España, tras el rastro de Cervantes

Febrero 01, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de GACETA y Agencias
España, tras el rastro de Cervantes

La supuesta tumba de Miguel de Cervantes, el manco de Lepanto, hallada en el Convento de Las Trinitarias de Madrid.

Sepultado bajo una tonelada de libros, como quizás él lo habría querido, podría estar uno de los grandes hallazgos de la arqueología: la tumba y los restos de Miguel de Cervantes Saavedra.

Cuando los investigadores entraron en la pequeña cripta de la iglesia, donde se cree fue enterrado Miguel de Cervantes hace cuatro siglos, tuvieron que vaciar decenas de libros y unas enormes estanterías de madera que habían pertenecido a una antigua editorial. Y la sorpresa, claro, fue mayúscula. Los arqueólogos no solo encontraron tres tumbas sin marcar en el suelo que no aparecían en los estudios históricos previos, sino que poco después hallaron en una de ella las iniciales “M.C.” y huesos en su interior. De inmediato, y no con poca razón, muchos empezaron a especular que podría tratarse del cuerpo perdido de Cervantes, el escritor español más universal de la historia gracias a su antihéroe Don Quijote. La historia de este hallazgo comenzó hace menos de dos semanas, cuando más de veinte arqueólogos y antropólogos, ataviados con overoles blancos y tapobocas, iniciaron los trabajos de excavación en el convento de las Trinitarias de Madrid, donde Cervantes fue enterrado en 1616. La ubicación exacta de la tumba del escritor se perdió en una ampliación de la iglesia. Pero un proyecto ideado por el historiador Fernando Prado y financiado por el ayuntamiento de la capital española busca los restos del autor desde hace casi un año. Fue así como la cripta bajo el altar mayor de la iglesia, de apenas diez metros de largo y seis de ancho, se convirtió en un moderno laboratorio forense donde conviven equipos tecnológicos, mesas donde clasificar los restos hallados y una bandera del cuerpo militar con el que combatió Cervantes en la batalla de Lepanto (1571) . En el sitio de la excavación, que cuenta con un presupuesto de 50.000 euros (56.180 dólares), los arqueólogos tienen marcados 36 nichos en la cara norte de la cripta, que teóricamente corresponden a capellanes del convento. Allí, los expertos han estado limpiando el yeso que cubre la pared para descubrir lápidas mortuorias que identifiquen a los difuntos. Si la humedad ha borrado las inscripciones, se introducirán cámaras endoscópicas y se analizarán los huesos. El primer gran hallazgo fueron las tres tumbas, pero a los pocos días dieron un golpe mayor: las iniciales “M.C.” halladas en una tabla sobre el féretro, formadas por tachuelas metálicas. También encontraron huesos en su interior. ¿Podría ser, pues, el cuerpo de Miguel de Cervantes? Eso aún está por verse. El equipo que busca los restos del escritor español más universal de la historia pidió prudencia. “Estamos emocionados, pero al mismo tiempo nos queda seguir mirando”, dijo el antropólogo forense Francisco Etxeberria, quien supervisa los trabajos. “El ataúd son fragmentos de tabla muy, muy degradada”, advirtió y agregó que “no podemos confirmar que hayamos encontrado a Cervantes”. La pista, sin embargo, es inmejorable. El hallazgo se produjo justamente en la cripta del convento de las Trinitarias de Madrid, donde Cervantes fue enterrado en 1616. La ubicación exacta de la sepultura es el misterio que los expertos tratan de resolver cuatro siglos después. En su interior encontraron huesos pertenecientes a al menos diez cuerpos, algunos de los cuales fueron descartados al tratarse de niños. El resto está en estudio. Los huesos están siendo clasificados y analizados por los forenses en el interior de la cripta. “Estamos todavía en una fase muy inicial. La tarea de documentación histórica está en curso” , explicó Almudena García Rubio, directora del proyecto arqueológico. Pero, sin duda, “Encontrar las tachuelas con las letras “MC” fue muy impresionante” . Por su parte, Francisco Etxeberria, quien participó en la autopsia que confirmó el suicidio del expresidente chileno Salvador Allende, dijo la semana pasada que los restos de Miguel de Cervantes no deberían ser difíciles de identificar. El autor español murió a los 69 años (1547-1616) , tenía la mano izquierda inutilizada por una herida de guerra que sufrió en la batalla de Lepanto, otras dos marcas de fusil arcabuz en el pecho y apenas seis dientes, como él mismo reconoció en uno de sus últimos relatos.¿Y si es Cervantes?Pero, ¿qué implicaciones tendría en la cultura si se llegase a comprobar que, en efecto, los restos pertenecen al ilustre escritor? Según el escritor norteamericano Ilan Stavans, experto en la obra de Miguel de Cervantes y autor de una traducción de ‘El Quijote’ al ‘spanglish’, hay algo macabro en el hecho de que en años recientes, los restos de Federico García Lorca y Pablo Neruda, así como el Che Guevara y Evita, entre otros, hayan sido exhumados. “Parece que no permitimos que los muertos —al menos los famosos— mueran de verdad, o al menos que descansen en paz”, dijo a GACETA. “Y ahora le toca el turno a Cervantes”.Según el prolífico escritor, quien no se muestra de acuerdo con excavaciones realizadas en Madrid, “Al final de la novela el caballero muere en su cama, en paz, otra vez en su cordura. ¿O es Alonso Quijano el que fallece? El narrador de la novela, que ha visto cómo otros, reales y ficticios, se apropian del legado de su creación, dice que solo para él nació Don Quijote y que ahora desaparece para que nadie jamás haga con él lo indebido”, asegura. ¿Es, pues, indebida la excavación de los huesos de Cervantes? ¿Cambiará nuestra apreciación del Quijote, la obra máxima de nuestra lengua? “Lo dudo”, dice Stavans. “De lo que sí estoy seguro es que si Cervantes murió en la pobreza, si estos de verdad son sus restos, se le construirá una tumba acorde a su estatura, no biológica sino cultural. Ese sepulcro se convertirá en santuario, es decir, en un destino turístico obligado. Eso es lo que me pesa de todo esto. Porque el legado del Quijote es global: está en todas partes y en ninguna. Como otros antes que yo, creo que uno de los atributos de esta obra es precisamente su anti-españolismo. Con esto quiero decir que hay pocos libros clásicos que critican su origen con semejante rigor. España nos dio el Quijote pero no es de ella sino de todos. Hacer una ‘Disneylandia’ del sepulcro de Cervantes es, lastimosamente, reducirlo de tamaño”. EL DATOEl trabajo se adelanta en el convento de las Trinitarias de Madrid, donde Cervantes fue enterrado en 1616. Allí, en algún momento, funcionó una editorial.

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