Este 15 de julio se inicia en Roldanillo el XXXI Encuentro de Mujeres Poetas

Julio 12, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de GACETA

La directora del Museo Rayo, Agueda Pizarro habla sobre lo que se verá en el XXXI Encuentro de Mujeres Poetas, que tendrá lugar del 15 al 20 de julio.

El encuentro llega este año a su versión 31. ¿Cuál ha sido la gran evolución de este evento tres décadas después?

El encuentro se ha expandido como el universo después del Big Bang. Cuando arrancó se pensaba en poesía de la mujer como “un continente sumergido”; nos tocaba redescubrir nosotras mismas, bucear en el naufragio de nuestro idioma perdido, en palabras de Adrienne Rich, pionera de la poesía norteamericana del siglo pasado. En el 85, cuando vine a dictar  conferencias con mi beca Fulbright  sobre ‘Poesía de la mujer de las Américas’ no encontraba libros de poesía de mujeres en las librerías y bibliotecas del país, ni siquiera universitarias. Tocaba buscarnos, llamarnos, leernos sin guías ni bitácoras y en un municipio de provincia, Roldanillo. 

Al primer Encuentro llegaron 7 mujeres, al XXX 225.  Pero no solo aumentó el número de asistentes; también la conciencia de lo que es nuestra poesía.  Cada mujer  aportaba su punto de vista, su  sentir y pensar.  Nos dimos cuenta de la importancia de la poesía oral, de la poesía y  mitologías de las etnias. 

La estructura patriarcal y el canon excluyente que  encuentran las mujeres cuando estudian o escuchan las lecturas en otros encuentros.  Como dijo Virginia Woolf, nosotras necesitamos un cuarto propio, un lenguaje que exprese nuestro vivir y sentir. Este Encuentro viene a ser una versión colectiva de ese espacio propio que necesita cada una, inpidualmente, para oír el eco de su propia voz y saber cómo suena. 

Hay muchos, en donde todas  lloramos o gritamos “evohé”, como las mujeres en la isla de Safo.  Está el caso de  Encarnación García, juglar del corregimiento Limones, de Zarzal, que llegó descalza a preguntar si una persona que no puede leer ni escribir podía recitar.  Fue un caso del triunfo del verbo sobre la letra. Están también los recitales, hasta el año de su muerte, de Meira del Mar, ‘Almadre’,  quien miraba hacia un cielo imaginario donde veía escritos los poemas que ya no podía leer con sus ojos  y los recitaba, conmoviéndonos hasta la médula. El recital único de Matilde Espinosa,  un árbol de palabras que creció entre nosotras llamándonos a la conciencia de la injusticia. El retorno de Gloria Cepeda, ‘Almadre’, después de su segunda ausencia de Colombia. 

Se trata de Nora Puccini de Rosado.  Los actos incluirán el lanzamiento de su nuevo libro, ‘Babel sentimental’ en las Ediciones Embalaje del Museo Rayo y el reconocimiento de su vida vivida en la poesía por varias de nuestras más destacadas poetas.

Ellas transformaron el Encuentro. Nos dimos cuenta que nos faltaba uno de nuestros órganos vitales sin ellas, quizás el pulmón derecho. ¿Cómo se puede hablar de la poesía de la mujer en Colombia sin hablar de ellas?  ¿Cómo se puede entender la riqueza de nuestra lengua sin escuchar sus vocablos venidos desde África, y los versos que se mezclaron con  décimas y romances que llegaron de Andalucía con las jarchas árabes y hebreas para enriquecernos de música?  María Teresa Ramírez, Mary Grueso, Elcina Valencia y Lucrecia Panchano son cultas, profesoras todas, que viven la poesía desde sus raíces en África y en la oralidad que las empoderó durante la esclavitud y desde la poesía nacional e internacional. 

Estarán ‘Almadres’ como Olga Elena Mattei, Gloria Cepeda y Marga López. También Alba Lucía Ángel, novelista que en los 70 escribió la gran novela sobre la Violencia, ‘Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón’, de vanguardia en su tiempo. El hilo de esta voz, la de la protagonista, es la poesía. Ella publicó en las Ediciones Embalaje del Museo Rayo  ‘La gata sin botas’ y tiene una novela, ‘Las andariegas’, poema épico sobre nómadas como ella en la historia del mundo. Y estará Florence Thomas, la voz más resonante del feminismo en el país. 

Es una paradoja que un Encuentro de Poetas Colombiana se haga en un museo fundado por un artista de leyenda, figura heroica y patriarcal para muchos.  Pero sí, le gustaba la poesía y apoyaba los encuentros. Le daba cierto picante a la sopa de letras verlo allí, hermoso, majestuoso en primera fila, escuchándonos. Toda su vida amó la poesía, me presentó a poetas de su juventud como León de Greiff y las ‘Almadres’ Maruja Vieira y Matilde Espinosa. Me introdujo a la literatura colombiana con ‘Cien años de soledad’. Su obra a pesar de ser geométrica es esencialmente poética.  

Fueron muchos.  De hecho, los primeros poemas de mi primer libro ‘Aquí beso yo’, fueron primero cartas que le escribí: “Soy tu mujercélaga / encinta de parábolas / ávida de fábulas. / Tristente e incrónica / soy tu musimáquina / mi cólico de nínfula / pasado sin remedio”. Tras su muerte escribí ‘Euridiciente’: “Tu vida traspasó la mía, como el relámpago traspasa la piel del cielo  con la aguja de su luz”...

 

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