"En los malos tiempos, sobreviven la amistad y la cocina": Leonardo Padura

Febrero 04, 2017 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País, desde Cartagena

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En los años 90, en Cuba, teníamos solo tres problemas: el desayuno, el almuerzo y la comida”, dice el escritor cubano más célebre de la actualidad.

Se trata de  Leonardo Padura, ganador del Premio Princesa de Asturias de las Letras (España,  2015), experiencia que jamás olvidará porque a su lado -en la entrega de los galardones- se sentó el ganador del Premio de las Artes, un tipo desgarbado de medias amarillas y barba blanca al estilo Hemingway: nada más y nada menos que Francis Ford Coppola. 

“¿Yo? ¿Al lado de Ford Coppola?, pensaba. ¿Yo, al mismo nivel de este señor?”, confiesa Padura en el Teatro Heredia de Cartagena, al que no le cabe ni una persona más por cuenta del interés que despertó su charla con el escritor colombiano Héctor Abad, quien pone de presente que el círculo de amigos está siempre presente en las novelas de Padura. 

El novelista cubano explica: “El amor es la forma más sublime de amor, porque podemos ser amigos desde lejos e, incluso, podemos ser amigos de alguien a quien no conocemos”. En un mundo donde todo cambia, algo debe permanecer para darnos certeza, y ese algo es “reunirse con amigos a tomar el mismo ron, y a escuchar la misma música”, añade Padura. 

Uno de los personajes icónicos de Padura es Mario Conde, un policía fatalista, desordenado, melancólico y muchas veces borracho para el que los amigos son el polo a tierra, y que refleja el alma de toda una generación de cubanos desencantados. 

Y está también el personaje de Josefina, quien reúne a los amigos en torno a la buena comida salida “de la imaginación, porque son comidas imposibles en Cuba”, advierte Padura, y va más allá: “En la isla nadie se ha muerto de hambre, pero nadie ha comido lo suficiente ni ha comido lo que quería comer”. 

Su Mario Conde aparece en la tetralogía de novelas compuestas por ‘Pasado Perfecto’ (1991), ‘Vientos de Cuaresma’ (1994), ‘Máscaras’ (1997) y ‘Paisaje de Otoño’ (1998). También en ‘Adiós  Hemingway’ (2001), ‘La neblina del ayer’ (2005), ‘La cola de la serpiente’ (1998 y 2001) y ‘Herejes’ (2013). Y aunque ha negado que sea su alter ego, lo más probable es que así sea. 

Padura nació en el barrio Mantila, de La Habana, en 1955, y hasta el día de hoy sigue viviendo allí mismo. No obstante, sus novelas son a la vez locales y universales, un reflejo del alma cubana y un espejo de inquietudes humanas imperecederas como el desencanto, la melancolía y a la vez el arraigo y el poder de las raíces.

Uno de los mayores impactos de su vida, confiesa, fue haber ido a México, a Coyoacán, donde Frida Kahlo y Diego Rivera  protegieron a León Trotski. En Cuba había dos libros sobre él, uno se llamaba ‘El falso profeta’ y el otro ‘El traidor’, y por eso Padura sintió una  conmoción cuando vio lo que en realidad significó Trotski  para el mundo. Vio la magnitud de su trabajo y su sacrificio desde una nueva óptica. 

Padura es un caso raro, refrenda Héctor Abad, un novelista cubano que decidió quedarse en su isla y que, sin embargo, parece poder decir lo que a otros les habría costado la vida o la libertad. Padura tiene la extraña capacidad, dice Abad, de vivir en el límite de lo que pude decirse sin correr peligro y, al mismo tiempo, revelar a través de la literatura, verdades muy profundas y muy críticas sobre el sistema político en el que vive. 

No obstante, Padura confiesa que en su patria no es tan apreciado como afuera. Sus novelas viven agotadas, no se consiguen en Cuba, llegan a veces en la maleta de un turista o las envía algún cubano que vive fuera, y genera una gran división de opiniones. Se le venera, pero también se le recrimina, y también tiene enemigos que intentan restarle valor a su obra literaria por todos los medios. 

Héctor Abad le asegura que la envidia es colombiana, y le recuerda la frase del famoso Cochise Rodríguez: “En Colombia se muere más gente de envidia, que de cáncer”. Padura no está de acuerdo, dice que nada hiere tan profundo a un cubano como el éxito de otro cubano. Y mientras los escritores se disputan si la envidia es más colombiana o más  cubana, Padura concluye que a este mundo le hace falta una nueva utopía: “Debemos refrendar una utopía. Necesitamos repensarnos. Reformarnos a nosotros mismos y  dejar un mundo mejor”.

Hay responsabilidad social Uno de los patrocinadores del Hay Festival de Cartagena, el BBVA, anunció en el marco del festival literario que ampliará la cobertura de sus programas enfocados a la educación, especialmente los que tienen que ver con emprendimiento y de formación de jóvenes y adultos en competencias financieras. En 2017 su meta es  pasar de siete departamentos beneficiados a 12 y de 80.000 estudiantes a 126.000. Óscar Cabrera Izquierdo, presidente de BBVA Colombia, anunció la ampliación de los patrocinios a un grupo de deportistas de Antioquia, Valle, Santander y Caldas que incluye el apoyo a los nadadores paralímpico de Santander, Daniel Serrano y Nelson Crispín Corzo. “En el presente año llegaremos a cerca de 130.000 jóvenes de 12 departamentos con nuestro programa Escuela para el Emprendimiento, formaremos a más de 45.000 personas en nuestro programa de Educación Financiera que ya cumple cinco años y cuya aula móvil presentará un nuevo diseño, entregaremos 40.000 morrales con útiles escolares y tendremos a 5.000 niñas y niños beneficiados en nuestro programa de becas, Niños Adelante”, dijo  Cabrera Izquierdo durante el lanzamiento del Plan de Responsabilidad Corporativa BBVA 2017.  Con estas inversiones, la entidad ampliará su programa Escuela para el Emprendimiento BBVA, a través del cual impulsa el desarrollo de competencias financieras y de emprendimiento en estudiantes y docentes de grado 8º a 11º, para lo cual llegará a La Guajira, Cesar, Cauca, Huila y Norte de Santander, además de continuar en Cundinamarca, Atlántico, Santander, Antioquia, Risaralda, Quindío y más.
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