Ese virtuoso del piano llamado Rubalcaba

Ese virtuoso del piano llamado Rubalcaba

Septiembre 04, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Ossiel Villada Trejos I Especial para GACETA
Ese virtuoso del piano llamado Rubalcaba

Sus seguidores se preguntan qué tiene la música de Gonzalo Rubalcaba que es capaz de lacerar el alma con el punzón dulce de la melancolía o alegrarla con el ritmo frenético de la primavera.

Perfil. Su última visita a Cali fue en 1995. Vino, tocó y embrujó con sus melodías. Desde entonces, los amantes del jazz contaban los días para encontrarse de nuevo con ese genio del piano llamado Gonzalo Rubalcaba. Ganador de cuatro premios Grammy y admirado por Dizzy Gillespie, el cubano está de regreso invitado por Ajazzgo.

Aquel trozo de piano había hecho un largo viaje. Desde la fría Rusia, donde fue fabricado, hasta la calurosa Cuba, donde fue usado, y de allí al bullicioso barrio Alameda de Cali, donde terminó colgado como pieza de museo.Era solo un pedazo de teclado, una pieza oxidada y olvidada. Kike Escobar la encontró en un rincón de la Escuela Nacional de Artes de La Habana, pidió que se la obsequiaran y la convirtió en el ornamento principal de su ‘Bachata’. La colgó en una pared, junto a la barra, en medio de los enormes estantes repletos de charangas, pachangas, montunos, sones y danzones atrapados en discos de acetato, que conformaban su gigantesca colección de música.Y ese recuerdo inservible de lo que era un piano fue una de las dos cosas que le llamó la atención al pianista cubano de jazz, Gonzalo González Fonseca, aquella noche de 1995 en la que se apareció sorpresivamente en ‘Bachata’.Situada a dos cuadras de la Galería Alameda, Bachata era un hogar de paso para almas solitarias y antiguos amantes del ritual sonoro de la clave como Carlos Fernando Trujillo. Productor artístico con un talento natural para manchar el lienzo gris de la vida cotidiana con coloridas sorpresas, Trujillo iba tres o cuatro veces por semana. Y esa noche llegó con el pianista cubano, que 40 minutos antes había concluido un concierto apoteósico en el Teatro Jorge Isaacs. Venía lleno de emoción, pero estaba hambriento. Kike Escobar lo sentó en el mejor lugar de la barra y preparó una mesa para sus tres acompañantes –el trompetista Reinaldo Meliam, el baterista Julio Barreto y el bajista Felipe Cabrera–, mientras intentaba calmar el corazón que quería escapársele. Después de todo… ¡Era el mismísimo Gonzalo González Fonseca sentado en su negocio! Sin duda alguna, Dios existía. Llamó a un restaurante cercano, pidió un pollo asado y destapó una de las botellas de ron que había traído desde La Habana. El pianista hambriento atacó el pollo con sus diez dedos, pero de repente, en algún momento se detuvo y se levantó, fascinado por la música que salía del amplificador.-¿Qué es eso? ¿de quién es ese piano tan sabroso?, preguntó -Se llama ‘Palmas’, maestro Gonzalo; es el último disco de Eddie Palmieri, respondió Escobar-¡Suena fantástico!Durante el resto de la noche, Gonzalo González Fonseca se dedicó a descubrir aquella producción de Palmieri recién salida del horno. Le gustaron especialmente dos temas –Palmas y Slowvisor-, pero también repasó videos de leyendas del Latin Jazz: Irakere, Steve Turre, Machito. “Me impactó su sencillez y su humildad; que se parara a preguntar por ese disco. Muchos músicos no preguntan por la obra de otros, porque el orgullo no los deja”, recuerda Escobar.González Fonseca había salido de Cuba años atrás, y ahora residía en República Dominicana, por lo que sus ojos brillaban de felicidad frente a todo aquel que le hablara de la isla amada. Escobar, recién llegado de La Habana, le habló de todo lo que por esos días sonaba en Cuba y en Cali: NG La Banda, Paulito y su Élite, Los Van Van. Y, por supuesto, de ese muchacho que el mismo González Fonseca había reclutado para la música: Isaac Delgado. El pianista le contó la historia secreta del ‘Son de Cuba a Puerto Rico’, ese tema de Pablo Milanés que grabó con Isaac y que los melómanos caleños repetían una y otra vez, sólo por el placer de escuchar cómo suena en la salsa un piano ‘jazzeado’.Poco antes de las 3:00 a.m. el pianista se levantó para despedirse, pero antes descubrió su conexión emocional con aquel trozo inservible de piano que colgaba en la pared. - Oye, yo conozco ese acorde, eso es de un piano ruso; yo toqué muchos de esos cuando era un niñito.Se quedó mirándolo en silencio, recuperando por segundos un trozo de la infancia perdida, y luego pidió un bolígrafo. “Con cariño y gratitud para mi amigo Kike: Gonzalo”, escribió antes de irse. Desde entonces, el pianista no ha regresado a tierra caleña.En la vida, como en los viejos discos, en algún momento se pasa de sonar por el ‘Lado A’ y se comienzan a recorrer los surcos del ‘Lado B’. En el acetato de Kike Escobar estaban rayados y Dios se dio a la tarea de recuperarlos. ‘Bachata’ se acabó y el viejo trozo de piano desapareció, pero hoy Kike Escobar, productor artístico, comunicador y pastor de una iglesia cristiana en Cali, sonríe cuando le dicen que tiene algo en común con el gran Dizzy Gillespie: una noche junto al gran Gonzalo González Fonseca.En 1985 Gillespie tenía motivos más que suficientes para pensar que ya lo había visto todo. Pero en el Festival Jazz Plaza de La Habana de aquel año descubrió que estaba equivocado. Ese pianista flaco y moreno que le habían presentado tenía algo distinto. Esa forma de tocar, que más allá de un impresionante dominio de la técnica reflejaba una estética equilibrada entre tradición y modernidad, lo había maravillado. Gillespie, por supuesto, lo puso a probar con su banda frente al público de La Habana, que ya lo reconocía como nueva figura revelación de la pianística cubana. Y el muchacho soltó lo que tenía. En el registro fílmico que quedó de aquellas noches se le ve vestido con una camisa de enorme cuello, con una sonrisa leve en los labios mientras saca de las entrañas del piano un ritmo embrujado.El gran Gillespie le pidió grabar un disco al año siguiente y así fue como el mundo descubrió que Gonzalo Rubalcaba era Gonzalo González Fonseca: cubano de entraña, hijo de esa otra gran leyenda del piano llamada Guillermo Rubalcaba, heredero de una enorme tradición musical, genio impresionante desde sus primeras lecciones de piano en el Conservatorio Manuel Saumell a los 9 años. Desde entonces hasta hoy, el mundo lo ha visto alternar en todos los escenarios del planeta, fusionar una y otra vez, sin repetirse nunca, los complejos esquemas de la música clásica, el jazz, la música norteamericana con las más oscuras raíces de la tradición cubana. Desde entonces hasta hoy, sus seguidores han viajado de disco en disco y de sorpresa en sorpresa, maravillados por un piano que siempre suena distinto. Lo han visto ganarse cuatro Grammy y recibir 15 nominaciones al mismo, además de montones de premios más especializados y difíciles de obtener.Y desde entonces hasta hoy, todos los que le han conocido y escuchan su obra – desde el gran Dizzy Gillespie hasta un melómano como Kike Escobar -, se preguntan qué tiene la música de Gonzalo Rubalcaba que es capaz de lacerar el alma con el punzón dulce de la melancolía, alegrarla con el ritmo frenético de la primavera o sacudirla con rugido de tormenta. Y porque resulta imposible hablar de su obra en términos de categorías, clasificaciones o clichés. Evolución. Es una de las palabras preferidas de Rubalcaba. La que explica por qué su obra creativa pasó de la explosividad rítmica de los primeros años a la profundidad melódica de los años recientes. Porque en algunos discos la clave para entenderlo es la sucesión de silencios entre un acorde y otro. Porque puede crear formas desafiantes de interpretar clásicos intocables como ‘Contigo en la distancia’ de Portillo de la Luz o ‘Agua de beber’ de Jobim.Algunos intentan explicarlo. “Cuando en Cuba un estudiante de piano logra saltar al reconocimiento, ya lleva 15 años o más de ejecución en el instrumento, por eso es muy difícil sobresalir entre tantos genios. Pero Rubalcaba siempre demostró que su sonido era progresista, que es un hombre adelantado a su tiempo y ve más allá de lo que ven todos. En el 95, cuando vino a tocar a Cali, todos los que lo oíamos ya sentíamos que lo que sonaba era música del Siglo XXI”, dice Kike Escobar.La experimentación constante en su carrera es lo que llevó a Rubalcaba a montar, en el 2012, el proyecto que lanzará en Cali. ‘Volcán, como promete su nombre, es un concepto que promete erupción. Rubalcaba se reinventa de nuevo dentro de un cráter, acompañado esta vez por tres titanes del jazz latino con los que ha compartido complicidades y sonidos: Horacio ‘el negro’ Hernández en la batería, Armando Gola en el bajo y Giovanni Hidalgo en la percusión.Después de un largo periplo que muchos llamaron el ‘Gonzalo místico’, Rubalcaba refuerza en Volcán el énfasis melódico de sus últimos discos, pero también recuerda la explosión rítmica de sus primeros años. Por supuesto, sonará distinto. Es lo que siempre hace regresar a sus fanáticos, es la promesa que siempre queda en el aire. Es lo que mantendrá expectante la próxima semana a Kike Escobar, el hombre que una noche, hace 18 años, compartió con Gonzalo un extraño menú de pollo, Palmieri y piano.

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