El maestro Diego Estrada estuvo hospitalizado en marzo del 2010

El maestro Diego Estrada estuvo hospitalizado en marzo del 2010

Diciembre 09, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

El músico bugueño Diego Estrada salió del hospital para el homenaje en el Encuentro de Confraternidad Médica. Un grande en dificultades.

Muchas emociones cruzaron el pasado 20 de marzo del 2010 por el alma del maestro a href ='http://www.elpais.com.co/elpais/cultura/noticias/fallecio-legendario-bandolista-vallecaucano-diego-estrada' target='_blank'> Diego Estrada Montoya, el ya legendario intérprete de bandola: el abatimiento de llevar un mes en una clínica privada por causa de una fractura de brazo y una bacteria reticente, se mezclaba con la emoción de recibir homenaje durante el Encuentro de Confraternidad Médica, con un concierto del grupo Bandolitis, de Bogotá, conformado por 23 jóvenes ejecutantes de ese instrumento.También había gratitud, nostalgia e impotencia, ésta última por no poder sentarse a tocar con músicos que lo admiran. Sobre todo, cuando estrenaron dos pasillos suyos titulados ‘Mahvalpi’(para su esposa Marta Helena Valdés Piñeres) y ‘Tarde placentera’.“A mí no se me ha acabado el amor por ella. Llevamos 30 años y todos los días la quiero más”, parecía justificarse.Cuando se le preguntó por el homenaje, lo consideró como “de buena voluntad, inmerecido, porque yo no merezco tanta cosa”. Se encharcaron sus ojos y se quebró la voz, guardando silencio.El músico bugueño que por lo regular ríe todo el día con un vasto repertorio de chistes que sería la envidia de José Ordóñez, hablaba con monosílabos pues los médicos le negaron inicialmente el permiso de abandonar la clínica, por temor a que en la euforia del homenaje lastimara su brazo derecho y para no exponerlo a que la bacteria siguiera resistiéndose.Cuando al mediodía lo dejaron salir, influencias de por medio, su semblante cambió. Entonces contó: “Hace un mes salía de la Clínica Farallones de reclamar una medicina y me resbalé, yéndome contra el suelo y me fracturé. Desde entonces me han hecho tres operaciones. Tengo el ánimo por el suelo”, insistía.Hasta entonces “estaba dedicado a tocar y escuchar música colombiana, la única que a mí me gusta. (La salsa la odio). Y los viernes me reunía con Carlos Arturo Torres y Jesús Mosquera, o sea el Trío Espíritu Colombiano, que está en receso”.Sigue componiendo: “¿Usted qué opina? Acabo de componer un pasillo y lo titularé ‘Siempre bella’, porque ella es linda” y señala a su esposa. Con éste son 85 composiciones, de las cuales hay unas 50 grabadas, “y espero a ver quién lleva al disco las inéditas, pues yo ya no grabo desde hace tres o cuatro años”.Se queda como hablando consigo mismo: “Yo no sé cuánto habré grabado. Haga cuentas: fueron 18 elepés de doce temas cada uno y cinco cds, tres de 20, otro de 17, otro de 12...”.El tema lo anima y despierta al feroz crítico que habita en él: “Esa música colombiana que está saliendo ahora la hacen nuevas generaciones, que todo lo atropellan. Es momentáneo, porque volvemos a lo nuestro. Está bien; lo que pasa es que a uno que es ortodoxo ya no le gusta. Pero han salido cosas buenas”.¿Sucesores? “Ahora hay buenos bandolistas académicos, pero los empíricos se están perdiendo. Yo soy ‘bandolero”.Otra vez la crítica: “En esa música instrumental que están componiendo ahora hay demasiado laboratorio y de esto de acá (se toca el corazón)... nada”.Y el lamento: “La música colombiana está fortalecida entre comillas. La radio y la televisión la tienen opacada. La salsa y el reguetón acabaron con todo”.¿Volverá a tocar? “Claro, le servirá como terapia”, interviene la esposa. “Cuando afine” añade él, pero “vea, tengo Parkinson” y muestra la mano temblorosa.“La manos de Diego valen mucho y esa bacteria nada que cede”, se lamenta Marta Helena, pero llegó el momento de salir: “Creo que me dejarán hasta la semana entrante”, se despidió Diego Estrada, llevando en su alma la tristeza de sentirse enfermo y la alegría por el homenaje.En esa música instrumental que están componiendo ahora hay demasiado laboratorio y de esto de acá (se toca el corazón)... nada”.

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