Entrevista con el hombre que llevará la batuta de la Orquesta Filarmónica de Cali

Agosto 22, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Claudia Bedoya | Reportera de El País
Entrevista con el hombre que llevará la batuta de la Orquesta Filarmónica de Cali

El director Eduardo Carrizosa opina que las orquestas deben tocar el alma de la comunidad para la cual trabaja y llevarle un mensaje de paz y armonía.

El maestro Eduardo Carrizosa será director invitado de la Filarmónica de Cali. Dice que las orquestas deben defender la música nacional.

El maestro Eduardo Carrizosa, el mismo que durante varios llevó la batuta de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, está en la ciudad para dirigir a la Orquesta Filarmónica de Cali que, el miércoles 26 de agosto, inicia su nueva temporada de conciertos.   En calidad de director invitado para el primer concierto, el tolimense asegura que Cali ha sido siempre para él su segundo hogar.  “Sin ser una frase de cajón, es un gusto siempre venir a Cali y estar con mis amigos de la Filarmónica”. Y no es para menos, conoce muy bien esta agrupación desde hace 25 o 30 años. “He dirigido la Filarmónica desde el siglo pasado porque tuve el honor de trabajar con maestros como Dimitriv Manolov cuando era la Filarmónica del Valle, así que he visto todo el proceso”.  Considera que el trabajo de la agrupación “le puede dar mucho al Occidente del país y hay que protegerla. La garantía de esta orquesta es que es moldeable por su alto nivel técnico”. Como académico hoy tiene una  preocupación: la formación de la música y la necesidad de cuidar el patrimonio musical del país presente en bandas y orquestas. Así habló Carrizosa con El País.    Maestro, le preocupa la formación de directores de orquestas. ¿Nos estamos quedando cortos con estos talentos? Sí. La dirección en general es una profesión. El instrumentista dentro de su formación debe tener algunas bases de dirección, pero hay que abrir pregrados en dirección para que el impulso sea constante. Hoy, todos los sistemas educativos tienden a hacer formación en artes pero esa formación no se puede quedar en un asistencialismo social, sino llevarlo a una cúspide donde se pueda crecer profesionalmente. Si tenemos  más programas profesionales en música, en poco tiempo podríamos tener más orquestas sinfónicas y más  directores.  ¿Y los músicos que se gradúan de las facultades  están interesados en el repertorio clásico? Creo que sí, pero valdría preguntarnos es qué consideramos clásico. Si lo consideramos dentro  de los márgenes de filosofía, lo clásico es la sublimación de los fenómenos artísticos y  estos fenómenos artísticos en Colombia son muy nuevos. Llevamos 100 o 120 años de repertorio orquestal y aún hoy estamos descubriendo trabajos de Bach o música del Renacimiento, pero de repente nos aparece música del Pacífico o la champeta y esos también son  procesos de tiempo. A Beethoven, Bach, Mendelson o Brahms los defiende la historia; a Petronio Álvarez, a Morales Pino, a Fonseca y a Juanes los defendemos los colombianos que entendemos por qué un bambuco o un currulao también son igual de importantes. Entonces, ¿está de acuerdo con que las orquestas sinfónicas acompañen artistas e interpreten lo que muchos tildan como música popular? Sí. Otto de Greiff decía que solo había dos tipos de música: la música buena y la música mala. Así que hacer definiciones y tratar de encajar dentro de ciertas cosas, a veces lo que crea es conflicto. Además, el mismo ‘La’ de Bach, es el mismo ‘La’ de Morales Pino, son diferentes los contextos y ambos hay que estudiarlos. Igualmente, pueden llegar a ser sinfónicos porque tienen  gran valor. Todos conocemos ‘Queen Sinfónico’, ‘The Beatles Sinfónico’ y vemos que sí se puede hacer. Aquí en Cali hay salsa sinfónica, hicimos el disco ‘Viaje musical por Colombia’, sinfónico. Para mí ese es el anzuelo con el que mucha gente se puede acercar a las orquestas y las bandas de una manera más amable.  Siempre las agrupaciones orquestales pasan trabajos  por el presupuesto, ¿qué opina de que sean vistas como las Cenicientas de la cultura? Siempre he defendido que un concierto es un espacio libre de agresividad, lo he comprobado en sitios que han sido tildados de ‘Zona roja’. Recuerdo que una vez fui a Miranda escoltado por el Ejército para tocar en una iglesia y la gente lloraba cantando ‘Pueblito viejo’, de José A. Morales. Y creo que ahí está la contribución de la música en todos los estamentos para el posconflicto. Nos invita a desarmar las personalidades. La música nos une en una especie de espiritualidad y después de un concierto nadie va a salir a pegarse. La voluntad política debe apuntar a fortalecer los fenómenos artísticos como la música, la lectura, la literatura y las demás artes.  ¿Qué opina de la formación musical de niños y jóvenes en condición de vulnerabilidad? Ahí se está rescatando algo  porque antes en los colegios se dictaban clases de música, pero con los cambios de currículo el arte quedó como un accesorio. Pero tenemos que pensar que este puede ser el camino para lograr un proceso musical exitoso como el de Venezuela. Tenemos que sumar voluntades.

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