Entrevista con Olga Behar: una mujer, muchas historias

Entrevista con Olga Behar: una mujer, muchas historias

Junio 26, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co | Gaceta - Aura Lucía Mera y Beatriz López

Una periodista que ha pasado del estatuto de seguridad a la seguridad democrática, de los diálogos en Corinto hasta la silla vacía en El Caguán. Una mujer que ha sido testigo de la historia más reciente de Colombia y que la ha plasmado en cinco libros.

Un mediodía caleño lleno de sol y buenas energías, entre suculentos platillos voladores, se nos ocurrió entrevistar al alimón a Olga Behar, la periodista que ha escrito cinco libros sobre la convulsionada historia de este país en los últimos 30 años. La misma que ha sido amenazada por militares y narcos y demandada por el hermano del expresidente Álvaro Uribe. La que estuvo exiliada en México cinco años.Tratar de encasillarla como valiente, temeraria o audaz es imposible. Su personalidad multifacética escapa a cualquier definición. Un cuerpo menudo con una energía volcánica. Unos ojos que abarcan el cosmos. Una sonrisa casi infantil que mantiene a flor de labios. Una alegría de vivir que se le sale por los poros. Un entusiasmo contagioso y una claridad mental casi escalofriante. Uno pensaría que es cuestión de genética. Y sí. Su abuela materna, judía, oriunda de un pequeño pueblo alemán, Marienburg, era astróloga y clarividente. Le leyó la carta astral a Hitler y llegó despavorida donde el abuelo a decirle que tenían que salir rápidamente de Europa porque iba a suceder algo horrible. El abuelo, también de origen judío, se negaba a aceptar esta premonición. Pero en 1938, cuando fue golpeado por los nazis, viajaron a Colonia. Solamente “quedaban cupos” para inmigrar a dos países: Ecuador y Colombia. El resto de América ya no recibía más judíos.Los abuelos Leiser se radicaron en Palmira. Paralelamente la familia Behar también tocaba tierras colombianas. Cupido lanza sus flechas y así se forma el hogar Behar Leiser. Una infancia feliz entre los listones de madera del aserrío del abuelo, el campo, las muñecas, los gatos. Una vez graduada del Colegio Hebreo partió a Bogotá a estudiar comunicación en la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Allí, investigando sobre las formas de escribir un guión para telenovelas, tocó las puertas de Todelar. Sería en esta cadena en la que conocería a uno de sus principales mentores, Jorge Enrique Pulido, (asesinado años después por la mafia), y a Álvaro Soto Holguín, quien le dio la chiva del hallazgo de Ciudad Perdida en la Sierra Nevada de Santa Marta. Esta fue, sin duda, la noticia que la catapultó como un cohete.Saboreando ya las miles de la chiva, pasa entonces a cubrir debates en el Congreso y el Concejo. Sus grandes apoyos y amigos: Luis Carlos Galán, Rodrigo Lara, Bernardo Gaitán Mahecha. Siendo alcalde, este último la invitó a un encuentro con Lleras Restrepo donde obtuvo su segunda chiva: la creación del Consenso de San Carlos, para atravesarse como mula muerta a la candidatura de Turbay, y lanzar su candidatura como precandidato presidencial. Segunda chiva. El cohete Behar ya está disparado. Es entonces cuando Olga se convierte en reportera estrella de la radio y la televisión. Pasa por todos los noticieros y se codea con lo más granado de la generación de periodistas de los 80: Mauricio Gómez, Enrique Santos Calderón, Daniel Samper, Alberto Donadío.No obstante su habilidad para el cubrimiento de temas de coyuntura, Olga Behar descubre su pasión más extrema, esa que le exige atravesar aguas turbulentas, esa que la reta a sortear aguas movedizas: el periodismo investigativo. “La investigación es como tirar el hilo de una madeja: se empieza con una sospecha, luego un rumor que crece y que te impulsa a investigar. Vas a las fuentes, consultas archivos, pides expedientes, en fin, como un laberinto confuso que finalmente lleva a salidas insospechadas”, afirma. Justamente eso fue lo que le sucedió en 1980, en pleno Estatuto de Seguridad, durante el gobierno de Julio César Turbay. Era un secreto a voces que en las caballerizas de Usaquén había torturas. “Me fui a entrevistar al general Miguel Vega Uribe. Me recibió confiado en que yo era una reportera inofensiva. Envalentonada, le escupí de frente: “No puedo creer que bajo su mando sea cierto que estén torturando. Le ofrezco micrófono y cámara para que aclare la situación. El general me sacó de su oficina prácticamente a patadas”, recuerda.Luego vendrían las amenazas, los disparos frente a su apartamento, su libro ‘Las Guerras de la Paz’, su exilio a México, Gerardo Ardila ,su esposo, sus hijos Carolina y José. Pero también los diálogos de paz. Corinto. El Caguán. El gobierno de Uribe. Una trayectoria envidiable, sin duda. Quizás por ello resulta tan gratificante hablar con esta mujer. La que ha recorrido el país en canoa, en lancha y a caballo; que lo ha atravesado por trochas y pantanos. Que lo ha conocido de viva voz de quienes fueran sus grandes amigos: Luis Carlos Galán y Rodrigo Lara Binilla, pero también desde las consignas y discursos de Jacobo Arenas, Tirofijo, Alfonso Cano. Por eso, decidimos compartir con ustedes apartes de esta conversación casual que sostuvimos con ella en medio de una calurosa tarde de verano. Su libro ‘Las guerras de la paz’, publicado en 1985, que relata aspectos de la toma del Palacio de Justicia y que denuncia desaparaciones y torturas, fue su primer gran trabajo periodístico. Sin embargo, la obliga a exiliarse. ¿Por qué?Porque al general Miguel Vega Uribe no le gustaron mis publicaciones sobre las torturas en las caballerizas de Usaquén y todas las denuncias posteriores. El 8 de diciembre de 1985 hizo allanar mi apartamento. Por fortuna no me encontraba en Bogotá y me salvé de una probable desaparición forzada. Luego asistí a la Casa de Nariño a una cita con el presidente Betancur para hablar de la libertad de prensa. En vista de que Belisario me dijo que no podía brindarme la protección necesaria. Viajé a México.¿Se olvida del periodismo en esos cinco años de exilio? No. Antes de irme llamé a Darío Arizmendi, a Margarita Vidal y a Ramón Jimeno para que me dieran las corresponsalías de sus medios. De ahí viaje a Miami, a Washington, pero finalmente me residencié en Ciudad de México. Me enamoré y tuve a mi primera hija. Conocí a Gabo. Fue, pues, una época maravillosa. Cuando me preguntan qué fue lo peor del exilio, digo que el día que me vine. Usted fue una de los periodistas que tuvo el privilegio de presenciar el intento fallido de firmar la paz en Colombia, con el M19 y el EPL, en el gobierno de Belisario Betancur. No solo fue testigo del atentado contra Carlos Pizarro sino que se rumoraba que usted había tenido un romance con él. ¿Cómo recuerda ese episodio? Yo estaba en Corinto con una legión de periodistas que nos aprestábamos a cubrir la firma de los acuerdos, cuando llegó la noticia de que en la carretera el convoy de Pizarro había sido atacado por el Ejército. Fueron momentos de mucha tensión pues el proceso podría venirse abajo. Pizarro llegó al Seguro Social de Corinto, herido. Su compañera ‘Laura’ fue trasladada a Cali pues estaba gravemente herida. Los miembros del Estado Mayor del M-19 debatieron a puerta cerrada y finalmente decidieron firmar. Llegaron los delegados del gobierno y Pizarro, con su brazo inmovilizado (el tiro le lesionó el hombro) salió al parque central de Corinto y firmó el acuerdo. Fue un momento muy emocionante. Tal vez era una romántica, pero yo creía que se lograría la paz en este país.Con Carlos tuve una buena amistad y, sobre todo, con su hermana Nina. Recuerden que Cali era un pueblo en los 70, donde todos nos conocíamos con todos. Nunca se me hubiera pasado por la cabeza tener una relación con él, ni siquiera una aventura. ¡Habría sido medio incestuoso!Pocos periodistas han cubierto tan de cerca la guerra en Colombia. ¿Cual es su visión frente a la entrega por parte de las Farc del periodista francés Romeo Langlois, la presencia del canal Telesur y la ausencia total de la prensa colombiana? El Gobierno, ingenuamente, hizo todo lo posible por evitar el juego mediático, al punto de someter a la comisión a ir y volver por tierra, por esas trochas vergonzosas del Caquetá, que son un símbolo de la inexistencia del Estado en esa región, en lugar de facilitar un helicóptero. Todo, para que no hubiera cubrimiento de medios. ¡Que pendejada! Estamos en la globalización tecnológica. Hoy, Telesur transmite con un celular y los guerrilleros tienen más tecnología que RCN y Caracol juntos. Ese es el desafío de la censura. A propósito del gobierno actual, ¿cree que Juan Manuel Santos podría culminar exitosamente un proceso de paz con las Farc y el ELN, a pesar de la férrea oposición de la derecha y de un sector de las Fuerzas Armadas? El hombre es inteligente, sagaz, manipulador, conciliador, frío y contundente. Si no es él, difícilmente será alguien distinto. Espero que en su segundo mandato (¿alguien duda todavía de sus intenciones de reelegirse?) lo logre. Con el Marco para la paz, clavó los cimientos.Los doce apóstoles y KleinEl fenómeno del paramilitarismo condujo a Olga Behar a buscar sus orígenes en Antioquia, donde se crearon las famosas Convivir, durante la gobernación de Álvaro Uribe. Entrevistó al mayor (r) Juan Carlos Meneses, comandante de la Policía en Yarumal en 1994. A través de sus revelaciones y escarbando en las entrañas de los procesos judiciales de la época, escribe ‘El clan de los doce Apóstoles’, en cuya carátula aparece la foto de Santiago Uribe, hermano del expresidente.¿Recibió amenazas con la publicación de este libro?No. Antes amenazaban al mensajero, ahora lo demandan.¿Quien la demandó?El libro se vendió hasta en los semáforos, pero no en Antioquia. A los cuatro meses, el expresidente Uribe lo menciona tres veces en la Comisión de Acusaciones en la Cámara y anuncia que existe una demanda contra mí. El 7 de octubre del 2011 asisto a una fiscalía para una conciliación con Santiago Uribe, cuyo abogado, Jaime Granados, ni siquiera lo acompañó a la diligencia.El proceso consta de 45 páginas. Cuando lo indagan por su profesión dice que es ganadero y alfarero. La tensión entre las partes es de cortar con cuchillo. Santiago me mira y su mirada fija me produce escalofríos.¿En que se basó la demanda?Calumnia e injuria indirecta. Dijo ante el fiscal que mi libro había acabado con su vida y que no descansaría hasta no resarcir su buen nombre. Señaló que yo lo incriminé en una entrevista en Europa cuando mostré su foto en la carátula del libro.¿Pero llegaron a una conciliación?No. El dijo: “no tengo ánimo conciliatorio, pero ella no tiene por qué preocuparse y puede dormir tranquila que nada le va a pasar”. El Fiscal le respondió que en jurisprudencia se pueden juzgar el pasado y el presente pero no el futuro. Yo tampoco quise conciliar.Olga era consciente de que aún le faltaba una ficha para ajustar el ajedrez de la historia que vivió Colombia con la violencia desatada por el paramilitarismo en los años 80 y 90. Su objetivo era llegar hasta el coronel Yair Klein, el israelí que entrenó a los campesinos del Magdalena Medio, hasta convertirlos en máquinas de guerra. Klein fue condenado en Colombia, pero Israel negó su extradición al país “por no ofrecerle garantías a su vida en las cárceles colombianas”. Aprovechando que su hija Carolina, que adelanta Ciencia Política en la Universidad de Haifa, vive en ese país, le puso como tarea rastrear al coronel. Fue una búsqueda de dos meses, hasta que un pariente de Olga, amigo de la hermana de Klein, allanó el camino, y de inmediato viajo a Israel para enfrentarse al “monstruo”.La charla con este personaje tan esquivo para los periodistas colombianos está consignada en el libro que acaba de publicar Olga Behar: ‘El caso Klein’.¿Quedó satisfecha con las respuestas de Klein, o cree que él se fue por las ramas, y dejó abiertos los interrogantes que todavía tenemos los colombianos sobre ese periodo negro de nuestra historia? Una lectura juiciosa de nuestro libro (lo escribí con mi hija Carolina Ardila) permite encontrar muchas verdades. El dejó algunas para tener argumentos y pruebas, porque sabe que podrá ser interrogado en algún momento por autoridades de nuestro país. Pero en el libro están las pistas para que, si alguien en Colombia quiere investigar jurídicamente este caso, se encuentren las respuestas fácilmente. Creo en su versión. Si no la creyera, no hubiera escrito el libro.

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