Escritores que han marcado la historia de Moscú

Escritores que han marcado la historia de Moscú

Julio 16, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co | Gaceta
Escritores que han marcado la historia de Moscú

Estatua en honor a Nikolai Gogol, autor de 'Almas Muertas'

Desde Pushkin, el Cervantes de las letras rusas, hasta Mayakovski, el poeta trágico, la Moscú literaria se asoma a la historia social y política de esta ciudad. Visita guiada por la Moscú de Tolstoi, de Gogol, de Dostoyevski y Bulgakov.

Dublin tuvo su James Joyce. París, a Víctor Hugo. Londres a Shakespeare y Dickens. Como ellas, Moscú tiene sus grandes: Pushkin, Tolstoi, Gogol, Mayakovski, Gorki, Dostoyevski, Bulgakov. San Petersburgo fue la ciudad de la Corte, el lujo y la nobleza, pero la antigua Moscú siempre fue capital de escritores y artistas, cuyos trazos se encuentran en una esquina, una plaza, un pequeño museo, una calle o una estación de metro.Vamos por partes. El prócer de la literatura rusa es Alexander Sergueyevich Pushkin, es algo así como su Cervantes. Allá, en 1800, cuando en la Corte solo se hablaba francés, el poeta fue el primero que valoró el ruso como lengua y escribió en su idioma natal. Su vida romántica y apasionada se destacó por su rebelión permanente, largos años de destierro en el Cáucaso, arresto domiciliario y castigo por su simpatía con rebeldes decembristas que conspiraron contra el zar. El escritor de ‘Ruslán y Ludmila’, ‘Boris Godunov’ y numerosos cuentos infantiles como ‘El zar Saltán y el gallo de oro’, vivió en Moscú en distintas épocas y allí conoció a su amada Natalia Goncharova, con quien se casó, y por cuyo amor murió en un duelo en 1837. Moscú recuerda a su poeta preferido en distintos lugares: la Plaza Pushkin, que es el centro de encuentro de las manifestaciones políticas, de los amigos y los novios. El Café Pushkin, casi al frente de su famosa estatua, inmortalizado por la canción ‘Natalie’, de Gilbert Becaud. Por la famosa peatonal Arbat, entre los cuadros de los pintores que los venden al aire libre en pleno invierno con los copos de nieve cayendo sobre sus cabezas, la estatua de Pushkin y Natalia es un monumento al amor apasionado. No lejos de allí se encuentra una casona tradicional moscovita del Siglo XVIII, en la que Pushkin vivió durante algunas de sus estadías en la ciudad, con retratos, muebles, escritos y documentación de la época.Caminando por la calle Arbat, hacia el centro, se llega al bulevar Nikitski donde está la casa de Nikolai Gogol, amigo de Pushkin, cuya novela ‘Almas muertas’ inaugura la tradición de la novela rusa con su fantasía, realismo y sátira que luego retomará Mijaíl Bulgakov en pleno Siglo XX. Su imagen, entre sabia y afable, mira desde lo alto en el patio de su casa, donde Gogol enloqueció y quemó la segunda parte de ‘Almas muertas’ días antes de fallecer. Hoy, es un centro cultural donde se realizan conferencias y presentaciones teatrales.Este recorrido por las letras rusas nos deja después frente a las páginas de un conde. Frente a León Tolstoi, que reflejó el final de un mundo campesino y aristocrático antes de la locura del Siglo XX. Pese a que vivió la mayor parte del tiempo en Yasnaya Polyana, pasaba largas temporadas de invierno con su familia en la casona de la calle Jamovniki de Moscú. Como una casa de campo de madera escondida en la ciudad, la edificación, construida en 1820, fue preservada después de la revolución de 1917 en su estado original, y se pueden ver los trazos de su vida en las habitaciones. El pensador noble y rebelde se levantaba temprano, cortaba madera para la estufa, traía agua del pozo y ejercía su oficio de zapatero para descansar de la escritura. Algunos pares de zapatos hechos por él pueden verse en el lugar, así como la bicicleta que aprendió a usar a los 67 años. En una vitrina está su abrigo, su delantal de trabajo, varias camisas y medias.En la entrada de la Biblioteca Lenin, en el centro de Moscú, la estatua de Fiodor Dostoyevski se erige imponente. El escritor es recordado por haber inmortalizado las callejuelas de San Petersburgo con los héroes de ‘Crimen y castigo’, pero nació en Moscú en 1821, en una esquina del Hospital Marinski, establecimiento para pobres donde trabajaba su padre médico. El tema de los desposeídos y humillados, central en su literatura, empezó en este lugar, donde vivió hasta 1837, cuando murió la madre, luego de lo cual viajó a San Petersburgo a estudiar. El apartamento fue transformado en museo, y se mantiene tal como entonces. A pocas cuadras, una estación de metro fue inaugurada en 2010 en su honor. Al fondo hay una gigantesca imagen del escritor con su mirada sombría y, a los lados, murales con ilustraciones de sus novelas. En uno de ellos, el joven estudiante Raskolnikov sostiene un hacha sobre la cabeza de una mujer, mientras que el cuerpo de la usurera Aliona yace en el piso. No tan dramática es la casa del dramaturgo Anton Chéjov en el Bulevar de los Anillos, que rodea el centro de Moscú. En sus ratos de ocio, Chéjov, que era médico, escribía obras de teatro y las representaba ante amigos en un escenario improvisado de la parte superior de la casa.La Rusia literaria se inclina también ante el autor de ‘La madre’, Máximo Gorki, que acompañó los acontecimientos revolucionarios de Rusia, pero fue crítico de la conducción bolchevique, se exilió en Italia y volvió en los años 20 para ser ensalzado con honores por Stalin. El escritor recibió la mansión Riabushinski, que había pertenecido al presidente de la Bolsa, una casa que es una de las mejores muestras de arquitectura del periodo Art Nouveau ruso, con su escalera espectacular, mosaicos, vitrales, y todo tipo de detalles y decoraciones. Allí vivió con sus 12.000 libros hasta su polémica muerte en 1936. Conocedor de la represión que se vivía, con su prestigio y sus contactos internacionales, el escritor era un peligro para el jefe del Kremlin. Yágoda, ex jefe de la temible NKVD, confesó en los famosos juicios de Moscú que había ordenado su envenenamiento, pero se cree que Stalin dio la orden y luego se deshizo del verdugo.De Gorki, pasamos al poeta trágico. Porque todas las revoluciones tienen un poeta joven y trágico. El de la revolución rusa de 1917 fue Vladimir Mayakovski, líder de la vanguardia futurista, amplio movimiento artístico y poético. El museo destinado a su memoria, ubicado en pleno centro de Moscú, fue el apartamento donde vivió once años. Pero, a diferencia de una ordenada y sistemática galería, el lugar es una pequeña muestra de la revolución artística de comienzos de siglo con afiches, esculturas y pinturas. Fue Mayakovski una de las primeras víctimas del estalinismo. Cuando los ecos de la revolución se habían apagado y empezaba el auge del realismo socialista, fue criticado y le fue negada la posibilidad de viajar al exterior para encontrarse con su enamorada. Deprimido, el poeta se suicidó a los 36 años.Mayakovski no fue, sin embargo, el único que pintó el Moscú de los años 30 con su censura asfixiante para escritores y artistas. Esa labor la hizo también Mijail Bulgakov, cuya obra maestra, ‘Máster y Margarita’, rompió las normas del realismo socialista. De hecho, solo fue publicada en ruso en 1973. Un tal Voland (Satanás), genio de las artes oscuras, aparece un día en el Lago del Patriarca y discute con un escritor ateo, Berlioz, a quien pronostica que morirá decapitado por una mujer. El descreído literato camina unos metros, resbala frente a un tranvía y muere sin cabeza. Voland y su comitiva cometen varios ataques contra la élite literaria y artística soviéticas, describiéndolas como un grupo de arribistas escépticos y descreídos. En un recorrido que nos lleva por todo Moscú, el autor relata la pasión del Maestro, escritor frustrado que incendió su original (como les sucedió a Bulgakov y a Gogol), después de ser repudiado por críticos estalinistas. También la odisea de Margarita, su amante, quien pacta con el Diablo para salvarlo y vuela desnuda por Moscú, rompiendo las ventanas del edificio donde viven los eximios críticos literarios que destruyeron a su amado.El apartamento de Bulgakov, en la Gran Sadovaya No. 10, recibe la visita de ilustres visitantes como Daniel Radcliff, actor de Harry Potter, un fanático del escritor ruso. En la entrada están las estatuas de Voland y su gato maléfico Beguemot, y en el interior hay estatuas de Berlioz sin cabeza y otros emblemas de su novela. Este recorrido literario no puede dejar de lado el Cementerio de Novodievichy, donde yacen Gogol, Chejov, Mayakovski y Bulgákov, mientras que los restos de Gorki están en las murallas del Kremlin.

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