Entre minas y rosas

Entre minas y rosas

Noviembre 29, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Claudia Rojas Arbeláez | Especial para GACETA
Entre minas y rosas

"En esta película hay una alta dosis histórica. Las consecuencuas de aquella unión de activistas homosexuales y mineros fueron, sobre todo, importantes referencias de tolerancia. Se trata, sin duda, de una acertada apuesta del director".

La comedia ‘Pride: Orgullo y esperanza’ narra las peripecias de un grupo de homosexuales ingleses que apoya la gran huelga de los mineros ocurrida en Reino Unido. Una película amena, construida con situaciones ligeras que, sin profundizar en mucho, da una mirada al momento coyuntural de los 80.

En plena marcha del orgullo gay, un chico veinteañero que empieza a asumir sus inclinaciones sexuales sostiene con inseguridad y temor el extremo de una pancarta.  Corre el año de 1983 y la crisis en Reino Unido no puede ser peor. En la televisión, Margaret Tatcher asegura que no va ceder a las demandas de los mineros y que si quieren, ellos pueden seguir con su huelga… ella no piensa ablandarse.

Mientras tanto, en las calles londinenses distintas agrupaciones se animan a vencer los convencionalismos sociales.  El movimiento punk que ya se había estado gestando en los años 70 se consolida y los homosexuales le hacen saber a su país que están con la frente en alto. Los ingleses entran pisando fuerte a los ochenta. 

Este es el contexto en el que transcurre ‘Pride: orgullo y esperanza’, dirigida por Matthew Warchus y que narra la historia de un grupo de jóvenes activistas que se solidarizan con la huelga de mineros que tiene paralizado a su país.  Para hacerlo recaudan fondos en la calle, pero para desgracia de ellos nadie quiere recibir su dinero.  En realidad este grupo de chicos solidarios tiene una condición particular que no es bien vista por la sociedad del momento, son homosexuales declarados. Y esto al Sindicato Minero le parece una mala publicidad. 

Sin embargo, ellos no piensan darse por vencidos y tras muchas negativas terminan por hacer contacto en una población minera cercana donde por errores de comunicación, aceptan los fondos sin entender muy bien de dónde proceden. Y aquí empieza en realidad la historia, cuando los obreros descubren quienes están detrás del acto solidario y por supuesto la población manifiesta su postura frente al hecho. 

A partir de ese momento la película se desarrolla en medio de situaciones entretenidas por las que vemos desfilar personajes típicos del pueblo y que son la mejor muestra de la comedia.   No faltan las mujeres que simpatizan con los chicos y los hombres homofóbicos que rechazan su ayuda. Y en medio de la aparente ligereza de la aceptación de la ayuda y de la solidaridad por la causa minera, se trenzan amistades que se afianzarán en medio de las pruebas del proceso. 

Sí, para este momento es fácil distinguir por qué la película puede agradarnos tanto. No solo porque en medio de las situaciones más esperadas y comunes surgen temas trascendentales que llevan la trama a conflictos mayores, sino porque  reconocemos personajes que podríamos ver en nuestra cotidianidad. Por ejemplo, las secuencias de baile en la que uno de los activistas se roba la atención de las mujeres de la fiesta y se convierte en la envidia de los hombres por bailar como lo hace. Sin embargo, aparecen pequeñas dosis de moral con las que el autor busca forzar una reflexión que legitime su postura.   

Prueba de ello son las secuencias en las que se aligeran  conflictos reales como la homofobia, la búsqueda sexual, el rompimiento de los tabús y la aparición del Sida. La manera como Warchus pasa por encima de los temas más  trascendentes podría parecer un impulso comercial, sin embargo resulta acertada  para evitar tonos trágicos que no le venían bien al género. 

‘Pride: orgullo y esperanza’ es,  por supuesto, la clásica comedia inglesa que posee la justa dosis de sarcasmo y que saca provecho máximo a los estereotipos del género.   

Pero no es asunto de risa gratuita, ni más faltaba. En esta película hay una alta dosis histórica.  Las consecuencias de aquella unión de activistas homosexuales y mineros fueron de registro fotográfico y de referencia de tolerancia.  La anécdota que mueve las historias termina dando sabor extra a lo que bien podemos reconocer por las dinámicas que establecen entre la comunidad. 

Imposible no recordar los suburbios ingleses que  ya nos habían mostrado muchos otros y las calles de atmósferas frías aprovechadas por  Alan Parker en su película ‘The commitments’. Y otras comedias inglesas como ‘The full monty’ y ‘Billy Elliot’, las dos ocurridas en pueblos mineros del Reino Unido. En estas películas como la que hoy nos convoca radica en la cotidianidad su encanto y en sus múltiples protagonistas la frescura de sus escenas, dándoles un sello único que reconocemos como firma del país.  

Así ‘Pride: orgullo y esperanza’ nos brinda una magnífica oportunidad de encontrarnos con lo mejor del género y del país en una película que además de refrescarnos, nos brinda la oportunidad de conocer mucho más de un momento histórico trascendental.  Maravilloso convertir aquellos guiños históricos, que en su momento podrían haber resultado ser solo producto de un momento y hacer de ellos argumento congruente e interesante de un largometraje. 

Para finalizar, un regalo para el público: las imágenes reales de aquella marcha del 84 en que el Sindicato de Mineros del Reino Unido encabezó el desfile del orgullo gay. Una amistad que superó todos los tabús.   

@kayarojas

Docente Universidad Autónoma de Occidente. 

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