El 'Lord' de la marimba, un británico seducido por el Petronio Álvarez en Cali

Agosto 15, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Hugo Mario Cárdenas López, reportero de El País.

Ben Nicholas Hillier llegó a Cali para aprender español y terminó conociendo, tocando y hasta fabricando marimbas. Incluso, ya participó en un Festival Petronio Álvarez.

Aquella creencia que celosamente han transmitido por generaciones algunas comunidades, de que la música del Pacífico es un asunto que se lleva en la raza y la piel, terminó siendo sólo eso: una creencia. Porque como hipótesis quedó desvirtuada en agosto del 2006, durante el Festival del Petronio Álvarez.Ese día, en medio del fervor por el baile, los sonidos y el atuendo, los asistentes no advirtieron que entre los participantes hubo uno que rompía el estereotipo del músico que cada año sube a la tarima: el británico Ben Nicholas Hillier, oriundo de Kent, sureste de Inglaterra.Aunque está convencido de que fue al azar que eligió a Colombia en el 2000 como país favorito para viajar a aprender español y a tocar las congas, lo cierto es que el destino inconsulto ya le tenía escrito un libreto diferente.Todo habría sido normal, si no es porque un día atendió una invitación para ir al Festival del Petronio Álvarez. Esa noche lo sedujo el sonido de la marimba, como dos años después lo hizo su esposa, caleña y afrocolombiana, con quien tiene una hija a la que bautizó con el nombre de la Reina de Inglaterra: Isabel; Isabel Hillier Angulo.“Aunque mi esposa es morenita, fui yo quien le enseñé la música del Pacífico y quien la llevó a los Petronios”, se apresura a aclarar, con un español que no ha logrado perfeccionar tanto, como su destreza para tocar la marimba.“Recuerdo que una noche, después de ir a un par de festivales, fuimos a un barcito, y ese día viendo tocar a ‘Gualajo’, los instrumentos y las cantaoras, decidí que quería aprender”, explica.Pacientemente esperó y se preparó junto a maestros como Freddy Colorado y Moisés Zamora. Fueron jornadas enteras de ensayo y dedicación hasta que en el 2006 fue recompensado su esfuerzo: por fin, como tanto lo soñó, Ben estaba parado en la tarima del Festival de Petronio Álvarez. “Fue una sensación muy chévere porque para llegar tuvimos que pasar una eliminatoria y estando ahí me sentí parte del Pacífico”. Ese día, sin proponérselo, demostró que la pasión por la música y la cultura pacífica va más allá de un tema genético. Que el ritmo y los sonidos, más que en la piel, se llevan en el alma, y esa no tiene color, ni ritmo. Bueno, el ritmo para Ben es otra cosa, porque para el baile sí lo limita la rigidez que caracteriza a los ingleses.Porque aunque parado detrás de una marimba, azotando con fuerza las teclas de palma chonta y arrancando con armonía esos sonidos del alma de la selva, luce como un raizal más. Sólo lo delata el blanco puro de su piel y ese movimiento curioso que tiene al tocar.Sus pies parecen levitar. Descansa el peso de su delgada figura sobre los talones y los azota después con fuerza contra el piso. Un paso que aprendió a los 7 años del baile del tap, viendo el programa concurso ‘Cantando bajo la Lluvia’, que emitía la televisión en Inglaterra. “Cuando toco me salen unos movimientos, pero yo no sé si a eso se le puede llamar bailar”, dice entre risas.Marimbas ‘colombobritánicas’El interés de Hillier por la música del Pacífico no se limita a castigar con pasión el piano de chonta. En su casa del barrio Los Libertadores, en Cali, improvisó un taller donde acaba de concluir su gran obra: una marimba de chonta de 16 teclas.“Quien toca la marimba debe aprender a hacerlas, porque muchas veces se dañan las teclas y es difícil hallar quién las repare. Yo preguntando aprendí algunas cosas y construí mi propia marimba”, dice con orgullo.Les preguntaba a los que saben qué tipo de chonta es mejor, si gruesa o delgada, y luego aprendí a afinar los canutos con agua. Tú tomas la guadua y lo vas llenado hasta que toma el sonido justo. Luego metes un palito y, cuando lo sacas, ya tiene la medida. Esa técnica te la tiene que enseñar alguien porque si no, nadie en Inglaterra va a imaginar que eso puede hacerse de esa manera”.Como un niño con un nuevo juguete, al que no quiere soltar, retoma los palos y mientras empieza a tocar de nuevo relata lo que la música le produce. “Entre más entiendo la música siento que mueve cosas en mí; me distrae y me emociona. No es que esté uno tocando y pensando que mañana tengo que comprar un mercado... (risas) No es así”, señala Ben, admirador de las composiciones de Inés Granja, antes de empezar a contar con una gracia única la anécdota sobre el fiasco que tuvo su familia inglesa con esta música.“Cuando vinieron de Inglaterra, se me ocurrió traer el grupo y tocar para ellos. Pero pasó la cosa más extraña del mundo, y los entiendo, porque pese al sonido y el ritmo se quedaron quietos, como asustados. La música no les movió nada. Pero hay ingleses que sí le meten la ficha, porque tiene el gusto por el ritmo, el golpe y el baile, pero no todos”.Gloria Viveros, quien toca guazá en el grupo Luces del Pacífico, cree que “de por sí el negro siempre cree que esta música es exclusiva de nuestra etnia, pero no, es para compartirla”. “Esta música para Ben es su vida y su esencia. Cuando estamos tocando no sentimos que estamos con alguien de Inglaterra. Yo bromeando le digo que él lleva un negrito por dentro, pero la realidad es que esta música no es sólo del Pacífico, ni de Cali ni de Colombia, sino de quien la quiera sentir”.Al igual que la música, la comida del Pacífico es la otra pasión de Ben. Como si fuera el título de un currulao, su ritmo favorito, recuerda lo que exclamó la primera vez que vio una cazuela de piangua: “Dios mío, esto sí es una comida. ¿Qué estuve haciendo yo durante 20 años comiendo un 'sandwich' con jugo al almuerzo?”, se pregunta entre un coro de risas. “Mi familia también se asustó cuando vio los almuerzos aquí”.Aunque extraña su tierra, este británico de nacimiento, colombiano por adopción y ‘negrito’ por convicción, prefiere no imaginar una vida lejos de todo lo que ha aprendido a amar en Cali.Esas mismas cosas que hoy trata de transmitir junto al profesor Engels Segura a sus alumnos del grupo folclórico del Colegio Militar Almirante Colón, a quienes explica con paciencia cómo obtener el mejor sonido de este piano salvaje, y trata de incentivar para que no dejen perder esa riqueza musical que muchas veces los colombianos no ven.“Yo en esto soy como un niño de 6 años, veo a los ‘pelaos’ tocando y siento que aprendo de ellos. Lo bonito de esto es que uno siempre es un novato”, explica con ese español que aprendió a pronunciar a su propio ritmo.

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