Frank Sinatra: 100 años de 'la voz' que no se apaga

Frank Sinatra: 100 años de 'la voz' que no se apaga

Diciembre 13, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción GACETA.
Frank Sinatra: 100 años de 'la voz' que no se apaga

A los 54 años Sinatra se casó con Mia Farrow que tenía tan solo 21 años.

Seductor, galante, sofisticado. Así recuerdan sus seguidores a Frank Sinatra, uno de los cantantes más emblemáticos del Siglo XX. Apodado ‘La Voz’, hoy se celebran los cien años de su nacimiento. Perfil de un ícono musical.

Desde la calle Hudson de Hoboken, una pequeña localidad de Nueva Jersey, ubicada justo enfrente de Manhattan, Robert Foster retrasa su salida a casa para hablar sobre Sinatra. Nunca antes, en los casi 30 años que lleva trabajando en el Museo Histórico de Hoboken --del que hoy es director ejecutivo-- había llegado tanta gente a su lugar de trabajo. La culpa es de Sinatra, claro. Y bueno, cien años no se cumplen todos los días.

Desde agosto pasado, cuando este pequeño museo abrió las puertas de una exposición titulada ‘Frank Sinatra, el hombre, la voz, los fans’ las visitas han aumentado en un 300%. “Cerca de 4000 personas en tres meses es mucho para nosotros”, dice Foster, acostumbrado a recibir si acaso un puñado de visitantes al día. Ahora hay filas de australianos, ingleses o brasileños que quieren escuchar los audios y vídeos disponibles en la exposición. “Tenemos los afiches de las cerca de 60 películas en las que actuó; es una parte de su carrera que no todos recuerdan”, explica.

Foster, que creció en la década del 60, años en los que no era bien visto escuchar a Sinatra si eras joven pues para entonces preferías a The Beatles, nunca creyó que llegaría a admirar tanto a ese coterráneo suyo de ojos azules apodado ‘La Voz’. Pero sucedió. A fuerza de escuchar a los visitantes, de oírlos recordar con nostalgia los tiempos en que cantaba con las legendarias Big Bands de Harry James o Tommy Dorsey, terminó por quererlo.

“Ya sabes, en Hoboken tenemos sentimientos encontrados con Sinatra. Reconocemos que nació y se formó aquí, pero una vez alcanzó el éxito, prácticamente nunca volvió. Ahora, también hay que entenderlo, si estás triunfando en Hollywood no hay mucho tiempo para volver a Hoboken”, dice sin rencores.

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Hijo de inmigrantes italianos, Frank Sinatra nació en Hoboken el 12 de diciembre de 1915, en una época en la que ser italo-americano lo hacía todo más difícil. Creció en los años de la Ley Seca en la que la prohibición del alcohol desató una industria clandestina de licores y el consecuente crimen organizado. Fue su padre, justamente, antes de ser aceptado como bombero, uno de los encargados de vigilar las camionetas que llevaban las pruebas de contrabando a las autoridades para que no fueran atacadas por los contrabandistas.

En medio de ese entorno complejo Frank tuvo su primer contacto con la música. Sucedió en 1924 cuando su padre abrió una taberna bajo un nombre irlandés. Gracias a una suerte de pianola que allí habían instalado, el pequeño Sinatra solía cantar con voz desafinada las letras de las melodías que de ella salían. Años más tarde se convertiría en cantante ocasional de bares, actividad que alternaría con la de vendedor de periódicos y camionero.

Su primera incursión seria en la música, sin embargo, sucedió en la radio. Corría 1935 y aquellos artistas en ciernes que quisieran una oportunidad para darse a conocer asistían al concurso radial ‘La Hora Amateur de Major Bowes’, conducida por Bowes. Sinatra, de 20 años, se apareció en el programa, pero como justo al lado suyo había un trío también proveniente de Hoboken esperando el turno, Bowes decidió unirlos y llamarlos los Hoboken Four. El cuarteto ganó el concurso y se fue de gira por Estados Unidos. A los tres meses, sin embargo, Sinatra regresó a casa con una meta clara en mente: quería ser solista y triunfar en Nueva York. Y muy pronto lo conseguiría.

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Si hay alguien en Cali que sabe de ese triunfo ese es Julio Victoria, un ingeniero industrial graduado de la Universidad de Michigan y reconocido melómano en los círculos musicales de la ciudad. No en vano Victoria se jacta de poseer una de las mejores colecciones de música. Frank Sinatra, por supuesto, ocupa un lugar destacado en ella.

“Creo haberlo oído atentamente en el año 55 por primera vez, cuando estuve en Estados Unidos”, recuerda. Fue una suerte de ‘amor a primer oído’ que Julio se encargó de alimentar a través del tiempo. A partir de 1959, cuando viajó a Ann Arbor para adelantar sus estudios de ingeniera industrial, este caleño no ahorró esfuerzos ni dinero para conseguir toda la música de Sinatra, toda la que estuviera disponible.

“Una de las piezas favoritas que aún conservo es el disco grabado en 1939 con la orquesta de Harry James, cuando empezaba su carrera pero ya era conocido. Allí hay canciones como ‘To You’ y ‘From the Bottom of my Heart’, en las que se escucha a un Sinatra con una voz diferente a la que le escucharíamos luego, mucho más limpia, menos ronca”, explica Victoria.

Como buen fanático de su música, Victoria se declara incapaz de escoger un solo concierto o una sola canción de Sinatra. “¡Son tantas!”, dice. Pero recuerda con especial cariño un concierto transmitido por la CBS del Royal Festival Hall en Londres, en 1971, en el que Sinatra fue presentado por la bellísima actriz Grace Kelly, con quien años atrás había protagonizado una película en Hollywood. “Es un concierto perfecto”, afirma Victoria.

Otra de las joyas musicales que conserva es el audio de una curiosa ocasión en la Frank Sinatra invitó al barítono colombiano Carlos Julio Ramírez a cantar Le Figaro en su programa radial. “Fue una especie de chiste, de broma entre los dos”.

Sin embargo, el momento que conserva como el más especial de todos es la cita a la que acudió en el Radio City Music Hall de Manhattan, en donde escuchó a su ídolo de viva voz y no pudo parecerle mejor. “Yo estaba con mi señora y todo el concierto fue estupendo, pero quizá la canción que más recuerdo es ‘I’ve got a crush on you’, del magnífico compositor George Gershwin, escrita en el año 48. Es una canción muy bella y ese día la cantó de maravilla”, asegura.

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Pero, ¿qué tenía esa voz de especial que lograba hipnotizar a todos aquellos que la escuchaban? ¿Era realmente una voz contundente? ¿Logró, como siempre lo quiso, superar a su eterno ídolo Bing Crosby?

Si bien la mayoría de voces expertas están de acuerdo en que Frank Sinatra refinó las posibilidades de la música popular como nadie más lo hizo en Estados Unidos, no todos están convencidos de que su voz fuera tan buena como él nos lo hizo creer.

El primero en levantar la mano es el periodista musical Juan Carlos Garay, quien no teme pecar de hereje. “Creo que Frank Sinatra no era un excelente cantante. Concretamente, tenía una voz un poco nasal y un rango limitado. Lo que pasa es que era un hombre muy seguro de sí mismo, y esa fuerza interior, esa confianza, era lo que proyectaba maravillosamente, a tal punto de convencernos de que él era ‘La Voz’, afirma.

Algo similar opina la cantante y profesora de música de la Universidad Javeriana, María Olga Piñeros, quien atribuye el éxito de Sinatra no propiamente a su voz sino a su estilo para interpretar las canciones. “Frank Sinatra fue uno de los primeros en utilizar el ‘crooning’, que es una forma de arrastrar las notas hacia arriba, de alargar las frases. Él lo hizo de una manera impecable, con una voz muy joven. A eso hay que sumarle que empezó a reciclar canciones viejas acompañado de una big band y de su estilo moderno. Eso terminó de sellar un estilo muy personal”.

Quizás por ello hay canciones que una vez cantadas por Sinatra ya no suenan igual en otros cantantes. Infortunadamente, quien se atreva a interpretar, por ejemplo, canciones como ‘New York, New York’ queda, inevitablemente, sujeto a comparaciones odiosas.

Otra de las aristas que generan polémica entre sus seguidores es cuál Sinatra fue mejor, si el de los primeros años o el de su etapa más madura. Mientras el melómano Victoria tiende a quedarse con los años 40 y sus días con las Big Bands, Juan Carlos Garay le apuesta a los álbumes del sello Capitol, de mediados de los años 50, que marcaron un resurgimiento en su carrera. “Me gustan mucho porque tenían un excelente concepto de carátula y de elección de canciones alrededor de un tema. Eran casi discos “conceptuales”, si bien el término no se utilizaba entonces. Por ejemplo, ‘Come Fly with Me’ (‘Ven a volar conmigo’) de 1958, lo mostraba en un aeropuerto con un par de aviones estacionados al fondo, y las canciones tenían todas títulos de lugares como Londres, Brasil, París… en ese sentido había un cuidado especial en la curaduría de esos álbumes”.

Pero así como hay millones de seguidores de Sinatra en el mundo, así mismo varían las razones que los unen a su recuerdo. Una de ellas, quizá la más curiosa, es la de haber aprendido inglés gracias a sus canciones. Lo ha oído decir Robert Foster montones de veces en las filas del Museo Hoboken desde que se abrió la exposición. Y lo dice el periodista musical José Arteaga, de Radio Gladys Palmera en Barcelona. “En mi humilde opinión, lo mejor de Sinatra es la dicción. Se puede aprender inglés sin necesidad de hacer un curso, sólo escuchando sus canciones porque la pronunciación es perfecta. A diferencia de tantos otros cantantes de voz maravillosa, a Sinatra se le entiende todo. Y esa cualidad tiene que ver con su dominio total y absoluto de la técnica vocal. Se sabe que Sinatra estaba obsesionado por la respiración, y respiraba por la comisura de los labios sin que se notase que lo hacía y permitiendo profundizar en los acentos, los tonos y la vocalización; en la dicción en suma”.

Y es que si de disciplina profesional se habla, Frank Sinatra siempre tuvo claro que esa sería la forma de llegar lejos. Desde muy joven, cuando empezó a admirar a su gran ídolo Bing Crosby, se propuso no solo igualarlo si no superarlo. De si logró o no, la última palabra aún no está dicha. Aunque Garay arremete de nuevo. “Pienso que Bing Crosby era mejor cantante, y de hecho durante muchos años estaban a un mismo nivel de fama y prestigio. Pero Crosby murió 20 años antes que Sinatra, dándole una clara ventaja al cantante de los ojos azules. Hubiera sido magnífico ver a Crosby haciendo un CD de duetos, como sí lo hicieron Sinatra y después Tony Bennett”.

En lo que la mayoría sí coincide, es que Frank Sinatra le cantó a la soledad. Y si bien a lo largo de su vida Sinatra estuvo rodeado de mujeres, quienes lo conocieron siempre aseguraron que disfrutó siendo un lobo solitario. Estuvo casado con Nancy Barbato con quien tuvo tres hijos. Luego tuvo un romance con la bellísima actriz Ava Gardner, a quien luego convirtió en su segunda esposa. Su tercer y quizá más publicitado y tormentoso matrimonio fue con la también actriz Mia Farrow, 33 años menor que él. Su última esposa sería Barbara Marx. Pero es probable que muchas más hayan caído rendidas ante sus encantos. Recordemos que Sinatra impuso un nuevo estilo en el escenario, el del hombre sofisticado con su pelo muy corto, siempre de corbata, todo sumado a sus increíbles ojos azules. Frank Sinatra era sinónimo de sofisticación; una especie de James Bond del canto que las enamoraba a todas.

En los momentos más difíciles de su carrera, Frank Sinatra, que lo tuvo todo, renegó de los medios de comunicación que siempre lo acusaron de tener vínculos con la mafia. Fueron rumores que surgieron tras un viaje realizado a Cuba en 1947 en donde se encontró con los hermanos Fischetti --reconocidos por haber trabajado para Capone-- y Charlie Luciano. Fue un manto de duda que flotó siempre sobre su figura.

Pero eso a los amantes de su música poco les importó. Ellos lo que querían era oír esas melodías con su voz ronca de frases largas que parecían no terminar nunca. Hubo un momento, de hecho, en que sus canciones fueron famosas por ser canciones para hacer el amor.

Quizá fueron los enamorados quienes más lamentaron su muerte, ocurrida el 14 de mayo de 1998. Para ellos, las miles de emisoras en el mundo transmitieron sus canciones una y otra vez. Fue un día de luto para el amor: se había apagado ‘La Voz’.

Pero hoy la alegría vuelve a brillar en los corazones de sus seguidores. Al celebrarse los cien años de su nacimiento --ayer para ser más exactos--, miles de personas alrededor del mundo seguramente escucharon una vez más sus canciones de siempre.

Solo este año se han publicado al menos diez libros que repasan su vida. Y a su vasta discografía se ha sumado un paquete de cuatro CDs con sus grabaciones en radio.

En en el Museo Histórico de Hoboken, anoche se celebró una gala en su honor en la que cinco artistas interpretaron las canciones que hicieron famoso a Sinatra. Se sabe también que Las Vegas y Manhattan no iban a ser ajenas a esta celebración. Es que para sus seguidores, Sinatra simplemente no tiene reemplazo.

Cuando al dramaturgo Sandro Romero Rey --admirador no solo del cantante sino del actor que fue-- le preguntan qué hizo tan grande a Frank Sinatra, él no duda en responder: “Sinatra no sólo fue un gran cantante, sino que se convirtió en un gran personaje: su música acompañó un momento definitivo en el renacimiento de los Estados Unidos de América, se inventó la incertidumbre de los años 40 y amenizó las nostalgias de los 50. Así como Elvis representó la síntesis de lo mejor (y lo peor) del blues, del country y del rocanrol, Sinatra se convirtió en el emperador de los crooners (aunque él mismo odiase la palabra), de esos intérpretes que se inventaron el amor y la decepción con grandes orquestas, cantando como si conversaran, dejando a sus oyentes mudos porque nunca creyeron que tanta perfección fuera posible”.

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