioma distinto”. Invitado a Cali por el Museo La Tertulia para  una conferencia, Wynne también es un  crítico sobre cómo algunos editores  manejan  la traducción de obras. “La literatura se volvió de intereses. Recuerdo que hace varios años insistí en la traducción de Patrick Modiano y decían que era interesante pero que faltaba algo. Pero después del Nobel, ahí sí me llamaron y   todos querían traducirlo”. El País  habló con  el irlandés que asumió el reto de entender y traducir al inglés  el mundo de Caicedo:    ¿Cómo llega a su vida la obra del caleño inmortal  Andrés  Caicedo? Estaba viviendo en Costa Rica y quería leer cualquier cosa para aprender  español porque,  para mí, era difícil. Había viajado por Perú, Chile y Argentina pero en diferentes lugares me hablaban de Andrés Caicedo. Conseguí un ejemplar de ‘¡Que viva la música!’ Lo leí rápido y tuve dificultad para entender. Me pareció una historia bastante sencilla de una chica que se equivoca. Pero más tarde, cuando estaba en Londres, Penguin me contactó  para traducir ‘¡Que viva la música!’ y  la poesía de Pablo Picasso. Creí que traducir a Caicedo sería más fácil porque lo había leído  y me comprometí a entregarlo en 11 meses y para Picasso pedí más tiempo. Pero en Picasso gasté solo un año y con Caicedo dos años.  ¿Qué pasó cuando  empezó a meterse  en la historia de Caicedo? Llevaba seis meses trabajando en la traducción y apenas tenía 25 páginas. Fui  donde mi agente y mi editor para mostrarles cómo era traducirlo: por página tenía muchas anotaciones sobre  la jerga, la historia, las referencias a tantos autores. Con ese panorama, pedí dos años para trabajar y más dinero. Lo del dinero fue un fracaso, pero me dieron el tiempo.  ¿Qué necesitó para traducirlo? Fue una tarea difícil. El español que se habla en diferentes lugares de América del Sur es diferente uno del otro. Había traducido al peruano  Alonso Cueto, pero ese español no se parecía en nada a este: Estaba la jerga colombiana, la jerga caleña, la jerga de los años 70. En el proceso, un amigo en Londres tenía una señora que le colaboraba con el aseo, era una caleña que para el año 77 tenía 17 años y ella sabía todo. Así que cada semana, Sonia venía a mi casa a limpiar  pero yo prefería que ella se sentara conmigo a revisar una lista de palabras que había extraído del libro. Yo conocía las palabras pero no sabía qué decían en ese contexto. Por ejemplo, fuera de Colombia la palabra ‘Grill’ no es discoteca; lo mismo pasaba con el  significado de ‘Mona’. Había cosas que no figuraban en el Diccionario de la Real Academia. Más adelante conocí a Rosario Caicedo, a Sandro Romero y a Luis Ospina y lo que no sabía era que simultáneamente la obra se traducía también al portugués, italiano, francés. Los otros  traductores estuvieron en contacto con ellos  pero a mí no me dieron nada. Durante año y medio hice el ejercicio solo.  Un traductor debe profundizar y conocer bien el contexto y las referencias que hace el autor. ¿Qué aprendió con Caicedo? Tuve que aprender sobre salsa, porque en Inglaterra se escucha una salsa muy diferente, especialmente en las clases de Zumba donde hay música sin letra. En la salsa me encontraba con  palabras que no eran tan explícitas por usar las figuras de la santería. Así que tuve que estudiar salsa, jerga caleña y hasta santería para entenderlo. También estudiar geografía. Usé mucho Google para intentar entender otras palabras. Cuando conocí a Sandro Romero, el proceso fue mucho más sencillo.  ¿Andrés ha sido el autor que  más le ha tomado traducir? Página por página, sí, de lejos.  ¿Volvería a traducirle? Estoy intentando convencer a un editor en Inglaterra de comprar ‘Angelitos empantanados’. Va a ser un gusto traducirlo de nuevo, pero también será más fácil porque con  ‘¡Que viva la música!’ tuve que entender a Andrés, entrar  en su mente. Entender sus obsesiones por la música y la literatura, era también, mirar a un adolescente de 25 años con su manifiesto de María del Carmen, en las últimas páginas. Para mí es  el mejor manifiesto de adolescencia pero también es algo tan inocente por esa idea de destruir o minar todo. ¿Recomendaría leer a Caicedo? Sí, a cualquier persona lo recomendaría. Ideal leerlo dos veces: a los 15 o 16 años y de nuevo  a los 35 años. Creo que hay libros que uno debería leer dos veces como Madame Bovary a los 20 donde  Emma nos parecerá una heroina trágica, y a los 40 años uno dice: ¡Qué pena esta mujer! Para mí Andrés merece ser leído muchas veces, para mí es como una especie de ‘Ulises’, de James Joyce, porque es un peregrinaje por una ciudad, es un intento por tomarse la ciudad entera. ¿Qué otro autor colombiano le gustaría traducir? Me gustaría traducir a Evelio Rosero y a Juan Gabriel Vásquez, aunque para eso tendría que matar a una amiga que es su traductora.  Me  impresiona que durante los 10, 12 años que llevo leyendo en español, cada vez hay más autores latinos. Colombia tiene una generación interesante,  son una nueva especie de ‘Boom’ latinoamericano.

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