En mis películas la violencia está como huella: director de X 500

Mayo 07, 2017 - 08:27 a.m. Por:
Yefferson Ospina / Periodista de Gaceta
Juan Andrés Arango

Juan Andrés Arango, director de cine bogotano.

Especiales para El País


Fue hace varios años. Juan Andrés Arango preparaba un cortometraje al que llamaría ‘Eloísa y Las Nieves’ y que rodaría en uno de los barrios marginados del centro de Bogotá.

Entonces ocurrió algo que bien podría llamarse una epifanía: conoció a Josué, un jovencito afro que había llegado a vivir meses antes a Bogotá desde Buenaventura y aquel encuentro sería el inicio del descubrimiento de todo un universo: la vida afro de la costa pacífica que empezaba a crecer en el interior de las grandes ciudades, que se erosionaba como yerba obstinada en una ciudad que por décadas había permanecido ajena a la profunda y perturbadora cultura asentada en las costas húmedas del Pacífico.

Juan Andrés había empezado a intuirlo: Bogotá no era la misma. Bogotá estaba cambiando.  Las oleadas de migrantes de todas las regiones del país, de desplazados, empezaban a llegar cada vez con mayor densidad y a construir una geografía humana diferente sobre las calles de la ciudad.

Y Josué, aquel chico que Juan Andrés Arango conoció haciendo su cortometraje, había sido para él la entrada a ese universo en construcción, a esa otra ciudad que empezaba a erigirse.

De esos descubrimientos escribiría el que sería su primer largometraje, ‘La Playa’, que rodó a finales del año 2011 y con la que ganó como mejor director en el festival de cine de Vladivostok (Rusia), SANFIC, que fue premiada como Mejor Ópera Prima en el Festival de Cine de Lima, Perú, y que ganó el Lions Film Award en el Festival de Cine de Róterdam.

Con esos descubrimientos y con muchos otros que hizo viviendo en Montreal, Canadá, y en México D.F., se embarcó a escribir su segunda película, ‘X500’, que llegó a las salas de cine colombiano el pasado 4 de mayo gracias a la distribución de Cinecolor Films.

¿Qué historia nos cuenta su nueva película?
‘X500’ narra la historia de tres personajes que viven en países diferentes. Está Alex, un adolescente afro que tiene un conflicto interior por haber tenido que regresar de EE.UU. a Buenaventura luego de la muerte de su hermano y compañero de travesía como polizonte. El otro personaje es David, que es un indígena mazahua que migra a Ciudad de México tras ser incapaz de enfrentar la muerte de su padre y en esta gran ciudad adopta una identidad punk. Y el tercer personaje es María, una adolescente filipina que llega a Montreal, Canadá, para vivir con su abuela después de la muerte de su madre.
Son tres historias que se desarrollan en contextos radicalmente diferentes en los que, sin embargo, tiene lugar una misma experiencia de migración y transformación.

¿Cómo surgió en usted la idea de escribir y de rodar esta nueva película?
Yo empiezo a pensar en ‘X500’ cuando estoy haciendo la posproducción de ‘La Playa D.C.’ Mis trabajos de investigación me llevaron a a conocer Buenaventura y exactamente el barrio Lleras, que es uno de los más afectados por la violencia y la pobreza en el Puerto. Allí entonces empiezo a pensar en cómo se desarrollan los procesos de identidad de los jóvenes en las grandes urbes, cómo estos chicos que nacen y crecen en Buenaventura, muchos de ellos luego llegan a ciudades como Bogotá o Cali, y cómo esa migración los cambia y cambia también de algún modo las ciudades a las que llegan.
Como también he vivido en Ciudad de México, y actualmente vivo en Montreal, que son ciudades con una riqueza cultural muy fuerte, ciudades que tienen un componente de migrantes muy fuerte, siento que tengo allí todo el material necesario para escribir la historia.
Usted es bogotano, estudió en Europa y ahora vive en Montreal.

¿Por qué su interés por hablar de la costa Pacífica y de Buenaventura?
Creo que esto tiene que ver mucho con el hecho de que yo crecí en una Bogotá en la que uno no veía afros por ninguna parte, pero eso fue cambiando en mi adolescencia. Cuando yo tenía quizá 14 años, empecé a notar la presencia de esta cultura en la ciudad, por supuesto, de la cultura afro y de muchas otras, pero me impactó fuertemente ver la presencia afro y empezar a notar cómo ellos iban cambiando el entorno.
Luego, en mis trabajos de investigación para documentales y para cortometrajes, empiezo a descubrir estos mundos que empezaban a formarse sobre todo en barrios vulnerables, y toda la influencia que la cultura afro estaba teniendo. En medio de un cortometraje que hice, que se llamó ‘Eloísa y Las Nieves’, rodado en el barrio Las Nieves, un barrio central de Bogotá al que han llegado a vivir muchas personas en busca de oportunidades, conocí a Josué, afrodescendiente migrante de Buenaventura.
Con Josué entablo una amistad muy fuerte y es él quien empieza a guiarme en el descubrimiento de todo este universo de la cultura afro en la ciudad.

Hay un discurso soterrado que pretende que las capitales empezaron a tener problemas como consecuencia de la llegada de migrantes del campo. ¿Qué piensa de eso?
Yo creo que es equivocado, que es un discurso completamente falso. Yo creo que estas migraciones enriquecen las ciudades, enriquecen las culturas y que relacionarnos con el otro nos enriquece a todos. Eso, sin embargo, implica un desafío: tenemos que ser lo suficientemente inteligentes para abrirles espacios a los otros, para permitir que tengan un lugar dentro de nuestras sociedades. Las ciudades cambian, mutan todo el tiempo, no son una sola. No, las ciudades están cambiando todo el tiempo y yo creo que la llegada de culturas como la afro a ciudades como Bogotá, lo que han hecho es enriquecerla.

¿Qué piensa de la producción cinematográfica del país en la actualidad?
Creo que cada vez hay más voces, cada vez es más rica y cada vez es más madura. Se está haciendo cine desde muchas partes del país y eso nos está permitiendo ver muchas historias y tener acceso a voces singulares y muy diferentes cada una. Ahora tenemos un reto, y es el de hacer que la gente deje de pensar que el cine colombiano es un género que nos habla o de comedia o de narcos y violencia. Tenemos que hacer que la gente empiece a pensar que el cine colombiano es mucho más rico y diverso.

En sus dos películas, sin embargo, aparece la violencia como una constante...
Sí, porque la violencia sigue haciendo parte de nuestra sociedad, pero ese tema no es el que más me interesa. En mis películas la violencia no está abordada de un modo directo, no es el tópico más importante y tampoco la estoy utilizando como una estrategia de impacto. La violencia en mis películas está allí, pero como huella y a mí me interesa más ver justamente esos efectos de la violencia y cómo los personajes siguen su vida en medio de esos efectos.

¿Cuáles son sus referentes cinematográficos más importantes?
‘Rodrigo D’ es una película muy importante para mí y, de hecho,
en mi opinión es la mejor película que se ha hecho en Colombia.
Me marcó como una manera diferente de hacer cine en este país. Entre mi otros referentes está Andrea Arnold, director de ‘Fish
Tank’, también películas como ‘Elephant’ y ‘Paranoid Park’ de Gus Van Sant; la directora japonesa Naomi Kawase y, como puede verse en X500, Alejandro González Iñarritu. En X500 hay varias referencias a ‘Babel’.

¿Cuál será su nuevo proyecto, después del éxito de sus anteriores apuestas?
Estoy trabajando en una película que se llamará ‘La luz en Ungava’, que narra dos momentos en la vida de un personaje. El primer momento es en el Pacífico colombiano y el segundo momento ocurre en los pueblos comunicados solo por agua en el norte de Canadá. Ya estoy en el proceso de investigación para la escritura de este guion y en los próximos meses viajará a Buenaventura para conocer mejor la zona.

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