Escuchar a Paquito D´rivera es entrar al mundo de la alegría

Escuchar a Paquito D´rivera es entrar al mundo de la alegría

Septiembre 06, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Luis Guillermo Restrepo | Director de Opinión de El País
Escuchar a Paquito D´rivera es entrar al mundo de la alegría

A mis 65 años, todavía disfruto cualquier tipo de música, siempre que sea de calidad. Después de la cubana, de Latinoamérica celebro la música brasilera. Allá se ha logrado la más perfecta química entre melodía, armonía y ritmo que se pueda lograr”.Paquito D’Rivera,en entrevista con El País.

Paquito D’Rivera, una de las máximas figuras del jazz, se presenta esta noche en el Teatro Municipal Enrique Buenaventura.

Oír y ver a Paquito es como entrar en el mundo de la alegría. Uno cierra los ojos, deja que ese saxofón o ese clarinete entre por sus oídos y ya: la magia aparece y uno se eleva pensando en quién sabe cuántas cosas.Eso pasa porque Paquito nació para divertirse haciendo música. Él lo sabe, se ríe y sigue haciendo su oficio. Y descubriendo sonidos o cosas que hagan sonido. Para este cubano que junto con Chucho Valdés, Arturo Sandoval, Quique Pla y otro puñado de maestros hicieron a Irakere, todo tiene música porque todo vive. Su oficio es descubrirla. Son muchos años haciéndolo. Por eso es tan difícil decir que lo suyo es la música cubana, que sí lo es; o la clásica, que también lo es; o lo alegre, o lo romántico de Claudia y Sin Tu Cariño de Rubén Blades, o lo bello de Canción para Maura. Por eso hay que reconocerlo como uno de los más grandes exponentes del jazz latino, la forma de llamar la música sin necesidad de encerrarla en el dogmatismo y ponerle límites a la creación que brota por todos los rincones del Mar Caribe.Es que uno puede encontrarse a Paquito en Nueva York, o en el Brasil, o en Europa. O se puede ir a Punta del Este en el Uruguay a principios de todos los eneros y verlo allí, en un escenario en medio de los potreros y las vacas de una bella estancia, que alguien construyó para realizar uno de los más exquisitos festivales de jazz de Suramérica. Allí está Paquito D’Rivera como director, juntando músicos de Buenos Aires, del Brasil, de Nueva York, de Europa. Haciendo lo que sabe en el ambiente ideal para que el espíritu tome vuelo en medio de las estrellas y lejos del mundanal ruido. Por eso, Paquito es una celebridad mundial. Porque desde los cinco años ha vivido como buen cubano en medio de la música. Por eso ha andado casi todo el planeta con su saxofón y su clarinete, que según él “es como una mujer: es muy difícil”. Por eso, con Chucho, y Arturo y Quique y todo Irakere descubrieron una sonoridad que aún retumba para decir aquí estamos, esto somos, somos libres a pesar de la opresión de un régimen eterno y vetusto y nadie nos podrá olvidar jamás. Es la música, el emblema de su país que él debió abandonar cuando estando en Madrid sintió que le faltaba el oxígeno de la libertad. Por eso, Paquito es una de las más grandes figuras del jazz que ha pisado nuestro Teatro Municipal. Es el Paquito amigo de Dizzy Gillespie y de Arturo Cabrera Infante, en quienes encontró sus referentes para la música y la literatura, y estuvieron en el origen de “Mi vida saxual”, su testimonio de vida y de música.Esta noche estará aquí con nosotros haciendo lo suyo en compañía del Trío Corriente de Brasil, integrado por Edu Ribeiro en la batería, Fabio Torres en el piano y Paulo Paulelli al contrabajo. Es la oportunidad de escuchar y presenciar otra de las facetas del músico cubano ganador de 9 premios grammy y quien hizo posible el regreso de Bebo Valdés, el más grande de los grandes, con el disco ‘Bebo rides again’ un ya lejano 1994: la de quien disfruta buscando en los sonidos el alma de los pueblos, en este caso el brasilero. Y haciendo la música que lo marcó desde que nació hace 65 años en Marianao, en esa Habana donde la música es tan importante como comer o dormir.Por esa razón, cuando esta noche entre al Teatro Municipal hay que recordar lo que le dijo a Gaceta Fernando Trueba el director de la inolvidable Calle 54: “No conozco un mejor remedio para la melancolía que el sonido del saxofón de Paquito”. Es decir, la alegría.

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