En 'X men: días del futuro pasado', los mutantes quieren vivir

En 'X men: días del futuro pasado', los mutantes quieren vivir

Junio 01, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Claudia Rojas Arbeláez* | Especial para GACETA

‘X men, días del futuro pasado’ llegó pisando fuerte a las carteleras (de medio mundo) con una producción que ya empezó a superar en ingresos de sus antecesoras. Esta séptima parte se propone prolongar la saga por un buen tiempo más con un encuentro entre pasado y futuro.

Existen sagas fáciles de seguir en cuanto a sus tramas, conflictos, protagonistas y enemigos definidos. Historias sencillas, no por esto poco interesantes ni simplistas, que despiertan el interés de quienes las siguen sin hacer uso de la exageración. Otras sagas, en cambio, se tornan más complejas por el despliegue de personajes, locaciones y tiempos. ‘X-Men’ podría pertenecer a este grupo, o al menos resulta así para mí, pobre mortal espectadora, que puedo perderme en la complejidad histórica y las pasiones inciertas de estos mutantes. En realidad tampoco debe ser “tan“ compleja entre tanto nombre, poder y pelea. Sin embargo, el ejercicio se hace. Nunca está de más darle una mirada a estos fenómenos cinematográficos que agotan taquillas y sacian la curiosidad de quienes los observan. Entonces, en medio de los generosos ceros, bien valdría la pena preguntarse dónde está su mérito. Si es que esta es la palabra con la que podría explicarse el hecho mismo de haber llegado a la séptima versión de una historia que, a ratos, parece morderse la cola, y sin embargo sale bien librada. Ante todo la honestidad: para tristeza de algunos y beneplácito de los más gomosos, es necesario hacer una precisión histórica que tiene que ver con la fábula que da origen a la saga que hemos visto en las diferentes entregas y que se remonta a su primigenio cómic. Así ha ocurrido con las anteriores y se repite de nuevo con ‘X-Men, días del futuro pasado’, que pone un pie en un par de capítulos del cómic (141 y 142) para construir un argumento en el que son bienvenidos los mutantes de hoy y de antaño. Esta nueva versión empieza en el futuro, en medio de una salvaje persecución que tiene como objetivo a los mutantes. Los humanos han logrado diseñar unos robots llamados centinelas, dotados con facultades propias de los perseguidos, pero mucho más evolucionadas y con las que pueden derrotar al que tengan enfrente. La guerra está declarada y los mutantes condenados a desaparecer. En medio de este apocalíptico escenario, los mutantes piensan en una posible solución: tomar la conciencia de uno de ellos y hacerlo viajar al pasado para advertirse ellos mismos del peligro que podrán enfrentar. Y por ahí derecho evitar que Mystique (la azulita interpretada por Jennifer Lawrence) asesine a un importante científico, hecho que desató la bendita guerra en la que ahora están inmersos. ¿Complejo? No tanto. Eso sí, esta película construye demasiados andamios antes de adentrarse en el hueso mismo de la historia. Entonces sobran las explicaciones que están sobre la mesa y evitan confusiones. En esta búsqueda, la solución más apropiada es utilizar a Wolverine (el de las garras interpretado por Hugh Jackman), para que viaje al año de 1973 y evite el desastre. Corren los días del gobierno de Nixon en Estados Unidos y el miedo de los humanos a lo desconocido ha obligado a que los mutantes se escondan y es a ellos a quienes se les ha implicado el asesinato de JFK. ¡Tal cual! Ante semejante panorama, se construyen alianzas estratégicas y hacen su aparición muchos de aquellos que estuvieron presentes en la primera etapa. Personajes de las dos generaciones entran y salen de la pantalla, exhibiendo poderes y edades distintas, saturando la narración con tanta información. Aparecen entonces Magneto, el Profesor X y Quicksilver, cuyas secuencias terminan siendo unas de las más acertadas de toda la producción. Entonces la película se narra entre el pasado y el futuro, intentando alterar la realidad de unos personajes que intentan prolongar su existencia limpiando su buen nombre. Lo cierto es que no ha de ser cosa fácil volver sobre lo escrito, borrar con el codo y reinventar de nuevo. Esta suerte de licencia poética, la que permite a los creadores explorar la premisa desde diferentes perspectivas, es la misma que seduce a los espectadores generándoles la certeza de que habrá historia para rato. Así se les cuente lo mismo una y otra vez. A quien la observa, niños, adolescentes y adultos promedio, esta película podría resultarles entretenida (a secas). Y en el sentido más procaz de la expresión, he de afirmar que, para disgusto de algunos, no siempre donde hay goce hay calidad. Porque no basta con la tensión, el ‘uy’, los puños, las patadas, las explosiones y los rayos. Es obvio que el efecto prima sobre la causa y el espectáculo sobre la dramaturgia. Ni pedirle peras al olmo, ni ponerse demasiado inteligente. *Docente Universidad Autónoma de OccidenteTwitter: @kayarojas

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