Fernando Montaño, el bonaverense solista del Royal Ballet de Londres

Agosto 03, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Ricardo Moncada Esquivel | El País
Fernando Montaño, el bonaverense solista del Royal Ballet  de Londres

“Cuando tengo tiempo me gusta pintar o escribir proyectos, puede que no los haga, pero los guardo por si más adelante los pueda desarrollar”. Fernando Montaño.

Montaño sorprende al mundo por su talento en el escenario,pero también por su carisma y labor social para ayudar a los demás.

1. Fuerza y talento Como un huracán pasó por Colombia Fernando Montaño, el bonaverense que se convirtió en el primer colombiano en pertenecer al Royal Ballet, de Londres, una de las tres compañías de danza más prestigiosas del mundo.Montaño, quien es una celebridad en la danza británica, estuvo invitado para participar en la reapertura del Teatro Colón la semana pasada en Bogotá.Además de su talento de bailarín, Montaño cautiva por su casi mágica historia de un joven de provincia que ha logrado a fuerza de terca tozudez llegar a la cima en su carrera artística.Pero Fernando es mucho más que eso. Es un joven de carne y hueso, dotado de un enorme talento, determinación que está decidido a transformar su vida y la de sus congéneres.Fernando estuvo en Buenaventura y Cali, donde habló con El País sobre lo que ha vivido los últimos días.¿Cómo fue la experiencia de bailar en la reapertura del Teatro Colón?Fue algo muy especial no solo para mí, también para Joan Fernando Zamora, el bailarín caleño, del English National Ballet, y los ocho bailarines invitados de esta compañía y del Royal Ballet. Todos quedaron encantados con el teatro y con el país. Fue muy emocionante haber tenido el público aplaudiéndonos de pies al final de las tres noches, el aplauso es el mejor regalo para un bailarín. Fue tanta mi alegría que al final hice unos pasos de salsa, fue algo que me surgió espontáneo, porque yo viví en mi adolescencia aquí, en Cali. Creo que a la gente le encantó porque estaban gritando.¿Qué le ha significado haber sido elevado a solista del Royal Ballet?Ha sido algo maravilloso. Estoy sólo a un paso de convertirme en Primer Bailarín, que es el punto máximo al que se puede llegar en una compañía. Eso me motiva más. Ahora, cuando iniciemos la nueva temporada voy con muchos deseos y ganas para dar ese siguiente paso.¿Cuáles son los principales retos que asume al ser primer bailarín del Royal Ballet?Cada vez es más exigente el rigor técnico. Ahora, por ejemplo, hago roles en piezas como ‘El Pájaro azul’ o ‘La bella durmiente’, en los cuales el papel del hombre es muy difícil, prácticamente tienes que volar en el escenario. Eso te exige mucho estado físico y lograr que no se te note el cansancio en el escenario.¿Siente que ya ha alcanzado su máximo nivel en la danza?En el ballet uno nunca acaba de aprender. Es un arte visual, algo que entra por los ojos. A medida que pasan los años vas encontrando diferentes formas de interpretar. Con el tiempo aprendes a controlar tu energía, porque cuando uno está más joven quiere hacer de todo a la vez. Siempre descubres algo nuevo. ¿Cuál es para usted la clave para triunfar en el ballet?Como en cualquier expresión del arte debes estar muy enfocado en lo que haces, tener disciplina, ponerte metas y por más difícil que te cueste obtenerlas, no se debe perder ese foco. Muchas personas tiene un gran talento, pero se dan por vencidas al primer obstáculo.¿Qué es lo que más le gusta de bailar?La libertad que siento cuando estoy en el escenario. Cuando bailas te sientes invencible, no hay dolor ni maldad. Cuando mi madre falleció fue muy duro para mí. Cuando estaba en el escenario no sentía su ausencia, pero cuando salía de él volvía a la realidad, me daba cuenta que ya no estaba conmigo.Su papá cuenta que cuando apenas tenía 4 años usted le decía que se soñaba viajando por el mundo...Fui un niño muy soñador y lo sigo siendo. También muy independiente. Cuando tenía 6 o 7 años decidí jugar sólo para no pelear con nadie, por eso creaba muchas historias en mi cabeza. Siempre estaba corriendo y le quebraba las artesanías que mi mamá hacía. Creo que esa creatividad la heredé de ella.¿De dónde nace su sensibilidad social?En mi familia, a pesar de que éramos pobres, llevábamos mercados a quienes los necesitara. Pero luego cuando llegué a Londres, conocí a la diseñadora británica Vivienne Westwood, quien ha sido mi mentora. Ella es una mujer muy reconocida y es activista en temas ecológicos y sociales. Ver cómo ella trabajaba me enseñó que puedo aprovechar mi imagen para ayudar a otros. Ella despertó en mí esa conciencia.¿ Y cómo usa su imagen para esos propósitos?Es algo que disfruto mucho, porque tengo una conexión especial con niños y jóvenes. A veces uso pequeñas palabras inspiradoras. Otros se sienten identificados conmigo por mi historia de haber salido de una familia humilde y llegado al Royal Ballet y creo que eso le abre el horizonte a quienes tienen sueños y creen que por las dificultades no podrán llevarlos a cabo. Yo siempre les digo que los retos duros hacen la vida más interesante. Sería bastante aburrido no tener algo por qué luchar. ¿Usted desempeña otros roles como modelo y gestor, eso no lo distrae de su carrera de bailarín?Es difícil, pero siempre busco que las cosas encajen. Me concentro en cada cosa que estoy haciendo. Yo tengo muchas ambiciones en mi vida y trato de expandir mis alas a diferentes áreas, que incluso nunca imaginé. Creo que es importante para un artista no encerrarse en un cajoncito. He tenido la fortuna de que muchos de mis amigos no tienen nada que ver con el ballet. Ellos me hacen tener los pies en la tierra, ver otras perspectivas de la vida y me enriquecen como ser humano. Como artista tienes que vivir y esas experiencias, la madurez que te dan, se reflejan de alguna manera en tu danza. Entonces es hiperactivo...Soy una persona que necesita tener todo el tiempo la mente ocupada. Además la carrera de bailarín no es tan larga, por eso es importante a temprana edad ir explorando alternativas para que cuando llegues a los 45 años no tengas que pensar qué hago ahora. ¿Qué recuerdos se llevará de esta visita a Colombia?Me llevo mucha alegría y muchas frutas en mi estómago (risas). Me voy con mucha energía para seguir trabajando, también muchas ideas por apoyar proyectos culturales y poder regresar a Colombia a bailar al menos cada año. 2. Estrella con corazón Desde el escenario y fuera de él Fernando Montaño trabaja en proyectos para ayudar a los demás. En la actualidad ejerce como embajador de la organización Children of the Andes, una fundación Europea que apoya a niños y jóvenes de bajos recursos. Precisamente en su visita a Bogotá pasó por la localidad de Suba, donde compartió con un grupo de niños y adolescentes víctimas de la violencia y los invitó a que vieran los ensayos de la funciones en el Colón.El bailarín, junto con la Fundación que apadrina, apoya a Julián Mendoza, un joven talento de la danza, quien actualmente reside en Estados Unidos, donde obtuvo dos becas. A comienzos de este año Montaño recibió por segunda ocasión consecutiva el premio Lukas, que entrega una publicación cultural latina en Londres, en la categoría ‘Personalidad del año’. El artista anunció entonces que donaría su premio para el proyecto de una Escuela de Artes en Buenaventura, un proyecto que impulsa Findeter.Durante su reciente visita el bailarín estuvo en El Puerto, invitado por el Presidente Juan Manuel Santos, para una minicumbre ministerial donde se trataron propuestas para un plan de desarrollo de esta ciudad donde nació. “Tuve oportunidad de intervenir en la reunión y expuse el propósito de este centro de arte que busca aprovechar el talento que hay allí y sobre todo darle oportunidad a estos niños y jóvenes para salir adelante y no caigan en manos de la delincuencia y la violencia”, dijo Montaño. Él anunció que a su regreso a Londres se reuniría con un grupo de entidades interesadas en vincularse al proyecto en aspectos como la enseñanza del inglés, y donación de instrumentos y material didáctico.Justamente el artista aprovechó su visita para donar al Instituto Colombiano de Ballet, Incolballet, donde dio sus primeros pasos en su formación, un lote de zapatillas. “Fue algo paradójico, pues al llegar me enteré que Incolballet vive una crisis que la tiene a punto de desaparecer, algo que es un contrasentido”. Fue el propio Montaño quien, durante el acto en que recibió la medalla de la Caleñidad por parte del Alcalde el jueves pasado, dio a conocer la noticia a los medios presentes. En opinión de Montaño, disciplinas como el arte y el deporte forman a los mejores embajadores del país. Son vehículos para que los jóvenes, que están sin ninguna oportunidad en la calle, logren transformar sus vidas, pero también pueden transformar el país, incluso contribuir a alcanzar la paz”. 3. Genio y figura Durante una de las funciones realizadas en Bogotá para la reapertura del Teatro Colón, en la cual el bailarín Fernando Montaño era una de las estrellas invitadas, su padre, Juan Rodríguez, tuvo el privilegio de ver todo lo que sucedía tras bambalinas. Allí vio cómo su hijo al salir del escenario quedaba agotado por el esfuerzo sobrehumano que hacían para mostrar cómo, en contra de la naturaleza, su cuerpo podía flotar mientras esbozaba en sus labios una gran sonrisa. Juan, un hombre, cuyas canas develan su madurez, confiesa que en ese momento no pudo evitar la emoción, la misma que había estado tratando de controlar a causa de una cardiopatía que padece. En ese instante pudo palpar lo que ha significado la hazaña de su hijo y evocó el inicio de la historia de ese niño que con 4 años ya le decía que quería ser alguien en la vida y lo logró con creces.Fernando Rodríguez Montaño nació en Buenaventura en 1985. Es el menor de cuatro hijos del hogar que Juan, un estibador, de Puertos de Colombia, conformó con Gloria Jenny Montaño.Su padre recuerda que era tal el poder de convicción de Fernando, que cuando comenzó a querer bailar, luego de ver el programa infantil ‘Nubeluz’ en el televisor blanco y negro que tenían en su casa, no tuvo más remedio que irse a Cali, para buscarle un mejor futuro para el talento que le brotaba por los poros.Para esos días en Cali, fueron muchos los ‘ángeles’ que el pequeño Fernando se encontró. Entre ellos la maestra Amalia Romero, del Conservatorio de Bellas Artes, quien no dudó en recomendar que el jovencito se inscribiera en Incolballet, porque reunía las condiciones para ello. Para entonces ya tenía 12 años, una edad muy avanzada para comenzar.Juan rememora que, a pesar de ser muy mayor para iniciarse en el Ballet, pues lo normal es que lo hagan a los 7 años, la maestra Gloria Castro, fundadora y directora de la entidad decidió admitirlo.El bailarín Fernando Lastre, quien entonces era docente de Incolballet, recordó que Fernando tuvo que ingresar a un grupo de nivelación junto a otro niños. Lastre contó que desde el inicio el joven se proyectaba como una persona con muchas ganas de bailar, era muy dedicado y no le preocupaba el tener que repetir las cosas una y otra vez, y que además gozaba de muy buenas condiciones físicas, flexibilidad y elasticidad.El talento de Fernando fue reconocido de forma rápida y dos años después fue seleccionado para ir a la Habana a participar en un concurso. En esa oportunidad no le fue bien, pero entendió que debía prepararse mejor, porque estaba seguro que volvería.Y así fue. Un año después regresó, y esa vez para obtener la medalla de plata y una oferta de parte de la mítica bailarina, la maestra Alicia Alonso, para ser becado en la Escuela Nacional de Ballet de Cuba.Mientras su hijo bailaba en el Teatro Colón, la mente de Juan hacía ‘flashback’, recordaba los esfuerzos que tenían que hacer él y su familia para enviarle dinero a Fernando para su manutención, que los llevó a hipotecar y rehipotecar su casa. También la tristeza y frustración que sintieron al no poder asistir a su graduación.Después de graduarse Fernando partió para Italia para bailar con el Ballet de Torino y en La Escala de Milán y durante ese periplo tuvo la oportunidad de audicionar para ingresar al Royal Ballet.Fue el propio Carlos Costa, el bailarín cubano, estrella de esa legendaria compañía, el encargado de darle la gran noticia de que a sus 21 años ingresaría a ella. La alegría de Fernando y su familia solo se vio empañada cuando mes y medio después recibía la inesperada y dolorosa noticia de la muerte de su madre. Fue entonces cuando Fernando Rodríguez Montaño decidió cambiar su nombre artístico por el de Fernando Montaño para honrar a su mamá.Desde entonces la leyenda de Fernando Montaño crece. Ha bailado ante la propia reina Isabel, al igual que ante la Familia del presidente Obama. Se da el lujo de tener entre sus fans a David Yates, el productor de la saga de ‘Harry Potter’ y a la Duquesa Doreen Wells, quien bailó con Nureyev, y hasta la reconocida diseñadora británica Vivienne Westwood.

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