El regreso del escritor Héctor Abad Faciolince

Noviembre 30, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos | Periodista de GACETA
El regreso del escritor Héctor Abad Faciolince

Héctor Abad escribe en las mañanas. "Madrugo mucho, como un ordeñador", dice.

Después de un periodo de aridez creativa, de arar sin que nada brotara, de escribir novelas que se quedaron en el cajón, Héctor Abad Faciolince regresa con una nueva obra: ‘La Oculta’.

El contrato decía que debía entregar la novela a finales de 2010, es decir, hace cuatro años. Pero apenas quedó lista el 12 de septiembre pasado. Héctor Abad Faciolince la tituló ‘La Oculta’. “Cada mes, cada año que pasaba sin entregar la novela, yo pedía plazo y perdón, y la única respuesta fue siempre la misma: comprensión y más plazo. Jamás recibí un ultimátum de la editorial; el ultimátum me lo puse yo”, escribió. Plazo y perdón. Abad pasaba por un periodo extenso de aridez creativa, por llamarlo de alguna manera. En 2011 escribió una obra, ‘Antepasados futuros’, pero “fue a dar al baúl de mis borradores malogrados. Requiescat in pace, R.I.P”.Después empezó ‘La Oculta’. Su editora Pilar Reyes lo vio tan atormentado con esa historia que le aconsejó dejar de pensar en ella por un tiempo. Abad terminó un libro de poemas, empezó y canceló una novela por tuits, retomó un proyecto de hace años – ‘Tres novelitas mafiosas’ – que también archivó, empezó otra novela: ‘Memorias de un amante impotente’. El problema fue que perdió el borrador. Entonces volvió, por obligación y con desespero, a ‘La Oculta’. La novela, finalmente, ya está en las librerías.“Estoy feliz como si hubiera tenido un hijo. Este acaba de dar su primer vagido, su primer berrido. Yo estoy tranquilo. Lo único que no me gusta es que en las librerías pongan mi librito limpio, auténtico, al lado del libro sobre un bandido: Pablo Escobar. Cuando lo vi ‘La Oculta’ trataba de ocultarse, con alegría”, dice Abad. ¿Usted qué piensa de esa literatura sobre bandidos? ¿Es necesaria? Ese tipo de libros, ante todo, no se pueden prohibir en una sociedad abierta. Así que -sea necesaria o no- esa literatura existe. Lo importante es no dejar que la historia la escriban los mafiosos, sus secuaces, o periodistas vendidos a ellos. Eso se puede publicar, pero debe haber una historia seria, y verdadera, que desmonte los mitos de los facinerosos. Una de las cosas que me impulsó a publicar ‘El olvido que seremos’ fue ese libro sucio de Carlos Castaño, ‘Mi confesión’, donde decía tantas infamias y mentiras. Estos libros se leen en un instante, pero no creo que superen la prueba del tiempo.Hablemos de la otra literatura, ‘La Oculta’. ¿Cómo definir la novela? Era una vereda, una finca, un paisaje y un lago. Ahora es también un libro que lleva el mismo nombre. ‘La Oculta’ es como un secreto, algo oculto que no todos hemos descubierto: que lo mejor de Colombia no está en las ciudades sino en el campo que la violencia no nos ha dejado conocer ni vivir durante décadas. Hemos vivido de agua, aire y asfalto, pero ‘La Oculta’ es la tierra: el apego a un paisaje y a un pedazo de tierra, a un horizonte. La novela narra las peripecias de una finca y de una familia, todo metido dentro de la historia de un pueblo muy particular: Jericó. ¿Qué tanto de usted tienen los personajes de esta novela?Antonio vive en Nueva York y yo también he vivido muchos años lejos de Colombia. Antonio vive tal vez en la ciudad más llamativa del mundo, y más extraordinaria, y sin embargo estando allá no olvida ‘La Oculta’, y la añora, y para él su país se confunde con esa finca. Antonio no es lo que yo soy, pero sí lo que yo pude haber sido. Las mujeres del libro, Eva y Pilar, también son algo que yo pude haber sido. Uno pudo haber sido mujer, o al menos un escritor tiene que ser capaz de imaginarse mujer. Y de imaginarse gay. O imaginarse feliz o infelizmente casado o perseguido o a punto de morir. Se parte de la experiencia, en la construcción de un personaje, pero luego uno se sale, por suerte, de sí mismo, y va más allá, hasta otros límites. También el que lee se sale de sí mismo y es por un momento los personajes del libro, o las evocaciones que esos personajes le producen. Las resonancias de otras vidas en la propia vida.Usted ha escrito sobre ese tema: lo que pudo ser y no fue por convertirse en escritor. ¿Todavía le ronda eso? Yo hubiera querido ser músico. Por eso Antonio, en la ficción de ‘La Oculta’, es violinista, como Antonio Vivaldi. Y a veces yo quisiera vivir en el campo, y por eso Pilar vive en ‘La Oculta’, contra todo y contra todos. A veces también me hubiera gustado ser una mujer de hoy, una mujer libre que vive como quiere, y eso es Eva en ‘La Oculta’, la libertad de buscar la felicidad, la libertad incluso de odiar el campo y de no querer volver ya nunca más a ‘La Oculta’. Escribir es un ejercicio esquizofrénico: desdoblarse y ser otros en la mente y en la escritura. Hay temas en ‘La Oculta’ que hacen recordar 'El olvido que seremos'. ¿Lo pudo haber influenciado su anterior libro?He oído que a un escritor lo influencian los libros ajenos. Lo más raro sí es pensar que a uno lo puedan influir sus propios libros. Pero es una buena pregunta. Tal vez lo que se escribió antes se proyecta como una sombra sobre lo que se escribe después. Lo veo así. Por ejemplo, yo ya escribí una novela urbana: ‘Angosta’, una ciudad medio real y medio imaginaria, al mismo tiempo de hoy y del futuro. La sombra de ‘Angosta’ me impide volver a escribir sobre lo mismo. Por eso me fui a un tema que puede parecer anticuado, de cuando Colombia era un país rural, pero este fue el experimento que quise hacer esta vez: hundirme en el paisaje de mi infancia, en el color y el olor que siento más míos. Sumergirme en ese lago donde voy a nadar siempre que puedo, de aguas muy frías, profundas, y oscuras. ‘El Olvido’ puede proyectar la sombra de mi padre: ya no tengo que escribir sobre él, ya no estoy obligado a evocar su sombra. Y en ‘La Oculta’ la vida familiar es otra, de generaciones muy anteriores (del Siglo XIX) o muy posteriores, que viven hoy, ahora. Hablando de 'El Olvido', que tuvo tanto éxito, ¿eso lo asusta ahora, que lanza una nueva obra? ‘El olvido que seremos’ fue escrito con la sangre de una tragedia familiar. Para escribir una historia parecida yo tendría que pasar por algo que nunca quisiera volver a vivir, una desgracia, y luego reponerme quince años en silencio para poder contarla. No quisiera nunca tener que volver a vivir nada parecido por el bien de un buen libro. Creo que con otra materia prima, muy distinta, también se puede escribir una buena historia. Los ahogados del lago de ‘La Oculta’ me la contaron, de algún modo, empezando por Amílkar U, el poeta nadaísta que no sabía nadar y se ahogó ahí. Y un seminarista, y un estudiante de medicina, y una joven desconocida. En fin, este libro viene de una experiencia mía feliz y sencilla que consiste en nadar en un lago (sin ahogarme), en caminar por unas montañas, en montar a caballo. Yo fui y soy feliz en cierto paisaje antioqueño que es el de mis antepasados y de ahí viene el libro, sin miedo a los lectores. Ellos tendrán su propia relación con ‘La Oculta’ y ya veremos si les gusta más o menos que ‘El olvido’. Para llegar a ‘La Oculta’ usted pasó por un periodo duro como escritor. Incluso dijo ser un escritor que no escribe. ¿Cómo vivió este periodo de aridez?Me la pasé arando en el desierto: araba, sembraba, pero nada brotaba. Faltaba el agua de un lago, el lago de ‘La Oculta’. Yo no soy un escritor feliz con todo lo que escribe. Tengo una relación tormentosa y atormentada con lo que voy escribiendo. A veces me molesta tanto, que quiero cambiar por completo de oficio. En mi libro ‘Basura’ intenté indagar en ese sentimiento: que nada de lo que uno escribe vale la pena y hay que arrojarlo a la basura. En estos años de sequía escribí otro libro que fue a dar al baúl de los desechos: ‘Antepasados futuros’. Y empecé otros dos que no sé si algún día termine: ‘Tres novelitas mafiosas’ y ‘Memorias de un amante impotente’. No es que yo sea un escritor que no escribe: soy un escritor que escribe con muchas dudas y no publica todo lo que sale de sus manos.¿Y cómo lo superó?Yo había trabajado y casi terminado ‘La Oculta’ el año pasado, en un refugio para escritores cerca de Arezzo en Italia. Pero después me desanimé. El primer semestre de este año estuve como profesor invitado de literaturas comparadas en la cátedra Samuel Fischer de la Freie Universität en Alemania. Allá mi proyecto era avanzar en ‘Memorias de un amante impotente’. Los primeros diez días trabajé intensamente en ese libro, en un cuaderno azul. Un día salí con mi cuaderno azul en la bicicleta, y el cuaderno se me cayó sin darme cuenta, se me perdió. Tuve un instante de terror y desesperación. Me había quedado sin mi borrador y no era capaz de volverlo a empezar. Como no podía paralizarme, volví a ‘La Oculta’ e hice algo que me aconsejó Santiago Gamboa: imprimir la novela y volverla a pasar en limpio toda, otra vez. Eso hice, cambiando y puliendo cosas. Luego hice otra cosa que me aconsejó una amiga canadiense: coger párrafo por párrafo y apuntar qué ocurría en cada párrafo. Así volví a dominar la novela. A saber bien qué pasaba en ella y en qué momento. Así eliminé muchas repeticiones y redundancias. Así encontré mejor el tono de cada personaje. Al final de mi cátedra, tenía un borrador y lo entregué a mis lectores de confianza. Sobre todo a alguien que no me conociera ni conociera Antioquia ni Colombia. Esa opinión era muy importante. Y con esos comentarios, más los de mis editores (Pilar Reyes, Ana Roda, Gabriel Iriarte), pude terminar. ‘La Oculta’ tiene mucho de trabajo colectivo. Oigo mucho lo que me dicen mis primeros lectores. A propósito de la duda, ¿qué le diría a un escritor que pasa por lo mismo?Que esas dudas hablan bien de él. Si no dudara sería un impúdico: hay tantos libros tan buenos, nos han precedido escritores tan grandes, que uno debe siempre intentar estar a la altura de este arte tan antiguo, la literatura. Le diría que es conveniente que tenga autocrítica, pero que no le conviene tener miedo. Que tener un hijo propio es en todo caso maravilloso. Así que después de fabricarlo con cuidado, lo dé a la luz. Volviendo a ‘La Oculta’, ¿cómo se escribió? Es decir: me refiero a los horarios, las manías, los hábitos. ¿Cómo escribe Héctor Abad?Yo prefiero escribir por las mañanas. Madrugo mucho, como un ordeñador, y empiezo a exprimir el cerebro. Para mí esas primeras horas del día son las más productivas. De seis a nueve tengo mis momentos más productivos y lúcidos. Mi cerebro amanece, respiro profundo, hay algo fresco y chispeante en las neuronas. Luego se va acabando la lucidez y entonces hago las tareas rutinarias, el trabajo. Por la tarde leo. Si tengo ideas para mis escritos, tomo apuntes en los cuadernos. Por la tarde-noche, leo, escucho música, vivo, converso con mis amigos, con mi familia. Y me acuesto temprano, con ganas de que amanezca para poder volver a tener la mente fresca, llena de ideas para ordeñar. ¿Es necesaria la distancia (estar fuera del país incluso) para escribir sobre cosas tan cercanas que se mencionan en 'La Oculta' como la finca de los abuelos, la familia, la cultura antioqueña – y colombiana – que sueña con su 'tierrita'?También escribí mucho en una cabaña que tengo cerca de Medellín, en La Ceja. Y escribí en el mismo Suroeste donde se desarrolla el libro. Mientras nadaba en el lago de ‘La Oculta’, el real, estaba escribiendo el libro con mis brazadas y con mis patadas. Un libro se escribe siempre de cerca y de lejos. Cuando la obsesión del libro se produce, todo se filtra de un modo mágico hacia el libro. Cada vivencia, cada comida, cada árbol o pájaro, cada comentario desprevenido de un desconocido, va a dar al libro, si al libro le conviene.¿Cómo se ve, desde tan lejos, Colombia?Colombia se ve como un país que vamos a recuperar. Un país muy grande que no se limita a los Andes donde vivimos, ni a las grandes ciudades donde nos aglomeramos. Colombia es el país más verde: lleno de agua, de climas, de selvas, de diversidad étnica y cultural. Colombia es negro, indígena, blanco, mestizo, selva, montaña, páramo, incluso desierto. Colombia es un maravilloso resumen del mundo. Si dejamos atrás la violencia, seremos el asombro de todas las naciones. Pero por ahora sigue siendo un país apenas regular: injusto, violento, corrupto, furioso. Eso es lo malo. Lo bueno es que no estamos cambiando para peor sino que vamos yendo hacia algo mejor. Yo noto ánimos y crecimiento, menos dolor, más ganas de salir de nuestros ciento cincuenta años de soledad.

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