'El gran varón' que nunca se fue del Bronx

Julio 17, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Lucy Lorena Libreros | Periodista de El País
'El gran varón' que nunca se fue del Bronx

Willie Colón, cantante y compositor estadounidense.

'El malo' celebra este 2016 cincuenta años de carrera musical, después de haberle regalado a la salsa una nueva sonoridad con su trombón y dos ‘matrimonios’ sin los cuales no es posible entender la historia de este género: Héctor Lavoe y Rubén Blades.

Era 1967. Al escritorio de Jerry Masucci llegaron varias cintas con unas grabaciones inconclusas. El abogado, en compañía del músico Johnny Pacheco, había fundado hacía poco una disquera que pretendía descubrir talentos de la música latina en Nueva York.  

El remitente era un muchacho de apenas 17 años, con la típica catadura del latino extraviado en un barrio gringo y pobre: flaco, pequeño, trigueño, cabello negrísimo y pocos centavos en los bolsillos.

Hijo del Bronx, claro. Y de una familia puertorriqueña que había emigrado a Nueva York buscando días mejores, por los tiempos de la Primera Guerra. La historia contaría luego que aquella sería la primera gran ‘diáspora’ de boricuas a la Gran Manzana, en la búsqueda desesperada de la tierra prometida, sin documentos en regla.  

Solo un año antes —hace justamente medio siglo atrás— mientras trabajaba en una tienda de discos de Nueva York para ayudar económicamente a los suyos, ese joven, William Anthony Colón Román, guardaba en su corazón la hazaña de haber convencido al dueño de un sello discográfico independiente de que le permitiera grabar el que sería el primer álbum de un sueño de jóvenes, comandado por él, que se hacían llamar ‘The latin jazz old stars’.

Pero dicha disquera entró en bancarrota y, como pudo, Colón reunió los dólares que le exigieron para  retirar las cintas prensadas con su novel música. Las mismas que luego Masucci hallaría en su escritorio y que acabaría escuchando, arrastrado por la curiosidad.

Lo que sucedió después lo sabemos de sobra, lo hemos cantado y bailado: el chico precoz no volvería a llamarse jamás William Anthony; en adelante todos le dirían Willie Colón. Y el sello discográfico de Masucci y Pacheco, Fania Records, lograría que una pléyade de músicos excepcionales nos enseñaran qué es eso del barrio y la calle mientras los  jibaritos van caminando por ahí, cantando su melodía.

El primer trabajo discográfico de Colón con Fania emociona aún a los coleccionistas: El Malo. Año 67.  

La culpa, en todo caso, fue de doña ‘Toña’, la abuela de Willie. Antonia Román Pintor. Una matrona que nunca aprendería a hablar inglés y que quiso poner a su nieto favorito a salvo de la rudeza del barrio donde vivían, dominado por el crimen, por las drogas, por la violencia y todo ese universo del hampa que el nieto, convertido ya en artista célebre, convertiría muchos años después en canciones como ‘Tiempo pa’ matar’.

Eran también los días en que ser latino en Nueva York “era otra forma de ser negro”, como le gritaron a Willie muchas veces. Días en los que incluso había baños para blancos y baños “para los demás”. En los que “los latinos nos teníamos que ir a la escuela caminando junto a los negros porque los blancos nos podían caer a batazos. De hecho mi trombón me lo robaron dos veces”.  

Willie solo contaba con 11 años cuando  la mujer puso en sus manos  una trompeta. Es que ya el chico había estudiado flauta en el ‘high school’ y le iba bien.  “Hasta terminaba también sentado en la mesa de la sala cantándoles a sus amigas. Muchos años después vine a entender que ella me estimulaba la música como una forma de protegerme de lo que estaba pasando de las puertas de la casa hacia afuera”, cuenta Colón.

Tan en serio se tomó el asunto, que a pesar de la estrechez  económica, la abuela ‘Toña’ se las arregló para juntar los US$50 que costaba el trombón más barato de la época. 

 Hoy, cincuenta años después de ese regalo providencial, Colón sigue creyendo que su vieja murió sin comprender que aquél instrumento no sería solo una armadura contra el látigo de la calle. El trombón cambiaría para siempre la sonoridad de la salsa. Y le daría a Colón su lugar en el mundo.       

Comencemos justamente por ahí, maestro, por el principio de esta historia, por el trombón...

El trombón era algo nuevo en la época en la que yo era un chamaquito y ya sabía que lo único que deseaba hacer en la vida era música. En esa época  las orquestas eran de trompetas y de saxofones, pero cuando escuché a  Mon Rivera cantando junto a Joe Cotto ‘Dolores La Pachanguera’ recuerdo que sonó un solo de trombón del  maestro Barry Rogers. Algo pasó dentro de mí cuando lo escuché, tan fuerte que dejé la trompeta y me enamoré del trombón, primero del  de pistones y después del de vara. 

Lo curioso es que al comienzo muchos no vieron con buenos ojos esa idea. Decían que el trombón eran  ruidoso, estridente; había nostalgia de trompeta...

Yo  concibo la música rompiendo moldes, arriesgando, como lo hice con ‘Che Che Colé’, que es absolutamente experimental. La música es hacer arte, no como ahora que la industria parece hacer discos como haciendo muchas copias de una misma foto. Se ha perdido, de cierta forma, la libertad creativa de poder mirar a gusto hacia muchas direcciones, de poder explorar y atreverse. 

Ya para ese momento en que usted empuña el trombón, le decían ‘El malo’. Era como una suerte de ‘guapo’ del Bronx...

Quizá fue como un personaje que inventé para poder permanecer en ese entorno, sobrevivir cuando me decían ‘metele mano’ porque te llegaban ataques por todos lados, por ser pobre, por ser latino. Porque además yo no tenía un papá  que saliera a defenderme. Durante muchos años mi abuela me había dicho que mi padre era un soldado del ejército. Y me mostraba una foto en la que él aparecía vestido así. Hasta que supe que en realidad estaba preso por varios delitos, porque era un hombre violento. Entonces a mí no me quedó otro camino que aprender a defenderme con esa impostura de El Malo. Porque en el Bronx no se vive, se sobrevive.

Y en medio de ese ambiente tan hostil, ¿cómo se vivía la música? 

Yo solía mirar a los muchachos mayores del barrio. Algunos tocaban congas, otros cencerros y escuchaban y hasta analizaban lo que llegaba de los Titos (Puente y Rodríguez). Viéndolos entendí que para ganarme su respeto debía saber tanto o más que ellos de música. Porque la discriminación, lejos de asustarnos, nos enseñó a sentirnos orgullosos de la herencia latina. Y a entender que en la música había un camino. La música nos reconciliaba, nos unía. Recuerdo que cuando en el barrio hacíamos un baile llegaba gente de todos lados y la gente bailaba, se veía feliz, importaba la melodía no las letras. Disfrutar de nuestra música era casi como un acto de desobediencia civil.  

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[[nid:556619;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2016/07/p8gacetajul17-16n1photo06.jpg;left;{La relación musical de Héctor Lavoe con Willie Colón duró ocho años. En 1977 se uniría junto a otro grande de la salsa, Rubén Blades.Foto: Página oficial de Willie Colón}]]

Héctor Juan Pérez Martínez le llevaba solo cuatro años a Willie Colón. Recién llegado de Puerto Rico, su voz de sonero lo había dejado frente a los micrófonos de la orquesta de Johnny Pacheco. En alguna parte debía estar escrito que Colón y Lavoe  cantarían en el mismo edificio del Bronx, a mediados de los 60. El primero en un club del segundo piso y el otro, varios pisos arriba,  en Ponceños Social Club.

Ya para entonces crecía en el barrio el rumor de una rivalidad entre ellos que en realidad nunca existió. Sí la creyó Pacheco, quien vio en ese dúo de muchachos hambrientos de fama  una idea de oro para la naciente Fania Records.

Ninguno de los dos se sentía cómodo con el asunto. Pero en 1967, Colón y Lavoe le regalaron a la música latina ‘El malo’, álbum que  se convirtió en el “punto de partida para la globalización del sonido neuyorquino”, como bien lo asegura Maurio Díaz, dj caleño y creador del espacio Salsa Magistral.      

Robert Téllez, melómano y periodista musical de Radio Señal Colombia, la define como “la dupla  más exitosa de la música afroantillana.  La pinta de malandros de barrio que expusieron ambos —en portadas de álbumes como ‘Cosa Nuestra’, ‘The Hustler’ y  ‘Lo Mato’—, la agudeza de los mensajes y el tono nasal de Lavoe forjaron un estilo único que impactó primero a  Nueva York y luego a América Latina. Aunque siempre creí que Colón tuvo que ver  más que Lavoe en esa imagen que proyectaban”. 

Maestro Colón, a Lavoe lo llamaron ‘El sonero que murió de tristeza’. ¿Quién fue realmente Lavoe para usted?

Un hombre con un gran sentido del humor y con una voz auténtica, pero marcado por la tragedia de perder un hijo, de perderse a sí mismo en la droga y el sida.  Cuando lo conocí me recordó mucho a mi abuela, era un jibarito (campesino), no sabía inglés, no conocía de la vida, pero tenía un talento genuino. En esa época todo lo que estábamos haciendo era música en  inglés, boogaloo. Pero cuando conocí a Héctor me di cuenta que estábamos llamados a hacer la música de nosotros, y hacer canciones que hablaran de las cosas que nos pasaban, que nos dolían, nos afectaban. 

Usted dice eso y uno piensa en ese álbum hermoso que es Asalto de Navidad...

 Con ese álbum quise hacerle un homenaje precisamente a la música de mi abuela, porque pasaba que los ‘neuyoricans’ se burlaban de la música de cuerdas y del mal inglés que hablaban. Entonces busqué a Yomo Toro, que en ese entonces trabajaba en un bar que se llamaba ‘La campana’ y le propuse que trabajara en ese álbum. Lo que buscaba era hacer un trabajo de salsa, bailable, pero en el que Toro pudiera interpretar con su cuatro sus aguinaldos y su música jíbara y a la vez Lavoe interpretara las canciones con esa manera tan campesina y auténtica de cantar. Ese trabajo sorprendió luego a todos, a la industria, incluso a nosotros mismos. 

Usted siempre ha dicho que un día simplemente ya no pudo seguir el frenesí de Lavoe, a pesar de que ya habían grabado más de diez álbumes juntos y eran el binomio musical más exitoso de los 70...

Después de un tiempo, yo me convertí  en una especie de protector suyo, el tipo que lo salvaba cuando se metía en problemas.  Héctor  nunca quería parar, era como si nunca quisiera llegar a la casa. Y, claro, terminaban las presentaciones y llegaban a ofrecerte una cosa y la otra. “¡Metete esto!”, te decían. Pero un día yo tuve que pegar el frenazo porque la droga  le había hecho mucho daño a mi familia...

A su hermana Cindy...

A ella, a mi padre, a muchos amigos. Entonces, en 1973, vi que mi vida estaba al revés y no quise seguir. Lavoe era como mi  hermano, pero no podía dejar que los dos nos fuéramos  al abismo.  Pero aún lo extraño y no creo que en esta galaxia vuelva a nacer otro como él. Su gran aporte a la salsa fue haber tendido un puente entre lo ‘neuyorrican’ y el ‘soneo’ de Puerto Rico.

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Tras disolver su relación musical con Lavoe, Colón se vio de pronto interpretando sus propias canciones. Y las críticas llovieron. “Me dio muy duro, porque yo no hablaba bien  español. Podía cantar un coro, pero no toda una canción”, dice. A pesar de eso, aún en nuestra banda sonora palpita la voz del ‘Malo del Bronx’ en decenas de melodías.

[[nid:556616;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2016/07/p8gacetajul17-16n1photo03.jpg;left;{Colón y Rubén Blades compusieron uno de los álbumes más importantes de la salsa: Siembra, el más vendido de la historia del género.Foto: Página oficial de Willie Colón}]]

Realmente, asegura Robert Téllez, “Colón no es un cantante de salsa, las circunstancias lo  obligaron a tomar ese papel. Cuando se disolvió el junte con  Lavoe, se dedicó un tiempo a la producción, donde le aportó muchísimo a la salsa. Luego vino su dupla junto a Rubén Blades, desde luego exitosa, pero también por tiempo limitado. Imagino que para no depender de una figura en el canto para su orquesta, quiso asumirlo él mismo, pero  Colón no es un cantante. Y tengo que ser sincero:  en vivo, realmente es pobre”.

¿Qué tanto extrañó a Lavoe cuando comenzó ese capítulo al lado de Rubén Blades?

Con Lavoe se trataba de una relación más dulce, mediada por los orígenes suyos, muy distintos a los de Blades, que era un muchacho que había tenido  más oportunidades, que había pasado por una universidad, que no venía de las entrañas del barrio, eso lo aprendió después, y que  no era un hombre de excesos.    

¿Cómo tomó que a esa propuesta musical que hicieron la llamaran ‘salsa consciente’?

Pues en ese momento no fuimos muy ‘conscientes’ de eso. Yo lo que quería, y en parte eso fue lo que encontré en las letras de Blades, era retratar la esencia del barrio, su sonido, sus problemas, sus personajes. Que la gente entendiera que los que hacíamos salsa habíamos pasado hambre, y que por eso mismo era que la música y la rumba era lo único que nos hacía libres. 

Juntos le regalaron a la salsa dos álbumes icónicos, ‘Metiendo mano’ y ‘Siembra’. Y este último sigue siendo el más vendido en la historia de este género...

‘Siembra’ fue el trabajo que consolidó a Blades como un cronista de lo urbano, con ‘Plástico’, ‘Buscando guayaba’, ‘Plástico’. Creo que más que lo musical, a los dos nos unió la conciencia de lo político, de las injusticias. Pero, a diferencia de Blades, yo  nunca me fui del barrio, nunca se me olvidó de dónde vengo. ‘El malo’ nunca se fue del Bronx.

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Siembra. 1978. Con Pedro Navaja, Plástico y Buscando Guayaba se inició la salsa consciente o intelectual.

 

 

 

 

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La Gran Fuga. 1970.  Mostró la consolidación de Colón y Lavoe. Su arte gráfico  molestó al FBI.

 

 

 

 

 

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Only They Could Have Made This Album. 1977. Incluye el clásico de la música brasileña, ‘Usted Abusó’.

 

 

 

 

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Fantasmas. 1981. Para el salsero “no bailador”, muestra la fusión entre la música brasilera y la salsa.

 

 

 

 

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El TopPara el Dj caleño y melómano Mauricio Díaz estos son los temas imprescindibles de Colón Con Lavoe1. Juanito Alimaña2. Triste y Vacía3.  Ah-Ah/O-No4. Soñando Despierto5. Che Che Colé6. Ausencia7. Que Lío8. Todo Tiene Su Final9. Calle Luna, Calle Sol10. El Día de mi Suerte  Con Blades  1. Plantación adentro2. Pablo pueblo3. Te están buscando 4. Ligia Elena5. Plástico6. Buscando Guayaba7. Pedro Navaja
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