El pandillero que se convirtió en actor

El pandillero que se convirtió en actor

Marzo 30, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Lucy Lorena Libreros | Periodista de GACETA

Abraham Villada es uno de los protagonistas de la película caleña ‘Petecuy’. Y su vida bien podría inspirar otra historia en la gran pantalla: después de permanecer por años en una de las pandillas de su barrio, hoy es ejemplo para sus vecinos y un muchacho al que llaman actor.

El video está colgado en YouTube. Se llama ‘En Cali las armas callan durante el tiempo de un rodaje’. Dura exactamente dos minutos y fue grabado por la Agencia Francesa de Noticias, AFP, en junio de 2011.Fue por los días en que las calles del barrio Petecuy se transformaron en un gigante set de grabación. Por los días en que, por culpa de eso mismo, Leider Abraham Villada, que entonces contaba 29 años, le narraba a una periodista extranjera, frente a cámara, que él aprendió a ser actor gracias a varios talleres que comenzó a tomar cuando a un “tipo medio loco”, Óscar Hincapié, al que todos llamaban ‘Gafo’, se hizo terco en la idea de hacer una película. Imagínese usted, una película justo allí, en ese barrio de la Comuna 6 y de mala prensa —‘Peteplomo’, le dicen algunos de sus propios habitantes—, que con sus tres etapas domina buena parte del nororiente caleño.El muchacho que habla, Abraham, tiene el rostro esculpido en trazos fuertes, nariz prominente, ojos castaños, brazos anchos —como de cargador portuario— cejas bien delineadas y negrísimas y frases breves.Mientras conversa, en pantalla se leen con nitidez su nombre completo y, una línea más abajo, en el más puro francés, un ‘rótulo’ que detalla bien el principio de esta historia. La suya, la de todo un barrio que aprendió a tener fe, la de una película: ‘acteur et ex-braueur’ (actor y ex-asaltante).Aquella entrevista no fue la única —ni más faltaba— en la que Abraham le contaba al mundo que algo bueno había ocurrido entre los suyos, desde que ‘Gafo’ y su ejército de productores, camarógrafos y actores atildados había decidido, un día, cruzar la Avenida Ciudad de Cali, a la altura de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales y a pocos pasos del jarillón del río Cauca, para adentrarse en uno de los sectores más peligrosos de la ciudad y echar a rodar la historia real —nada menos que la del propio Hincapié— de un director de cine que desea hacer una película en medio del conflicto que enfrenta a dos temidas pandillas: ‘Los vivis’ y ‘Los petes’.Ese mismo relato, por esos días, lo había escuchado Pirry quien, conmovido, acabó por dedicarles dos capítulos de su conocido programa de televisión a las grabaciones del filme. Lo hizo un reportero de Al Jazzera, la principal cadena de televisión por satélite de lengua árabe; lo hizo Canal Plus, que envió a Colombia a una periodista, desde España, con la misión de comprobar cómo era eso de que un novel director de cine había convertido a una veintena de pandilleros en actores. Y el asunto llegó hasta los pasillos del Rue 13, canal de televisión francés que envió también sus cámaras a Cali.Quien apareció delante de ellas no fue el hijo menor de la dulce señora Nora Luz, que pocos meses antes de las jornadas de grabación aún se metía en problemas serios, por andar ‘parchado’ en las esquinas, bebiendo sin talanquera con los amigos o asaltando a gente de las calles cercanas.Ese que habló frente a los micrófonos era un muchacho distinto. Todos en Petecuy lo notaron. Uno que había dejado la calle, que ya no miraba con rabia deseando quedarse con lo que no era suyo, que había soltado el puñal. Gracias a ‘Gafo’, gracias a un sueño, gracias al cine. Es que él ahora es hombre “más presentable y más pensante, ¿si me entiende?”.*****Hoy es un viernes de marzo y ese proyecto cinematográfico que soñaron, ocho años atrás, un periodista sin plata y un cura sin agüeros, Edilson Huérfano —responsable de que muchos de los pandilleros de la comuna, unos 35, hayan dejado de delinquir—, ya conoció una sala de edición y de montaje y se hizo película.Abraham habla esta vez desde el segundo piso de su casa, un lugar a medio hacer, de muebles viejos, paredes de madera, otras de ladrillo sin pintar y piso sin baldosa.Dentro de poco saldrá rumbo a su trabajo, en Maizena, donde ayuda desde hace varios meses a descargar mercancía y a montar y desmontar las carpas de los camiones. Con eso, y trabajando cuando puede reparando carrocerías, consigue para los gastos de sus cinco hijas: Jessica Andrea, Geraldine Lucero, Astrid Vanessa, Michel y Sharon Daniela, entre los 9 y los 18 años. Hace apenas unos días —cuenta Abraham feliz— se bajó del avión que lo trajo desde Cartagena, a donde había viajado, en compañía de otros vecinos, incluido el ‘mazamorrero’ del barrio, al estreno en el Festival de Cine de La Heroica de la película que protagonizó. Fue para todos ellos la primera vez de muchas cosas: del avión, del mar, de Cartagena, de vestidos elegantes. Ocurrió el pasado lunes 17 de marzo, en la Plaza de la Proclamación, que estaba a reventar, según recuerda Abraham, y con varios de sus actores sentados en primera fila.“Fue impresionante”, reconoce ahora el muchacho. “No me la creía. Más de uno se me acercaba y me decía que yo salía muy bacano en pantalla y escuchar eso me daba mucha alegría. ¿Se imagina cómo será entonces cuando me vean en las salas de cine? ¡Uy, elegante!”.Y eso que Abraham no quería ser actor. Es que su papel “estaba salado”, cuenta con el rostro serio, mientras funde sus manos grandes y ásperas en un solo puño. Los dos jóvenes del barrio que se habían comprometido a interpretar el que terminó siendo su papel —‘Caremuñeca’, líder de la pandilla ‘Los vivis’, que participa de un atraco que se convierte en tragedia— habían sido asesinados. Primero fue el ‘gordo Álex’. Héctor Alexánder Ospina. Al joven lo invitaron a un paseo sin retorno. Solo volvieron a saber de él en Petecuy cuando Rosalba, su mamá, en medio del llanto, contó que habían encontrado su cuerpo, acribillado a balazos y vestido con ropas de guerillero, en Manzanares, un pueblo perdido entre las montañas de Caldas. El suyo fue uno de esos dramas que en poco tiempo pasó a ser apenas una cifra fría que alargó la lista de los ‘falsos positivos’.El siguiente en la ‘sala de espera’ de la muerte fue Marlon Raúl Rengifo, uno de los muchachos que acogió con más entusiasmo el proyecto de sacar adelante la película de ‘Gafo’. Un ‘pelado’ célebre. El autor de casi todos los apodos que se conocen por aquí. Salsero, mujeriego insobornable. Y el responsable, durante años, de poner a comer a todos un arroz con leche delicioso y una lechona sabrosísima, cuya receta había aprendido, al pie de la letra, de su abuelo. También era el primo adorado de Abraham. La uña de su carne.Fueron amigos desde niños. Desde que Abraham, sus papás y sus tres hermanos habían llegado de su natal Medellín buscando días mejores. Ese ‘pelado’ que ahora llaman actor, tenía unos 10 años y por entonces, en plena década del 80, Petecuy era una invasión que a fuerza de palustre se convertía en barrio.Abraham enseña entonces con sus ojos una pequeña foto vieja. Pende de una de las paredes de ladrillo de esta casa en la que estamos ahora. En ella se asomaban un par de chicos flacos que miran con rudeza.Ya en esa foto las cosas andaban mal. Abraham y el primo Marlon Raúl habían probado la calle. Armas hechizas, cabeza caliente, tropel, pelea y bochinche. Juntos aprendieron a dopar el sentimiento del miedo y a descubrir que la esquina del barrio era el único cielo que les pertenecía.Abraham prefiere no dar muchos detalles de la forma en que murió el primo Marlon. Apenas si dice que otro ‘man’ lo mató y les aguó la celebración de fin de año, porque un par de balas lo alcanzaron justo un 31 de diciembre.Óscar Hincapié recuerda el episodio con nitidez. Una llamada a su celular, desde el teléfono de Marlon, lo despertó un 1 de enero. Él creyó que de seguro el muchacho, con varios tragos de más, lo llamaba a desearle un feliz año. Había ocurrido otras veces ya. Solo vino a salir de dudas cuando contestó y la voz triste de una mujer, la esposa, lo enteró de la mala noticia.Todo se dio por un lío con un par de tenis. Eso dice ‘Gafo’. La última escena de la vida de Marlon la protagonizó, al parecer, tras “una discusión, mientras todos estaban pasados de tragos, entre ellos Marlon y Abraham. Uno de esos ‘pelados’, que tenía un permiso para salir por un par de días de la cárcel, le disparó y huyó”.Nadie gritó ¡Corten! Es que aquí, en Petecuy, la vida real tiene mucho más drama que una película.Abraham dice que por eso a quienes estuvieron en Cartagena se les resbalaron lágrimas por las mejillas cuando vieron al primo en la pantalla. “Fue un golpe durísimo, cuando lo enterraron yo me quería ir al hueco con él, mientras la gente gritaba ‘cojan a Abraham, cojan a Abraham’”, relata el actor.*****María Virginia Bonilla sale de su casa, cuchillo de cocina en mano, para saludar y abrazar a ese joven al que un fotógrafo de El País intenta retratar en una de las esquinas de Petecuy.La sopa de papas y pastas que tiene en el fogón puede esperar. Ella es fundadora del barrio, vive desde hace 30 años aquí y hoy es líder comunitaria. “Qué bien que me lo saquen en la prensa”, alcanza a gritarle al fotógrafo. “Yo lo conozco desde chiquito y pa’ qué, ha sido buen hijo. Se ha metido en uno que otro lío, porque si a usted lo molestan, pues usted no se va a dejar, pero es un pelado trabajador. Ojalá en Petecuy haya muchas más películas para que otros pelados como él se vuelvan de bien”.Doña Virginia fue una de las vecinas que ese mismo lunes de marzo, en una cancha del sector, se sentó para ver el estreno de la película mientras eso mismo ocurría en una elegante plaza de Cartagena. La dicha fue posible gracias a Almacenes La 14, que acondicionó el lugar con una gran pantalla y muchísimas sillas para que los habitantes vieran, por fin, el resultado de tantos años de terquedad.Por esa pantalla se asomaron ‘El titi’, Marlon, ‘El chapas’, ‘Moneda’, ‘Tupa’, ‘El costeño’, ‘Vivi, Abraham. Nombres que antes daban miedo y que ahora despiertan aplausos. El milagro se dio —está seguro ‘Gafo’— porque todos esos ‘pelados’, después de tantos años de exclusión, de sentirse olvidados por el Estado, de no poder escribir en una hoja de vida que viven en Petecuy temiendo que no los contraten, al fin se sintieron parte de algo. Que una película se rodara en estas calles, con actores de lujo como César Mora y Cristóbal Errázuris, consiguió lo que las mamás jamás hubieran creído posible: que los muchachos se acostaran a dormir temprano para levantarse al día siguiente a pintar locaciones, montar andamios, cargar equipos y vigilar que nada le pasara a toda la producción. Un día de trabajo les podía representar hasta $30 mil pesos.Consiguió hacer feliz al padre Edilson que vio cómo, gracias a la magia de cámaras y claquetas, durante siete meses no murió nadie de forma violenta en el barrio. Y que las cifras de atracos también bajaran: si antes se presentaban hasta 14 por día, la cosa se redujo a 2 o 3 por mes.Y feliz también a la señora Nora Luz que vio cómo Abraham, su hijo, no volvió a sus andanzas y se dedicó a tomar talleres de actuación con “gente importante” como Ramiro Meneses y Alejandro Buenaventura. “Al principio —recuerda Óscar— a Abraham le costaba soltarse, dejar la timidez. En un comienzo no quiso participar de la película, pero creo que terminó aceptando el papel como un homenaje a su primo. Poco a poco, con los talleres fue aprendiendo y tenía buena retentiva para aprenderse los diálogos”.Hoy Abraham, a sus 33 años, se dice actor. Le gusta que lo llamen así. Ya “probó finura” también con dos discretos papeles en las películas ‘El cartel de los sapos’ y en ‘Amores peligrosos’. Aún así, no va a cine. Prefiere reunirse en su casa a ver las películas que le comparten sus amigos. Las de miedo y las de acción, que son sus favoritas. No sabe si pueda ir a una sala de centro comercial a repetir la emoción de verse nuevamente en pantalla. Pero espera que, como ha pasado ya en tantos otros programas donde lo han entrevistado, bajo su nombre de pila se lea esa nueva profesión que tiene a todos orgullosos: Abraham Villada, actor.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad